Capitulo 1
El gimnasio de la U.A. estaba casi desierto esa tarde. Solo se escuchaba el eco de los golpes contra el saco de boxeo y la respiración agitada de Izuku Midoriya. Llevaba más de dos horas entrenando sin parar: series de flexiones explosivas, shadow boxing con One For All al 8%, y ahora estaba terminando con levantamiento de pesas pesadas. El sudor le corría por la frente, empapaba su camiseta verde sin mangas y se deslizaba por sus brazos musculosos recién definidos después de meses de entrenamiento brutal.
No lo sabía aún, pero algo dentro de él había cambiado esa misma semana.
Un despertar tardío de su quirk... o más bien, una mutación secundaria que nadie esperaba. Su sudor, cargado de adrenalina y hormonas al límite, ahora liberaba feromonas potentes, un aroma invisible pero devastadoramente efectivo. No era como el de Midnight; este no adormecía... encendía. Provocaba un deseo crudo, animal, dirigido específicamente hacia él en quien lo inhalara cerca. Y lo peor (o lo mejor): era acumulativo cuanto más sudaba.
Ochaco Uraraka entró al gimnasio con su uniforme de entrenamiento rosa y blanco, botella de agua en mano. Venía a practicar un poco de control de gravedad en objetos pesados antes de que cerraran.
—Izuku-kun... ¿todavía estás aquí? —dijo con su voz dulce, sonriendo mientras se acercaba—. ¡Wow, estás empapado! ¿Cuánto llevas entrenando?
Izuku se giró, jadeando, y se limpió la frente con el antebrazo. El movimiento hizo que una gota grande de sudor cayera desde su cuello hasta el suelo... y el aire se llenó sutilmente de ese olor almizclado, cálido, masculino y adictivo.
—U-Uraraka-san... sí, perdí la noción del tiempo... —respondió nervioso, como siempre, rascándose la nuca.
Pero entonces Ochaco inhaló profundamente sin darse cuenta... y algo cambió en sus ojos.
Sus pupilas se dilataron. Sus mejillas se tiñeron de un rojo intenso que no era solo por el calor del gimnasio. Sus muslos se apretaron instintivamente y sintió un calor líquido bajar por su vientre hasta acumularse entre sus piernas. Su respiración se aceleró.
—I-Izuku... ¿qué es ese olor? —susurró, dando un paso más cerca sin querer—. Huele... tan bien... me está mareando...
Izuku frunció el ceño, confundido.
—¿Olor? Yo no... —pero entonces lo sintió. Su propio cuerpo reaccionó al ver cómo ella lo miraba ahora: no con la ternura habitual, sino con hambre pura.
Ochaco se acercó más, casi pegándose a él. Sus pechos subían y bajaban rápidamente bajo la tela ajustada. Extendió una mano temblorosa y tocó el pecho sudoroso de Izuku, justo sobre el corazón acelerado.
—Tu piel... está tan caliente... —murmuró, casi gimiendo—. No puedo... no puedo pensar bien... solo quiero...
Sin previo aviso, se puso de puntillas y lo besó con desesperación. No fue un beso tímido como los que habían compartido en secreto alguna vez. Fue feroz, hambriento. Su lengua buscó la de él de inmediato, saboreando el salado del sudor en sus labios. Izuku soltó un gemido sorprendido contra su boca, pero sus manos instintivamente la agarraron por la cintura, atrayéndola más.
—U-Uraraka-san... espera... ¿qué te pasa? —jadeó cuando se separaron un segundo para respirar.
—No lo sé... pero no pares... por favor... —suplicó ella, frotándose contra él como gata en celo. Sus caderas se movían solas, buscando fricción contra la evidente erección que ya empujaba contra los shorts de entrenamiento de Izuku.
Él intentó razonar, pero el aroma de su propio sudor mezclado con el calor del cuerpo de Ochaco lo estaba afectando también. Su quirk secundario no solo afectaba a los demás... también lo volvía hipersensible al deseo ajeno. Sintió cómo su miembro palpitaba dolorosamente, hinchándose más con cada roce.
Ochaco bajó una mano temblorosa y la metió dentro de los shorts de Izuku sin pedir permiso. Sus dedos rodearon su longitud dura y caliente, y ambos jadearon al unísono.
—Está... tan grande... tan duro... —susurró ella contra su cuello, lamiendo el sudor que corría por su clavícula—. Quiero sentirte... dentro...
Izuku perdió el control en ese momento.
La levantó con facilidad (gracias a One For All) y la llevó contra la pared del gimnasio, lejos de las cámaras. Le arrancó los shorts de entrenamiento con un movimiento brusco, dejando al descubierto sus bragas blancas ya empapadas. Ochaco gimió alto cuando sintió los dedos de Izuku rozar su centro por encima de la tela.
—Estás... chorreando... —gruñó él, sorprendido de su propia voz ronca.
—Porque es por ti... todo es por ti... —respondió ella, mordiéndose el labio inferior—. Métemela ya... por favor, Izuku...
No hizo falta más.
Bajó sus propios shorts lo justo y, sin delicadeza, alineó su miembro hinchado contra la entrada caliente y resbaladiza de Ochaco. Empujó de una sola vez, enterrándose hasta la base en un solo movimiento. Ella gritó de placer, arqueando la espalda contra la pared, sus uñas clavándose en los hombros de él.
—¡I-Izuku! ¡Sí! ¡Más fuerte! —suplicó, mientras sus paredes internas lo apretaban como si no quisieran soltarlo nunca.
Él obedeció. Empezó a moverse con fuerza, golpeando profundo con cada embestida. El sonido húmedo de sus cuerpos chocando resonaba en el gimnasio vacío junto con los gemidos desesperados de ambos.
Ochaco flotaba un poco sin querer, activando su quirk por puro instinto de placer, haciendo que sus cuerpos se volvieran ingrávidos por momentos. Izuku la sujetaba con fuerza por las caderas, clavándola contra la pared cada vez que ella intentaba elevarse demasiado.
—Voy a... voy a correrme... dentro... —advirtió él entre jadeos, sintiendo cómo el nudo en su bajo vientre se apretaba.
—¡Hazlo! ¡Lléname, Izuku! ¡Quiero sentirte todo! —gritó ella, alcanzando el clímax al mismo tiempo.
Sus paredes se contrajeron violentamente alrededor de él, ordeñándolo, y eso lo llevó al límite. Con un gruñido gutural, se hundió hasta el fondo y se derramó dentro de ella en chorros calientes y abundantes. Ochaco temblaba, lloriqueando de placer mientras sentía cómo la llenaba por completo.
Se quedaron así varios segundos, jadeando, pegados el uno al otro, con el sudor y otros fluidos mezclándose.
Cuando por fin bajaron de la nube hormonal, Ochaco lo miró con ojos vidriosos y una sonrisa tímida pero satisfecha.
—Izuku... creo que... tu sudor... me volvió loca...
Él se sonrojó hasta las orejas, todavía dentro de ella.
—L-lo siento... no sabía que mi quirk había... mutado así...
Ochaco se rió bajito y le dio un beso suave en los labios.
—No te disculpes... porque si esto pasa cada vez que entrenas... voy a venir al gimnasio todos los días...
Y así empezó todo.
Fin del One-Shot 1 🔥