La Humillación del Hombre de Acero (Tierra 1)

Summary

Tras la derrota de Brainiac a manos de la Justice League, el mundo se encuentra en una tensa paz esperando la siguiente invasión. Sin embargo, nadie sospecha que aquella victoria para los humanos llamo la atención de una poderosa mujer, dispuesta a tomar lo que quiera del héroe más poderoso: Superman

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
1.0 1 review
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18+

#1: La Llegada de Anissa

En un inmenso planeta lleno de vegetación, el sol resplandecía en lo alto del firmamento bañado en el rojo del atardecer. Pero el rojo del atardecer se transformó en rojo sangre sobre el uniforme de un Green Lantern.

—Maldición —murmuró el Linterna, conocido como Tomar-Re, mientras tosía y se tomaba del cuello.

El Lantern luchó por levantarse, lo que consiguió con gran esfuerzo. Varias de sus costillas se encontraban fracturadas, tenía una pierna rota y algunas contusiones en la cabeza. Alzó la mirada hacia el cielo y vio como una mujer ataviada con un uniforme blanco con detalles grises aterrizaba bruscamente. Ella poseía un corte a lo varón, con un rostro fiero pero bello al mismo tiempo. Su cuerpo era bastante musculado para una mujer, pero conservaba atributos femeninos como una cintura pequeña, caderas anchas, muslos gruesos y grandes senos. La mujer se puso en posición de batalla, mostrando que se encontraba bañada en la sangre del Linterna.

—¿Ya has recibido bastantes golpes, Lantern?

—Si piensas que los golpes de una salvaje como tú lograrán doblegar mi voluntad...


—Todos los Lantern dicen lo mismo. Mi raza ha matado a muchos de ustedes, y siempre disfruto de oírlos suplicar por su vida. Curiosamente, el sonido de una voluntad rompiéndose suena igual al de unos huesos —comentó con cinismo la fémina.


—No pienso darte ese placer —afirmó Tomar-Re, apretando los dientes y preparándose para atacar.


—No quiero matarte, Lantern. Quiero información. Me enteré de que Brainiac atacó un planeta del sector 2814, más específicamente un lugar llamado: La Tierra. ¿Eso es cierto?


—¿Y eso qué te importa?


—Vamos, Lantern. No malgastes energía de tu anillo ni tu vida por una simple respuesta. ¿Es verdad que Brainiac atacó ese planeta y fue repelido?


—Así es —afirmó el Linterna—. Y sí, en ese mundo hay un kryptoniano, pero también otros héroes y dioses que sin duda podrán acabar contigo.


—Realmente estas buscando que te mate, ¿no es así? —preguntó la mujer mientras empezaba a elevarse—. Pero fuiste útil. Vivirás un día mas, Lantern. Pero la siguiente vez que nos encontremos, no seré tan piadosa.


En una habitación oscura, dos personas se encontraban recostados en una cama, con las sabanas deslizándose por sus movimientos. El varón iba descendiendo por el vientre de la mujer, dejando un camino de besos por este.


—Ah, Clark —exclamó la mujer, con un tono de placer y expectativa—. Sabes como relajar a una mujer tras un día estresante.


—Solo lo mejor para la ganadora del Pulitzer —aseguró el varón, sin detener su descenso.


Las piernas de la fémina se abrieron para darle la bienvenida a su amante, pero repentinamente una especie de alarma empezó a sonar de manera incesante.


—¿Qué demonios es eso? —preguntó con molestia la mujer.


—Es el comunicador especial de la Justice League, Lois—afirmó Clark mientras se detenía abruptamente.


—¿No puedes ignorarlo por unos minutos? Como esa vez en la ducha.


—Y esa vez J'onn nos interrumpió en el acto, ¿recuerdas? No quiero tener otra experiencia así.


Clark se levantó y encendió la luz de la pequeña mesita que estaba al lado de la cama. De allí saco un pequeño auricular el cual se colocó en el oído.


—Aquí Superman.


—Superman, seré lo más breve posible porque estoy ocupado —dijo Batman.


