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Paraíso

Summary

Un joven, cegado por un amor obsesivo, solo puede pensar en una mujer que no hace más que jugar con sus sentimientos. Cada paso que da lo hunde un poco más en una ilusión que lo consume, arrastrándolo lentamente hacia un punto del que tal vez ya no haya retorno. Sin embargo, en medio de ese camino oscuro aparece una inesperada posibilidad de salvación: una joven que, sin conocerlo ni deberle nada, decide tenderle la mano y ayudarlo. Pero el verdadero problema no está en ella, sino en él. El peso de su pasado, de sus decisiones y de los errores que ha cometido, lo mantienen atrapado en aquello que tanto lo destruye. Tal vez un amor sincero podría cambiar el rumbo de su vida… pero algunas heridas, y algunos errores, no desaparecen con facilidad.

Status
Ongoing
Chapters
71
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

Capítulo 01


El día había sido hermoso. Al salir del trabajo, Rin caminaba con el paraguas apoyado sobre su hombro, dejando que el sonido suave de la lluvia acompañara sus pasos, a pesar de tener apenas dieciséis años, ya trabajaba. No era una vida complicada, pero sí tranquila: tenía un hogar cálido, una madre que la amaba por encima de todo, y pequeñas rutinas que hacían sus días predecibles y seguros.

Antes de marcharse, se detuvo en la puerta para despedirse de su jefe. El hombre le devolvió una sonrisa amable y levantó la mano en un gesto de despedida que ella respondió con una pequeña inclinación de cabeza antes de salir a la calle. Mientras caminaba por la vereda, observó el semáforo aún en verde, se detuvo unos segundos bajo la lluvia ligera, esperando pacientemente a que cambiara. No tenía prisa, sabía que, al cruzar, tomaría el mismo camino de siempre: el pequeño parque que quedaba de camino a casa.

A Rin le encantaba ese parque, no era grande ni particularmente llamativo, pero tenía rosales. Decenas de ellos, creciendo a lo largo de los senderos húmedos, y los días de lluvia eran sus favoritos; el aroma de la tierra mojada y las rosas se mezclaba en el aire creando una sensación extrañamente reconfortante. Mientras caminaba junto a las flores, se detuvo un momento para observarlas, las gotas de lluvia resbalaban por los pétalos rojos y rosados, brillando bajo la tenue luz de los faroles.

Pero entonces algo llamó su atención, frunció ligeramente el ceño y entrecerró los ojos para mirar mejor a través de la cortina de lluvia, a unos metros de distancia, sentado en una de las bancas del parque, había un hombre, que no llevaba paraguas, este permanece completamente empapado, además permanecía inmóvil, con la cabeza ligeramente inclinada hacia el suelo, como si no sintiera la lluvia cayendo sobre él.

Rin miró a su alrededor, las calles estaban vacías. No había autos pasando ni personas caminando, la inquietud comenzó a instalarse en su pecho, con paso rápido se acercó a la banca. A primera vista parecía un hombre mayor; su cabello era completamente blanco, pegado al rostro por la lluvia. Sin embargo, cuando se inclinó un poco para verlo mejor, la sorpresa cruzó su rostro, él era joven.

—Señor… —murmuró con cautela.

No hubo respuesta, Rin sostuvo el paraguas sobre ambos mientras se inclinaba un poco más, tratando de ver su rostro con claridad.

—Disculpe…

El joven no reaccionaba.

—¿Joven…? —insistió, inclinándose un poco más cerca.

Fue entonces cuando él abrió los ojos, ella se quedó inmóvil, sus ojos eran dorados. No de un color común, sino de un dorado intenso que parecía reflejar la luz gris del cielo. Durante unos segundos, Rin se quedó completamente absorta mirándolos, incapaz de apartar la vista, pero rápidamente reaccionó.

—Disculpe… —dijo con preocupación—. ¿No cree que debería ir a casa?

