Capítulo único: fraîcheur pt. 1
Escalofríos. Siempre reaccionaba a él con esos cambios de temperatura.
Chanyeol seguía sin entender el porqué, en cuál era la maldita cosa que hacía que sus músculos se contrajeran de tal manera ante esa voz; si era por su estúpida sonrisa o a causa de sus horrorosos ojos cafés.
Humedeciéndose los labios detrás de su libro, el alto aprovechó del breve momento para ocultar su rostro, a sus párpados cubriendo sus pupilas, apretándolos con mal humor; Baekhyun había gritado un agudo y desesperante saludo:
“¡Estoy en casa!”, exclamó antes el de piel pálida. Seguidamente, el ya conocido sonido que hacía al agitar su llavero lleno de colguijes inundó el departamento, acercándose, volviéndose más fuerte conforme los pequeños pies se deslizaban sobre el piso de madera.
Chanyeol podía imaginarlo caminar así, con esa ternura, con esa delicadeza al desplazar el cuerpo, a sus ahora delgados muslos frotándose, los mismos que con frecuencia besaba.
—Erg —Baekhyun se quejó al poner su palma sobre el borde del libro de su novio, y empujó el objeto hacia abajo para mirar el rostro ajeno y no sólo parte de su cabellera rosa—. Otra vez leyendo esto, te he dicho que debes dejarlo por un momento. Releerlo no hará que lo entiendas más rápido.
—Debo hacer un ensayo —Chanyeol respondió con rudeza, algo que no afectó al pequeño chico de cabellos negros. Éste asintió parpadeando, con ese toque tierno e inocente que parecía estar dándole la razón.
—Sí, lo sé, pero no quiero que te rompas la cabeza. No entiendo para qué tanto alboroto, esas clases teóricas no te dejan nada bueno. Tú ya eres lo suficientemente talentoso —. Mostrando una sonrisa se inclinó hacia él, recargando sus manos sobre las piernas cruzadas de su novio, y frunciendo los labios al frente para pedir un beso. Sus pequeños y limpios párpados apretándose con fuerza, siendo casi ocultados por esas gafas de marco grueso que sólo se quitaba para dormir.
Chanyeol tragó saliva por lo que veía. Esos labios rosas; tan rosas como su propio cabello, estaban un poco húmedos y brillosos, podía notar la suavidad de ellos sólo con mirarlos. Ladeó el rostro y observó por encima de su hombro el ventanal detrás. El sol estaba ocultándose, las anaranjadas calles estaban anunciándole que no faltaba mucho para anochecer, aún tenía una clase más a la cual asistir para terminar con su horario, sin embargo la situación le hacía pensar que quizás, podría quedarse en casa por el resto de la noche.
El frío en su cuerpo volvió al poner sus manos a los costados de las mejillas blancas, que por el tacto tomaron un tono cálido. Presionó sus labios sobre los más delgados, y sintió sus hombros agitarse cuando el recorrido por su espalda comenzó.
Seguía sin entender, seguía sin creer que el amor entre ellos se hizo realidad.
Tres años atrás, sí; treinta y seis meses atrás (un poco más en realidad), ambos habían entrado a la universidad de Seúl. Chanyeol y Baekhyun habían elegido sus respectivas facultades sin tener en cuenta qué mierdas y estúpidas experiencias les traería la vida durante esos cuatros años estudiando.
Para el momento en que Baekhyun había llenado su solicitud, con esos recuadros opcionales para aplicar a matemáticas, lo único que pasaba por su cabeza es que deseaba utilizar sus habilidades para el bien, estudiar una ingeniería y hacer cosas grandiosas con su vida. El pequeño pelinegro no era sólo un cerebrito más, el del IQ más alto de su antigua escuela o el chico más bonito al que todos deseaban darle por detrás. El de ojos cafés tenía una personalidad bromista, fría a momentos, exageradamente amable si tomaba confianza, algo tímida también. Una combinación que podría ser rara, pero que al tratarse de Byun Baekhyun no tanto. Él ya era bastante especial para empezar.
Chanyeol por otra parte, tenía sus propios talentos, poco aceptados o tomados en serio. Solía meterse en problemas y oh, qué cliché más grande insinuar que ambos eran polos opuestos, aunque no del todo, para ser sinceros. El alto era aplicado en sus propias ramas, más acercadas al arte, a lo creativo. Todos tenían inteligencias, y mientras que él se mantenía llenando sus libretas de dibujos, planes, bocetos y personajes, alguien en algún lugar estaba resolviendo ecuaciones en la suya.
El de ojos grandes aplicó para la facultad de artes, hizo su examen de admisión y decoloró su cabello para llenarlo de colores como todos los estudiantes creativos y rebeldes lo hacen. Sí, él era parte de los estereotipos, ¿y qué?
La fecha de los resultados llegó, ambos entraron a sus respectivas facultades, el primer día de clases pasó, y pese a todo lo que podrías estar suponiéndote, el encuentro tampoco fue inmediato.
Baekhyun estaba demasiado ocupado riéndose y perdiéndose entre las innumerables mesas llenas de libros, conferencias y panfletos para actividades, con su carcajada tonta que hizo que muchas personas le vieran raro o lo señalaran. El pequeño bebé de ojos cafés no les puso mucha atención, y sólo se dejó llevar por ese chico llamado Junmyeon que contaba chistes malos y quien se autonombró un líder que tomaría las decisiones por los dos.