—¡Hola, Superman! —grito alguien en el oído de Batman para que Superman oyera.


—¡Robin! —gruñó el murciélago.


—Saluda a Robin de mi parte —dijo Clark divertido.


—Cuando no es el marciano, es el murciélago —murmuró Lane.


—Esto es serio —exclamó Batman—. La Watchtower detectó a una nave de apariencia kryptoniana bastante pequeña, se parece a las naves individuales que tenía la nave nodriza de Zod dentro.


—¿Sabes en que parte del planeta esta?


—Alfred esta intentando de averiguar eso.


De pronto otra alarma sonó, una que emitía un ruido que solo los kryptonianos podían oír.


—Creo que ya se donde está —afirmó Clark—. La alarma de la Fortaleza de la Soledad esta sonando. Averiguaré que ocurre y me comunicaré de inmediato. Superman fuera.


—Tu súper traje esta en el tendedero —afirmó Lane.


Clark desapareció rápidamente, y en cuestión de segundos ya se encontraba vestido con el uniforme rojiazul que representaba al más grande de los héroes: Superman.

—Te prometo que te lo recompensare luego —aseguró el varón, volviendo hacia el cuarto pero siendo interceptado por Lois en la puerta de este.


—Más te vale que sea así, Smallville —afirmó Lane, jalando de la camiseta que traía puesta—. Y vuelve pronto, que también quiero quitarle el estrés a mi hombre después de que salve al mundo.


En cuestión de minutos, el paisaje de la urbe conocida como Metrópolis fue reemplazada por el frío clima del Ártico, donde una inmensa fortaleza se alzaba como el recuerdo de una civilización hace años destruida.

—Batman, aquí Superman —habló el kryptoniano, observando una pequeña nave de su raza estacionada en el blanco suelo.


—Señor Superman —habló Alfred—. El señor Batman se encuentra golpeando criminales así que yo lo atenderé.


—Esta bien, A —dijo Superman, pasando por al lado de la nave—. Acabo de llegar a La Fortaleza de la Soledad, la nave kryptoniana esta aquí. Te mantendré informado.


En ese momento, una mujer salió de La Fortaleza, mirando fijo a Superman. Ella era la misma que se había enfrentado a Tomar-Re.


—Tú debes ser ese tal Superman. —dijo la kryptoniana en inglés.

—Así es, y tu hablas mi idioma.


—Aprendí ingles y ruso mientras venía aquí, eran los dos idiomas más importantes que la información de la nave había registrado —afirmó la mujer—. Me llamo Anissa.


—Soy Kal-El. ¿En qué puedo ayudarte?


—Tenía que verte, en el universo se dice que tu venciste a Brainiac.


—Con ayuda, pero si.


—También escuche que venciste al General Zod.


—También con ayuda, aunque el mayor crédito se lo merece mi amigo: El Detective Marciano.


—Eso es decepcionante. En el universo te están sobrevalorando —aseguró de forma hiriente.


—Amm, no se que decir sobre eso. Eres kryptoniana ¿Verdad? Sé que tu nave lo es.


—Mi padre es kryptoniano, pero mi madre era de una raza llamada: viltrumitas. Supongo que sabes algo de ellos.


—Sí, la Fortaleza de la Soledad tiene registros de esa especie —afirmó Superman, señalando por un momento la enorme construcción—. Sé que eran una raza belicista que eliminaron a los más vulnerables de su mundo tras una guerra civil. Después de eso se volvieron un imperio y empezaron a aplastar otras civilizaciones, entrando en diversas guerras. Sabía que habían sido aliados de los kryptonianos en las guerras contra el Imperio Skrull, y enemigos en diferentes guerras como la del Senopolepo.


—Así es —aseguró la fémina—. Supongo que sabes lo devastadora que fue esa guerra para todos los planetas involucrados, en especial Krypton y Viltrum. Pero también hubo intentos de apareamiento entre las dos especies, y yo soy uno de los resultados.


—¿Por qué estas aquí? —preguntó el kryptoniano, algo desconfiado.


