Cinderella - StolenBlueMoon

All Rights Reserved ©

Summary

Una chica rodeada de lujos necesita que la atiendan. Necesita ser tratada como una flor y una reina. Así criaron toda su vida a Camila Cabello. Tenía un atractivo y excelente novio y a diferencia de muchos, ella tenía su futuro asegurado desde antes de nacer. Pero nunca se imaginó que un día de verano se daría cuenta de que afuera de su burbuja perfecta, no todos corrían con la misma suerte que ella. Lauren Jauregui era una muchacha sacrificada desde pequeña, alguien agradecida a pesar de tener pocas cosas. Su padre no estaba vivo, su hermano era un caso perdido, pero su madre era su gran heroína. Trabajaba horas y horas para darle lo que ella no pudo tener, educación. Para ayudarla con los gastos del hogar, tomó 3 trabajos diferentes. No podía negar que ese tipo de vida la estaba agotando. Pero al darse cuenta de que su madre se estaba desgastando, decidió dejarlo todo y ayudarla en su trabajo en aquella mansión. Tanto princesa como sirvienta iban a chocar en muchos sentidos. A Camila le hacía falta una dosis de realidad, y a Lauren, bueno, a ella le hacía falta todo lo que Camila poseía. Camila creía que la nueva sirvienta era una mujer extraña. Pero no sabía que Lauren tenía una razón para ser tan callada frente a todo el mundo. A ambas la vida se les iba a complicar más cuando se dieran cuenta de que estudiarían en el mismo lugar. ¿Iban a poder soportarlo? ¿Podrían luchar contra lo inevitable?

Genre
Romance
Author
WNLesb
Status
Complete
Chapters
86
Rating
n/a
Age Rating
13+

Capítulo 1

Apoyó la cabeza en la entrada de su hogar, era pequeño pero a fin de cuentas un lindo hogar. Tenía sus ojos entrecerrados por el sueño, se sentía cansada y eso que aún no empezaba su jornada laboral. Eran sólo las 6:45 de la mañana. Su madre acababa de salir para tomar un autobús que la dejara cerca de la mansión Cabello, sólo cerca, porque después le quedaban diez minutos caminando por un sendero para llegar hasta aquel sector de la ciudad tan exclusivo.

Suspiró y apoyó la mano en un mueble para no caer, se dirigió a la cocina para preparar su desayuno y el de su hermana menor. Apenas sonrió, esa niña de sólo diez años junto a su madre la hacía sentir orgullosa, pero no podía decir lo mismo de Christopher, su hermano mayor. ¿Estaría comiendo bien? ¿Habría alcanzado su sueño?

Mientras el agua hervía fue a darse una ducha que la despertara como lo hacía cada mañana, al igual que siempre se preguntaba ¿por qué mierda estoy trabajando en mis vacaciones de verano?

Cuarenta minutos más tarde, ya estaba lista para irse. Procuró dejar preparado el desayuno para su hermana sobre la mesa en el comedor, era pequeña para usar el fuego o eso creía ella, le tenía prohibido usar fósforos y elementos peligrosos mientras un adulto no estuviese a su lado. Fue hasta su habitación y depositó un beso en su frente.

Taylor: ¿Te vas ya Lauren? –La ojiverde asintió, no le gustaba dejarla sola todo el día porque temía muchas cosas. Los profundos ojos verdes de su hermana le preguntaron algo que pudo entender con sólo verlos- Sí, nada de usar cuchillos ni contestar llamadas, tampoco exceso de TV. Si necesito algo te llamaré y si alguien quiere asaltar la casa me meteré en nuestro sitio secreto. ¿Puede venir Ginny a jugar conmigo?

Lauren: -Frunció el ceño- “Sólo ella y nadie más, si su madre te invita a almorzar que ella te venga a buscar y a dejar.”

Taylor: -Conocía el lenguaje que expresaban sus manos- Lo sé, lo sé, te amo Lolo. –Besó profundamente su mejilla, era el beso de la buena suerte para que su día fuese perfecto laboralmente.