Baekhyun no solía hacer lo que las personas le dijeran, tampoco era como si él hubiera tenido antes un mejor amigo al que siguiera como cachorrito; para empezar, prefería encerrarse en su habitación y leer mangas, a veces aceptar las invitaciones de Minseok para ir a su casa, ver una película en el cine como un solitario, o sólo entretenerse con sus consolas de videojuegos. Pero bien, Junmyeon no parecía una mala persona, así que el pelinegro le dejó ser.
El alto, en su mundo también, caminó por los pasillos luego de clases, conoció cada rincón y salón, así como los espacios verdes donde podría ir a echarse en el césped a leer, dibujar, o sólo descansar como muchos de los estudiantes hacían; Descubrió aquellos lugares que estaban permitidos para intervenir, y terminó sentándose, algo renuente, al lado de un chico cuando las ganas de dibujar se volvieron incontrolables.
Chanyeol la mayor parte del tiempo encontraba enfadoso cualquier tipo de contacto con personas, ya fuera una charla o sólo el intercambio de palabras sin una buena razón. Culpaba a hecho de que el instituto recibió incontables confesiones por chicas tontas que confundían la atracción con el amor. El alto creía una pérdida de tiempo imaginar emociones en algo que únicamente se trataba de ilusiones y apariencias.
“Quizás cuando madures”, Chanyeol respondió a muchas de ellas, un 90% si se ponía a pensar; al otro porcentaje les dejó con las palabras en la boca, siendo éstas las chicas más superficiales.
—Yah, suelta esto—. Baekhyun pidió antes de enrollar sus brazos sobre los hombros del alto. Con una de sus manos lanzó aquel libro que hablaba de arte, colores y esas cosas, hacia el piso.
Chanyeol gruñó tratando de recuperarlo, pero al notar que su pequeño novio estaba subiendo sobre él, algo en su estómago se apretó, y sus pensamientos comenzaron a ir hacia otras direcciones.
—Baekhyun, ¿podrías al menos quitarte la mochila? —sin embargo se quejó por su impaciencia. Al instante, observó al ajeno ponerse de pie sobre el suelo, viéndolo sacar de sus brazos las correas, y llevando hacia uno de los percheros su pertenencia.
—Lo siento, es que estoy muy emocionado. No te vi en todo el día, cuando me fui continuabas dormido—. Teniendo ya su espalda libre, colocó sus llaves dentro de uno de los compartimentos de su bolso. Se quitó entonces la chaqueta de estampados geométricos y la colocó meticulosamente sobre un gancho; continuó:
—Y luego estuve todo el día en clases, y me tomé el receso para ir a almorzar. Junmyeon y Soyeon dijeron algo como “Deberíamos ir a comer esas donas excesivamente grasosas de las que todos hablan”. Yo no quería ir, pero So dijo que podrían gustarte, así que fui y las probé, pero definitivamente no es algo que te daría de comer; así que los abandoné y luego compré esto —extendió sus manos donde sostenía una pequeña bolsa de regalo.
Chanyeol observó el obsequio y luego los ojos miel.
Aquello era tan Baekhyun, tan inesperado.
—Anoche me quedé estudiando hasta tarde, creí habértelo dicho. Tuve dos exámenes hoy —respondió a la primera parte de información. Sus manos sostuvieron la bolsa y la desenvolvió.
—Sí, dijiste eso, lo has dicho por varios días —se encogió de hombros al contestar, y sus ojos comenzaron a brillar al ver la expresión de su pareja cuando tuvo el regalo fuera—. Pero estaba bastante triste porque también sabía que estarías de mal humor si te buscaba en clases hoy. Es tu cumpleaños, quería que fuera un día especial.
Sobre sus palmas Chanyeol sostuvo una libreta de pastas gruesas, en el interior, papel de algodón listo para ser usado. Para el alto, un obsequio como ese era mejor que comida grasosa o pínceles. Baekhyun no sólo estaba preocupándose por sus intereses, sino también por sus ideas, esas que podría llevar a cabo y volverlas palpables al esbozarlas.
—Esto… —Tragando saliva hojeó el material, sus dígitos tocando la exquisita y fina textura donde el grafito se deslizaría—. Baek, esto es algo caro.
—¿Sí? —El de gafas inquirió curioso por lo que escuchaba. Torció los labios antes de sonreír—. No es tan caro como todas esas cosas que me has dado. ¿Recuerdas el suéter? ¿O el libro? O esa cosa rara que me diste de comer cuando fuimos al restaurante mexicano, ¿cómo se llamaba?
Aquel extraño y poco frecuente sonido llegó a oídos de Baekhyun. La risa tonta y algo masculina (aunque no tanto) de Chanyeol, se extendió por un pequeñito lapso. Luego, se sintió ser tacleado sobre el pequeño sofá. El de cabellos rosas le dio un beso corto en los labios y continuó con otros sobre sus mejillas.
—Se llama burrito, y no es nada costoso.
—Ou —Baekhyun se quejó haciendo un mohín—. Bueno, entonces me debes unos miles de wons —extendió su mano pidiendo dinero, pero en ella sólo consiguió un beso.
—No importa si fue mucho o fue poco —prosiguió Baekhyun—. Tengo un billón de dibujos tuyos en mis libretas, tu webtoon está siendo muy popular. ¿Sabes cuántas personas me han ofrecido dinero para arrancar esas hojas y dárselas? —Extendiendo su palma, se la mostró al mayor—. Cinco, fueron cinco. Y estoy hablando de estudiantes universitarios, estudiantes ingenieros.