—No vine a invadir el planeta, si a eso te refieres. Vine porque quería comprobar la leyenda que se cuenta a través del universo sobre este mundo y sus protectores invencibles. Vine porque estoy sola.


—¿Y los viltrumitas?


—Mi relación con ellos es tensa —aseguró la fémina—. Durante la Guerra del Senopolepo, mi madre se unió a los kryptonianos y fue declarada traidora por el Imperio Viltrumita. No soy considerada una kryptoniana por la impureza de mi sangre, y entre los viltrumitas soy considerada una traidora por el resentimiento que ellos tienen contra los kryptonianos. Y aunque sus números sean pocos, me consideran indigna de pertenecer a ellos.


—¿Te encontraste con otros kryptonianos? —preguntó Superman.


—Sí. Hay más kryptonianos vivos y dispersos en el universo, aunque los viltrumitas los están cazando.


—Disculpa —dijo Superman haciendo un gesto con la mano. Rápidamente se llevó esta a su oído, para poder comunicarse—. Aquí Superman, acabo de encontrarme con la kryptoniana. No es hostil.


—¿Estas seguro? —cuestionó Batman.


—Si, luego te contacto —dijo antes de colgar la llamada—. Disculpa, un amigo mío estaba preocupado. Espero entiendas que ya han invadido este planeta dos veces así que él se toma muchas precauciones.


—Lo entiendo.


—En fin. Si lo que buscas es refugio, puedo dártelo. No tendrás que huir más de los viltrumitas, y si ellos vienen...


—No entendiste —le interrumpió la mujer—. No buscó refugio ni nada parecido. Disfruto de enfrentarme a ellos y asesinarlos, pues no puedo negar la violencia innata de mi sangre. Vine aquí porque, aunque parte de mi sangre y mis costumbres son viltrumitas, otra parte es kryptoniana. Y lo que quiero de ti, es tu ADN.


—¿Mi ADN?


—Quiero que me embaraces.


—Espera, ¿qué?


—¿Eres idiota o qué? Quiero que tengamos sexo para así quedar embarazada. De esa forma podre tener una descendiente con la mayoría de su ADN kryptoniano. Luego, el mestizaje con otras razas será inevitable.


—Lo dices como si fuera algo mundano.


—Porque lo es —aseguró la mujer.


—¿Por qué todos los sobrevivientes de mi raza deben tener propósitos tan retorcidos cuando vienen a la Tierra? —cuestionó Superman, provocando la sonrisa cínica de la mujer.


—Bueno, ya conociste a mi padre. A diferencia del gran General Zod, no busco esclavizar a este planeta.


—¿Eres hija de Zod? —preguntó Superman, alzando una ceja—. Ciertamente eso lo explica. Lo lamento pero no puedo aceptar. Aquí en la Tierra existe el concepto de fidelidad hacia la pareja, y no pienso estar con otra persona.


—No te creas que estoy muy ansiosa por tener sexo contigo. Si pudiera elegir preferiría un soldado de alto rango, pero la situación no está para ponerme exigente.


—Lo lamento pero no. No le seré infiel a mi pareja. Perdona, pero tu viaje a sido en vano. Te sigo ofreciendo la posibilidad de un refugio para esconderte de los viltrumitas, pero nada más.


—No quiero tu estúpido refugio ni necesito tu consentimiento, Kal-El. Solo necesito tu asqueroso esperma —afirmó Anissa-Zod antes de volar hacia Superman y propinarle un poderoso derechazo que lo hizo salir despedido por el impacto—. Y lo voy a tener aunque tenga que violarte.


—No quiero pelear, y tampoco quiero tener sexo. Pero si vuelves a atacarme, me defenderé —dijo Superman mientras se levantaba.

Anissa voló hacia su enemigo con los puños apuntándole y lo golpeo directo en el estómago, llevándoselo por delante durante el vuelo. Superman junto sus manos y le dio un poderoso golpe en la espalda, logrando detenerla momentáneamente al hacerla caer al suelo. La mujer se paro con furia en su mirada pero una sonrisa en sus labios.


