Dios Caprichoso"

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Summary

Es una historia tipo isekai sobre qué pasaría si una persona con ciertas intenciones y forma de pensar reencarna en otro mundo. La trama no busca ser compleja ni profunda: no tiene gran desarrollo de personajes ni una historia muy elaborada, es más bien algo simple y directo. Además, es importante dejar claro que no es una historia para menores de edad, así que está dirigida a un público más maduro.

Status
Ongoing
Chapters
7
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capitulo 1

Me llamo Alex. Tenía 28 años, un trabajo de mierda en una oficina gris de Santo Domingo, deudas hasta el cuello y una vida sexual que consistía en pornografía gratis y noches solitarias masturbándome con fantasías que nunca me atrevía a decir en voz alta. El típico perdedor que se quejaba en Reddit de que "las mujeres solo quieren a los chad" mientras se pudría en su cuarto.

Luego vino el camión.

No fue poético. Solo un screech de frenos, un impacto que me lanzó como un trapo sucio, y oscuridad. Pensé: "Mierda, así termina todo". Pero no terminó.

Desperté en una cama enorme, con sábanas de seda que olían a jazmín y algo más... dulce, como sudor y deseo. El techo era alto, tallado en mármol blanco con vetas doradas que brillaban solas. No había ventanas, solo una luz suave que parecía venir de todas partes. Me incorporé, desnudo, y sentí algo extraño: mi cuerpo era el mismo, pero... mejor. Más fuerte, más definido. La panza de cerveza había desaparecido. Mi polla colgaba pesada, más grande de lo que recordaba, como si alguien la hubiera retocado en Photoshop.

"¿Qué carajo...?"

Una voz femenina, suave y temblorosa, respondió desde el suelo.

"Mi señor... ¿estáis despierto?"

Miré abajo. Una chica arrodillada al pie de la cama. Pelo plateado largo hasta la cintura, orejas puntiagudas de elfa, piel pálida casi traslúcida. Vestía un trapo transparente que no cubría nada importante: pechos grandes y firmes, pezones rosados visibles, cadera ancha, coño depilado y húmedo brillando bajo la luz. Estaba temblando, con las manos en las rodillas, cabeza baja.

"¿Quién eres tú?" pregunté, voz ronca.

"Soy Lirael, vuestra... sirvienta. La diosa os trajo aquí. Dijo que erais el Elegido. El que rompería el equilibrio. Que... que debíamos servirle en todo."

La diosa. Elegido. Servir en todo.

Reí. Primero bajo, luego fuerte. Me dolía la risa de lo absurdo. Pero también me excitaba. Mucho.

"¿En todo?" repetí, bajando de la cama. Me acerqué. Ella no levantó la vista. Solo temblaba más.

"Sí, mi señor. La diosa dijo... que vuestro placer es ley. Que el mundo se doblegará a vuestros caprichos. Que... que podéis tomar lo que queráis."

Me detuve frente a ella. Mi polla ya estaba dura, apuntando directo a su cara. Nunca había sentido algo así: poder puro, sin filtro. En mi vida anterior, habría tartamudeado, pedido permiso, me habría sentido culpable. Ahora... solo quería usarla.

"Levanta la cabeza."

Obedeció. Ojos verdes enormes, llenos de miedo y algo más. ¿Adoración? ¿Resignación? No importaba.

"Abre la boca."

Lo hizo. Labios carnosos, lengua rosada. La agarré por el pelo plateado y empujé. Entré profundo, hasta la garganta. Ella gorgoteó, lágrimas rodando, pero no se resistió. Solo cerró los ojos y succionó como si su vida dependiera de ello.

Gemí. Era jodidamente bueno. Mejor que cualquier porno. Mejor que cualquier cosa.

La follé la boca como si fuera un juguete. Rápido, brutal. Ella se atragantaba, saliva cayendo por su barbilla, pechos rebotando con cada embestida. Sentí el orgasmo venir rápido. Demasiado rápido.

"Traga todo," gruñí.

Y lo hizo. Cuando exploté, chorros calientes llenaron su garganta. Tosió, tragó, tragó más. Cuando terminé, la solté. Cayó hacia atrás, jadeando, semen goteando de su boca.

Me sentía... invencible.

Miré alrededor. La habitación tenía puertas. Detrás de una, voces femeninas susurrando. Más sirvientas, quizás. O princesas. O lo que sea que este mundo tuviera.

Sonreí.

Si esto era real... si yo era un dios aquí...

No iba a ser el héroe noble. No iba a salvar al mundo.

Iba a follarme todo lo que se moviera. Iba a tomar reinas, esclavas, diosas si hacía falta. Iba a construir un harén de carne y gemidos. Y si alguien se resistía... bueno, el poder absoluto corrompe absolutamente.

Y yo acababa de descubrir que me encantaba corromperme.

"Lirael," dije, aún con la polla semi-dura goteando. "Llama a las demás. Quiero ver qué más me trajo esta 'diosa'."

Ella se levantó tambaleante, limpiándose la boca con el dorso de la mano.

"Sí... mi dios."

Y salió corriendo.

Yo me recosté en la cama, riendo solo.

Esto iba a ser divertido.