Capitulo 1
En la penumbra de la habitación solo se escuchaban dos sonidos principales: el choque rítmico y húmedo de sus cuerpos y los gemidos entrecortados que escapaban de sus gargantas.
Kirishima tenía a Mina completamente abierta debajo de él, las piernas de ella enganchadas con fuerza en sus caderas mientras él la embestía con una potencia casi animal. Cada embestida era profunda, contundente, hasta el fondo, haciendo que el colchón crujiera de forma escandalosa. El quirk de endurecimiento de Kirishima estaba activado al máximo en su miembro y en las zonas de mayor fricción; no había forma de que se lastimara, ni siquiera con lo que estaba ocurriendo.
Porque el interior de Mina era un infierno delicioso.
El ácido que segregaba su cuerpo cuando el placer la sobrepasaba no era corrosivo para él. Al contrario. Se volvía un lubricante espeso, caliente, ligeramente viscoso que hacía que cada movimiento fuera más resbaladizo, más intenso. El coño de Mina literalmente chorreaba ácido rosado que se extendía por las sábanas, derritiendo la tela y el relleno del colchón en círculos irregulares. El olor químico dulce se mezclaba con el aroma a sudor y sexo que llenaba la habitación.
—Joder… Mina… estás chorreando tanto… —gruñó Kirishima con la voz ronca, los dientes apretados mientras seguía clavándose en ella sin piedad.
Ella apenas podía responder con palabras coherentes. Solo gemidos agudos, entrecortados, casi gritos.
—E-Eijiro… ¡más fuerte! ¡más! —suplicaba, las mejillas encendidas, los ojos dorados brillando con lágrimas de puro exceso de placer.
Las uñas largas y negras de Mina se clavaron en la espalda ancha de él, arañando con toda su fuerza, tratando de dejar marcas, de aferrarse a algo mientras sentía cómo la partía en dos. Pero contra la piel endurecida de Kirishima no había nada que hacer. Las uñas simplemente resbalaban, dejando solo líneas rosadas que desaparecían al instante. Eso solo la ponía más loca.
Él bajó el torso, aplastándola contra el colchón derretido, pecho contra pecho, y cambió el ángulo. Ahora cada embestida golpeaba justo ese punto dentro de ella que la hacía arquearse y temblar violentamente.
—Te voy a romper, pequeña… —le susurró al oído con esa voz grave que solo usaba en momentos así.
Mina soltó un grito ahogado, las paredes de su coño contrayéndose con fuerza alrededor de él, apretándolo como si quisiera tragárselo entero. El ácido se volvió aún más abundante, caliente, resbaladizo, facilitando que Kirishima siguiera entrando y saliendo a un ritmo brutal.
—No… no pares… ¡voy a correrme otra vez! —gimió ella, las piernas temblando sin control.
Kirishima gruñó, los músculos de sus brazos y espalda tensándose al máximo. Sintió cómo el orgasmo de Mina lo apretaba con violencia, cómo su cuerpo entero se convulsionaba debajo de él, cómo el ácido caliente le lamía la polla mientras ella gritaba su nombre.
Eso fue demasiado.
Con un rugido profundo y gutural, Kirishima se hundió hasta el fondo una última vez y se corrió dentro de ella con fuerza, llenándola mientras su quirk seguía protegiéndolo de cualquier daño. Chorros calientes y espesos se mezclaron con el ácido rosado que seguía brotando de Mina, creando una sensación extraña, ardiente y resbaladiza que prolongó el placer de ambos varios segundos más.
Se quedaron así varios segundos, jadeando, pegados el uno al otro. El colchón estaba medio destruido, con agujeros humeantes y sábanas prácticamente liquidas en algunas partes. Ninguno de los dos parecía importarle.
Mina fue la primera en hablar, con la voz ronca y una sonrisa traviesa:
—…Creo que vamos a necesitar otra cama, Red Riot.
Kirishima soltó una carcajada agotada, todavía dentro de ella, y le dio un beso lento y profundo en los labios antes de contestar:
—Vale la pena. Cada. Maldita. Vez.
Y entonces, sin sacarla todavía, empezó a moverse otra vez… despacio… solo para ver cuánto más podían destruir esa pobre habitación antes del amanecer.