Despertar
La noche respiraba frío. Un velo de nubes grises cruzaba el cielo y dejaba apenas algunos agujeros por donde titilaban estrellas solitarias; entre los árboles del parque, la brisa se colaba como un susurro helado y hacía balancearse los columpios vacíos con un chirrido lento, irregular, casi incómodo. En el parque de Noctuville, el golpeteo nervioso de un pie contra el suelo rompía el silencio.
—Hace poco nos acaba de llegar una nueva información…
La voz de la mujer se filtraba desde el teléfono. Al otro lado de la línea, se acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja; las palabras avanzaban… pero no su respiración.
—Una chica de diecisiete años fue encontrada… —tragó saliva— …por la mitad. Su nombre era Emily Foster. Iba en la escuela Carver…
La frase se cortó por el roce seco de un dedo contra la pantalla.
—Ya es el cuarto caso de esta semana… ¿qué mierda está pasando en este lugar?
El chico dejó escapar el aire por la nariz y giró la cabeza hacia un costado. Un perro sostenía un juguete chillón entre los dientes, la cola golpeando el banco con un ritmo feliz.
—¿Aún no te cansas? —murmuró, sin mirarlo del todo—. Ya me quiero ir a casa, amigo.
El perro respondió con un gemido bajo y bajó apenas la cabeza.
—Está bien… una más y nos vamos, ¿okey?
Se levantó de la banca con un quejido leve en la espalda y dio un paso hacia él. Ares reaccionó al instante: saltitos torpes, cola agitada, patas raspando el cemento.
—Bien, Ares… ¡tráela!
La pelota salió disparada hacia el extremo del parque.
El viento cambió.
Un soplido helado le empujó el flequillo rubio hacia atrás y le erizó la piel de los brazos. A lo lejos, un estruendo seco quebró el aire y las aves estallaron desde los árboles como una nube negra, batiendo las alas entre chillidos desordenados. El ruido descendió, se estiró, se deformó… algo parecido a un aullido.
El chico giró de inmediato.
—¿Ares…?
El lugar donde debía estar su perro estaba vacío.
—Mierda… ¡Ares!
La voz le salió más alta de lo que quiso mientras daba una vuelta completa, luego otra, recorriendo el parque de extremo a extremo. El pecho se le comprimía al respirar. Bajó la mirada y lo vio.
El juguete.
Tirado en medio del sendero.
Salió corriendo hacia la calle. Las piernas le ardían como si llevara kilómetros encima. Sacó el teléfono con la mano temblorosa; falló la contraseña, volvió a fallar. Deslizó el dedo con torpeza y marcó.
—…¿Aló?
—Matteo, necesito que vengas. Te espero en el parque de Salici. Es urgente.
La voz se le quebró al final.
⋅•⋅⊰∙∘☽༓☾∘∙⊱⋅•⋅
—¿Por qué rayos tardaste tanto?
Eliot avanzó hacia él con las manos abiertas, marcando el aire, incapaz de quedarse quieto.
—Eliot… vivo a cinco cuadras de aquí. ¿Quién crees que soy? ¿Flash?
Matteo ladeó la cabeza, aún medio adormilado.
—Bien… ¿cuál es la urgencia que tenías o tienes?
—Estaba jugando con Ares… —giró la cabeza para que lo siguiera, y empezaron a caminar—. Me distraje un segundo por un sonido fuerte… y cuando volteé, ya no estaba.
—¿Y la urgencia? —Matteo frunció el ceño—. ¿Me hiciste levantarme de mi cama por esto?
—Eeh… sí.
Le dio un golpe leve en la cabeza.
—¡Auch! —se llevó la mano al pelo—. ¿Y hacia dónde nos dirigimos? ¿Dónde dijiste que escuchaste el sonido?
—No te lo dije… y respondiendo a eso… —Eliot estiró el brazo—. Fue por allá.
—Ah… bueno —Matteo dejó escapar una risa corta—. Fue un gran perro. Goza los recuerdos.
Le dio una palmada en el hombro y giró sobre sus talones.
—Iremos.
Eliot lo atrapó el sweater gris y lo detuvo.
—¿Ves? —bufó Matteo, acomodándose la ropa mientras retomaba el paso—. Por eso los rubios de ojos azules no sobreviven en las películas de terror.
Avanzó a su lado, observándolo de reojo.
—Eliot… literalmente hace cuarenta minutos informaron sobre la chica que fue desmembrada en la montaña.
—¿Se te ocurre una mejor idea?
—Te diría que esperemos a mi hermana… pero está ocupada con el caso de Emily.
Siguieron caminando durante varios minutos, y la voz de Eliot se repetía entre los árboles.
—¡Ares!
—¿Podrías dejar de gritar, por favor? —susurró Matteo—. Asesinaron a alguien cerca de aquí… ¿recuerdas?
—Perdón… lo olvidé… pero necesito llamarlo.
Eliot se detuvo en seco. Unos arbustos se sacudieron y las hojas secas rozaron entre sí. Encendió la linterna del teléfono.
—¿Ares? ¿Eres tú? Ven, amigo…
Ambos avanzaron un par de pasos.
Entonces, el gruñido. Bajo. Profundo. Irregular.
—Matteo… ¿escuchaste?
—¿Qué cosa? Ah, sí… el armonioso sonido.
Retrocedieron casi al mismo tiempo. Entre las plantas, una sombra comenzó a levantarse.
—Eliot… vámonos.
La voz de Matteo apenas logró salir.
La figura avanzaba despacio. Era enorme. La luz del teléfono se deslizó por unas garras curvas; dos ojos escarlata flotaban en la oscuridad, clavados en ellos. La silueta agachó el cuerpo.