El joven no respondió, sus ojos se cerraron nuevamente, como si aquel pequeño momento de conciencia hubiera sido demasiado esfuerzo, la preocupación de Rin creció de inmediato.

—¿Joven? —levantó la mano con cierta duda antes de tocar suavemente su mejilla. Su expresión cambió de inmediato. —¡Está ardiendo! —el calor de su piel era alarmante. —¡Pero si tiene muchísima fiebre!

Apresurada, dejó caer el paraguas sobre la banca mientras tomaba su rostro entre ambas manos, intentando hacerlo reaccionar.

—¡Joven, tiene que despertar! —insistió, sacudiéndolo ligeramente.

La lluvia comenzó a intensificarse, golpeando con más fuerza el suelo y las hojas de los árboles. Rin levantó la mirada, desesperada.

—¿Qué hago…?

Miró alrededor una vez más, pero el parque seguía completamente vacío, volvió a mirarlo. Si lo dejaba ahí, en ese estado, bajo la lluvia… podría morir.

Con manos temblorosas sacó su celular del bolsillo, llevaba también un traje plástico que usaba para proteger su ropa cuando llovía, sin pensarlo demasiado, se lo quitó y lo colocó sobre el joven para cubrirlo lo mejor posible, luego hizo una llamada. Pasaron algunos minutos que se sintieron eternos, hasta que finalmente un taxi se detuvo frente al parque, el conductor bajó la ventanilla.

—Señorita, buenas tardes.

Rin se acercó rápidamente.

—Buenas tardes —respondió con evidente urgencia—. ¿Podría ayudarme, por favor? Necesito subirlo al auto.

Señaló al joven inconsciente que permanecía en la banca, el conductor miró la escena durante un segundo ante de asentir.

—No se preocupe, yo me encargo.

Cuando el taxi finalmente se detuvo frente a la casa, la lluvia seguía cayendo con la misma intensidad. Rin bajó primero, sosteniendo el paraguas mientras miraba con preocupación hacia la puerta. Su madre ya estaba allí, esperando bajo el techo de la entrada. La expresión en su rostro dejaba claro que llevaba varios minutos inquieta. Al ver a su hija salir del auto acompañada por un desconocido inconsciente, su sorpresa fue inmediata.

—Rin… ¿qué está pasando?

La joven no respondió de inmediato, se giró hacia el conductor, quien ya estaba ayudando a bajar al hombre del asiento trasero.

—Por favor, ayúdeme a subirlo —pidió con cierta urgencia.

El chofer asintió sin hacer preguntas. Con cuidado, pasó uno de los brazos del joven por su hombro y lo sostuvo mientras Rin abría la puerta de la casa, entre los dos lograron llevarlo escaleras arriba, avanzando lentamente para evitar que cayera, una vez dentro de la habitación, lo recostaron sobre la cama.

—Muchas gracias —dijo Rin con un pequeño gesto de gratitud.

El hombre asintió con una sonrisa amable antes de retirarse, dejando a madre e hija solas con el desconocido.

Izayoi observó al joven con evidente desconcierto, sus ojos recorrieron su rostro pálido, el cabello blanco pegado a la piel por la lluvia y la ropa empapada que aún llevaba puesta.

—¿Quién es él? —preguntó finalmente.

Rin negó suavemente con la cabeza.

—No lo sé.

Su madre la miró con incredulidad.

—¿Cómo que no lo sabes?

Rin bajó la mirada un momento antes de responder.

—Lo encontré en el parque, cerca del trabajo… estaba sentado bajo la lluvia, no reaccionaba y tenía mucha fiebre. —Levantó la vista hacia su madre—. No podía dejarlo allí.

Izayoi permaneció en silencio unos segundos, observando al joven inconsciente mientras suspiraba con resignación.

—Está bien… ya veremos qué hacer después.

Se acercó a la cama y tocó ligeramente la tela húmeda de su camisa.

—Primero debemos quitarle la ropa. Está completamente mojado.

Rin dio un pequeño paso hacia atrás.