—¿Dudas de mi capacidad de hacer algo para ese tipo de público? —El de ojos grandes pareció ofenderse, aunque era claro que no lo estaba.
Baekhyun, jamás en su vida, haría o diría algo con la intención de herirle.
—Nope. Sólo digo que en este gran país, en este inmenso planeta lleno de gustos y personalidades raras, imposiblemente hay cinco personas cercanas a mí que gustan de lo que haces. Fue una completa casualidad cuando Eunjung me quitó mi libreta para comprobar tu dibujo y el que tiene como fondo de pantalla.
—Cinco personas —Chanyeol repitió—. Estoy seguro de que dos de ellos son Junmyeon y Soyeon. Ellos siempre están pendientes de nuestra relación.
—Son cinco, sean quienes sean, se llamen Junmyeon o no. Además, estoy seguro de que en los cientos de seguidores que esperan tus actualizaciones hay más personas que quizás conozcas, que quizás si me conocieran me ofrecerían más dinero. Tengo dinero en mi libreta, tus dibujos valen mucho —Baekhyun habló sin sentido para defenderse, y bostezó formando una ‘o’ con sus labios por un instante—. Vamos a comer pastel.
Poniéndose de pie y con ayuda de una de sus manos empujó a su gigantesco novio por el pecho. Se estiró al extender sus brazos y bostezó audiblemente con dirección a la cocina.
El departamento donde se habían mudado apenas un par de meses antes era pequeño. Los pisos para estudiantes solían ser así; Chanyeol había estado indeciso sobre si irse a vivir juntos era una buena idea en cuanto el pequeño pelinegro se lo propuso. Prácticamente, si la convivencia y los hábitos afectaban su noviazgo, todas esas ideas de que el amor existía se volverían pedazos para el peli rosa.
Pero bien, eso no pasó, Baekhyun era tan higiénico y tan organizado como él.
Mirando como su novio se iba de la habitación, Chanyeol aprovechó para inclinarse hacia el suelo, tomó el libro que antes fue lanzado y buscó la página en la que detuvo su lectura. Y esa, era sólo una de las pequeñas cosas que le harían enfadarse con regularidad; Baekhyun era una especie de virus que se había metido en su sistema, quien podría hacer ese tipo de acciones que le volverían loco, pero que al tratarse de él, parecerían más tiernas que enfadosas.
El Chanyeol de antes, el de nuevo ingreso y de cabellos azules, habría reaccionado con un grito a quien fuera que tratara de arrebatarle una lectura de los dedos, quien podría haberle roto la cara al maldito idiota que tocara o siquiera mirara sus dibujos sin terminar. Su libreta de bocetos era tan personal, era tan privada, tan íntima como el contacto físico.
Por lo que nuevamente, seguía sin entender por qué su cabeza decidía por él, en por qué su corazón avanzaba con dirección a Baekhyun sin importar qué.
Todo inició durante su primer año de universidad, cuando por casualidad, destino o sincronía, había optado por ir a la biblioteca por la tarde en lugar de por la noche, como con frecuencia hacía; Chanyeol amaba los lugares solitarios y el silencio, porque su cabeza raramente funcionaba con tanto ruido a su alrededor.
Por semanas mantuvo una idea flotando en sus pensamientos e incluso durante clases, trabajar en su dormitorio era muy poco probable ya que el chico con el que compartía habitación regularmente llevaba amigos o a una que otra chica.
Jongdae no era un mal chico, pero tenía un problema un tantito grave con respecto a las mujeres. Por ello, decidió no volver tan temprano, evitándose así el show completo de besos de su compañero.
Su plan inició bien, desde pasar por las entradas y subir al ascensor menos lleno hacia los pisos de arriba. La biblioteca se dividía por áreas, y Chanyeol sabía perfectamente que sentarse a estudiar, o en este caso a dibujar, en el nivel de diseño y arte era una mala idea. El espacio siempre estaba lleno de pintura y ruido, porque al parecer aquellos estudiantes tenían ciertos problemas para hacerle caso a los letreros de «Mantenga limpias las instalaciones» y «Guarde silencio».
Sabiendo que necesitaría de calma, subió hasta el quinto piso, se detuvo frente a la entrada de matemáticas y avanzó hacia las mesas vacías. A sus costados había pocos estudiantes, todos ellos leyendo y escribiendo sobre sus propios cuadernos, poco interesados en el chico de cabello extravagante.
Con una sonrisa en su cara tomó asiento cerca de la mesa hacia el ventanal. Necesitaba de toda la iluminación posible para dibujar, y tener una vista del exterior siempre le daría buenas ideas y distracciones cuando su cabeza comenzara a doler. Para el alto, crear personajes y darles personalidad no era tarea fácil. Sus primeros trazos para su webtoon estaban avanzando lento, algunos fueron desechados cuando el estrés y la frustración lo sobrepasaron, por lo que capítulos casi enteros terminaron en la papelera por su falta de paciencia.
Sus padres siempre decían que no entendían su personalidad, Chanyeol era excesivamente serio, exigente y poco tolerante, además de nulamente sociable. Pese a sus gustos y talentos, pese al tipo de historias y personajes que solía crear, su mente funcionaba de otra forma; él no compartía los pensamientos de sus creaciones aunque le gustara inventarlos.
