1/2
La torre corporativa de Park Holdings se mantenía en el corazón financiero de Seúl como una estructura de cristal o acero. No era el edificio más antiguo ni el más ornamentado pero su arquitectura evitaba el exceso con severidad casi ascética, líneas limpias que ascendían hacia el cielo con buena definición, superficies pulidas donde el reflejo del sol se deslizaba con la misma disciplina con la que se conducían los negocios en su interior. Aquella sobriedad no era una elección estética caprichosa, era una extensión natural de la mente que gobernaba la empresa, la manifestación material de un carácter que aborrecía el desorden, el ruido innecesario y las emociones desbordadas que entorpecían el juicio.
En el último piso de aquel lugar trabajaba Park Chanyeol, hombre cuya presencia resultaba tan difícil de ignorar como el propio edificio que llevaba su nombre. Quienes lo conocían solo a través de artículos financieros o fotografías en revistas de negocios tendían a describirlo con palabras previsibles, magnate joven, mente prodigiosa, negociador implacable; calificativos que si bien no mentían tampoco alcanzaban a delinear con precisión la verdadera naturaleza de aquel individuo. Chanyeol no era un hombre que levantara la voz para imponer autoridad ni uno que necesitara rodearse de aduladores para reforzar su posición, su dominio nacía de algo mucho más inquietante; una lucidez exacta para observar el comportamiento humano, una paciencia fría que le permitía escuchar más de lo que hablaba o analizar más de lo que revelaba.
En las reuniones permanecía erguido detrás de su escritorio con serenidad, sus hombros amplios apenas insinuados bajo la tela impecable de sus camisas, las mangas arremangadas hasta los antebrazos cuando el trabajo se prolongaba durante horas. Su voz grave nunca se apresuraba, cada palabra parecía colocada con el cuidado de un jugador de ajedrez, consciente de que el tablero entero podía alterarse por un gesto mínimo. Aquella compostura calculada había forjado su reputación en el mundo empresarial, un universo donde la ambición solía desbordarse con torpeza, donde demasiados hombres confundían el poder con la estridencia.
Pero para él, su silencio bastaba.
El personal de la empresa lo sabía bien, no existía empleado que no hubiera sentido alguna vez el peso de su mirada atravesándolo como una radiografía, aquella forma particular de observar que parecía desmenuzar cada gesto hasta comprenderlo por completo. No era una mirada hostil ni cruel, tampoco indulgente, poseía más bien una neutralidad inquietante que obligaba a cualquiera a cuidar cada movimiento en su presencia, como si cualquier error pudiera quedar registrado para siempre en la memoria del magnate.
Sin embargo, dentro de aquella maquinaria corporativa perfectamente engranada existía no solo una figura que se movía con naturalidad, sino dos seres imposibles de alcanzar.
Byun Baekhyun llevaba exactamente tres años, tres meses y tres días trabajando como asistente personal del director ejecutivo, un detalle cronológico que pocos recordarían con exactitud pero que para Chanyeol poseía la misma claridad que un arroyo, casi obsesiva, como si el tiempo mismo hubiera comenzado a medirse con mayor precisión desde la aparición de aquel hombre en su despacho.
Él no destacaba por una presencia estridente ni por una ambición visible, su mérito residía en algo más raro dentro del ámbito empresarial, una eficacia espeluznante que parecía anticiparse a las necesidades de su superior antes incluso de que estas fueran pronunciadas. Los informes llegaban siempre ordenados con pulcritud, las reuniones se alineaban en la agenda con una lógica impecable, los documentos que requerían firma aparecían sobre el escritorio en el momento exacto en que Chanyeol terminaba el anterior. No existían retrasos, tampoco explicaciones innecesarias, solo una sucesión de acciones ejecutadas con la precisión de un relojero.
Esa disciplina era lo que había llamado la atención del magnate cuando revisó su expediente por primera vez.
Años atrás, cuando el puesto de asistente ejecutivo había quedado vacante, una prestigiosa agencia de reclutamiento envió varios perfiles para su consideración. Chanyeol había examinado cada hoja de vida con la meticulosidad que lo caracterizaba, descartando candidatos por detalles que a otros habrían parecido irrelevantes. Algunos tenían trayectorias impecables pero mostraban una tendencia excesiva a la autopromoción, otros exhibían logros impresionantes acompañados de recomendaciones demasiado entusiastas para resultar creíbles. Entonces apareció el nombre de Baekhyun.