—Hazlo tú. —Izayoi levantó una ceja, mirándola con cierta sorpresa.

—Sería más apropiado que lo hicieras tú —respondió con calma—. Además, eres joven y podrías ayudar mejor.

—Sí, pero… —Rin dudó un instante antes de cruzarse de brazos—. Mamá.

Izayoi la miró durante un momento más antes de suspirar, comprendiendo perfectamente la incomodidad de su hija.

—Está bien. Ve a buscar ropa de tu padre.

El nombre de su padre quedó suspendido en el aire durante un segundo.

—Sí… —respondió Rin en voz baja.

Salió de la habitación y caminó por el pasillo hasta el cuarto donde aún guardaban sus pertenencias. Había pasado un año desde su muerte, pero muchas de sus cosas seguían intactas, como si en cualquier momento fuera a regresar a buscarlas. Tomó una camisa y un pantalón y regresó rápidamente, al entrar nuevamente, vio a su madre intentando sentar al joven para poder quitarle la camisa empapada.

—Te ayudo —dijo acercándose.

Rin sostuvo al desconocido por los hombros mientras Izayoi terminaba de quitarle la ropa mojada. Una vez que lo desvistieron, volvieron a acostarlo con cuidado sobre la cama.

Izayoi tocó su frente y frunció ligeramente el ceño.

—La fiebre sigue muy alta.

Se giró hacia Rin.

—Trae agua tibia y algunos trapos. Tenemos que bajarle la temperatura, Rin asintió y salió de inmediato.

Cuando regresó con un pequeño recipiente y varias telas limpias, ambas comenzaron a limpiarlo con cuidado, pasando los trapos húmedos por su frente, cuello y brazos para refrescar su piel. Después de varios minutos, finalmente le colocaron la ropa seca que Rin había traído, Izayoi sacó entonces algunos medicamentos de un pequeño botiquín.

—No podemos esperar a que despierte —murmuró.

Como el joven seguía inconsciente, preparó el medicamento, con una cuchara y con paciencia, lo administró lentamente para asegurarse de que lo tragara, tras unos minutos de silencio, finalmente suspiró con algo de alivio.

—Listo… ahora solo queda vigilarlo y esperar a que la fiebre baje.

Se levantó de la cama mientras acomodaba ligeramente las mantas.

—Voy a preparar algo de comida por si despierta —añadió—. Quédate con él y cambia el trapo de su frente cada cierto tiempo.

—Está bien —respondió Rin.

Cuando su madre salió de la habitación, el silencio volvió a llenarla, Rin se sentó junto a la cama y observó al joven durante unos segundos, este parecía muy joven. su piel era extraordinariamente pálida y su cabello blanco caía desordenado sobre la almohada. Aun inconsciente, había algo extraño en su presencia, algo que le resultaba difícil de explicar.

Pero lo que más recordaba eran sus ojos, ese dorado intenso que había visto por un instante bajo la lluvia. Rin apoyó el trapo húmedo sobre su frente con cuidado mientras lo observaba pensativa.

—¿Quién eres…? —murmuró casi en silencio.

Y, sobre todo… ¿qué hacía alguien como él solo bajo la lluvia?

Las horas pasaron lentamente mientras la lluvia continuaba golpeando las ventanas de la casa, el joven no despertó.



Mientras la lluvia continuaba cayendo con persistencia sobre la ciudad, un auto negro avanzaba por las calles casi desiertas, cortando la noche con el sonido constante del motor. Las luces de los faroles y los semáforos se reflejaban en el asfalto mojado, extendiéndose como manchas brillantes cada vez que el vehículo pasaba a toda velocidad.

Dentro del auto, Naraku sujetaba el volante con tanta fuerza que sus nudillos se habían vuelto blancos. Llevaba horas conduciendo sin detenerse, recorriendo una y otra vez las mismas avenidas, desviándose por calles secundarias, revisando parques, estacionamientos y cualquier lugar donde creyera posible encontrarlo, sin embargo, después de toda esa búsqueda, seguía sin haber rastro alguno.

