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El velo negro que cubrΓa el rostro de Jimin era tan asfixiante como el luto que se le habΓa impuesto. No habΓa lΓ‘grimas, no habΓa dolor genuino, solo una punzante sensaciΓ³n de irrealidad que lo envolvΓa en la opulenta sala de la mansiΓ³n Jeon. El aire, pesado con el aroma a incienso y flores marchitas, se mezclaba con el de las feromonas contenidas de los Alfas de la familia, una sinfonΓa de poder y expectaciΓ³n.
Namjoon, el apuesto y prometedor heredero, yacΓa en un ataΓΊd de caoba, su rostro sereno, ajeno al torbellino de emociones que su muerte habΓa desatado.
Jimin, un omega de veintidΓ³s aΓ±os, estaba destinado a ser la joya de la familia Jeon, el consorte perfecto para Namjoon, el alfa que asegurarΓa la continuidad del linaje. Su belleza era innegable; piel de porcelana, cabellos de seda y unos ojos color miel que, en otras circunstancias, habrΓan brillado con inocencia. Pero esa inocencia se habΓa desvanecido hace mucho tiempo, corroΓda por un secreto compartido, un pacto silencioso que ahora se cernΓa sobre Γ©l como una sombra.
La mirada de Jimin se desviΓ³ hacia el rincΓ³n mΓ‘s oscuro de la sala, donde una figura imponente observaba la escena con una intensidad que le helaba la sangre. Jeon Jungkook, el hermano menor de Namjoon, un alfa de veinticinco aΓ±os con una presencia tan magnΓ©tica como peligrosa. Sus ojos, de un negro profundo, se encontraron con los de Jimin, y en esa conexiΓ³n fugaz, Jimin vio un destello de triunfo, una promesa cumplida, una posesiΓ³n inminente. El aroma de Jungkook, una mezcla de sΓ‘ndalo y peligro, era un ancla en el caos, una droga que lo atraΓa y lo aterraba a la vez.
La muerte de Namjoon habΓa sido un golpe inesperado para la sociedad, un accidente trΓ‘gico, segΓΊn la versiΓ³n oficial.
Aunque Jimin y Jungkook sabΓan la verdad.
HabΓa sido un acto deliberado, una conspiraciΓ³n tejida con hilos de deseo prohibido y ambiciΓ³n. Los padres de los Jeon jamΓ‘s habrΓan permitido que Jungkook, el segundo hijo, se casara con Jimin. El acuerdo matrimonial era con el primogΓ©nito, con Namjoon. Y para romper ese acuerdo, para que sus cuerpos pudieran unirse, el obstΓ‘culo debΓa ser eliminado.
β Mi pobre Jimin.. βla voz de la matriarca Jeon, una beta de hierro, rompiΓ³ el silencio. Se acercΓ³ a Jimin, su mano frΓa acariciando su mejillaβ Tan joven, tan frΓ‘gil, pero no te preocupes, mi dulce omega. La familia Jeon no te abandonarΓ‘. Jungkook tomarΓ‘ el lugar de su hermano. Γl te protegerΓ‘. Γl te harΓ‘ suyo..
Las palabras de la matriarca fueron un eco de la promesa silenciosa que Jungkook le habΓa hecho a Jimin en las noches oscuras, en los encuentros furtivos. βSerΓ‘s mΓo, Jimin. Solo mΓo. Y nadie se interpondrΓ‘ en nuestro caminoβ. La idea de ser βsuyoβ por fin, de manera legΓtima, deberΓa haberle provocado un escalofrΓo de terror, pero en cambio, una extraΓ±a excitaciΓ³n se apoderΓ³ de Γ©l. Era una excitaciΓ³n teΓ±ida de culpa, de perversiΓ³n, de una oscuridad que lo atraΓa inexorablemente.
La noche de bodas, impuesta por la tradiciΓ³n y la necesidad de asegurar el linaje, se cernΓa sobre ellos como una sentencia. Pero para Jimin y Jungkook, era la consumaciΓ³n de un pacto, la culminaciΓ³n de un deseo prohibido. El luto era una farsa, una mΓ‘scara que ocultaba la verdadera naturaleza de su uniΓ³n. La tensiΓ³n entre ellos era palpable, una corriente elΓ©ctrica que los unΓa en un silencio cargado de significado.
