Cicatrices Invisibles - Dcimaginegirl

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Summary

"Las heridas más comunes son las heridas en el corazón, aquellas heridas que nos dejan cicatrices invisibles"

Genre
Romance
Author
WNLesb
Status
Complete
Chapters
37
Rating
n/a
Age Rating
16+

1: Encuentros

Verano del 2014

Dos años atrás

Existen dos tipos de cicatrices, las externas y las internas. Una completamente notoria y otra que puede pasar completamente desapercibida.

Pero al fin y al cabo son cicatrices, las mismas que se vuelven marcas imborrables en nuestras vidas. Esta es la historia de aquellas marcas, del dolor que puede provocar a una persona llevarla y sobre todo del esfuerzo que se necesita para sanar.

Una cicatriz externa es visible, cualquier persona puede darse cuenta de que tienes una pueden preguntarte como te la hiciste, cual es la historia detrás de aquello y quizás sea una emocionante o quizás una trágica. El punto importante aquí es que cada cicatriz cuenta con una historia.

El otro tipo son las internas, cicatrices invisibles con las que todos contamos. Nadie sabe que está ahí, nadie sabe que te hicieron daño. Nadie te preguntara ¿Cómo te la hiciste? Nadie se fijará a menos que lo demuestres, a menos de que seas lo suficientemente valiente como para contar su historia. Y es por eso que tardan tanto en sanar. Duelen tanto porque no estamos dispuestos a contar su historia. Se quedan dentro de nosotros como un fiel recuerdo de lo vivido.

Muchas veces estas cicatrices tienen nombre y apellido. Es curioso pensar que una persona puede ser una cicatriz en tu corazón y lo más doloroso de aquello es que quedara atado a ti por siempre. Será un recuerdo más, una experiencia que será parte de tu vida lo quieras o no.

Es por eso que las cicatrices se vuelven parte de nuestra vida. Una vida que se compone de recuerdos, experiencias, aciertos y fracasos.

La música, las luces, los gritos, todo era un completo caos tras bastidores. La gente corría de un lado al otro preparando a más de 15 modelos que debían estar listas para comenzar con el desfile, los maquilladores, estilistas y diseñadores preparaban todo buscando que el evento saliera perfecto. No había espacio para el error. No, en un desfile todo debía salir perfecto.

Cada modelo contaba con un grupo compuesto de maquilladores, estilistas, ayudantes y cada uno de ellos cumplía con su trabajo buscando un solo objetivo. Hacerla lucir bella, tratar de vender el producto. Para muchos las modelos no eran más que un objeto que lucía ropa y para eso estaban allí. Para Alex una modelo era mucho más que eso y estaba dispuesta a probarlo.

Alex era una chica de 21 años, su profesión modelo, cabello rubio, ojos color azul claro y su rostro para muchos era el mejor de la industria. Su cuerpo era el sueño de cualquier diseñador y su fiereza al momento de dominar la pasarela la tenían en lo más alto del mundo de la moda. La habían descubierto con apenas 16 años y desde ese entonces su vida dio un giro.

Nada había sido sencillo, pero ahora estaba en lo más alto, nadie podía negar de su talento y por supuesto de su belleza. Alex era hermosa, sus facciones, la forma de sus labios el color rosado de sus mejillas, aquellos ojos hipnotizantes que captaban la atención de todos y esa figura espectacular que todos envidiaban eran sus mejores armas.