Teniendo ya sus materiales sobre la mesa, tomó el lápiz con punta fina y lo presionó sobre su hoja limpia, hizo una línea ligera, apenas visible para hacer una guía, seguidamente hizo unas más, y luego presionó más fuerte para hacer los contornos del rostro de su creación. Concentrado, bosquejó mientras sus ideas estuvieran frescas, dejando de prestar atención sólo hasta que sintió un peso grande sumiéndose en él.
Chanyeol conocía esa sensación, la sintió tantas veces que ya resultaba familiar. Durante el instituto recibió miradas, muchos dedos señalándolo desde lo lejos por ser el asocial, por ser el ‘raro’ que pese a ser popular con las chicas al tener aspecto de ‘chico malo’, también era el menos interesado en tener un intercambio de palabras con literalmente, todos.
El futuro artista no habló con compañeros de su clase salvo por las tareas o trabajos en grupo, jamás se interesó en los equipos de baloncesto a pesar de que muchos le rogaron por semanas para que se les uniera. Ni siquiera porque tenía una especie de reputación al ser hermano de la bella y rompecorazones profesora de inglés.
Pero Yoora ahora no estaba ahí, y si estaba punto de recibir alguna clase de acoso, no habría nadie quien pudiera detenerlo si decidía golpear a quien fuera que intentara juzgarlo.
No obstante, algo más frío y adorable lo recibió.
Aquel escalofrío sucedió por primera vez cuando su rostro enfocó al causante de su interrupción. Chanyeol tenía una mueca marcada y desagradable, sus dedos seguían sosteniendo el lápiz con fuerza, y la arruga en su frente aseguraba que mandaría a la mierda al chico o chica que acababa de sentarse cerca.
Baekhyun… él fue tan hermoso desde el primer encuentro, con esas estúpidas y enormes gafas que le caían por el rostro y casi le tapaban media cara, con esa boca formando una ‘o’ al sorprenderse. Con esos feísimos ojos cafés que con la luz de los focos y el sol del atardecer, parecían de un tono miel.
—¡WOW! —Baekhyun tapó con sus dedos su boca luego de exclamar, y tuvo que girar su cuerpo para mirar a la bibliotecaria que le reprochó con ojos echando fuego. El pálido chico puso su dedo índice sobre sus belfos, repitiendo a la par de la mujer un “Shhh”. Reincorporándose, movió sus labios gesticulando una disculpa—. Lo siento, es sólo que dibujas genial.
Chanyeol movió robóticamente su cabeza, no sabiendo si era buen momento para golpear al chico y salir corriendo.
—Gra…cias —alcanzó a pronunciar susurrando, agitó su cabeza y hombros buscando deshacerse de la congelada sensación. Poniendo sus ojos de nuevo sobre el papel, trató de hacer los detalles finales, marcar con flechas la paleta de colores.
—Yo soy malo dibujando, por eso ya no lo intento, todo lo que hago siempre sale chueco, una vez quise dibujar a mi perro, pero los ojos salieron tan grandes y sus patas muy pequeñas que parecía una especia de monstruo; ¿Has visto Monsters Inc.?
—Sí, la he visto —Chanyeol respondió, a la par que sus manos tomaban sus libretas para guardarlas de vuelta. No parecía que el recién llegado se detuviera pronto.
Baekhyun continuaba contando como su perro se había parecido a uno de los personajes de aquella película, y en qué estado conservaba aquel trozo de papel en su álbum.
El alto terminó de colgarse su mochila, y ofreció una sonrisa incómoda a quien continuaba sonriendo y reprimiendo su risa. Baekhyun hasta entonces comprendió; no sería la primera vez que alejaba a una persona por esos ataques parlanchines de los que sufría.
—Oh, ¿ya te vas? —Sonriendo con vergüenza y decepción, el pelinegro inquirió. Sé sobó un hombro y tocó su propia nuca para aminorar la sensación—. Ya, entiendo, que te vaya bien.
El menor agitó su mano para despedirse y para no hacer tan evidente que estaba sintiéndose mal, por ser consciente de que había algo malo con él, y por siempre ahuyentar a las personas con tanta facilidad. Baekhyun estaba muy acostumbrado a ello, las personas solían rodearlo y acercarse a él por su físico, por parecer tierno y agradable, pero tarde o temprano terminaban alejándose porque el pequeño chico se volvía una especie de sanguijuela; hablaba y hablaba sin parar, se reía escandalosamente y andaba brincando y agitándose de un lado hacia otro.
Por eso optaba por elegir su soledad, porque estando así, en silencio, no incomodaba tanto a los demás, porque de esa forma nadie podría herirlo; porque así, no se sentiría ignorado o no querido.
El pelinegro agachó su cabeza para ver su mochila puesta sobre la mesa, y decidió concentrarse en el motivo para estar ahí. Su deberes estaban esperando.
Chanyeol de pie y aún cerca, agitó su mano despidiéndose.
“¿Qué mierda haces, idiota?” Consciente de su acción, el alto se reprendió. No obstante algo en su cuerpo, mente; o simplemente por su estupidez le decía que era lo correcto.
—Nos vemos —. Tan pronto lo vocalizó giró en sus talones. Agitando sus hombros y frotando su cuello, deseó desaparecer el helado efecto que le volvió al cuerpo.
El de cabellos rosas rodeó con sus manos la pequeña cintura frente a él, e inclinó su cuerpo consiguiendo descansar su mentón sobre el hombro del menor. Baekhyun dejándose querer, enterró el cuchillo sobre el pastel, divirtiéndose por la sensación de pasar el afilado objeto por la suave textura.
