Más allá del tiempo

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Summary

Nathaniel había perdido el control de su vida, no le encontraba sentido a lo que hacía y necesitaba un cambio. Delilah abandonó su pueblo natal para emprender una aventura llena de sueños y libertad. Nueva York fue el lugar que ambos eligieron, una lista los acompañó y el minutero de un reloj fue el que selló sus destinos.

Genre
Romance
Author
LIANNI
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

01 - NATHANIEL

Todo comenzó en Londres, el lugar donde estuve viviendo toda mi vida hasta ahora. Era increíble, tenía un grupo de amigos excepcionales. Desde otros ojos podría decirse que disfrutaba de una vida perfecta.


Mi padre era dueño de una empresa y siempre se encargó de que tuviéramos la mejor educación y que no nos faltara absolutamente nada. Y no lo iba a negar, mi vida marchaba bien, no podía quejarme de casi nada, pero el problema era que yo no estaba bien.


Me di cuenta de esto un día cuando quedé con mi grupo de amigos de la infancia.


Recuerdo que fuimos a una discoteca que solíamos visitar desde bastante jóvenes, era uno de los planes que más disfrutábamos. Aunque en algún momento dejó de ser divertido para mí, pero tenía que continuar fingiendo que sí lo seguía siendo. Al principio estaba tan feliz de volver a verlos que solo pensaba en eso, pero conforme pasaban los minutos y los veía reír, beber alcohol y divertirse con distintas chicas por un momento sentí como si fuera un espectador en este mundo y me estuviera viendo a mí mismo desde lejos y pensé: buah, ese tipo no encaja ahí.


En ese momento me di cuenta, ya no era parte de ese grupo de amigos. Me sentí abrumado, nunca había pensado que en algún momento me llegaría a sentir así estando con ellos, pero mientras más tiempo compartíamos, más lo pensaba y solo tenía ganas de salir de allí corriendo para estar solo. Me sentía increíblemente incómodo.


—Nathan, ¿estás bien? —uno de los chicos me preguntó, probablemente mi cara era un poema con todo lo que pasaba por mi mente a la vez en ese preciso instante.


—Sí, todo bien. Voy a ir al baño, ya regreso.


Necesitaba estar solo al menos por un momento, los pensamientos en mi cabeza no eran muy claros. Llegué al baño y me eché agua en la cara mientras mantenía los ojos cerrados por unos segundos.


Suspiré y miré mi reflejo en el espejo, llevaba veinticuatro años en esta ciudad y quince de estos fueron junto a ese grupo de chicos que son unos increíbles amigos, no es que esté cansado de ellos, es que ya no me siento parte de ellos.


Había algo en mí que cambió, como si una parte de mi alma me estuviera pidiendo más.


Vive más, Nathaniel.


Sé más atrevido.


Comienza a vivir tu propia vida.


El momento es ahora.


Quizás necesitaba un cambio de ambiente, estaba comenzando a vivir mi etapa de adulto luego de finalizar la universidad y no estaba siendo algo tan sencillo como me esperaba. Además, me estaba aburriendo de las tonterías que había estado haciendo durante los últimos siete años de mi vida.


Llevaba desde mi adolescencia sintiendo que actuaba como alguien que no era solo por tratar de encajar. Mis padres querían que jugara al fútbol, jugué al fútbol y me convertí en uno de los mejores del equipo. En el colegio tuve que adaptarme al estilo de vida que mantenían los demás chicos porque mis intereses eran distintos a los de ellos y a veces eso era tema para burlas.


No sé en qué preciso momento empecé a desconectarme de mi escencia, pero de ahí en adelante comenzaron las fiestas, las chicas, el alcohol, los gustos costosos porque eso era lo que impresionaba, esos eran los únicos temas que salían a conversación. Luego mi papá quería que fuera su sucesor en la empresa y me preparé profesionalmente para eso ignorando cada una de las cosas que a mí me gustaban, de todas formas ya había olvidado lo que era, me había acostumbrado a fingir y ser lo que los demás esperaban que fuera.


Salir de fiesta. Fingir. Emborracharse. Tener sexo. Todo parecía ya una rutina.


