RESQUICIO

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Summary

​"Cerrá los ojos y escuchá: la estática es el sonido de tu alma rompiéndose." ​15 de enero de 2025. El Incidente de Grado 3 redujo el centro de la ciudad a un cementerio de Ecos: cáscaras humanas fracturadas por una frecuencia incomprensible. Elias Strider no quería ser parte de esa guerra, solo quería que el pitido ensordecedor en sus oídos se detuviera. Pero el destino tiene su propio ritmo. ​Tras el despertar violento de la Estirpe Oscura en su interior, Elias descubre que su sangre no es roja, sino el combustible de una frecuencia prohibida: el Ruido Negro. Con su madre arrebatada por un Heraldo del Coro y una katana que respira a través de su pulso, Elias deberá descender al Distrito Cero, un laberinto de ceniza y metal donde la física del sonido dicta quién vive y quién se desintegra. ​Guiado por el cínico Dorian Blackwood y acompañado por un boxeador de almas, Elias deberá decidir: ¿Dominará la disonancia que lo consume, o se convertirá en el próximo vacío en la realidad? ​En el Resquicio, el silencio no es paz... es el fin.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 0: El Incidente de Grado 3

15 de enero de 2025.

Un incidente de Grado 3 sacudió el centro comercial en el corazón de Claridad. El sospechoso, un joven encapuchado, había alterado el Pulso de los civiles, fracturando sus almas y convirtiéndolos en Ecos. La Unidad de Exterminio no tardó en desplegarse. Los enviados fueron Rhys Ashworth, un novato, y Ganz Vesser, un Resonante de Rango Superior A que observaba el desastre con una calma gélida.

—Puff. Esto está repleto —soltó Ganz con fría templanza—. Esta escoria tiene una reserva de Pulso masiva si fue capaz de transformar a tantos.

Rhys no respondió; simplemente no podía creer lo que veía. Mientras avanzaban abriéndose paso entre los Ecos, iban neutralizandolos con total normalidad, justo cuando el joven novato se preparaba para liquidar a una de las criaturas. Sin embargo, un sonido lo detuvo en seco, estremeciéndolo hasta la médula.

—Maaaamaaá... m... ma.... má.

La voz era quebradiza, infantil. El Eco se acercaba arrastrando los pies hacia Rhys. Un escalofrío recorrió la espalda del novato, seguido de una angustia asfixiante. Con un grito ahogado, Rhys retrocedió tambaleante. Aquella criatura, ahora una cáscara deforme, claramente había sido un niño.

Sus pasos erráticos lo hicieron chocar contra la espalda de Ganz. El veterano no se movió; simplemente apoyó una mano firme en el hombro de su subordinado. En ese silencio, las palabras sobraban. Rhys dejó de sentirse abrumadoramente solo.

—Maa... maá... —sollozaba la criatura mientras avanzaba hacia ellos.

Ganz, manteniendo las manos en los bolsillos, observó al niño-Eco con una mirada indescifrable y susurró:

—Prometo encontrar al malnacido que te hizo esto. Lo siento mucho.

La presión en el aire cambió bruscamente. Con un pulso seco y quirúrgico, el Eco estalló, desintegrándose en el aire.

El resto de la limpieza fue una tortura mental para Rhys. Sabía qué eran los Ecos, pero ponerle el rostro de un niño a la tragedia había roto algo en él. Cuando el último rastro de estática desapareció, Ganz rompió el silencio.

—Bueno, eso fue todo. No hay señales del encapuchado; su frecuencia se desvaneció hace rato.

De pronto, Ganz divisó algo en una de las paredes. Se acercó con el ceño fruncido y leyó en voz alta las palabras pintadas con sangre: "Larga vida a Nihil".

—Tsk —Ganz chasqueó la lengua con desprecio—. Se confirman las sospechas. Esto es obra del "Culto del Vacío". Malditos pulso-terroristas.

Ganz giró levemente la cabeza, mirando a Rhys por encima del hombro.

—Lo hiciste bien, muchacho.

Rhys apretó los puños, incapaz de ocultar su frustración.

—Podría haberlo hecho mejor. Perdón por bloquearme antes.

—No te preocupes —respondió Ganz, recuperando su semblante severo—. Es normal, e incluso importante, que vivas esto. Pero voy a pedir que te cambien a otro sector. Necesitas un respiro.

—¡No! —protestó Rhys, sorprendido—. ¡No me cambie! Sé que voy a aprender mucho con usted.

Ganz lo interrumpió con un gesto seco pero no carente de respeto:

—Despacio, Rhys. Vas a volver mucho más fuerte.