“Tres solos en casa”

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Summary

⚠️ Advertencia: Esta historia contiene lenguaje explícito y situaciones destinadas únicamente para lectores mayores de edad. No es apta para menores ni debe interpretarse en ningún otro sentido fuera del contexto ficticio de la obra.

Status
Ongoing
Chapters
8
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capitulo 1

Las vacaciones de verano habían llegado como un regalo inesperado. Los padres de Alex y Sofía se habían ido por unos días a visitar parientes en la ciudad vecina, dejando la casa grande y silenciosa solo para los tres jóvenes. Valeria, la prima de segundo grado que estudiaba en otra universidad, había llegado esa misma semana para quedarse un tiempo. Los tres tenían 18 y 19 años, libres, con alcohol en la nevera y cero supervisión.

Esa noche, después de unas cervezas y un par de shots de ron que Valeria sacó de su maleta "para calentar el ambiente", los tres se acomodaron en el sofá del salón. La luz tenue de una lámpara y el ventilador girando perezosamente creaban una atmósfera cargada.

—Juguemos a verdad o reto —propuso Valeria con una sonrisa traviesa, sus ojos brillando bajo la luz baja. Se había puesto un short corto y una camiseta ajustada que marcaba sus curvas generosas. Sofía, con un top corto y leggings, asintió divertida. Alex, recostado con su chaqueta de cuero abierta sobre una camiseta blanca, solo se encogió de hombros.

—Dale. Pero nada de retos tontos —dijo él, su voz grave, con esa media sonrisa que siempre hacía que las chicas en la uni se giraran a mirarlo.

Empezó suave. Verdades inocentes: "¿Cuántas parejas has tenido?", "¿El peor beso de tu vida?". Luego subió el tono. Valeria miró a Alex directamente.

—¿Ya tuviste tu primera vez? —preguntó, lamiéndose los labios sutilmente.

Alex soltó una risa baja.

—Sí. Hace un par de años.

Sofía se mordió el labio, sintiendo un calor extraño subirle por el cuello. Nunca habían hablado de eso en casa.

Valeria giró hacia Sofía.

—¿Y tú, prima? ¿Consideras a tu hermano atractivo? Sé sincera… el alcohol nos obliga a decir la verdad.

Sofía miró a Alex. Sus ojos azules la observaban intensamente, el tatuaje de flores negras asomando por el cuello de la chaqueta. Tragó saliva.

—Sí… lo es. Mucho. Es guapo, tiene ese aire de chico malo… y ese cuerpo… —sus mejillas ardían, pero no apartó la mirada.

Alex sintió un tirón en la entrepierna. Nunca había oído a su hermana hablar así de él.

Valeria sonrió como gata.

—Entonces… reto para ti, Sofía. Bésalo. En la boca. Como si lo desearas de verdad.

El silencio cayó pesado. Sofía miró a Alex, esperando que dijera que no. Pero él solo levantó una ceja, desafiante.

Ella se acercó despacio. Sus rodillas rozaron las de él en el sofá. Colocó una mano en su pecho, sintiendo el latido acelerado bajo la tela. Luego se inclinó.

Sus labios se encontraron suaves al principio. Un roce tímido. Pero Alex no se contuvo: deslizó una mano por la nuca de su hermana y profundizó el beso. Lenguas que se buscaron, un gemido ahogado escapó de Sofía. Valeria observaba, mordiéndose el labio inferior, su mano ya bajando lentamente por su propio vientre.

Cuando se separaron, ambos respiraban agitados. Los ojos de Alex estaban oscuros de deseo.

—Joder… —murmuró él.

Valeria no esperó. Se quitó la camiseta con un movimiento fluido, quedando en sujetador negro de encaje que apenas contenía sus pechos llenos. Se acercó gateando por el sofá.

—Mi turno —susurró, y besó a Alex con hambre, mientras su mano acariciaba el pecho de Sofía por encima del top.

El calor explotó.

Sofía, envalentonada por el alcohol y el deseo, deslizó su mano por el abdomen marcado de Alex hasta el bulto evidente en sus jeans. Lo acarició por encima de la tela, sintiendo lo grueso y duro que estaba. Alex soltó un gemido ronco contra la boca de Valeria.

—Sofía… —gruñó él.

Ella abrió el botón, bajó la cremallera con dedos temblorosos. Sacó su pene: grande, grueso, venoso, la punta ya brillante de excitación. Lo envolvió con la mano y empezó a moverla arriba y abajo, lenta al principio, luego más firme. Alex echó la cabeza hacia atrás, gimiendo.

Valeria se quitó el short y las bragas, quedando completamente desnuda. Sus dedos se deslizaron entre sus piernas, masturbándose mientras veía cómo su prima pajeaba a su primo. El sonido húmedo de la mano de Sofía era hipnótico.

—Ven aquí —dijo Valeria, acercándose a Alex.

Se arrodilló entre sus piernas y tomó el miembro en su boca. Chupó con avidez, lengua girando alrededor de la cabeza sensible. Alex soltó otro gemido profundo, sus caderas moviéndose involuntariamente. Sofía no paró: siguió masturbándolo mientras Valeria lo mamaba, las dos trabajando juntas en él.

Los besos se volvieron salvajes. Alex besaba a Sofía con desesperación mientras Valeria lo llevaba al borde. El aire olía a sexo, a sudor, a deseo prohibido.

—Vamos a la habitación —jadeó Alex, incapaz de aguantar más.

Los tres se levantaron, ropa cayendo por el camino. Entraron al cuarto de Alex, la cama grande esperándolos.

Allí, bajo la luz tenue, Alex tumbó a Sofía primero. Besó su cuello, bajó por sus pechos, lamió sus pezones endurecidos mientras sus dedos exploraban entre sus piernas. Ella estaba empapada.

—Alex… por favor… —suplicó Sofía.

Valeria se colocó al lado, besando a Sofía mientras Alex se posicionaba entre las piernas de su hermana. La punta de su pene rozó la entrada virgen de Sofía.

—¿Estás segura? —preguntó él, voz ronca.

—Sí… quiero que seas tú —respondió ella.

Empujó despacio. Sofía jadeó, una mezcla de dolor y placer. Alex entró centímetro a centímetro, hasta llenarla por completo. Se quedó quieto un momento, besándola tiernamente, luego empezó a moverse. Lento, profundo.

Valeria se masturbaba viendo, luego se acercó y se sentó sobre la cara de Sofía, que instintivamente empezó a lamerla.

El ritmo aumentó. Gemidos llenaron la habitación. Alex follaba a su hermana con más fuerza, mientras Valeria se retorcía de placer sobre su boca.

Luego cambió: Valeria se puso a cuatro patas. Alex la penetró desde atrás, duro, mientras Sofía besaba a su prima y jugaba con sus pechos.

Y finalmente, los tres entrelazados: Alex alternando entre las dos, penetrándolas, tocándolas, besándolas. Hasta que el clímax llegó casi al mismo tiempo.

Alex se corrió dentro de Sofía primero, gruñendo su nombre, llenándola. Luego sacó y terminó en la boca de Valeria, que tragó con avidez mientras Sofía la besaba.

Exhaustos, sudados, se derrumbaron en la cama, cuerpos entrelazados.

—Esto… no puede ser la última vez —murmuró Valeria, sonriendo.

Sofía acarició el pecho tatuado de Alex.

—No lo será —susurró.