—Busqué de chocolate, pero me dijeron que éste sabía mejor —el de ojos cafés informó—. Es de helado, no sé si se corta igual, ¿deberíamos servirlo en platos o lo comemos desde aquí? —Giró su rostro encontrándose los ojos grandes de Chanyeol cerca, e hizo bizcos para hacerle reír.
—No me gusta comer del mismo recipiente.
—Pero creo que sería romántico y lindo, siempre podemos hacer algo diferente. El pastel no es tan grande, y la nevera está llena. Acabémoslo y engordemos, prometo llevarte rodando hasta la habitación —, puso su mano sobre su pecho y donde se encontraba su corazón, obteniendo con ello un asentimiento por parte del mayor—. Okay, Okay.
No ocultando su emoción se zafó del agarre del alto, y avanzó hacia el frigorífico para sacar los cartones de leche; prosiguió:
—Vamos, comamos en el sofá, aún quiero que me cuentes sobre tus anteriores cumpleaños, o sobre lo que sea. ¿Qué hiciste hoy? ¿Comiste bien? Si no lo has hecho podríamos ir a un puesto callejero.
El de cabellos rosas avanzó hacia el mueble con el pequeño pastel en sus manos, sentándose cuidadosamente para no arruinarlo pese a tener un corte justo por en medio, autoría de su novio.
—Estoy bien así, comí algo luego del primer examen. La novia de Jongdae me habló antes sobre unos emparedados de la cafetería que recién inauguraron en la facultad, así que fui a probarlos. Son vegetarianos, pero sabían bien.
—Uy, Park carnívoro Chanyeol comiendo plantas, qué curioso —Baekhyun se burló, mientras colocaba en los cartones un par de pajillas para sorber. Entregó uno a peli rosa al verlo con las manos libres.
Su destrozado pastel descansaba en la mesita de centro, desde ahí, la línea en medio donde podía verse el helado escurriéndose, dividía sus porciones.
—Desde que comenzamos a salir has querido que coma más saludable —mencionó Chanyeol, puso su cuchara en la cubierta para probar.
—Grasa, dulce, carne, carne, carne. Es todo lo que entra a tu cuerpo. No sé cómo lo haces, nunca engordas, o no mucho —se rio al decir lo último, recordando aquella pancita adorable que tuvo oportunidad de morder algunas noches, sólo para mofarse.
—Si me he ejercitado ha sido por ti.
—Y eso me halaga, de verdad que sí —metió el primer trozo de helado a su boca, saboreándolo y sintiendo cuando se escurrió una parte de éste por su comisura. Con su cuchara señaló al alto, quien luego de la primer probada avanzó rápidamente con su porción—. Creí que Jongdae no estaba saliendo con nadie, la última vez que lo vi dijo no estar listo para comenzar una relación. Romper con Boram se notó que lo afectó.
—Ellos volvieron —respondió sin interés Chanyeol, su novio contrastando estaba más curioso de lo normal.
La razón era que Baekhyun se había hecho bastante cercano a Jongdae tan pronto el alto los presentó. Chanyeol no sabía a qué se debía (aunque en realidad sí); le costaba hacerse a la idea de que su pequeñito novio tenía una mayor facilidad para socializar.
—Él se dio cuenta de que lo que siente por ella es muy real —Agregó al notar su interés—. Supongo que no quería admitirlo, pero tuvo que hacerlo de cualquier manera.
—Boram lo enamoró —Baekhyun concluyó, haciendo un fallido intento de silbido—. Eso está bien, Jongdae siempre ha dicho que está celoso de nosotros, es bueno que tenga a alguien que lo mime y lo quiera.
—No estoy muy seguro, él es… —dudó de sus palabras, ya que la frente arrugada del de cabellos negros no era una buena señal, estaba advirtiéndole sobre pensarse dos veces su frase antes de decirla—. Ya, sé lo que estás pensando, no quiero ser como todas las personas juzgonas, pero es obvio que Jongdae tiene ese tipo de popularidad.
—Que haya salido con muchas chicas no lo hace un mal hombre, que sea ingenuo es un problema grave, su único error es ilusionarse rápidamente.
—Ingenuo—susurró con sarcasmo el peli rosa.
—Chanyeol, amor, evítame la pena de golpear tu preciosa cara.
—No vas a golpearme. Defender a un playboy es en serio de risa, el único ingenuo aquí eres tú. ¿Sabes acaso cuántas veces tuve que sacarlo en ropa interior de la habitación?
—¿En… en ropa interior? —Los redondos ojos parpadearon—. ¿Estás diciéndome que Jongdae tuvo eso… mientras estabas tú ahí?
—Erg, no exactamente, digamos que llegué a tiempo las suficientes veces como para impedir que el dormitorio se convirtiera en un hotel de paso.
Entrecerrando sus ojos Baekhyun pensó, reflexionó sobre ello y luego decidió dejarlo ir. Jongdae, fuera quien fuera e hiciera lo que hiciera, seguía siendo parte del pequeño círculo de amistades de los dos. Ir sacando miembros no era una opción cuando ambos, eran un tanto especiales y problemáticos para comunicarse.
—Su castigo debiste darle en su momento. Invocar a enfaditos Yeol es como conocer el infierno, ¿verdad, corazón? —Sin pensar en sus acciones colocó la última cucharada de helado sobre la boca medio abierta del más alto, riéndose por haber hecho que sus dientes chocaran con el material.
