Prólogo
En las nueve órbitas del sistema Caldor, hay historias que se cuentan en voz baja al caer la noche, cuando la oscuridad se cierne sobre la bóveda celeste. Se susurran en tabernas suspendidas sobre el vacío, en muelles etéreos donde las naves mercantes repostan con prisa, y en los cuarteles donde los cazadores de recompensas y marineros estudian los carteles ajados por el tiempo. En todos ellos aparece el mismo nombre: Holly Roger.
Dicen que su bandera no pertenece a ninguno de los nueve mundos, que no jura lealtad a ningún rey o a ningún señor, que su nave surge del éter cuando menos se la espera y desaparece dejando tras de sí convoyes saqueados y contratos rotos. Las grandes compañías mercantes ofrecen fortunas por su cabeza, tan exorbitantes que te sacarían del negocio por toda una vida, pero nadie las ha cobrado jamás.
Hay quienes aseguran que nació en cuna noble y que fue por capricho que se lanzó a las órbitas en busca de aventuras y riquezas. Otros dicen que fue una esclava, que empezó desde lo más bajo entre cadenas y latigazos, pero que aun así se abrió paso entre pillos y ladrones hasta convertirse en quien es ahora. La verdad se perdió entre prisiones y relatos contados de boca en boca con olor a ron.
Lo único cierto es que cuando se iza su infame estandarte en el firmamento, incluso los poderosos recuerdan que la libertad puede ser robada, pero también puede ser recuperada. Pónganse cómodos, acérquense y escuchen, agudicen el oído, pues no lo voy a repetir. Esta es la historia real detrás de la leyenda, esta es la verdad que se esconde tras la recompensa y los carteles. Permítanme contarles cómo todo sucedió. Pongo al tiempo como testigo de que así ocurrió...
Esta es la historia de Holly Roger y el Desgarrador Escarlata.