Ambos kryptonianos corrieron hacia el otro y comenzaron a intercambiar poderosos golpes que hacían temblar la tierra misma, aunque Clark se contenía bastante pues no quería lastimar a la mujer. Anissa luchaba al mismo ritmo que su rival para medir sus límites y habilidades, pero poco a poco iba subiendo la fuerza de sus ataques. Superman bloqueaba rápidamente cada golpe que le era arrojado, pero podía sentir como su enemiga se iba desatando. Él sabía que eso podría llevarlo a una gran desventaja, por lo que tuvo que empezar a devolver los ataques.


Anissa intentó darle un izquierdazo pero Superman se agachó y le propinó un golpe en las costillas, le siguió un golpe de antebrazo en el estómago y la remató con un uppercut ascendente en la mandíbula que la mandó a los cielos. La hija de Zod estaba bastante sorprendida por la fuerza y la demostración de violencia por parte de Kal-El, quien quedó frente a ella y le propinó un derechazo que le sacó sangre de la nariz, además de enviarla nuevamente al suelo. La híbrida dejo un camino en la nieve hasta que se detuvo. El hombre de acero aterrizó en el suelo y empezó a caminar con cautela hacia su enemiga.


—No quiero lastimarte. No quiero pelear contigo. Detén esto ahora —exigió Superman, mientras la fémina se levantaba.


La mujer tocó sus labios, sintiendo la sangre que en estos caía desde su nariz.


—Bien, sabes como me gusta —dijo con una sonrisa perversa.

—Supongo que vas a obligarme a seguir peleando.


—Voy a obligarte a más que eso.


Superman lanzó un fuerte izquierdazo pero para su sorpresa este fue detenido con bastante facilidad.


—Eres fuerte, eso no lo negaré —aseguró la mujer mientras le doblaba el brazo a Superman—. Pero yo tengo la fuerza natural de un viltrumita multiplicada por el sol amarillo.


Anissa le propinó un potente cabezazo a Superman, partiéndole la nariz. Sin darle tiempo a nada, comenzó a darle rápidos golpes en la cabeza. Clark intentó devolver uno pero la hija de Zod se movió a gran velocidad, quedando detrás suyo y le propinó una doble patada en la espalda. Superman salió despedido casi un kilómetro hasta lograr detener su impulso. Rápidamente se volteó y observó a su enemiga volando nuevamente hacia el. Sin dudarlo la recibió con un derechazo, el cual chocó contra el puño izquierdo de la híbrida. Superman apretó los dientes del inmenso dolor que recorrió su brazo, y antes de que se diera cuenta recibió un veloz golpe en la garganta, seguido de un rodillazo en la boca del estómago que le hizo escupir sangre mientras caía al suelo.


—Eres más fuerte que muchos viltrumitas a los que enfrenté —afirmó Anissa, tomándolo del cabello para que la mirara—. Pero no eres lo suficientemente fuerte para vencerme.


Superman disparo rápidamente su visión del calor directamente al rostro de su enemiga, sorprendiéndola y haciéndola retroceder por la impresión. Aprovechando esa pequeña ventaja, se lanzó en su contra y empezó a propinarle miles de golpes a grandes velocidades, tanto en el estómago como en la cabeza. La híbrida empezó escupir sangre pero finalmente bloqueo los ataques de su enemigo al atraparlo de los antebrazos. Rápidamente lo jaló hacia abajo para recibirlo con un rodillazo en la mandíbula, tras lo cual le arrojó un derechazo en la cabeza que le abrió una profunda herida en esta. La sangre goteaba incesantemente del costado de la cabeza de Superman, provocando que el blanco del suelo comenzara a tornarse rojo mientras se esforzaba por levantarse. Pero la hija de Zod le conectó una patada en la nuca, con tanta fuerza que dejó casi inconsciente al hombre de acero.


—Todo esto habría sido más fácil si no te hubieras puesto de marica.


Anissa volteó bruscamente a Superman, y rápidamente le conectó una serie de golpes a súper velocidad en puntos estratégicos del cuerpo. El héroe sintió un terrible dolor punzante, y después nada más.


