Capítulo único
"Dejen me presento, mi nombre es Garion y nunca fui una persona piadosa, después de todo mi trabajo me indica que sea así.
Nunca me pongo a pensar en los sentimientos de los demás, mis compañeros me clasifican como una persona fria, despiadada y muy gruñona.
En cuanto a mi trabajo, es muy simple. ¿Por qué? Porque yo soy la famosa "muerte", muchos me odian, otros me temen y algunos me adoran. No pienso en el miedo de los vivos cuando llego por su alma, no me importa; aunque he de admitir, sus rostros de piedad y suplica son muy divertidos. Lo que más me gusta de mi trabajo es cuando tengo sus almas en mis manos, son muy suaves y me alumbra cuando estamos en el portal; esos portales son oscuros, apenas puedo ver la punta de mi nariz.
Muchos me preguntan que si no me he enamorado, mentiría si digo que no; sí, me enamore de una muchacha muy hermosa, cuando tuve que ir por ella se me partió el corazón, sus ojos color avellana me miraban con angustia, me suplicaba por unos minutos más, su cabello castaño estaba manchado de sangre, sangre ajena a la de ella. Aquel accidente la dejo moribunda, pero me sorprendió que pudiera verme, me vela directamente a los ojos. Me siguió con su mirada desde que llegue hasta que me pare frente a ella.
Me hablaba con mucho esfuerzo, sólo me pedía unos minutos más.
—No —fue mi respuesta.
Lo que hizo a continuación partió mi oscura alma, lloró, fue la primera vez que me senti un ser horrible por ver cómo lloraba desconsoladamente, me agaché hasta quedar a su altura, y le acaricié la cabeza.
—No puedo hacerlo —explique —. Es mi trabajo llegar a la hora exacta.
—¿Y no puedes retrasarte unos minutos? —cuestiono sollozando.
—Me matarían si lo hago —menti, me gustaba hacer bien mi trabajo; bajé mi mano hasta su mejilla, senti su piel suave y seguí bajando hasta que llegue a la altura de su corazón, justo donde está su alma —. Lo siento —y sin más saqué su bella alma. Aún la recuerdo, era blanca, con un brillo muy fuerte. Cuando pasábamos el portal, podia ver las puntas de mis pies, su luz era intensa. Busque en su alma alguna marca de que debla ir al cielo, pero no la encontré.
Me extrañó bastante este hecho, su alma estaba limpia, impecable. Llegue al mundo de los muertos y entregue su alma a mi compañera, ella la devolvería a la vida, pero en este mundo tan loco.
—Esto me extraña, es muy blanca —me comento mi compañera.
—No tiene el sello de los ángeles, no se porque tiene que ser humana de nuevo —comenté.
—Me impresiona, cumplió su propósito de vida y fue alguien amable —observó el alma de aquella muchachita —. Debe de haber un error.
—Sólo haz lo tuyo, ya se darán cuenta —dije con desinterés.
Ella me vio por unos instantes, después posó su vista en el alma que tenia en las manos y sacó un listón blanco para amarrarlo en el objeto. Soltó la esfera de energía y esta salió volando.
Esa fue la primera vez que la vi. En total fueron tres veces las que me encontré con ella.
La segunda vez que la vi, fue algo más tranquilo. Yo caminaba por el mundo de los muertos cuando choqué con alguien. Me sorprendí al encontrarme con su mirada, ahora, rojiza; me veia con curiosidad.
—Tú fuiste el que me trajo aquí —menciono con su suave voz.
No dije nada, pero debi poner una cara graciosa, pues escuche su melodiosa risa. No la volví a ver hasta el dia de su muerte. No queria que me reconociera de nuevo, así que utilice el horrible uniforme que me dieron, mi túnica negra y aquella retorcida hoz.
Me infiltré en su casa una oscura y fria noche. Ella estaba despierta, sabia que iria por ella. Cuando me vio me regalo una muy hermosa sonrisa.
—Creo que siempre nos encontraremos cuando yo muera —me dijo con tranquilidad.
Me quede inquieto, no entendía bien a lo que se refería.
—¿No te acuerdas de mi, señor muerte? —dijo triste.
No decía nada. ¿Que si no la recuerdo?, claro que la recordaría si fui yo que la recogí por primera vez, esta sería la segunda.
—Creo que me esta confundiendo, señorita. Yo tengo que hacer mi trabajo —conteste mientras caminaba hacia ella —. Y pues, vengo por tu alma.