—¡Byun! —Un gruñido con mal humor brotó desde la garganta, el de ojos grandes empujó la cara de su novio con su palma. En seguida tomó con ambas manos las mejillas contrarias, apretándolas y consiguiendo su venganza.
—¡Ah, duele! —Se quejó Baekhyun— ¡Ah, Yeol! —Lloriqueó tratando de alejarse, sus mejillas se pusieron rojas, sin embargo el alivio llegó a tiempo.
Chanyeol presionó sus fríos labios sobre su piel, podía incluso oler el helado de chocolate en su aliento.
—Lo siento —el alto enterró su nariz sobre su mejilla, y mantuvo un abrazo fuerte por un instante. Ambos estaban enredados y mal acomodados sobre el sofá, eran una mezcla de piernas entrelazadas y cabezas colgando en el borde, casi tocando el suelo. Baekhyun bajo él bostezó, posiblemente por centésima vez desde que llegó a casa—. Deberíamos ir a dormir, hoy saliste muy temprano, estás agotado.
—No estoy… cansado —pronunció en un tono soñoliento, obteniendo con ello un fingido golpe en su frente.
Sin agregar nada para contradecirlo, Chanyeol se puso de pie y le ayudó a hacer lo mismo.
—Ve y ponte un pijama, yo limpiaré este desastre. Si quieres seguir hablando o contarme lo que hiciste hoy te escucharé, pero obedece —pidió en un tono fingido y amenazador.
Baekhyun como respuesta mostró su geométrica sonrisa y puso una mano sobre su frente tal cual como militar.
—Sí, papá —bromeó antes de correr a la habitación, escuchando en su trayecto la queja de su pareja desde la cocina. Estando ya en la recámara, se dedicó a cambiar sus prendas para dormir, preparando a la par también las ajenas.
Chanyeol por su parte, negó seguidamente con el rostro y observó el cadáver del que había sido su pastel de cumpleaños. Tomó los cubiertos y la base plástica, llevándola hacia el cesto de basura junto con los cartones de leche; Realizando sus tareas de limpieza, y pasando por enfrente de la nevera, vio esos pedazos de papel sujetos al material por unos imanes. El de cabellos rosas sonrió al detenerse a mirarles, no es como si no lo hiciera a menudo, únicamente se trataba de que en cada ocasión donde le prestara atención a esos trazos, encontraría nuevas cosas o los interpretaría de forma distinta.
Baekhyun, como mencionó en su primer encuentro, de verdad era peculiar a la hora de dibujar. Cada caricatura o retrato parecería siempre una versión distorsionada de la persona, animal o cosa. En sus intentos destacaría las características que más le gustaban o que más sobresalían, y como marca o firma, los colorearía con azul y rosa.
El alto se rio al pasar sus dedos sobre lo que suponía debía ser Mongryeong y Toben, aunque sólo eran dos círculos de colores con óvalos como cabezas y líneas rectas como patas. Un año atrás habían presentado a sus mascotas durante una de sus citas, ambos canes no parecieron llevarse del todo bien, pues al querer tomarles una fotografía ninguno miró hacia la lente y avanzaron en distintas direcciones. Baekhyun en ese entonces pudo ver la decepción en los ojos de Chanyeol, por lo cual como regalo hizo aquella obra de arte en un pedazo de papel, obsequiándoselo y prometiendo que tarde o temprano, sus perritos se llevarían bien.
Y aunque eso sucedió menos de dos semanas después, Chanyeol apreciaba y valoraba más aquel dibujo a diferencia de la polaroid con una escena similar.
Apagó las luces de la estancia dejando encendidas las tenues del corredor, sin prisa caminó con rumbo a la habitación, no obstante hizo una parada en la entrada del baño al ver a su novio intentando mojarse la cara. Baekhyun continuaba abriendo la boca grande, espirando.
—En verdad estás exhausto. —afirmó el alto, viendo los pesados párpados del pelinegro caer por la mitad de sus ojos.— ¿Estás ya listo para dormir?
—Necesito lavar mis dientes, y limpiar mi caaaa-raaa. —su boca se había abierto nuevamente, y cabeceó seguidamente al sostener su cepillo.
—Lo haré por ti, dame eso. — Sin pedir permiso tomó el objeto, puso dentífrico sobre ese y se paró detrás de su novio. Guiándose por el reflejo, cepilló lenta y cuidadosamente.
Baekhyun se dejó hacer por su novio, sonriendo tontamente al dejarse ir hacia atrás sabiendo que no importaba si se quedaba dormido, al amanecer, estaría sobre su cama y totalmente descansado. El de ojos grandes aprovechó de esos pequeños momentos de conciencia para asearle por completo, y al saber que estaba hecho le cargó como un bebé para llevarlo hasta la cama y arroparle.
Teniéndolo ya sobre el colchón con delicadeza le retiró las gafas, besó sus párpados y cubrió sus desnudas piernas protegiéndolo del frío. Chanyeol puso atención a su apacible rostro dormido, sonriendo como un tonto al recordar uno de sus momentos favoritos.
El segundo encuentro contrastaba bastante con el primero.
Chanyeol llegó por la tarde a la biblioteca con toda la intención de encontrárselo. Había comido temprano ese día, preparado sus apuntes y deberes para dedicar toda su tarde a bocetar (, o en este caso fingir hacerlo).Su cabeza estaba en blanco desde una semana atrás, su cerebro, hipotálamo, o la parte que se supone que le afectaba, le impedía concentrarse en su proyecto.