—No-no puedo moverme —dijo Superman, con dificultad.


—Lo sé —afirmó Anissa, sentándose sobre el varón—. Neutralicé los nervios que no me serán de utilidad. Vas a estar así un par de horas, lo cual es más que suficiente para lo que quiero obtener de ti.


Superman observó como Anissa sonreía de manera perturbadora, y en sus ojos solo se reflejaba locura.


—Basta —dijo Superman entre dientes—. ¡Aléjate de mi!


Anissa le respondió con un feroz derechazo a la mandíbula, logrando sacarle un poco de sangre. Tras esto se inclinó sobre el varón y lo besó con gran lujuria, mezclando tanto su saliva como su sangre. Se empezó a separar lentamente mientras acariciaba los fuertes pectorales del kryptoniano, antes de arrancarle parte de la camisa de un tirón. Anissa sonrió con malicia mientras se arrancaba su uniforme, quedando completamente desnuda ante el varón. Continuó arrancándole el cinturón y los pantalones al héroe, dejando al descubierto el miembro de este.


—Bueno, al menos estas bien dotado —afirmó Anissa mientras empezaba a acariciar el pene de Clark.


—Por favor —habló Kal, algo agitado por el temor—. No quiero hacer esto. Puedo darte una donación de esperma o...


—Cállate —le interrumpió abruptamente—. Vamos a tener sexo, y más te vale que yo lo disfrute.


La mujer se volvió a recostar sobre Clark para empezar a restregarle sus enormes y firmes senos contra sus pectorales, haciéndole sentir sus pezones endurecidos. Al mismo tiempo, descendió su mano izquierda para propiciarle suaves masajes que iban desde la zona pélvica hasta el tronco del miembro. Clark apretó los dientes mientras cerraba los ojos, en un intento de escapar de la cruda realidad que lo había alcanzado. Anissa le daba suaves besos y chupones en el cuello mientras frotaba su entrepierna contra el muslo izquierdo del héroe, estimulándose a ella misma también. Sujetó el miembro de Superman con su mano izquierda y empezó a mover esta hacia arriba y hacia abajo de forma lenta, mientras con su pulgar presionaba la punta del glande y dibujaba pequeños círculos sobre este. Durante unos eternos minutos se mantuvo así, pues el malestar de Superman le dificultaba obtener una erección, pero para su desgracia terminó teniéndola.


—Comenzaba a creer que eras impotente —afirmó la híbrida mientras se posicionaba encima del varón. Con sus dedos separó lo labios de su húmeda vagina y empezó a descender sobre el miembro erecto que no soltó en ningún momento—. Hazte un favor y trata de disfrutarlo. No me lo pongas difícil o será peor.


Kent cerró los ojos mientras intentaba soportar las ganas de llorar por la desesperación que sentía. Tal vez podría intentar usar su visión calorífica o su aliento gélido, pero realmente no lograría más que retrasar unos pocos minutos lo inevitable. Y su mente estaba tan consternada por el shock, que tampoco se le ocurría que hacer. Finalmente, sintió como su miembro penetró el interior de la vagina de su enemiga.