Quizás las cosas no son para siempre, ni el amor, ni las grandes amistades, ni los lugares... Y bueno, así fue como impulsivamente tomé la decisión de mudarme a Nueva York.


—¿Por qué a Nueva York, hijo? Hay mejores opciones, lugares que están más cerca —ahí estaba mi madre cuestionando mi decisión cuando fui a contarle.


—Creo que es un buen sitio, no creo que por nada sea el lugar soñado de tantas personas en el mundo, pero no te preocupes má, no será para siempre.


—Una vez estés allá seguro te querrás quedar.


—No, má, solo serán unos meses, seguro serán menos de los que crees —en ese momento ni yo sabía lo que estaba diciendo.


Al final mi madre no quiso hacer del momento uno mas difícil y solo me pidió que mantuviera contacto con ella, que si necesitaba algo que le avisara inmediatamente y que me disfrutara el estar en otra ciudad, pero al final de todas sus palabras siempre tenía que mencionar lo que menos quería escuchar.


—¿Y a tu padre? ¿No le dirás nada? —sabía que en algún momento lo iba a mencionar, él se encontraba en un viaje de negocios y con suerte podría irme antes de que regresara.


—Será mejor así, ya hablaré con él en algún momento —mi madre no dijo nada, solo me abrazó tan cálidamente como siempre lo había hecho.


La relación que tenía con mi padre en gran parte era fingida, nunca pude expresar ningún tipo de emoción frente a él. Siempre ha tenido unas creencias bastante machistas y se ha encargado de que sea un tipo de copia suya sin ni siquiera preguntarme si estaba de acuerdo o qué era lo que quería en mi vida.


Luego de haberle contado primero a mi familia sobre mi decisión, pasé a contarle a mis amigos y a mi novia, pero sabía que ella no se lo tomaría tan bien.


—Esta es tu forma de alejarte de mí, ¿verdad, Nathaniel? —preguntó en un tono de voz lleno de fastidio mientras se acomodaba su cabello rizado y cobrizo tras su oreja.


—No tiene nada que ver contigo, ni con nosotros, Victoria. Esto es una decisión que tomé para mi vida porque lo necesito, me siento muy estancado aquí.


—No te creo nada, te conozco desde hace tres años y este es solo un drama más de los tuyos por lo del otro día. Nathaniel, tienes que madurar, Henry es tu mejor amigo y también mío, es normal que pasemos tiempo juntos.


—No hablemos de eso ahora, ¿quieres? Solo quería que supieras sobre mi decisión. De todas formas no me iré para siempre, nos mantendremos en comunicación —ella bufó, sabía que iba a reaccionar así y que traería otros temas a la conversación así que solo la abracé y dejé un beso en su frente en modo de despedida.


—No te vayas a olvidar de mí, ¿vale? —su expresión automáticamente cambió, parecía un cachorrito.


—Claro que no, Vic.


Días después llegó el momento de irme, ya había bregado con todos los trámites de mi nueva vida. Me despedí de mi madre y mi hermana menor. Ellas parecían contentas dejándome allí en el aeropuerto, pero tanto ellas como yo sabíamos que nos echaríamos mucho de menos, a fin de cuentas sería la primera vez que iba a pasar tanto tiempo fuera de casa.


La noche anterior me había reunido con Victoria por última vez, por motivos de trabajo ella no podía venir a despedirse hasta el aeropuerto, pero tuvimos una charla tranquila y cálida donde logramos entender que nos estaríamos enfrentando a una relación a distancia por unos meses y que esperábamos poner lo mejor de nosotros para que no fuese tan complicado.


Durante los últimos días me había sentido un poco abrumado, llegué a pensar que tal vez estaba llevando demasiado lejos la situación, pero una parte de mí me decía que estaba listo para esa aventura, o por lo menos eso era lo que quería pensar. Lo único seguro era que la gran ciudad soñada me esperaba y el tiempo en ese avión pasaría en un abrir y cerrar de ojos.


Las horas de vuelo pasaron y ahí fue cuando me di cuenta de que todo esto se había convertido en mi realidad.


Estaba en Nueva York.