El expediente no contenía nada extraordinario. Experiencia sólida, referencias discretas, formación académica correcta. Lo único que se apartaba ligeramente de la norma era la fotografía que ahí se plasmaba.
Un rostro sereno, rasgos delicados que no buscaban impresionar, una expresión tan controlada que casi parecía esculpida en mármol. Los ojos oscuros y atentos, miraban directamente a la cámara con una calma que insinuaba una voluntad firme detrás de aquella apariencia pulcra. Chanyeol había permanecido unos segundos más observando aquella imagen antes de tomar la decisión.
Parecía algo interesante y la entrevista no hizo más que confirmar la intuición.
Baekhyun se presentó con puntualidad, traje sobrio, postura recta que no caía en la rigidez, voz clara que respondía cada pregunta sin adornos superfluos. No intentó impresionar con discursos grandilocuentes ni exhibió la ansiedad nerviosa que tantos candidatos mostraban frente al poder. Simplemente respondió, escuchó, volvió a responder.
Aquella compostura le resultó suficiente. Desde entonces la dinámica entre ambos había evolucionado como un mecánico a más no medir. Baekhyun cumplía su función con dedicación impecable, moviéndose por la empresa con la misma discreción que amaba de la gente joven y absorta al trabajo. Su presencia rara vez generaba ruido, sin embargo todos sabían que si algo funcionaba correctamente dentro de la agenda del director ejecutivo era porque el asistente ya lo había previsto con antelación.
Frente a los demás empleados, Baekhyun mantenía una actitud tan profesional que rozaba la austeridad emocional. Su rostro raras veces revelaba más de lo estrictamente necesario, las palabras se limitaban a transmitir información, jamás a buscar aprobación.
El despacho de Chanyeol ocupaba casi toda la esquina oriental de ese último piso, el espacio era amplio y el cristal reemplazaba las paredes tradicionales, permitiendi contemplar el entramado de avenidas que se extendía varios metros más abajo. No había cuadros extravagantes ni muchos muebles, solo una mesa de trabajo de líneas sobrias, estanterías perfectamente ordenadas con documentos clasificados por categorías, un par de sillones de cuero oscuro destinados a reuniones privadas. Todo en aquel lugar parecía responder a la misma lógica, funcionalidad absoluta, belleza contenida y ausencia total de adornos que distrajeran la mente.
Park, permanecía de pie junto al escritorio revisando un contrato extenso cuyos márgenes estaban marcados con discretas anotaciones a lápiz, su postura relajada contrastaba con la intensidad con la que analizaba cada párrafo. La luz de la tarde entraba a través de los ventanales y dibujaba reflejos pálidos sobre la superficie de madera pulida, resaltando el contorno firme de sus manos mientras pasaba las páginas con cierta parsimonia.
El sonido de unos pasos discretos anunció la llegada de Byun Baekhyun, quien cruzó el umbral con la típica elegancia sobria que distinguia todos sus movimientos. Llevaba una carpeta delgada bajo el brazo y una tableta electrónica donde se acumulaban los detalles de la agenda del día, su traje oscuro caía con impecable presión sobre su figura compacta, cada línea del conjunto transmitía una prolijidad tan rigurosa que parecía imposible encontrar en él el más mínimo descuido.
Se detuvo frente al escritorio con una inclinación leve de cabeza.
─ Señor Park, los documentos que solicitó de la reunión con Han Securities ya están revisados.
El jefe levantó apenas la mirada, lo suficiente para tomar la carpeta que su asistente depositaba frente a él con cuidado. Sus dedos largos recorrieron el borde del papel mientras hojeaba el contenido durante unos segundos, la expresión de su rostro permanecía tan serena que resultaba imposible adivinar si algo le complacía o le disgustaba.
─ Bien ─ murmuró finalmente, cerrando el expediente ─ Envíalo al departamento legal antes de las seis.
Baekhyun asintió automáticamente, deslizando la información en su tableta para que el recordatorio se integrara al flujo de tareas del día.
─ También debo recordarle que esta noche tiene la reunión con el comité de inversionistas japoneses. El director Takahashi confirmó su asistencia hace una hora.
Chanyeol apoyó una mano sobre el escritorio mientras escuchaba, inclinando ligeramente la cabeza como si acomodara la información dentro de su sistema.
─ Lo sé ─ respondió con tranquilidad ─ Probablemente se extienda más de lo previsto.