Cuando el semáforo frente a él cambió a rojo, el auto se detuvo bruscamente. Naraku dejó escapar un sonido de frustración antes de golpear el volante con la palma de la mano.

—¡Maldita sea!

Su voz resonó dentro del vehículo, mezclándose con el golpeteo constante de la lluvia contra el parabrisas. Durante un momento permaneció inmóvil, pasando una mano por su rostro con evidente agotamiento antes de levantar la mirada hacia la calle vacía frente a él.

—¿Dónde diablos estás, Sesshomaru…?

El nombre salió cargado de irritación, pero también de una preocupación que ya no podía ocultar. Se quedó en silencio durante unos segundos, respirando con pesadez mientras observaba cómo las gotas se deslizaban lentamente por el vidrio, distorsionando las luces de la ciudad, poco a poco su expresión se endureció. Todo esto era culpa de esa mujer, solo pensar en ella hacía que su mandíbula se tensara. ¿Cuántas veces había intentado advertirle? ¿Cuántas veces había tratado de hacerle entender que aquella situación no podía terminar bien?

Pero Sesshomaru jamás escuchaba, simplemente era demasiado obstinado. Siempre volvía con ella, siempre regresaba al mismo lugar, como si no pudiera evitarlo. Naraku dejó escapar un suspiro largo y cargado de frustración mientras inclinaba la cabeza hacia adelante y apoyaba la frente contra el volante.

—Eres un maldito idiota… —murmuró entre dientes.

Sabía perfectamente cómo terminaban ese tipo de historias. Lo había visto demasiadas veces: Sesshomaru se destruía lentamente mientras esa mujer continuaba con su vida como si nada hubiera pasado. Naraku había intentado apartarlo de ella más veces de las que podía recordar, pero todos sus intentos terminaban del mismo modo.

Sesshomaru volvía, siempre volvía a ella.

El semáforo cambió nuevamente a verde, pero Naraku ni siquiera levantó la cabeza. Por primera vez en toda la noche, una sensación incómoda comenzaba a abrirse paso en su mente.

Tal vez había ido demasiado lejos, tal vez esta vez…

El sonido repentino de su celular lo sacó bruscamente de sus pensamientos, levantó la cabeza de inmediato y tomó el teléfono desde el asiento del copiloto.

—¿Hola?

Durante unos segundos permaneció en silencio escuchando la voz del otro lado de la línea. Su expresión cambió de golpe.

—¿Cómo?

Se enderezó en el asiento, sujetando el teléfono con más fuerza.

—¿Está ahí?

La tensión que había cargado durante toda la noche pareció desaparecer de pronto, reemplazada por una mezcla de alivio y urgencia.

—Entiendo… estaré ahí en minutos.

Colgó sin perder tiempo y dejó escapar el aire que parecía haber estado reteniendo durante horas.

—Por fin…

Encendió el motor con rapidez y presionó el acelerador. El auto arrancó con fuerza, y las ruedas salpicaron agua mientras se incorporaba nuevamente a la calle casi vacía. Lo había encontrado.

Sin embargo, mientras conducía entre las luces húmedas de la ciudad, una sensación inquietante seguía presente en su pecho. Conocía demasiado bien a Sesshomaru, y si había terminado vagando solo bajo la lluvia en medio de la noche, lejos de cualquier lugar donde normalmente estaría, significaba que algo había ocurrido antes de eso. Algo que probablemente había terminado mal.

Naraku apretó ligeramente el acelerador, manteniendo la vista fija en el camino.

—Más te vale no haber hecho ninguna estupidez… —murmuró en voz baja, mientras el auto desaparecía entre las calles mojadas de la ciudad.

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Great Character

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Strong Dialog

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author

Que relación enfermiza tiene Seshomaru😢😢😢, me encantó la historia espero actualices pronto 💙💙💙

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no sabes como busque esta historia...es sin duda una de mis favoritas, y sin duda la ame y no me cansaba de leer la

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