Capítulo 1: El Acuerdo de la Cima y el Precio del Futuro
Capítulo 1: El Acuerdo de la Cima y el Precio del Futuro
Parte I: La Cámara del Destino
El salón de conferencias del Gobierno Nacional de Japón era un estudio de ébano y titanio, una cámara diseñada para proyectar un poder inamovible. Al centro, una mesa ovalada de cristal sostenida por un pedestal que simulaba el árbol del sol. En ese espacio, cinco jóvenes, herederos de las mayores fortunas y cunas de oro del país, se enfrentaban a la cúspide del establishment político.
El primero en hablar fue Yusei Akemoto. Con solo 25 años, Yusei poseía una postura de capitán innato. Su físico ágil y resistente se sostenía en su impecable traje de corte moderno.
“Presidente,” comenzó Yusei, su voz tranquila pero firme, “el sistema de exploración actual ha colapsado bajo la burocracia. Es ineficiente y, francamente, cruel con las hormigas trabajadoras que arriesgan su vida.”
Yusei no era un guerrero de primera línea. Su ficha lo demostraba: Fuerza C, Agilidad B, Resistencia B. Sin embargo, su Magia A+ (sanación y luz) lo convertía en el sanador más potente de su generación. Era el pilar que mantenía a todos de pie.
A su lado, Jack Martial, 25-27 años, asentía con la cabeza. Jack, con 1.88 m de altura, cabello rubio oscuro con estilo y ojos azul intenso que reflejaban poder, era la imagen de la elegancia mágica. Su complexión era fuerte y definida, y vestía una túnica de tonos claros con detalles dorados. Jack era el mago de luz por excelencia.
“El acuerdo internacional de la ONU y el comité CBAO es claro,” intervino Jack, su voz un eco calmado. “La descentralización a través de Gremios autónomos fomenta la competencia y la innovación.”
Jack tenía Fuerza B y Magia A+ (luz ofensiva y defensiva), lo que le permitía equilibrar el combate y la defensa con una Inteligencia Táctica B+ comparable a la de Yusei.
Parte II: La Alianza de los Arreglos
El Presidente del Gremio Nacional de Exploradores de Japón y la mesa lo observaban. Sabían que estos cinco no pedían, sino que exigían un futuro que ya habían decidido.
Una figura esbelta y elegante, con el cabello negro intenso y liso cayéndole por la espalda, se ajustó un guante oscuro. Era Aoi Yukina, 25-27 años, con una altura de 1.65 m. Sus ojos, de un vibrante color morado o violeta, contrastaban con su atuendo oscuro estilo túnica con cuello mandarín y un cinturón adornado con calaveras blancas o plateadas. Fragmentos de energía mágica azul claro o cian flotaban a su alrededor, evidencia de su Magia A+ (oscura y ofensiva).
Aoi era la estratega. La suya era la voz de la Inteligencia Táctica A.
“El gremio que propongo, Leviatán Erebo, tomará la carga de las operaciones clandestinas y la supresión de amenazas de Nexo oscuro que el gobierno no puede reconocer,” afirmó Aoi con frialdad. Su matrimonio con Yusei era un hecho consumado desde la infancia, una unión que comenzó con el desagrado mutuo, pero que, con el tiempo, se convirtió en una unidad táctica formidable basada en la Inteligencia Táctica A de ella y la Magia A+ de Yusei.
La cuarta en la sala era Himiko Otouga, 22 años, la más joven del grupo. Con 1.70 m de altura, cabello azul oscuro y ojos violetas, poseía una complexión esbelta y ágil. Himiko era la multiclase, la Maga de todo tipo capaz de adaptarse a cualquier conflicto.
“Costertempo se dedicará al cambio constante. Lo viejo debe extinguirse para que lo nuevo pueda evolucionar,” declaró Himiko, su aura misteriosa reflejando la Agilidad A y la Magia A+ (versátil) que la definían. Su matrimonio con Cirge Kamado, el quinto miembro, había sido arreglado por sus padres, magnates petroleros, pero, a diferencia de Yusei y Aoi, ellos se llevaron bien desde el inicio, compartiendo la misma visión de que el mundo necesita un cambio radical.
Parte III: El Guerrero Bestia y la Propuesta Final
Finalmente, Cirge Kamado, el Guerrero Bestia, tomó la palabra. A sus 26 años, medía 1.90 m y su complexión era musculosa, bestial. Su cabello plateado y sus ojos ámbar le daban una mirada salvaje y dominante.
Cirge era la fuerza bruta del grupo: Fuerza A+ y Resistencia A.
“El gremio Aquiles Omnicrom se asegurará de que las tradiciones de poder y ferocidad perduren. La fuerza es la única verdad. El cambio será notorio y permanente,” rugió Cirge, aunque manteniendo el decoro.
Los cinco, con diferentes visiones de cómo debía lograrse el cambio global y total (disciplina, tradición, innovación, fuerza o adaptación), presentaron sus proyectos:
Yusei Akemoto: ShockBronte (Fuerza de choque, Sanación).
Jack Martial: Armoni (Magia de luz, Orden).
Aoi Yukina: Leviatán Erebo (Magia oscura, Estrategia).
Himiko Otouga: Costertempo (Multiclase, Adaptación).
Cirge Kamado: Aquiles Omnicrom (Guerrero bestia, Ferocidad).
El Presidente del Gremio Nacional de Exploradores, un hombre viejo y cansado, se recostó en su silla, analizando a los cinco herederos que abandonaban todo por un ideal.
“Aplicar el acuerdo internacional... crear Gremios propios sin intervención del gobierno...” meditó en voz alta. “No es mala idea, caballeros y damas.”
Parte IV: El Voto y el Regalo Absurdo
La mesa se puso en sesión. Eran seis personas, contando al Presidente, que debían votar la propuesta.
La votación fue rápida. El resultado: cuatro a favor, dos en contra.
La propuesta fue aprobada. Los cinco Gremios de la cúspide se convertirían en la nueva columna vertebral de Japón.
Mientras los cinco se preparaban para salir de la sala de reunión, el Presidente sonrió con una expresión de generosidad y hastío.
“Jóvenes. Abandonan sus fortunas para meterse en este negocio sucio de exploradores. Siento que debo compensar su nobleza,” dijo el Presidente, haciendo una seña a su asistente. “Denle a cada uno, por separado, un millón de dólares.”
Los cinco líderes, que acababan de asegurar el control del futuro de Japón, frenaron de golpe. Yusei, Jack, Aoi, Himiko y Cirge se quedaron en blanco, como si el concepto de un millón de dólares fuese una broma de mal gusto comparada con lo que acababan de lograr.
Uno de los encargados, el jefe de seguridad del Presidente, se acercó a Yusei con una pequeña sonrisa resignada.
“Señor Presidente, siempre con lo mismo,” susurró el jefe de seguridad, sabiendo que el dinero no significaba nada para ellos, pero era la única forma en que el Presidente podía expresar un gesto de “apoyo”.
Con los maletines conteniendo el millón de dólares cada uno, los cinco salieron de la sala, con una expresión de absoluta confusión: habían ganado el control total, pero habían recibido un regalo de caridad. La primera misión de Los 5 Grandes no era encontrar un artefacto, sino descifrar el absurdo de la clase alta a la que acababan de renunciar.