Baekhyun alzó los ojos del aparato apenas un segundo ─ ¿Debo reorganizar su agenda de mañana por la mañana?
─ No será necesario.
El silencio que siguió se unificó con un intervalo breve de concentración, donde ambos hombres procesaban el ritmo del trabajo.
Park volvió a tomar el contrato que había estado revisando, sus dedos marcaron una página a punta de presión antes de hablar nuevamente.
─ Por cierto ─ dijo con tono neutro ─ La empresa de seguridad llamó hace un rato.
Baekhyun aguardó con atención.
─ Las cámaras de la mansión están fallando desde esta mañana. Al parecer es un problema en el sistema principal.
El asistente frunció apenas el ceño en seña de concentración, estaba detectando una variable inesperada dentro de la rutina.
─ ¿Desea que coordine la visita técnica?
─ Ya está programada, ─ respondió Chanyeol con tranquilidad ─ Irán mañana por la tarde.
Baekhyun asintió despacio mientras registraba la información en la agenda digital ─ Entiendo.
El hombre alto deslizó el contrato a un lado del escritorio ─ De hecho, hay algo más ─ sus ojos se posaron sobre Baekhyun con calma ─ Los documentos de la negociación con Daesung Logistics deben estar en casa mañana por la mañana.
Baekhyun revisó la tableta rápidamente ─ Los tengo listos en mi oficina.
─ Déjalos en mi estudio ─ añadió Chanyeol ─ Mañana saldré temprano y no pasaré por la empresa antes de la reunión.
Byun asintió una vez más.
─ Los llevaré a primera hora.
Aquella respuesta salió sin más, sin embargo algo en la mente del asistente ya comenzaba a reorganizar la información recibida: la reunión de esa noche, cámaras fallando y documentos por enviar.
La casa prácticamente desocupada hasta el día siguiente, un detalle que parecía insignificante dentro de la conversación laboral pero al final del día, una tarea más entre cientos de variables que Baekhyun gestionaba diariamente.
Fue entonces cuando levantó la vista, sus ojos se detuvieron sobre el rostro de Park Chanyeol durante un segundo más de lo habitual, una mirada que parecía medir algo más que simples instrucciones laborales. El gesto no era evidente para un observador distraído, podría haberse interpretado como atención profesional, sin embargo la intensidad tenue que habitaba en aquel contacto visual poseía una cualidad distinta, algo más profundo, una corriente contenida que apenas rozaba la superficie.
Chanyeol lo notó. Sus ojos oscuros se alzaron con calma hasta encontrarse con los de Baekhyun y durante un instante el despacho quedó suspendido en un silencio tan pesado que incluso el leve murmullo del aire acondicionado pareció disiparse. No había sorpresa en su expresión ni tampoco molestia, solo esa serenidad habitual que escondía demasiadas cosas detrás de una máscara impecable.
Entonces, casi imperceptiblemente, la comisura de sus labios se curvó en una sonrisa mínima, una inclinación lateral que no alcanzaba a convertirse en burla pero que tampoco podía confundirse con simple cortesía, solo una sonrisa breve y consciente. Como si aquel cruce de miradas no le resultara nuevo en absoluto.
Baekhyun bajó la vista primero, retomando la tableta con la misma compostura profesional que siempre mostraba frente a los demás empleados. Pero mientras anotaba el recordatorio de los documentos que debía llevar a la mansión al día siguiente, otro pensamiento comenzó a abrirse paso con una lentitud peligrosa.
Mañana por la mañana, eso había dicho. Sin embargo, mientras observaba la agenda donde figuraba la larga reunión nocturna de su jefe, una idea distinta comenzó a deslizarse en su mente con suavidad, una tentación que llevaba demasiado tiempo esperando. Él podría dejarlos esa misma noche, sería más eficiente y más conveniente.
Después de todo, su jefe no estaría allí.
Byun cerró la tableta con suavidad y dejó que la pantalla se apagara bajo sus dedos antes de hablar.
─ Con su permiso, señor Park.
La frase salió como normalmente debía, acompañada por una leve inclinación de cabeza que marcaba el final formal de la conversación. Durante tres años aquel gesto había sellado cientos de interacciones entre ambos, una pequeña rutina de cortesía que nunca variaba, una línea clara entre superior y subordinado que Baekhyun jamás había cruzado frente a nadie. Luego giró sobre sus talones y caminó hacia la entrada del despacho sin apresurarse. Sus pasos silenciosos sobre el suelo pulido del piso ejecutivo, controlados, medidos, exactamente iguales a los que cualquier otro empleado habría visto a diario sin prestarle mayor atención.