Lauren POV

Angustia, sí, era eso lo que podía sentir en mi pecho mientras montaba mi bicicleta para ir a la cafetería a trabajar, era un Starbucks que quedaba a veinte minutos de mi casa. Desde que tengo uso de razón las cosas nunca fueron fáciles para nosotros. Mi padre se partía la espalda trabajando en un supermercado y mi mamá pasaba todo el día trabajando como parte del servicio doméstico en la mansión de los emblemáticos Cabello. ¡Que se pudra su compañía, sus acciones y cada mierda que poseían bajo su gran firma! Sentía que no era tratada como realmente se lo merecía. ¿Es que acaso era menos digno el trabajo de una empleada de hogar que el de un empresario multimillonario?

Luego de maldecirlos cada día, pedía perdón al cielo, si mi madre perdía su empleo de seguro mi familia sufriría las consecuencias. Yo ayudaba en los gastos con los tres empleos que tenía, pero desde que papá falleció en aquel accidente, todo en casa había cambiado, incluso yo.

Saludé a todos al llegar, pero de inmediato me puse tras la barra para ir preparando los pedidos cuando fueran llegando. Siempre era puntual, me había ganado bonos por eso, después de todo ¿quién me contrataría por mi defecto? Gracias a Dios tenía esos empleos que me daban en total el mismo sueldo que el que conseguía mi madre. Me agotaba, sí, pero podía darle muchas cosas incluso a mi hermanita menor. No podía exigir algo más.

Eric, el cajero de este turno empezó a contarme sobre su fin de semana hasta que llegó el primer cliente que pedía un frappuccino. Así empezó mi mañana.

..........

El cabello se levantaba cada vez que daba un paso, pero no era algo vulgar sino todo lo contrario, pareciera que estaba dentro de un vídeo musical y ella era la protagonista. Los hombres que caminaban cerca se volteaban a verla, caminaba como una modelo, sonreía con sus labios voluminosos y de color rosa, no tenía grandes pechos pero estaba bien dotada de su trasero. Destacar dentro de Los Angeles no era tan fácil para alguien común, pero para Camila Cabello y sus amigas todo era sencillo.

Los rayos de sol se estaban volviendo algo molestos, hacía calor, estaba lleno de turistas extranjeros y aunque podía hablar seis idiomas a la perfección, detestaba el hecho de que ocuparan las calles que le pertenecían a los americanos.

Sara: Camila, ¿podríamos pasar a beber algo? Me duelen los pies –hizo un puchero- no estoy acostumbrada a caminar tanto.

Camila: Sólo han sido como 5 minutos –entrecerró los ojos- además te favorecerá para los glúteos.

Sara: ¡Pero no cuando llevo tacones! Son Jimmy Choo, y son nuevos ¿comprendes?

Cansada de sus quejas trató de buscar algún lugar donde pudieran pedir una bebida fría. Cuando localizó el lugar caminaron hasta el y se sentaron en unos sofás cerca del viento helado que emanaba el aire acondicionado. Pasaron unos minutos y nadie se acercaba ¿qué clase de lugar era ese?

Sara: ¿¡Es que nadie puede atender en este lugar!? -Alzó la voz rodando sus ojos.

Extrañado un empleado miró al resto de sus compañeros, en ese local las personas hacían sus pedidos en la caja ¿en qué mundo vivía la rubia que gritaba? Por su apariencia y tipo de ropa ya debía imaginarse en cuál pero ¿por qué se sorprendía? En Los Angeles llovían las mujeres como ella. Camila y su amiga se acercaron al mesón un poco molestas, viendo el menú que estaba frente a sus ojos.

Eric: Buenos días ¿qué es lo que desean pedir? –esbozó una sonrisa lo más amable posible, estando como cajero se acostumbró a fingir frente a cientos de clientes ególatras.

Sara: Quiero un café frío descafeinado, con crema batida pero descremada, no me gusta muy dulce y...