El mundo de la moda era perverso, doloroso y se vivía a base de apariencias, Alex lo sabía perfectamente, pero se negaba a formar del lado oscuro de aquel mundo. Prefería trabajar duro, ganarse el reconocimiento a base de su esfuerzo.

~~~~~~~~~

Era la semana de la moda en Brasil y los mejores diseñadores presentarían sus nuevas colecciones para el verano. Carlos Miele seria quien abriría el desfile con su colección de vestidos y claro Alex era quien cerraría con broche de oro aquel evento luciendo su obra maestra, un vestido valorado en nada más y nada menos que 10.000 dólares americanos.

Una verdadera locura, pero Alex era la consentida de Carlos y una de las mejores modelos por lo que nadie discutiría aquel honor.

― Hermosa te ves preciosa ― le decía mientras arreglaba su vestido antes de salir a la pasarela.

― Mientes ― se reía ― estoy segura de que hay mujeres más bellas.

― Como tu ninguna Alex ‒ sonrió el chico.

― Haré como que te creo

― Rómpete una pierna ― le dijo admirándola una vez más, se veía preciosa aquel vestido color rojo combinaba a la perfección con su piel, le quedaba perfecto.

Anthony era quien se encargaba del montaje del escenario en cada desfile, su mano derecha y la única persona en la que Alex realmente confiaba. Se habían conocido dos años atrás en Paris y desde ese instante se convirtió en la única persona que conocía a la perfección a la modelo.

Capsize de Friendship comenzó a sonar anunciando el final del desfile. La pasarela era bastante amplia y un recorrido largo, pero eso era lo que le encantaba a Alex, tener la oportunidad de lucirse y mostrar su paso.

Como cada vez que tenía que salir a la pasarela su corazón comenzó a latir de prisa. En su cabeza retumbaba el sonido de la música por lo que cerró los ojos concentrándose en caminar acorde al compás de la música.

Alex respiro profundamente y salió después de la señal de Anthony. Las luces de los reflectores cegaron su mirada como siempre sucedía, pero sabía cómo manejarlo a medida que iba avanzando por la pasarela su confianza iba incrementando y nada ni nadie podía detenerla.

Su paso era firme, tenía muchísima confianza en su paso, los expertos lo habían catalogado como de los mejores, además tenía una mirada que seducía al público de inmediato.

Al llegar al final de la pasarela poso para los fotógrafos y sonrió arrogante dejándose llevar por la música. Aquel sublime momento era lo que más disfrutaba. Llegar al final de la pasarela posar y escuchar la ovación del público. Cada aplauso retumbaba en su mente haciéndola sonreír genuinamente.

En el público se encontraba Guillermo Ferreira el magnate dueño de la compañía de lencería más reconocida de la región, sus diseños eran de los más codiciados y claro sus desfiles eran de los mejores. Ahora preparaba una nueva colección y su atención se centraba únicamente en una modelo. Alex.

Las modelos peleaban con uñas y garras por ser parte de uno de sus desfiles, pero todos sabían la exigencia que ponía sobre sus modelos para lograr la mejor de las performances y aquella noche había llegado allí con un solo objetivo. Contratar a Alex para su siguiente campaña.

Sabía que iba a ser difícil quitársela a Carlos Miele, pero no había imposibles para un Ferreira.

Cuando Alex camino de regreso su mirada se enfocó en el empresario, lo conocía a la perfección y el ultimo sueño que tenía por cumplir era trabajar a su lado. Sabía que tener un contrato con aquel tipo seria el impulso que necesitaba para comerse al mundo y la ambición por conseguirlo nublaba su mente. Aquel hombre representaba su más grande sueño uno que había tenido desde muy pequeña y que al parecer pronto iba a alcanzar.

Sonrió y le dirigió una mirada a Guillermo para luego continuar con su recorrido. Al final de la pasarela Carlos tomo su mano y orgulloso camino hacia el centro de la pasarela mientras todos los asistentes aplaudían emocionados.

Había sido un completo éxito, Alex lo sabía y tenía un buen presentimiento sobre aquella noche.