La puerta se cerró detrás de él con un clic suave, pero justo en ese instante el aire pareció transformarse a su alrededor.
El pasillo del último piso se sentía más amplio y luminoso bajo la luz artificial que comenzaba a imponerse sobre el resplandor decreciente de la tarde. A aquella hora la actividad de la empresa empezaba a disiparse lentamente; algunos empleados recogían documentos con movimientos cansados, otros conversaban en voz baja cerca de los ascensores mientras preparaban su salida. Sin embargo, en el sector del despacho del director reinaba una calma mucho más pronunciada, una quietud respetuosa que permanecía incluso cuando Chanyeol no estaba presente.
El asistente avanzó unos cuantos pasos por el pasillo antes de detenerse frente a los ventanales que dominaban toda la pared oriental del edificio. La ciudad se desplegaba debajo como un océano de luces y circulación peatonal, avenidas que comenzaban a encenderse mientras el tráfico de la hora pico serpenteaba entre los rascacielos del distrito financiero. Durante unos segundos simplemente permaneció allí, de espaldas al resto de los demás, respirando con una lentitud que parecía buscar algo más que aire.
Entonces alzó la vista hacia el cristal. Su reflejo que le devolvió la superficie pulida era muy distinto del rostro que todos en Park Holdings conocían.
Las mejillas estaban teñidas de un rojo profundo que ascendía lentamente hacia la línea de sus orejas, como si el calor le recorriera el cuerpo con una persistencia imposible de contener. Sus ojos, siempre tan serenos frente a los demás empleados, brillaban ahora con una humedad inquietante que hacía temblar apenas sus pestañas cada vez que respiraba más hondo. La expresión que devolvía el vidrio no era la de un asistente impecable ni la de un hombre que llevaba años dominando cada gesto dentro de aquella empresa; parecía más bien la de alguien que acabara de atravesar una emoción demasiado intensa para ser ocultada con facilidad.
Su labio inferior quedó atrapado entre sus dientes casi por reflejo. La presión fue suficiente para que una punzada aguda recorriera la piel, así un leve sabor metálico apareció en su lengua.
─ Maldito.
El susurro apenas alcanzó a existir, perdido en el espacio amplio del pasillo porque incluso mientras intentaba recuperar la compostura, su mente regresaba inevitablemente al despacho que acababa de abandonar.
A Chanyeol de pie junto al escritorio, a la forma en que las mangas de su camisa estaban arremangadas hasta los antebrazos, revelando la línea firme de los músculos que se tensaban cada vez que sostenía un documento o pasaba una página del contrato. Baekhyun había observado ese detalle más veces de las que estaba dispuesto a admitir, la manera en que los tendones se marcaban bajo la piel clara cuando apoyaba la palma sobre la mesa para inclinarse hacia adelante, la fuerza tranquila que parecía habitar incluso en los gestos más simples de aquel hombre. Era algo tan pequeño, tan insignificante para cualquier otra persona, cosa que nadie habría registrado conscientemente.
Pero para él cada uno de esos pormenores permanecía grabado con una transparencia obsesiva en su memoria. La forma en que el cabello oscuro caía ligeramente sobre la frente de su jefe cuando inclinaba la cabeza para leer, el tono grave de su voz descendiendo apenas al final de cada frase, la calma peligrosa que parecía envolver cada uno de sus movimientos. Baekhyun cerró los ojos un instante.
El pensamiento llegó con una nitidez casi obscena, su espalda contra el escritorio de aquel despacho. Los documentos esparciéndose sobre la superficie de madera mientras el peso de Chanyeol lo obligaba a inclinarse hacia atrás. Las manos grandes de su jefe sujetando la tela de su camisa con cierta autoridad, los dedos firmes arrugando el cuello del traje mientras lo mantenían en su lugar, demasiado cerca para pensar con claridad. Podía imaginar incluso el calor de su cuerpo inclinado sobre el suyo, la proximidad de su respiración, la gravedad de su voz cayendo cerca de su oído con una intensidad que borraba cualquier ápice de temor. Su respiración se volvió más corta.