Tenía muy metida en su mente y en sus pensamientos el rostro del chico, de ese menudito chico que tal cual como un virus se metió a su cuerpo, quien hizo réplicas y réplicas de su imagen y lo distrajo durante clases y pruebas. Chanyeol sabía que tenía que verlo de nuevo, ver si aquello resolvería sus dudas o en su defecto lo jodería por completo.
¿Sufría de un enamoramiento?, eso lo pensó, pero no se creía incapaz de padecerlo, a Chanyeol nunca le gustó nadie, ni siquiera tuvo algún amor platónico o algo por el estilo.
Y era tan imposible que eso le ocurriera ahora, a él jamás le interesaron las personas.
Tragando saliva con fuerza y con un inusual temblor en las manos, caminó entrando al área de matemáticas de la biblioteca. Giró su rostro a lo largo del lugar, ya que las mesas cercanas al ventanal estaban ocupadas. A diferencia de la última vez, en aquella había más estudiantes.
Con lentitud caminó entre algunos de los muebles, robando inevitablemente la atención de algunos chicos en el proceso. Chanyeol conseguía eso a menudo, el color de su cabello ocasionaba miradas, agregando a ello su altura, sólo daba como resultado más y más entrometidos; Ignorándolos siguió su camino, llegando a la mesa donde había menos personas. El de cabellos azules decidió sentarse, buscar desde ese mismo lugar al pequeño chico, y de esa manera no levantar sospechas. No deseaba que el bonito chico lo descubriera.
Ya en su lugar miró al universitario sentado al frente, que tenía una pila de libros pequeña, pero lo suficiente para ser una minúscula barrera. Le vio con el rostro pegado a su libreta, y decidiendo no mirarlo mucho, sacó su propio cuaderno para dibujar.
Los primeros minutos iniciaron bien y Chanyeol se dio cuenta que estando así, una especie de calma le llegaba al cuerpo. Era como si sus manos y mente pudieran concentrase por primera vez desde el primer encuentro. Las probabilidades de ver al chico eran grandes, y la ansiedad desaparecía de sus extremidades enviando lejos también el estrés. Sus ideas fluían como agua, sus dedos se deslizaban sobre el papel con facilidad.
—Ouoaoui~ —un pequeño sollozo se escuchó al frente, dando como consecuencia que la frente del mayor se arrugara. Chanyeol trató de hacer caso omiso, y continuó trazando sobre su papel, esta vez de manera más agresiva. —Ah, aouhm~.
Los vellos de sus brazos se erizaron ante el gemido, Chanyeol sintió la necesidad de frotarse el cuello y mirar por encima de los libros. No sabía si dar por hecho lo obvio,si concluirlo a causa de su insoportable e inesperada sensación.
Un estudiante a dos lugares detuvo sus acciones también, y miró a Chanyeol pidiéndole de esa manera que hiciera algo al estar más cerca. La biblioteca era para estudiar, no para descansar, y tanto él como el ajeno podían jurar que el chico del otro lado estaba durmiendo.
— ¿Lo haces tú o lo hago yo?— cuestionó el chico, apresurando al alto para que despertara al dormilón. Chanyeol sintió su garganta secarse, pues si sus suposiciones eran las correctas, estaría interrumpiendo el sueño de quien, hasta ahora, era el origen de sus distracciones.
—Lo haré yo…— susurró, inesperadamente bajo y amable. Con dedos temblorosos soltó su lápiz de cera, y se inclinó hacia enfrente consiguiendo tocar la frente del inconsciente. —Hey~—empujó con la punta de su dedo, no agresivamente. —Hey, despierta.
La delgada mano del que descansaba tomó la suya con rapidez, y la mantuvo entre sus dedos un segundo mientras respondía un ‘está bien’; El chico a unas sillas de distancia puso los ojos en blanco al distinguir la voz.
—Baekhyun, demonios, ¿estás durmiendo en la biblioteca otra vez? — el chico se quejó, y se sobó la frente mirando como el nombrado se reincorporaba en su lugar. No traía las gafas puestas, por lo que se le vio entrecerrar los ojos palpando la mesa para encontrar los cristales.
—Deja de quejarte Kyungsoo. — respondió Baekhyun, a la par que se ponía los anteojos y se ubicaba. Lo primero que visualizó fue el rostro del de cabellos azules, quien parecía ver hacia los lados evitando que sus miradas se cruzaran. — ¡Oh!, tú eres el chico de la otra vez.
Kyungsoo, notando que para entonces ya era como uno más en la ridícula interacción, tomó sus libretas en una sola mano, levantándose y haciendo que las patas de la silla rechinaran al empujarla.
—Como sea, me voy de aquí. — dijo el de menor estatura, con ese gesto de hijo de puta que había hecho que Baekhyun le temiera desde el primer día. Pero bien, Kyungsoo no era un mal chico, el de ojos cafés lo sabía. Mientras se le tratara bien, no habría por qué temer por su vida, Kyungsoo sólo atacaba a las personas que lo miraban como un posible candidato para sufrir acoso por su apariencia.
Siempre era así, las personas juzgaban demasiado, incluso en la universidad.
Chanyeol movió la cabeza para asentir, y miró por debajo de sus pestañas como el delgado y pálido hombrecito se estiraba en su lugar, retorciéndose para deshacer los nudos y despertar por completo.
—Lamento si te incomodé, es que he tenido mucho sueño estos días, he estado estudiando día y noche, me da miedo que si dejo de hacerlo pierda la práctica. Mi record es de quince segundos. —Hablando animadamente Baekhyun explicó, tomando su lápiz de color azul.