Anissa apoyó sus manos sobre el pecho de Clark y comenzó a moverse de arriba hacia abajo, cada vez más rápido. Su trasero chocaba incesantemente contra los testículos de su víctima mientras ella le rasgaba el pecho con sus uñas. Gemidos cada vez más sonoros escapaban de su boca, mientras Kal-El apretaba los dientes para intentar no emitir ninguno. Su duro miembro se enterraba hasta lo más profundo de la mujer y, aunque no quisiera admitirlo, disfrutaba un poco de lo que le estaba haciendo. Se sentía tan sucio; tan avergonzado, pero sin importar sus ruegos aquella fiera guerrera cuyas caderas se movían con salvajismo no se detendría. Los grandes pechos de la híbrida rebotaban en múltiples direcciones, en lo que sería un espectáculo delicioso para la mayoría. La mujer no pudo evitar llevar sus manos a estos y empezar a masajearlos mientras sus caderas iban hacia adelante y hacia atrás sobre la pelvis del varón. Su mano izquierda dejó de atender sus senos y tomó del cabello al varón, obligándole a voltear hacia ella. Por unos momentos, la asustada mirada de Superman chocó con la extasiada mirada de Anissa. Ella se mordió el labio inferior mientras su mano izquierda recorría el formado cuerpo de su víctima. Su mojada vagina apretaba constantemente el grueso falo de Superman, quien podía sentir como esta se contraía contra su miembro. Los intensos gemidos llenaban el silencioso terreno que los rodeaba mientras el calor se apoderaba de ambos cuerpos conforme los minutos pasaban. La hija de Zod no se detenía, pues el tener sometido a aquel hombre a sus instintos más básicos era algo que la hacía delirar del placer. Los gemidos de Clark también empezaban a ser más audibles, provocando más a su violadora. El cuerpo del varón cedía ante el placer provocado por su enemiga, quien se movía de forma frenética. El orgasmo de Anissa bañó el miembro de Superman, que palpitaba cada vez con más fuerza. Finalmente tuvo un fuerte orgasmo, donde su semen inundó el útero de su violadora, la cual gimió en satisfacción al sentir el cálido líquido llenarla.

Superman respiraba con fuerza, mientras un grupo de lágrimas descendían de sus ojos. El poderoso hombre de acero se encontraba humillado, y su orgullo destrozado.


—No llores, Kal-El. Sé bien que lo disfrutaste.


—Vete —pidió Superman, cerrando los ojos con fuerza—. Solo vete.


—Superman —escuchó el kryptoniano a través de su auricular—, aquí Batman. ¿Algo qué debas reportar?


Superman empezó a gruñir mientras se esforzaba al máximo para mover su mano y poder activar su comunicador. Mientras su puño se cerraba, Anissa notó lo que sucedía y le apoyó el antebrazo en la garganta.


—¿Acaso quieres pedirle ayuda a tus amigos? —preguntó Anissa mientras se recostaba sobre Superman.


—¿Superman? —volvió a preguntar Batman—. Sé que sonara raro, pero Wonder Woman se comunicó conmigo. Supuestamente Afrodita se comunicó con ella para avisarle que estabas en peligro. ¿Algo qué quieras reportar?


Anissa apoyó su dedo índice en el oído de Superman, y empezó a gemir al lado de este.


—¿Superman? —preguntó Batman, confundido por lo que escuchaba.


—Estoy violando al maricón de Superman —afirmó Anissa entre gemidos—. Vengan por mi, si se atreven.


Superman, sin dejar de derramar lágrimas, la miró con un gran odio mientras sus ojos se tornaban rojos.


—¿Vas a atacarme después de que te divertiste dentro de mi, "Superman"? —dijo con gran burla lo último—. No lo has hecho nada mal, Kal-El, y se nota que al final lo disfrutaste.


La hija de Zod sonrió con picardía mientras se levantaba, con algo del semen cayendo de su vagina sobre el pene de Clark.


—Y aunque la reproducción kryptoniana no solía requerir más de un intento, debido a mis genes viltrumitas puede que si los necesite —aseguró mientras tomaba de los hombros al varón, para dejarlo sentado contra las paredes del cráter—. ¿Listo para lo qué los humanos llaman "segundo round"?


—¿Q-Qué? —preguntó con temor Superman.


Anissa sonrió y se sentó nuevamente sobre el héroe, para de esa forma frotar el miembro de este contra su vagina. Lo tomó bruscamente del rostro y lo beso con gran lujuria, llegando a meter su lengua dentro de la boca del varón y la frotó por todos los rincones que pudo. Superman no pudo siquiera reaccionar por el shock que tenía, pero antes de que la situación escalara, unos rayos dorados golpearon con gran fuerza a la híbrida. Anissa salió volando y, entre ella y Superman, se encontró de pie a uno de los héroes más poderosos de la Tierra: Flash.

—¡Aléjate

de Superman, maldita loca! —gritó con gran furia el velocista escarlata.