Por un momento pareció olvidar por completo dónde estaba, entonces abrió los ojos de golpe, su reflejo aún seguía allí, los ojos húmedos, sus mejillas encendidas, su labio inferior ligeramente marcado por la mordida. Parecía exactamente lo que él mismo pensó con una mezcla incómoda de lucidez y vergüenza; un papel escrito al derecho y al revés. Por un lado la superficie perfectamente ordenada que todos en la empresa veían cada día, el asistente eficiente, disciplinado, silencioso. Y por debajo de esa fachada impecable, otra versión de sí mismo mucho más lasciva, cargada de pensamientos que jamás deberían existir dentro de la estructura jerárquica que gobernaba su vida. Se llevó una mano al rostro, presionando los dedos contra el puente de la nariz mientras soltaba un suspiro lento.
Tres años soportando aquella proximidad diaria sin cometer un solo error. Tres años escuchando su gutural voz, observando sus gestos, andando unos pasos detrás de él por aquellos mismos pasillos sin permitir que ninguna emoción escapara a la superficie. Y aun así bastaba una sola sonrisa.
Byun se obligó a incorporarse y continuar caminando hacia su escritorio. A medida que avanzaba, cada paso parecía reconstruir poco a poco la compostura que lo convertía en el asistente más eficiente de todo el edificio. Cuando finalmente llegó a su estación de trabajo y volvió a sentarse frente a la mesa, el rostro que alzó hacia la pantalla de la tableta ya no mostraba rastro alguno del desorden anterior.
Los correos comenzaron a ordenarse, las tareas se alinearon en la agenda. Los documentos fueron clasificados con el mismo cuidado de siempre, sin embargo, unos minutos más tarde el sonido de la puerta del despacho del director ejecutivo interrumpió aquel equilibrio recién recuperado.
Baekhyun levantó la vista. Chanyeol salió acompañado por uno de los directores financieros, el saco de su traje perfectamente colocado sobre sus hombros amplios mientras conversaba con tranquilidad sobre la reunión que estaba a punto de comenzar. Su presencia dominaba el pasillo de una manera tan natural que incluso los empleados que trabajaban cerca parecían ajustar sus movimientos de forma inconsciente al verlo pasar.
El asistente lo observó solo un instante, pero fue suficiente para que su mente registrara cada detalle una vez más. Su cabello oscuro ligeramente despeinado, la línea firme de su mandíbula mientras respondía algo en inglés al director financiero, la serenidad absoluta con la que avanzaba hacia el ascensor privado. Park presionó el botón, las puertas se abrieron como de costumbre pero antes de entrar, los ojos de su jefe recorrieron el piso con calma, hasta detenerse en Baekhyun.
No fue una mirada larga, ni siquiera particularmente significativa para cualquiera. Solo una comprobación rápida.
Baekhyun inclinó la cabeza con profesionalismo, Park respondió del mismo modo hasta que su cuerpo desapareció entre las dos puertas de metal que lentamente se deslizaron. El asistente mantuvo la vista fija en la pantalla unos segundos después de que el ascensor se cerrara, como si aquel breve cruce de miradas hubiera dejado una vibración imperceptible flotando a sus costados. Bajó los ojos hacia la tableta, repasó la lista de pendientes y encontró enseguida el punto que había quedado abierto en su conversación anterior: los documentos de Han Securities. Sin perder tiempo, se levantó de su asiento, tomó la carpeta correspondiente de su archivador lateral y caminó hacia el departamento legal con calma profesional.
Ya muchos de los empleados habían abandonado sus puestos y las luces artificiales proyectaban un brillo más frío sobre las superficies pulidas. Cuando dejó los documentos en manos del abogado responsable, Baekhyun explicó brevemente que el director ejecutivo requería revisión prioritaria antes de las seis. El abogado asintió con respeto, en aquella empresa nadie cuestionaba las solicitudes que llegaban a través de él.
El resto de la tarde transcurrió rápidamente. Había logrado responder alguno que otro correo pendiente, al igual que atender ciertas llamadas breves que confirmaban horarios para la semana siguiente. Sin embargo, mientras el edificio comenzaba a vaciarse poco a poco y la noche descendía sobre el distrito financiero de Seúl, un pensamiento persistía en el fondo de su mente con una constancia difícil de ignorar. Los documentos de Daesung Logistics seguían en su oficina, perfectamente preparados dentro de una carpeta azul oscuro, esperando ser llevados a la mansión de su jefe al día siguiente por la mañana, tal como él había indicado. Pero cada vez que Baekhyun repasaba mentalmente la agenda nocturna de Chanyeol, la reunión con los inversionistas japoneses, la probable cena posterior y las conversaciones que siempre se extendían hasta altas horas, la idea de esperar tanto le comenzaba a parecer algo innecesaria.