— ¿Quince segundos?—Chanyeol inquirió con confusión, no entendiendo a qué se refería.
Baekhyun deseando mostrar sus habilidades, deslizó su brazo por la superficie de madera, haciendo a un lado los libros que impedían que el alto notara lo que estaba escribiendo sobre su libreta.
—Ecuaciones de primer grado, las resuelvo en quince segundos. He empezado también a hacer algunas cuadráticas, completas e incompletas, por ejemplo, aquí. — señaló al encerrar en un círculo una de las igualdades. — ‘equis al cuadrado más cinco equis menos catorce es igual a cero’—su explicación dejó de ser audible cuando su cabeza comenzó el proceso, y Chanyeol se quedó en silencio al verlo hacer anotaciones. — No creo que sea sorprendente para ti, ¿cierto? ¿Qué es lo que te gusta más?, ¿el álgebra, la geometría o la estadística?
Chanyeol se quedó quieto en su lugar, no despegando sus ojos de lo que sucedía a gran velocidad en el cuaderno ajeno. El pelinegro resolvía ecuaciones en el mismo tiempo en que él parpadeaba, su cabeza no se distraía pese a que estaba también creando una conversación.
No era para menos que el de piel clara estuviera haciéndose ideas equivocadas, el intruso en esa área era él.
—Yo no estudio matemáticas. — aclaró en un tono anómalo, al menos tratándose de él. —Estoy en artes.
—Oh, entiendo. Con razón eres bueno dibujando. —Baekhyun respondió sin sorpresa.
Chanyeol no pudo evitar parecer un poquito decepcionado, el chico de antes, el que lo afectó, estaba intercambiándose por otro. Era como si Baekhyun (Porque sí, Chanyeol había archivado su nombre en su cabeza, en su memoria a corto y largo plazo) estuviera desinteresado.
—Sí… — hundiéndose en sus fallidas esperanzas agachó la cabeza. Chanyeol se sintió tan pequeño y tan ajeno, que unas ganas enormes por tomar sus cosas y largarse se apoderaron de él. Era como confirmar sus sospechas de que interactuar con personas era desagradable, ¿por qué quién en el mundo lo querría como amigo a él?
Estaba muy acostumbrado a que la gente temiera de él, que su mal carácter ocasionara que sus compañeros ya ni quisieran acercarse, y por ello, incluso no sabía si debía estar haciendo las cosas bien. ¿Cómo se hace un amigo?, ¿Cómo se consigue el amor y la confianza? ¿Cómo podría saberlo él?, nadie en el mundo podría dar una respuesta.
Un tintineante sonido provino desde el móvil de Baekhyun, anunciando con ello que su tiempo de estudio estaba finalizando. A diario, recibía una llamada de Junmyeon, pues este había decidido que ambos cenarían juntos sin importar la enorme cantidad de excusas que el menor le diera.
Inseguro, el de ojos cafés fue tomando sus pertenencias para guardarlas, Chanyeol al frente dio un fuerte suspiro, como si con ello demostrara que era el fin, como si estuviera anunciándole que no se volverían a ver. Baekhyun no sabía por qué estaba interpretándolo de esa manera, en cómo era posible que con abstruso lenguaje corporal estuviera asegurando tantas cosas, cosas horrorosas.
Joder, era el segundo encuentro y pese a eso, sus corazones estaban reaccionando como si sus otras mitades estuvieran aferrándose a continuar cerca. De cualquier manera ¿Quién sabe cómo se reacciona cuando se conoce a la alma gemela?
Pero en el mundo, las personas y las situaciones jamás ocurren y fluyen como se desea. Y Baekhyun decidió esa vez no adelantarse a los hechos, a que sus ideas bobas y suposiciones tontas sobre que el chico de cabellitos azules estaba ahí para verle, lo cegaran. Porque bien, Baekhyun podría ser un cerebrito parlanchín, sin embargo había tenido algunos cuantos pretendientes antes. Sabía lo que era volver a alguien nervioso, aunque claro, eso nunca duraba, los chicos y las chicas que en el pasado se le confesaron en la mayoría de los casos terminaban huyendo.
—Espero verte pronto de nuevo. — Baekhyun expresó su deseo, sus manos jugueteaban con las correas de su mochila en sus hombros, y su mirada dubitativa se encontró con los ojos claros de Chanyeol.
Éste, vacilando, movió la cabeza dos veces. Y tras verle marcharse, dejar de ver su espalda alejarse, dar por hecho el adiós y meditarlo por escasos segundos, decidió que era el momento, que probablemente se arrepentiría por eso, pero que necesitaba dejarse llevar. Eran como los imanes, que se repelan y se atraen.
Chanyeol no comprendía por qué su cuerpo reaccionaba al sentirlo cerca, en qué era esa cosa que lo flechó de él, uniéndolos como el cordoncito rojo en el que todos los atolondrados comenzaron a creer; Pero estaba yendo hacia él, incluso cuando minutos antes se había quejado por sus malos resultados y el aparente desinterés.
Y por segunda vez, una especie de barrera se interpuso en su camino, una más alta que la pasada pila de libros.
Chanyeol detuvo su persecución luego de salir del ascensor, puesto que en el vestíbulo ya se encontraba Baekhyun, rodeando los hombros de un delgado chico, apuesto, con una sonrisa de ángel, y que a simple vista, parecía ser todo lo contrario a él.