Camila seguía observando el menú pero la mujer que estaba un poco más hacia el fondo llamó su atención. Su cabello negro caía con gracia hacia un lado, se veía concentrada mirando la variedad de café que había cerca pero el gesto en su boca le sorprendió ¿acaso se reía de su amiga? ¿acaso la rubia no podía cuidar de su figura y pedir el café que realmente quería?

Eric: Un café descafeinado con crema batida descremada, con la mitad de la ración de azúcar y que esté frío ¿podrás con eso campeona? –Lauren volteó hacia Eric y asintió, dio una vista rápida a las clientas y trató de disimular la mueca que apareció en su boca pero no lo logró. ¿Cuál era la maldita necesidad de las personas como ellas en ser tan altaneras?

Camila pidió un frappuccino y luego de pagar por su orden se fue hacia las mesas que estaban al lado de la ventana. La vista era realmente preciosa desde ahí, podía verse el mar y a las personas jugar en la arena. Quizás por fuera no lo pareciera pero Camila Cabello no era tan altanera como las personas que la rodeaban. Curiosa volteó para ver si hacían su pedido, el cajero no estaba pero la chica que al parecer era la única que preparaba órdenes a esa hora, lo hacía afanosamente. La concentración que desprendían sus ojos verdes le sorprendía, de hecho le parecieron muy lindos, como el color del agua marina que tantas veces vio en el Caribe. De pronto dio un respingo, ella se había volteado hacia ellas y se estaba acercando con una bandeja a mano. Caminaba erguida, había cordialidad en su forma de ser, y le era sorprendente para ser sólo una empleada de su categoría.

Lo extraño fue que en silencio dejó el pedido para cada una, usualmente solían decir algo más como un “que lo disfrute” o algo por el estilo.

Sara: ¡Maldita sea! –soltó el vaso de café abruptamente, el contenido se esparció contra el suelo, sus adorables sandalias “Jimmy Choo” y el pantalón de la empleada- ¡Me quemé! Pedí un café frío ¿acaso no sabes la diferencia entre frío y caliente?

Camila: Cálmate Sara, por favor. –Avergonzada observó el rostro de la mujer que las atendía, parecía asesinar con sus ojos a su amiga, pero sólo se limitó a agacharse, sacar un paño amarillo de su pantalón y limpiar el resto de café que había sobre las baldosas- Fue sólo un error.

Sara: Menudo error, me quemé los labios, mira, mira. –Estiró el labio inferior como si hiciera un puchero. ¡Parecía una niña!- Escúchame tú, Jauregui –leyó el apellido en la placa que colgaba del uniforme de la ojiverde- pondré una queja contra ti en este local, estos labios forman parte de esta mujer que ves aquí, mi imagen lo es todo. ¡Soy modelo idiota!

Camila miró el techo de la cafetería ¡Que se la tragara la tierra! Una de las cosas que le habían enseñado sus padres era ser cortés con los demás empleados y personas que no tuvieron su misma suerte, Sara y su familia eran todo lo contrario. Sonrojada miró a la empleada de ojos verdes, esa tal Jauregui tenía la mandíbula tensa al igual que su ceño fruncido.

Lentamente se paró frente a Sara, la preciosa rubia parecía haberse intimidado ante ella. “Va a pegarme” susurró pero no, la pelinegra agachó la cabeza en un gesto cortés como si fuera una asiática, mas no dijo nada. Sólo se volteó y caminó de vuelta a la barra para hacerle un gesto al cajero con la mano.

Eric: Siento el error de mi colega, está haciendo su pedido de nuevo, le devolveremos su dinero señorita, porque el café correrá por cuenta nuestra.

Cuando él se fue, la morena miró intensamente a su amiga con reproche, Camila era la única en la faz de la tierra capaz de decirle lo que no le parecía justo.

Camila: Sara, compórtate por el amor de Dios, sabemos que tu cuerpo vale oro pero sólo fue un error.

Sara: Mis Jimmy Choo, fueron regalo de mi papá –dio un suspiro dramático y miró con un puchero hacia afuera- no miento cuando digo que pondré un reclamo contra esa mujer ¿es que acaso no pide disculpas? Le comieron la lengua los ratones.

