Bajo el Halo inmerecido

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Summary

Allí, donde el dolor se afila hasta convertirse en arma, ella es elegida para un destino impensable: ser la portadora de un filo ancestral y malévolo, cuyo único requisito es un corazón puro. Su mente fuerte es su único escudo, pero ¿podrá la luz de su alma sobrevivir a la oscuridad que ahora está obligada a blandir?

Genre
Fantasy
Author
Yareht
Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capitulo 1

Me gustaría decir que tengo un plan de lo que será mi vida a continuación, pero justo en este momento soy una hoja en blanco. Sin nadie, ni tampoco un lugar a dónde ir solo espero caminar y que con suerte algo se me ocurra.

Hasta el día parece haberse conmovido por mi perdida, pues, no pasa mucho tiempo desde que empiezo a caminar cuando la lluvia cae de pequeñas gotas sobre mi, nada como la fría lluvia para acompañar la tristeza.

Camino por mucho tiempo o muy poco, no se con certeza, en un momento casi tropiezo con las que personas que caminan frente a mi y al otro recibo empujones desde atrás por caminar lento.

Me alejo del vecindario, aunque tampoco se en qué momento sucedió, me alejo de las pequeñas y humildes casas que recorría cuando aún seguía sintiendo este lugar como mi hogar, hace apenas unas horas. Es tan doloroso, es casi surreal cuánto duele y cuan mal me siento, abrazar resignada la soledad de la que tanto me había esforzado por alejarme, abrazarla no como lo harías con aquel amigo o familiar que no has visto en mucho tiempo, es como abrazar la muerte.

Aún tengo dinero en mis bolsillos, soy consciente de que no he comido nada en todo el día pero solo quiero dormir, aunque de igual manera no pueda lograrlo, pero en estos momentos la sensación que un cuarto en silencio y totalmente oscuro pueda brindarme es lo que más me reconforta justo ahora, más de lo que lo harán las condolencias fingidas y vacías de personas que no conozco y mucho menos aprecio.

No estoy segura de cuando podré volver a dormir.

Acomodo entre mis manos la pequeña caja de zapatos que por las gotas que cae se me resbala ligeramente de estas, de cierta manera me parece gracioso e irónico, solíamos pelearnos continuamente por el espacio, éramos una familia grande de siete personas, por lógica el espacio era poco y nuestras pertenecías muchas, los conflictos eran constantes pero no por eso no nos amábamos.

Es gracioso como todos esas peleas y discusiones terminaron reducidas a una caja de zapatos, como si de un chiste entre dioses se tratara.

Éramos una familia de siete que peleaba por el espacio y ahora todo entra en una caja de zapatos.

Pienso aquello y lucho contra mis sentimientos para no derrumbarme en lágrimas, no mientras aún estoy en la calle lo que menos necesito es a personas desconocidas a mi alrededor.

Llegó a la ciudad, la lluvia se detuvo pero la noche ya apareció y con ella muchas cosas que me molestan de esta sociedad. La gente descortés las inmoralidades totalmente desenfrenadas y la ilusión de alegría que trae la noche de un viernes, me provocan náuseas.

En estos momentos odio al mundo, odio a todos y hasta a mí misma, solo quiero desaparecer aunque de todos modos es como si ya no existiera, ya para mí no existe nada que me importe lo suficiente como para motivarme a seguir existiendo.

Encuentro un hotel de mala muerte en un callejón de igual procedencia, pago por una habitación y voy hasta ella sin siquiera recordar el rostro del encargado, se cuál es la habitación porque en la llave está enmarcado el número de esta, de lo contrario tampoco lo sabría.

La habitación no es para nada lujosa, para nada lo es, pero tiene una cama, un interruptor con el que puedo apagar la luz y entregarme a mi sufrimiento, cosa que hago.

Cuando apagó todas las luces y cierro con seguro me siento en el borde de la cama a pensar.

Somos amolados constantemente sobre la piedra del dolor y la necesidad y acostumbrados a ello sin remedio alguno. Inevitablemente las lágrimas comienzan a caer por mis mejillas mientras que los espasmos de los recuerdos que me abruman apareciendo uno encima del otro con rapidez y nostalgia me obligan a cambiar de posición.

Sin fuerza para hacer algo más que abrazar mis rodillas con desesperación no evito que las lágrimas caigan a mares por mis ojos.

Sin importar la posición que tomara no dejaba de sentirme acechada, además de la soledad el silencio y la oscuridad y fuerte dolor en el pecho me acompaña, me impide respirar con normalidad y cuando trato de respirar profundo duele mas, mis brazos están entumecidos y solo quiero quitarlos de mi cuerpo.

Tengo miedo ¿De que? No lo sé con precisión, tal vez me asustaban mis propios pensamientos, mis propias emociones, son los únicos culpables que encuentro de tan agobiante dolor, ya que, son mi única compañía.

Fue así como lleve toda una noche, yo moviéndome sin cesar sin lograr dormir tan siquiera treinta minutos hasta que las leves caricias de los rayos del sol me avisan que ya es de día. Observo el reloj en mi muñeca y son las siete con quince de la mañana del tres de octubre me levanto más que con pereza, con todo el dolor que hay en mi cuerpo y se me permite mostrar y suspiro agradecida de que la noche acabará.

No es como si el resto de mis días fuera a ser mejor pero de todas formas me regocijo en mi hipotética calma.

Esta será ahora mi vida, pasar una noche de pesadilla y esperar que el día llegué con la ilusión de que no sea tan malo como el anterior.

Recuerdo a duras penas las palabras del encargado del hotel, se supone debo irme antes de las once de la mañana, aún que queda tiempo en la habitación así que aprovecho para usar mi teléfono y hacer algunas llamadas. Debo elegir los ataúdes de mis hermanos y de mis padres.