Sería más eficiente dejarlos esa misma noche ¿no?
La decisión terminó de formarse cuando el reloj marcó poco después de las nueve, el edificio estaba casi vacío, las luces de muchos despachos apagadas y el eco distante de los equipos de limpieza comenzaba a chocar en algunos pisos inferiores. Baekhyun aseguró la carpeta en su maletín, revisó por última vez que no quedara ninguna tarea pendiente y finalmente apagó la pantalla de su escritorio.
Mientras descendía por el ascensor hacia el estacionamiento subterráneo, una sensación extraña comenzó a instalarse en su estómago, no era exactamente nerviosismo pero tampoco simple anticipación. Debía admitir que era algo más complejo, una mezcla incómoda entre expectativa y conciencia de estar cruzando un límite que jamás había tocado antes.
El trayecto hasta la residencia de Park Chanyeol tomó cerca de treinta minutos. La mansión se encontraba en una zona residencial exclusiva, apartada del ruido constante del centro de la ciudad, donde las avenidas amplias y arboladas daban paso a propiedades privadas ocultas tras portones elegantes y jardines perfectamente mantenidos. Cuando Baekhyun detuvo el automóvil frente a la entrada principal, el silencio del lugar resultó casi intimidante. La casa era aún más imponente de lo que recordaba; una estructura moderna de piedra clara y vidrio oscuro, con líneas sobrias que reflejaban exactamente el mismo gusto simple que dominaba la oficina del CEO. No era la primera vez que Baekhyun estaba allí, había acompañado a su jefe en algunas ocasiones para entregar documentos o coordinar detalles domésticos con el personal. Pero siempre había sido durante el día, siempre con autorización directa, siempre dentro de los límites claros de su función laboral.
El portón electrónico se abrió tras introducir el código de acceso que conocía por razones administrativas. El vehículo avanzó lentamente por el camino de grava hasta detenerse frente a la entrada principal. Al bajar, el aire nocturno le golpeó el rostro con una frescura ligera que contrastaba con el calor que comenzaba a subirle por el cuello. Sus dedos ajustaron inconscientemente el nudo de su corbata mientras observaba la casa iluminada solo por algunas luces exteriores. Sabía que Chanyeol no regresaría hasta muy tarde, probablemente pasada la medianoche.
La llave giró en la cerradura con un sonido seco, al entrar la quietud del interior lo envolvió de inmediato. La casa estaba impecable, ordenada de pe a pa como todo lo perteneciente a Park Chanyeol. El vestíbulo se abría hacia una sala amplia de tonos neutros, donde muebles de diseño minimalista descansaban sobre alfombras claras y grandes ventanales mostraban el jardín posterior sumido en la oscuridad. Todo en aquel lugar parecía respirar la presencia de su dueño incluso en su ausencia; una masculinidad sobria, silenciosa, dominante sin necesidad de excesos.
Baekhyun dejó el maletín sobre una mesa lateral y caminó despacio por el pasillo que conducía al estudio. Su misión era simple: dejar los documentos y marcharse, nada más. Sin embargo, mientras avanzaba por aquella casa silenciosa, su pulso comenzó a acelerarse con una intensidad que le resultaba difícil de justificar. El estudio estaba exactamente como lo recordaba, una habitación amplia con estanterías llenas de libros técnicos y documentos corporativos, un escritorio de madera oscura perfectamente despejado y una lámpara encendida que proyectaba una luz cálida sobre la superficie. Depositó la carpeta de Daesung Logistics en el centro del escritorio con cuidado, alineándola instintivamente para que quedara paralela al borde de la mesa.
La tarea ya estaba terminada.
Sus pasos lo llevaron por el pasillo interior con una lentitud cada vez mayor, como si su propio cuerpo se resistiera a abandonar el lugar. Cuando se detuvo frente a la puerta del dormitorio principal, su estómago se contrajo de una forma extraña, una mezcla de culpa y deseo que le hizo tragar saliva antes de siquiera tocar el picaporte. Aquella habitación pertenecía a un territorio que jamás había cruzado.
