Culpa compartida

Summary

La atracción incontrolable entre Yoongi y Jungkook crece, y ninguno puede resistirse a pesar de la culpa compartida y el riesgo de ser descubiertos.

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Complete
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1
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n/a
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18+

La fachada que se resquebraja

El desayuno era el ritual perfecto, como siempre.

El padre de Jungkook, Seokjin, sonreía ampliamente mientras servía huevos revueltos en los platos, besando a Yoongi en la sien con un “buenos días, mi reina”. Era atento, cariñoso: traía flores cada viernes, organizaba cenas románticas, preguntaba por el día de Jungkook en la universidad con interés genuino. “La familia es todo”, repetía. Pero Yoongi sabía que era una compensación. Hacía meses que había encontrado mensajes en su teléfono: “Te extraño, jefe” de su secretaria. Él no lo sabía que ella lo sabía. Y por culpa, era aún más perfecto en casa.

Jungkook, sentado frente a Yoongi, comía en silencio. Alto, musculoso de tanto gimnasio, con una camiseta negra que se pegaba a su pecho, no quitaba los ojos de ella. El vestido matutino de Yoongi era suelto, pero marcaba sus tetas grandes y caderas curvas. Cada vez que se inclinaba para servir jugo, Jungkook tragaba saliva, imaginando cosas que no debería.

—Hijo, ¿vas al gimnasio hoy? —preguntó Seokjin, sirviendo café a Yoongi con un guiño—. Te ves fuerte, como yo a tu edad.

—Sí, papá —murmuró Jungkook, pero su pie rozó el de Yoongi bajo la mesa, intencional.

Yoongi se tensó, pero no apartó la pierna. El calor subió por su cuerpo, directo entre las piernas. Hacía semanas que pasaba: toques accidentales, miradas que duraban demasiado, Jungkook entrando a su baño “por error” mientras ella se duchaba. Y ella no lo detenía. El matrimonio con Seokjin era estable, pero la pasión se había ido; sus noches eran rutinarias, rápidas, sin fuego. Jungkook, en cambio, la miraba como si quisiera devorarla.

Después del desayuno, Seokjin besó a Yoongi en los labios —un beso casto, público— y salió al trabajo con un “los amo, vuelvo temprano para la cena familiar”. Siempre volvía temprano. Por culpa.

Jungkook y Yoongi se quedaron solos en la cocina. Él se acercó por detrás mientras ella lavaba los platos, presionando su cuerpo contra el de ella. Su polla ya dura rozando su culo.

—Mamá… —susurró contra su oído, manos subiendo por sus caderas—. Él se fue. Ahora somos nosotros.

Yoongi tembló, dejando caer el plato en el fregadero. Miró por la ventana: el auto de Seokjin ya salía del garaje.

—No podemos… tu papá es bueno con nosotros… —murmuró, pero su voz era débil, y sus caderas se empujaron hacia atrás contra él.

Jungkook gruñó, una mano subiendo bajo el vestido, encontrando las bragas húmedas. Las apartó y rozó los labios vaginales con los dedos.

—Él es bueno porque se siente culpable —dijo, voz oscura—. Te engaña con esa puta de la oficina. Lo sé. Lo vi en su teléfono una vez. Por eso te trae flores, por eso cocina. Para compensar.

Yoongi jadeó, girándose en sus brazos. Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero no de tristeza: de alivio, de deseo reprimido.

—Lo sé… pero no lo detengo. Porque… porque te quiero a vos.

Jungkook la levantó de golpe, sentándola en la encimera. Le abrió las piernas con rudeza, bajando la cabeza entre ellas.

—No llores —gruñó—. Voy a hacerte olvidar su culpa. Y la nuestra.

Lamió una vez, larga y profunda, succionando el clítoris con fuerza. Yoongi agarró su pelo, gemido ahogado.

—Jungkook… ah… no pares…

Él no paró. Metió la lengua dentro, follándola con ella mientras dos dedos entraban, curvándose para golpear ese punto. La otra mano subió al pecho, apretando una teta grande a través del vestido, pellizcando el pezón hasta que dolió deliciosamente.

Yoongi temblaba, las caderas moviéndose contra su boca. El sonido húmedo llenaba la cocina.

—Voy a… joder… voy a correrme…

—Córrete en mi boca —ordenó él, succionando más fuerte—. Quiero probarte toda.

Ella se deshizo con un grito bajo, temblando entera, chorros calientes mojando su cara. Jungkook lamió todo, gruñendo de satisfacción.

Se incorporó, desabrochándose los pantalones. La polla salió dura, goteando.

Yoongi lo miró, ojos vidriosos.

—Adentro… por favor…

Jungkook se alineó y empujó de una vez, hasta el fondo. Ambos jadearon.

La folló ahí, en la encimera, embestidas profundas y rápidas. Las tetas botando con cada golpe, el vestido subido hasta la cintura.

—Eres mía —gruñó él, mordiendo su cuello—. No de él. Aunque vuelva temprano con su culpa. Eres mía.

Yoongi clavó las uñas en su espalda.

—Tuya… solo tuya…

Se corrió otra vez, apretándolo dentro. Jungkook la siguió, vaciándose dentro con chorros calientes, gimiendo su nombre.

Se quedaron pegados, jadeando.

La culpa vendría después.

Pero el deseo… ese no se iba nunca.

Y Seokjin volvería esa noche, con flores y una sonrisa culpable, ajeno a que su casa ya no era perfecta.