Una vez finalizado el espectáculo Alex se encontraba en su camerino quitándose los restos de maquillaje de su rostro. Al mirarse al espejo pensaba en los miles de veces que se habían burlado de ella. El sin número de insultos. Los días malos habían acabado. Ahora todos admiraban su belleza, todos la veneraban, pero en realidad ¿Todo lo malo había terminado? Era lo que constantemente se preguntaba.

― Alex perdón que entre así ― decía Anthony ― pero afuera esta Guillermo Ferreira y muere por verte.

― ¿Es en serio? ― le decía emocionada.

― Si amor, así que colócate la bata y lo dejare entrar.

Un tanto nerviosa la chica hizo lo que su amigo dijo y trato de respirar, quizás esa sería su gran oportunidad y no quería echarlo a perder.

― Buenas noches ― decía sonriente. Guillermo era un hombre alto, cabello oscuro vestía muy elegante y nunca faltaba en su mano un cigarrillo. Su arrogancia era algo muy fácil de notar, pero vamos un hombre con tanto poder como aquel era algo de esperarse.

― Buenas noches señor Ferreira ― le sonrió.

― Oh llámame Guillermo. Vine a felicitarte por el desfile sin duda tú fuiste quien lo saco adelante.

― Me halaga ‒ le decía mientras bebía un poco de agua.

―Solo digo la verdad, esta noche note la manera en la que dominas una pasarela y saber que Carlos tiene algo que busco desde hace mucho tiempo me hace perder la cabeza ― le decía paseándose por el camerino.

― Agradezco sus palabras, para mi saber que el más grande diseñador de lencería tiene esa opinión de mi es increíble.

― Puede ser aún más increíble como dices, te dejare mi tarjeta llámame cuando estés dispuesta a despuntar y dejar a un lado las pequeñas ligas ― la chica por dentro no podía más de la felicidad, ese momento era el que más había esperado y finalmente parecía que su sueño se haría realidad.

―Lo haré ― tomo la tarjeta y la miro bajo la atenta mirada del empresario,

― Eso espero, buenas noches señorita ― besos su mano y salió del lugar.

No lo podía creer, aquello realmente había pasado. Tanto tiempo buscando aquella oportunidad y estaba completamente segura de que no la iba a desaprovechar.

Termino de vestirse. Se colocó sus gafas y salió del camerino directo hacia su auto. Estaba realmente feliz. Primero el desfile había sido un éxito y ahora tenía una gran oportunidad en sus manos.

― ¿Qué no te fijas? ― dijo furiosa al chocar con alguien.

― Tú no te fijaste, yo venía tranquilamente por este laberinto ― le decía sonriente.

― Apártate ―dijo de mala gana ― tengo prisa ― trato de pasar, pero la chica seguía interponiéndose en su camino.

― Uy pero que humor, te recomiendo una buena sesión de sexo, libera el estrés.

― Desubicada ― la miro de pies a cabeza era una chica común a sus ojos, cabello negro oscuro, ojos color café y una vestimenta que a su gusto daba lastima, unos vaqueros rasgados una camisa a cuadros y el cabello suelto sin nada de maquillaje.

― Vuelvo y lo repito ya sabes que hacer para el mal humor ― le guiño el ojo ― ahora dime por donde llego al escenario.

―Ni loca, piérdete imbécil.

― Pero que mal humorada eres ― le grito, pero Alex no hizo caso solo siguió caminando.

Aquella chica le había arruinado el humor, era una altanera, por dios nadie debía hablarle de esa manera a Alex Rodríguez, maldita niña pensó.

No le importo si se perdía en ese laberinto como decía, le había cambiado el humor y no deseaba ayudar a esa mal educada.

Dentro del lugar la chica seguía caminando en círculos, solo hallaba más y más camerinos. No había sido una buena idea alejarse de su padre, pero estar allí era una tortura así que cuando su padre le pidió que esperara un momento en el escenario no hizo caso y comenzó a explorar, grave error ya que ahora estaba perdida.

― Natalia al fin ― le decían a sus espaldas.

― Papá ¿Dónde te metiste? ― le decía fingiendo inocencia, pero su padre la conocía muy bien.

― Te dije que debía hablar con una de las modelos, llevo quince minutos buscándote

― Ya bueno ya me encontraste, mira sana y salva.