DespuΓ©s del funeral, la mansiΓ³n se vaciΓ³, dejando a Jimin solo en la inmensidad de su habitaciΓ³n, la misma habitaciΓ³n que habΓa compartido con Namjoon, la misma cama donde ahora esperaba a Jungkook. El aroma a incienso se habΓa disipado, reemplazado por el de las feromonas de Jungkook, que ya se filtraban por debajo de la puerta, una advertencia, una invitaciΓ³n. El corazΓ³n de Jimin latΓa con fuerza, una mezcla de miedo y anticipaciΓ³n. El juego habΓa terminado. La verdad estaba a punto de ser revelada.
La puerta se abriΓ³ lentamente, revelando la figura imponente de Jungkook. VestΓa un traje de luto impecable, pero sus ojos, oscuros y penetrantes, ardΓan con una intensidad que desmentΓa cualquier seΓ±al de dolor. Su aroma, una mezcla de sΓ‘ndalo y peligro, llenΓ³ la habitaciΓ³n, envolviendo a Jimin en una burbuja de su presencia. Era el aroma de un depredador, de un alfa que habΓa reclamado su presa.
β Mi dulce omega.. βla voz de Jungkook era grave, un susurro que hizo vibrar cada fibra del cuerpo de Jimin. Se acercΓ³ a Γ©l, sus pasos lentos y deliberados, como un cazador acechando a su presaβ Mi pequeΓ±o viudo. ΒΏEstΓ‘s listo para cumplir con tu deber?..
Jimin se levantΓ³, sus manos temblaban ligeramenteβ Jungkook.. βsu voz era apenas un susurro, una sΓΊplica, una preguntaβ ΒΏNo crees que es demasiado pronto? Namjoon..
Jungkook soltΓ³ una risa Γ‘spera, sin humorβ Namjoon estΓ‘ muerto, Jimin. Y tΓΊ eres mΓo, siempre lo fuiste. Solo que ahora, el mundo lo sabe, y nadie puede detenernos..
Se acercΓ³ a Jimin, su mano fuerte agarrando su barbilla, obligΓ‘ndolo a levantar la vista. Sus ojos se encontraron, y en la profundidad de la mirada de Jungkook, Jimin vio la verdad desnuda; la posesiΓ³n, el deseo, la oscuridad que los unΓa. Era una verdad aterradora, pero tambiΓ©n liberadora. HabΓan cruzado la lΓnea, habΓan cometido un pecado imperdonable, y ahora, no habΓa vuelta atrΓ‘s.
β ΒΏTe arrepientes, omega?.. βpreguntΓ³ Jungkook, su voz baja, un desafΓoβ ΒΏTe arrepientes de lo que hicimos? ΒΏDe lo que somos?..
Jimin negΓ³ con la cabeza, sus ojos llenos de una emociΓ³n compleja. No era arrepentimiento, sino una mezcla de culpa, excitaciΓ³n y una extraΓ±a sensaciΓ³n de pertenencia. HabΓa elegido este camino, habΓa conspirado con Jungkook, habΓa deseado esta oscuridad, y ahora, estaba listo para enfrentar las consecuencias.
β No, Alfa.. βsusurrΓ³ Jimin, su voz temblorosa, pero firmeβ No me arrepiento. Solo... tengo miedo..
Jungkook sonriΓ³, una sonrisa que no llegΓ³ a sus ojos, pero que transmitΓa una extraΓ±a satisfacciΓ³nβ El miedo es una herramienta, omega. Te mantiene alerta. Te mantiene vivo. Pero no dejes que te controle. Porque a partir de ahora, tu vida es mΓa. Tu cuerpo es mΓo. Tu alma es mΓa. Y juntos, arderemos en el infierno..
Con esas palabras, Jungkook se abalanzΓ³ sobre Jimin, sus labios encontrando los suyos en un beso salvaje, desesperado, un beso que sellΓ³ su pacto de sangre. El luto impuesto se desvaneciΓ³, reemplazado por la cruda realidad de su deseo. La noche de bodas habΓa comenzado, y con ella, la consumaciΓ³n de un pecado que los unirΓa para siempre.
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