Ahora tenía que tomar un taxi y dirigirme hasta el apartamento que había rentado en Brooklyn. Mientras planificaba esta nueva aventura pensé que sería el mejor lugar para quedarme, era un área bastante juvenil y cercana a muchos lugares turísticos de Nueva York, sin mencionar los bares y discotecas. Estaba intentando escapar de ese estilo de vida, pero seguía siendo un joven adulto y ese tipo de lugares a veces eran la opción perfecta para socializar.


El apartamento donde me iba a quedar no estaba nada mal, por suerte el antiguo dueño estaba por mudarse y quiso dejar los muebles más básicos. Obviamente no me negué, no estaré totalmente cómodo, pero si todo va bien en unas semanas ya estará todo listo. El lugar no era demasiado grande si lo comparaba con la casa de mis padres, pero tampoco demasiado pequeño. Honestamente sentía que estaba bien para mí, nunca fui muy fanático de los lujos después de todo.


Dejé la maleta y mi mochila a un lado mientras continuaba echándole un vistazo a todo, la cocina tenía lo necesario y parecía recién remodelada ya que los azulejos y la encimera aún conservaban su brillo. Por otro lado, el lugar que parecía ser la sala de estar tenía un televisor, una pequeña mesa y un sofá. Sin embargo, lo más bonito eran los ventanales de cristal. La vista era preciosa y podía imaginar la gran iluminación que le brindaría a la casa. El baño también parecía recién remodelado, contaba con lo justo y en cuanto a la habitación, pues aunque estaba vacía tenía un armario con suficiente espacio y un pequeño balcón.


En ese momento ya había oscurecido y hacía un poco de frío afuera, pero tuve curiosidad y corrí la puerta para salir al pequeño balcón y apreciar mejor la vista. Mi habitación en Londres era más grande que esta, tenía un enorme baño y un armario donde hasta podía caminar, pero no tenía un balcón y esto para mí sí que era un lujo.


El aire frío de esa noche en Nueva York me recibió como si fuera su viejo amigo, chocó con cariño en mi rostro e inundó mis pulmones. Solo pude sonreír en respuesta mientras apreciaba detalladamente las calles iluminadas, los autos y los edificios a lo lejos. Creo que comenzaba a entender eso de que era el lugar soñado de tantas personas, no podía describir lo que sentía en ese momento, pero en un intento de explicarlo podría decir que todo estaba siendo una bola de emociones y pensamientos que no lograba descifrar.


Cada vez era más real que estaba pasando mi primera noche siendo un hombre adulto e independiente que había decidido irse lejos de la ciudad que lo vió nacer y de todo lo que conocía y a lo que estaba tan acostumbrado.


Cerré la puerta y volví al interior del apartamento, tomé mi celular y le escribí a mi madre y a Victoria para que supieran que ya había llegado y que todo estaba bien. Dejé el celular en la encimera de la cocina y fui a tomar una ducha, necesitaba relajarme e ir a dormir luego, un vuelo tan largo no era fácil. Mucho menos para alguien como yo que nunca duerme en los aviones porque le teme a las alturas.


El agua tibia salió de la ducha y recorrió mi cuerpo poco a poco, me sentía bien en ese momento, pero una parte de mí trataba de decirme muy bajito que esta aventura era una locura. Quizás sí lo era, quizás no aguanto aquí ni dos semanas. Quizás mañana me despierto arrepentido de todo esto y me regreso a Londres, pero mi corazón me decía que me diera la oportunidad de vivir el momento y si eso requería hacerle frente al miedo, yo lo iba a hacer.


Terminé de tomar la ducha y después de colocarme mi pantalón de pijama me acosté en el sofá, la verdad estaba muy pequeño para mí, era batsante evidente porque los pies me quedaban colgando, pero esto no era una cama así que mucho no podía exigir.


Miré por última vez los ventanales, prestando especial atención a las luces y a la preciosa noche antes de cerrar los ojos, de alguna forma me sentí afortunado de encontrarme allí.


Pensé en que no podía creer que había sido capaz de hacer esto, me marché de mi casa sin fecha de regreso y ni siquiera le avisé a mi padre. Me atreví a tomar la decisión de querer entender por qué ya no me sentía como yo mismo y ni siquiera sabía si esta ciudad tenía las respuestas que yo estaba buscando, pero estando aquí solo me quedaba dejar que la vida me sorprendiera.