La puerta se abrió con suavidad. El dormitorio era amplio, dominado por una cama grande cubierta con sábanas blancas impecables. Una lámpara tenue iluminaba parte de la habitación, suficiente para revelar el orden casi obsesivo que caracterizaba todo lo relacionado con Chanyeol. El armario ligeramente entreabierto, una silla donde descansaba una chaqueta, el aroma sutil que impregnaba el aire, una mezcla profunda de madera, colonia masculina y algo indefiniblemente cálido que hizo que Baekhyun cerrara los ojos un segundo.
Su corazón empezó a latir más fuerte, se acercó a la cama casi sin darse cuenta, sus dedos rozando la superficie de la tela como si estuviera comprobando que todo aquello era real. El olor era más intenso allí, atrapado entre las sábanas, impregnando la almohada donde Chanyeol apoyaba la cabeza cada noche. Aquella simple proximidad fue suficiente para que una oleada de calor le subiera por el cuello hasta las orejas. Cuando volvió a mirar hacia el armario abierto, el impulso lo sorprendió incluso a él mismo.
Se acercó lentamente, tomó una de las camisas que colgaban en el interior, una blanca, amplia, claramente perteneciente a un cuerpo mucho más grande que el suyo, y la sostuvo entre los dedos durante un momento que pareció demasiado largo. El tejido aún conservaba el aroma familiar que tantas veces había percibido de cerca en la oficina.
Antes de pensarlo demasiado, se la colocó. No tardó nada en desvestirse, la tela cayó sobre su cuerpo casi desnudo de forma holgada, las mangas largas cubriendo parte de sus manos. Baekhyun respiró hondo, el olor de Chanyeol envolviéndolo por completo ahora, pegándose a su piel con una intensidad que hizo que su cabeza se inclinara ligeramente hacia atrás.
Cuando finalmente se dejó caer sobre la cama, la sensación fue abrumadora. El colchón cedió bajo su peso y el aroma masculino se volvió todavía más fuerte, rodeándolo por completo. Sus mejillas estaban encendidas, su respiración irregular mientras su mente comenzaba a llenarse de imágenes que llevaba demasiado tiempo reprimiendo. Pensamientos donde la presencia de Chanyeol ocupaba todo el espacio posible, su figura inclinándose sobre él, las manos grandes sujetándolo con una seguridad casi brutal, la gravedad de su voz cayendo cerca de su oído. Baekhyun se llevó una mano al rostro ocultando parte de su expresión, su mente era un caos y ahora su cuerpo también.
En medio de aquella mezcla peligrosa de vergüenza, deseo y fascinación, solo podía pensar en una cosa: estaba en la cama de Park Chanyeol, respirando su olor y deseando cosas que jamás se había permitido admitir en voz alta.
Baekhyun permaneció tendido durante varios segundos sin moverse, como si el simple hecho de respirar dentro de aquella habitación ya fuese una transgresión suficiente. Su rostro era el verdadero campo de batalla de todo aquello, sus mejillas estaban profundamente encendidas, teñidas de un rojo que ascendía hasta las orejas y una fina capa de sudor empezaba a formar pequeñas perlas brillantes en su frente. No era abundante, sino un brillo ligero que despertó después de contener esa emoción intensa instalada en su pecho. Sus labios permanecían entreabiertos, la respiración escapando en intervalos irregulares mientras sus ojos se entrecerraban lentamente, reducidos a una línea oscura que apenas dejaba ver el brillo húmedo que se acumulaba en ellos.
El aroma de Chanyeol parecía filtrarse en cada rincón de su conciencia. No era una fragancia simple, ni algo que pudiera definirse con facilidad. Había algo cálido en ella, algo profundo que mezclaba la madera de su colonia con el rastro más tenue de su propia piel, una masculinidad tranquila que ahora envolvía a su asistente por completo. La camisa que llevaba puesta retenía ese olor con una intensidad casi indecente y cada vez que respiraba más hondo sentía cómo su tórax se expandía con una mezcla de placer y vértigo. Sus manos se movieron inquietas sobre las sábanas, recorriendo la tela blanca con un gesto inconsciente, como si necesitara anclarse a algo físico para no perderse por completo dentro de las imágenes que comenzaban a arremolinarse en su cabeza.