Ella suspiro —Tienes razón, lamento haberte molestado.
Me senti triste cuando agarre su alma de nuevo. Volví a observar su alma y no tenia ningún pecado, ¿cómo es que los ángeles no la marcaban?
Decidido fui al cielo, llegue a la puerta de este y espere tranquilamente a que llegara el guardián de las puertas de oro.
—¿Qué hace alguien como tu en estas tierras? Sabes bien que sólo los ángeles pueden traer almas aqui —me menciono el ángel ese.
—Sólo me preguntaba ¿por qué esta alma no tiene su sello? No tiene ningún pecado y es como las de ustedes.
—Esa alma no nos pertenece —fue lo único que dijo.
¿Cómo que no les pertenece? ¿Qué acaso no ven que es blanca? Deberían aceptarla sin decir nada. Estaba molesto, me acerque más a él y le dije:
—Sin duda creo que esto es de ustedes, ¿qué acaso no ven que es un alma inmaculada? No entiendo porque no la aceptan —dije entregándole el alma.
El ángel la cogió con cuidado y la observo. Hablo a uno de sus compañeros y este también observo el alma. Su compañero se la llevó.
—Tenías razón, así que veté de aqui antes de que te maten —Si que me desesperan los ángeles, me menosprecian por ser un ser de "oscuridad". Me fui de ahí. Regresando a mi aburrido departamento.
Como me arrepiento de haberles entregado su alma. Oía que mis compañeros se quejaban de mi mal carácter. Max, mi mejor amigo, me dijo que me había vuelto más gruñón que antes. Ya no me importaba nada.
Un buen día entraron los guardias de la academia a mi departamento. Me llevaron a la fuerza a la corte, donde asegure, jamás iría por mal comportamiento.
—Garion, se le acusa por romper las reglas —dijo el juez —. Tu, más que nadie, sabías que esta estrictamente prohibido entrar al cielo.
No dije nada. Si hablaba me matarían en ese mismo lugar. Sólo pensé en aquel ángel, es un maldito soplón. Estaba enojado, no sabía que él me delataría.
—Tu condena es la muerte, mañana en la mañana será tu ejecución —fue lo último que dijo.
Los guardias me arrastraron a una habitación, me aventaron y cerraron la puerta. Me puse a pensar en lo que había hecho, no tuve una mala vida, tuve un amigo y me enamore. Lo que me entristeció fue nunca decirle 'Te amo' a Elizabeth, ese era su nombre, un nombre que, espero, jamás olvidaré."
Unas lágrimas cayeron en aquella hoja de papel de ese pequeño libro negro. A Elizabeth le dieron aquel libro. Ella vio al joven frente a ella, no lo reconocía por la túnica negra que portaba.
—Me pidió que te lo entregara —dijo algo triste —. No sabes todos los permisos que tuve que pedir para venir aquí —se dio la vuelta dispuesto a irse de ese lugar.
—¡Espera! —le pidió ella, él se dio la vuelta, y ella continuó —¿Cómo te llamas?
Pudo ver la sonrisa de tristeza que le dio el joven —Max, me llamo Max —se volteo y se fue al lugar donde el provenía.
La muchacha se quedo viendo el horizonte.
—¡Elizabeth!, ¡Ya entra! —escuchó la voz del guardián de las puertas de oro.
Ella entró. El guardián le quitó el libro que traía.
—¿Qué es esto? —dijo enojado —. Sabes bien que un ángel no puede tener pertenencias de esos seres.
Ella lo vio incrédula, era lo único que tenía de él y Johnny se lo quita de las manos.
—¿Y qué tiene de malo? —dijo enojada —. Yo también lo amaba, pero por tu culpa esta muerto —dijo quitándole el libro de las manos —. Es lo único que tengo de él —y sin más se fue de ahi.
Johnny la vio enojado. Cerró la puerta y le grito antes de que se fuera: —¡Rompió las reglas, no esta permitido que uno de ellos venga aquí!
—Si no hubiera venido, ustedes jamás me hubiesen encontrado! —le respondió —¡Debieron agradecerle, no matarlo! —y Johnny la perdió de vista.
Ella tenía razón, él, un ángel, había matado al salvador de su princesa. Eso es ser injusto. Levantó su vista al cielo y sólo susurro:
—Perdonen mi error, no sabia que él era una buena persona —y se fue a su pequeña casa.
Desde los cielos, los dioses veían con una pequeña tristeza a sus pequeñas creaciones. Definitivamente los dioses odiaban las tragedias.