― Deja la ironía y salgamos de aquí.

Natalia Ferreira tenía 19 años y estaba cursando su segundo año en la carrera de psicología, además era el constante dolor de cabeza de su padre.

Al ser una Ferreira e hija única se esperaba muchas cosas de ella, pero a Natalia no le interesaba aquel mundo de la moda, de hecho, había asistido a aquel desfile como parte de su castigo por no haber llegado a dormir la semana pasada.

La moda no era algo fundamental en la vida de Natalia, de hecho, siempre vestía muy casual, se ponía lo primero que encontraba en su armario y odiaba usar maquillaje. Toda su vida había visto a cientos de modelos bajo kilos de maquillaje y sin siquiera notarlo comenzó a odiar toda esa superficialidad. Pero lamentablemente estaba atrapada en ese mundo, su padre Guillermo Ferreira era el diseñador más importante de lencería del país.

― Ya no sé qué hacer contigo ― decía molesto mientras subían al coche.

― Oh vamos me adoras, solo que eres un poco enojón.

― Naty yo te adoro con mi vida, pero estoy cansado de tu actitud ― ese era la constante lucha entre ambos, Guillermo quería que su hija dejara de causarle tantos dolores de cabeza y Natalia solo quería olvidar y dejar a un lado la soledad.

― Papá no empecemos ― le dijo colocándose el cinturón de seguridad.

― Oh si, si empezamos.

Para Guillermo su hija estaba fuera de control, ya no tenía ni idea de qué hacer con ella, debido a sus múltiples compromisos le era imposible pasar mucho tiempo a su lado y eso era algo que lo mataba por dentro. Natalia no tenía a nadie más que a él.

―Escúchame bien, no quiero más problemas jovencita recuerda que estas castigada.

― Y yo te recuerdo que me castigaste sin buenos fundamentos.

― Por dios Naty no contestabas el celular, no llegaste a dormir y para completar tu genial idea de preocupar a todo el mundo apareciste al siguiente día como si nada hubiera sucedido.

― No tenía batería papá ― bueno la verdad había sido otra pero no se lo iba a contar.

― A otro con ese cuentito, así que mejor enfócate en tus estudios.

― Sabes que soy la mejor, mis calificaciones son excelentes.

― Y sinceramente no sé cómo lo haces si jamás te he visto estudiar.

―Son las ventajas de ser un genio ― sonreía colocándose los lentes para el sol.

Al llegar a su casa Natalia corrió a su habitación, el lugar era enorme la gran mansión Ferreira, pero era un lugar demasiado grande para solo dos personas. La mayor parte del tiempo la chica pasaba sola en ese inmenso lugar, las pocas veces que podía tener a su padre cerca trataba de disfrutarlo, pero aun así era doloroso.

Camino hacia la cómoda que se encontraba cuidadosamente arreglada. No había ni rastro de polvo. Justo en el medio de la misma estaba una foto. Una que recordaba muy bien, el día de su 16vo. cumpleaños. Su madre había organizado una gran fiesta para Natalia había sido el mejor día de su vida. Había sido tan feliz...

― Si siguieras aquí todo sería diferente... ― susurro tomando la fotografía ― yo sería diferente.

Había días y días malos, para Natalia era una constante lucha aceptar la partida de su madre, era un dolor constante en su pecho que no desaparecía. Era ese vacío que nada conseguía llenarlo. Era dolor en su más puro estado.

Perdida en sus pensamientos escucho su teléfono sonar.

“Perra¡!! Estoy afuera de tu casa. Fiesta en mi casa ;) “[Jesica ―8:33 pm]

No lo pensó dos veces y salió por la ventana de su habitación, no iba a quedarse en casa a pensar una y otra vez en lo sucedido.

“Ahora bajo” [Natalia ― 8: 40 pm]

Para Natalia no había mejor escape que una fiesta, para Alex no había mejor recompensa que la ovación del público, no había mejor manera de demostrarles a todos como estaba en la cima, como su vida mejoraba a pasos agigantados.

Ambas tenían historias distintas pero lo que tenían en común era el dolor, dolor que lo ocultaban bajo los reflectores de una fiesta o de una pasarela, dolor que se escondía en sonrisas fingidas y en palabras vacías.