Lauren POV

Tenía los dedos muy tensos mientras preparaba de nuevo el pedido de la rubia loca. ¡Sólo fue un error! No podía dejar de pensar en mi hermana y en el hecho de no estar a su lado en sus vacaciones, si mi madre no podía cuidarla, debía hacerlo yo pero tampoco poseía tiempo. Hoy día no me sentía bien y mi habitual paciencia parecía haberse evaporado. Cerré los ojos, conté hasta 10 y coloqué el vaso correcto en la bandea, pero cuando volteé me di cuenta de que afuera caminaba alguien que yo conocía. Mi rostro se desfiguró por completo y aunque quería correr mis dedos no me obedecían para lo que quería hacer. Cuando por fin sostuve mi libreta y lápiz, le dije a Eric que debía salir urgente y que entregase el pedido por mí a esa descerebrada mujer.

Me saqué el delantal de Starbucks y corrí hacia la salida. ¡Mi hermano estaba aquí!

..........

Camila vio curiosa como aquella empleada salía disparada. Bravo, no pensó que una simple visita a la cafetería Starbucks le diese tanto entretenimiento.

Por su parte Lauren alcanzó el hombro de Christopher, hizo la suficiente fuerza para hacerlo voltear. Sorprendido su hermano la observó de pies a cabeza pero no más que ella, sí podía estar mucho más sorprendida ¡Ni siquiera lucía como lo recordaba!

Chris: Perdón ¿te conozco? –sus duras palabras y su tono tan frío e impersonal le dolieron.

Lauren: “Te extrañamos en casa Christopher, deberías volver.”

Chris: ¿Para estar con una familia que no puede darme lo que necesito? ¡Mírame! –Las personas que pasaban cerca volteaban sus rostros curiosos ante el espectáculo que estaba dando- No me preguntes cómo pero tengo dinero, estando en casa es imposible tener un poco de dignidad, no gracias, en serio, te repito la pregunta ¿te conozco?

Lauren: -se le hizo un nudo en la garganta- “Por favor no hables así, mi madre y Taylor te echan bastante de menos.”

Chris: -miró el gesto de sus manos con vergüenza- No sigas, si me ves ahora es solamente coincidencia, no quiero volver a esa vida de mierda. ¡Ni siquiera es vida!

Lauren: Ahh mmm –se pudo escuchar salir de su boca. Tragó el nudo de su garganta- “Vuelve a casa por favor, somos una familia, somos tú familia.”

Chris: Desde el accidente de papá que no soy parte de sus vidas. –Miró hacia todas partes con desconfianza, luego centró sus ojos en la mujer que tenía en frente- Me voy, te pido por favor no cometas la estupidez de decirle a Clara que estoy en Los Angeles de nuevo. –Antes de irse se dio vuelta- Por cierto, si alguna vez vuelves a verme, no te me acerques con ese uniforme de empleada barata de Starbucks y –hizo un gesto con las manos- no trates de comunicarte con ellas, me da vergüenza.

Gracias a Dios se fue y emprendió un camino sin dar vuelta atrás. La angustia se apoderaba del rostro de Lauren de forma notable y los transeúntes se daban cuenta de ello. ¿Qué hacía una preciosa joven mirando hacia el frente con los ojos húmedos? Camila tenía la boca abierta, desde adentro no podía ver nada pero de cierta forma le chocaba ver que esa mujer se comunicaba con las manos.

“Vete a la mierda Christopher, realmente vete a la misma mierda” pensó llena de impotencia. Clara se partía el cuerpo y la cabeza para darles de todo al igual que ella. ¿Cómo podía negar de dónde provenía?

De pronto sin saber porque, sus ojos se dirigieron hacia una de las ventanas de la cafetería, notando como aquella morena la miraba con preocupación. Un gruñido se concentró en su garganta por vergüenza. ¡¿Pero qué mierda hacía mirando esa mujer?!