El salto fue un parpadeo.
—¡No te acerques! ¡huy—!
No terminó la frase. Eliot cayó al suelo con la bestia sobre el y dio un grito al ser mordido por esta.
A lo lejos, ladridos.
—¡Ares, espera!
Matteo dio un paso impulsivo hacia adelante. El perro se lanzó.
Un golpe brutal lo arrojó contra un tronco.
El chillido de Ares atravesó el bosque.
La criatura permaneció unos segundos sobre Eliot, demasiado cerca. El aire caliente de su aliento le rozó el rostro. Luego se irguió… y desapareció entre los árboles.
Eliot quedó sentado contra la tierra, aferrado a su pierna, con los nudillos blancos; el pecho le subía y bajaba sin ritmo, y el sudor le empapaba la frente. Matteo llegó hasta él y se agachó de inmediato.
—Hey… hey…
Lo sostuvo por debajo del brazo. Caminaron como pudieron hasta donde había caído el perro. Matteo dejó a Eliot apoyado contra un árbol y se inclinó junto a Ares.
—Está bien… —exhaló aliviado—. Pero se lastimó la pata.
Miró hacia Eliot.
—Tenemos que salir de aquí antes de que esa cosa vuelva.
—Okey…
La respuesta salió perdida.
—Apóyate en mí.
Matteo rodeó al perro con cuidado.
⋅•⋅⊰∙∘☽༓☾∘∙⊱⋅•⋅
Después de una caminata interminable, llegaron a casa de Eliot.
—Oye… ¿qué comida le das a esta cosa? Pesa una tonelada.
Matteo subió los escalones con los brazos tensos.
—Te dije que descansaras…
Eliot se aferró al barandal mientras buscaba las llaves. Abrió la puerta y entró cojeando, apoyándose en el marco para dejar pasar primero a su amigo. Matteo subió directo al cuarto, acomodó a Ares en la cama y bajó de inmediato para ayudarlo. Arriba, lo dejó sentado sobre el colchón; le quitó los pantalones con cuidado, fue al baño por el botiquín y regresó, dejando todo sobre la mesa de noche antes de arrodillarse frente a él.
—Quieto…
Limpió la herida con movimientos lentos. Sacó un parche y lo dejó a un lado.
—¿Qué crees que haya sido esa cosa?
Eliot no levantó la mirada. Jugaba con sus dedos, enredándolos.
—No lo sé… —Matteo tomó el parche—. Me gustaría decirte que fue un oso… pero estoy seguro de que no son así.
Lo fijó con cuidado.
—Sea lo que haya sido… tal vez tenga que ver con las muertes de las mujeres que han asesinado…
Eliot apretó los dientes.
—Ya está.
Matteo se incorporó y dio un paso atrás.
—No podemos saber eso. Quizás era una especie de animal o…
El teléfono vibró en su bolsillo.
—Mierda.
—¿Qué ocurre?
Eliot forcejeaba con el pantalón.
—Es mi hermana. Seguro ya llegó a la casa.
Contestó.
—¿Qué pasó? —su voz cambió de inmediato—. Estoy en casa de Eliot.
Hizo un gesto con los ojos hacia el techo.
—De acuerdo… voy enseguida.
—No le digas nada de lo que me pasó, por favor.
Eliot juntó las manos frente al pecho. Matteo le guiñó un ojo.
—¿Qué te dijo?
—Si no llego en quince minutos, estaré castigado hasta el año dos mil veintiocho.
Suspiró.
—Vengo mañana antes de ir a la escuela. Te dejé una pastilla en la mesa.
Guardó el teléfono, avanzó hacia la puerta, se detuvo y levantó la mano a modo de despedida. Eliot se impulsó sobre los codos para mirar a su perro.
—Hey… ¿cómo estás, amigo? ¿Ya te dormiste?
Ares levantó apenas la cabeza… y volvió a dejarla caer.
Eliot se dejó caer de espaldas. El techo giró lento sobre su vista.
—¿Qué mierda fue lo que me atacó…?
El bostezo le cortó la frase. Se acomodó de lado.
El cuerpo se le apagó.
⋅•⋅⊰∙∘☽༓☾∘∙⊱⋅•⋅
En medio de la noche, el viento rozaba la ventana. La luna entraba a medias, filtrada por las nubes. Eliot se movía entre las sábanas, enredado en ellas; la camiseta se le pegaba al pecho empapado y el aire le raspaba la garganta al entrar.
Un destello.
Un salto.
Un gruñido que no existía en la habitación.
Sus ojos se abrieron de golpe.
Brillaron de un amarillo pálido, imposible.
⋅•⋅⊰∙∘☽༓☾∘∙⊱⋅•⋅
La luz cálida de la mañana rozaba sus pies bajo las sábanas cuando un sonido estridente lo hizo girarse de golpe.
—Ay… apágate ya…
A tientas, golpeó la mesa de noche hasta encontrar el teléfono.
—Igual duermo diez minutos más.
Programó otra alarma.
—Perfecto.
El móvil cayó sobre la cama. Pasaron unos minutos y la alarma volvió a sonar.
—¿Qué…? —gruñó—. Esos no fueron ni tres minutos, estoy seguro.
Se frotó la cara, respiró hondo y se levantó. Cruzó el pasillo arrastrando los pies y cerró la puerta del baño. Frente al espejo, sostuvo el borde del vendaje.
—Ojalá no duela…
Tiró.
—¿Qué…?
La mano recorrió su pierna. Piel intacta. Buscó otra vez. Nada.
—…¿lo habré soñado?









Soy fan de mateo y Eliot ksksks
Queremos saber más de Ares!!