Su rostro era una contradicción constante. Por momentos fruncía el ceño ligeramente, como si una parte de su mente estuviera intentando recuperar el control, recordándole con una voz distante que aquello no estaba bien. Que se encontraba en la casa de su jefe, en su habitación privada, vistiendo su ropa y respirando el mismo aire que él respiraba al dormir. Era un límite que jamás debería haber cruzado. Baekhyun lo sabía con una claridad absoluta, y sin embargo ese mismo conocimiento parecía tener cada vez menos peso frente a la fuerza del deseo que le recorría el cuerpo. Su lengua pasó lentamente por su labio inferior todavía marcado por la mordida anterior, y el simple gesto hizo que cerrara los ojos un instante más largo de lo necesario.
─ Esto no está bien ─ murmuró para sí mismo, apenas un hilo de voz perdido en la quietud de la habitación.
Pero incluso mientras lo decía, su cuerpo no reaccionaba como debería. No había prisa por levantarse, ni urgencia por abandonar aquel lugar antes de que alguien pudiera verlo. Al contrario, cada músculo parecía hundirse un poco más en el colchón, como si la cama misma lo atrapara con suavidad. El calor que subía desde su pecho hasta su cuello se mezclaba con todo y aquello nublaba sus pensamientos con una intensidad casi absurda. Sus manos se movieron nuevamente, inquietas, recorriendo el borde de la tela demasiado grande que llevaba puesta, rozando distraídamente la prenda hasta su emergente pene, mientras su respiración volvía a volverse irregular.
Había algo casi vertiginoso en imaginar a Chanyeol dentro de esa misma habitación. Baekhyun conocía demasiado bien los gestos de su jefe, la forma en que se quitaba el saco al final de una jornada larga, la manera en que se arremangaba las mangas cuando se concentraba en un documento importante. Y ahora su mente comenzaba a reconstruir esas imágenes dentro de aquel espacio íntimo. Podía verlo cruzando esa puerta después de un día agotador, aflojándose el nudo de la corbata con un gesto distraído, caminando hacia el armario para cambiarse de ropa antes de dormir. El simple pensamiento provocó que el estómago de Baekhyun se contrajera con una mezcla de vergüenza y excitación tan intensa que tuvo que llevarse una mano al rostro durante un momento.
Lo más inquietante era comprender que aquella pérdida de control no era nueva. El profesionalismo de Byun Baekhyun había sido siempre impecable dentro de Park Holdings, casi legendario entre los empleados que trabajaban cerca de la oficina del director ejecutivo. Nadie habría imaginado jamás que detrás de aquella compostura perfecta existía un territorio mucho más inestable. Pero cuando se trataba de Chanyeol, cuando se encontraba a solas con algo que le pertenecía, esa disciplina férrea parecía agrietarse con una facilidad alarmante. Era como si toda la estructura cuidadosamente construida de su autocontrol empezara a desmoronarse en cuanto se encontraba frente a las huellas más íntimas de la vida de aquel hombre.
Y ese lugar, en aquel dormitorio en particular, era la evidencia más clara de ello.
El sitio donde Chanyeol dormía cada noche, donde seguramente caminaba descalzo por las mañanas antes de vestirse para ir a la empresa, donde podía pasear libremente sin la máscara pública que usaba frente al mundo. La simple idea de imaginarlo moviéndose con naturalidad, tal vez recién salido de la ducha con el cabello aún húmedo y su cuerpo completamente desnudo antes de ponerse una camisa limpia, fue suficiente para que una nueva oleada de calor recorriera el cuerpo de Baekhyun.
Sin embargo, algo dentro de él empezó a punzarle con descuido, una inquietud que crecía bajo su piel. Permanecer allí hundido en la cama de su jefe, respirando el olor de sus sábanas, había dejado de ser suficiente. Era como si su cuerpo necesitara moverse, escapar de la intensidad de ese espacio antes de que la conciencia regresara por completo y lo obligara a enfrentar lo que estaba haciendo.
Por ello se incorporó con lentitud. La camisa blanca cayó alrededor de su torso desnudo y blanquecino, frotando sus pezones con cierta suavidad, las mangas largas cubrieron sus manos por completo mientras el borde inferior rozaba apenas la parte superior de sus muslos. Durante un segundo se quedó sentado en el borde de la cama, respirando más hondo de lo necesario, como si tratara de ordenar las emociones que seguían agitándose dentro de su pecho. El calor persistía en toda su cabeza, descendiendo lentamente hacia el resto de su cuerpo con una intensidad que le resultaba excitante.
Se levantó de ahí, sus pies descalzos tocaron el suelo frío del dormitorio, provocándole un ligero escalofrío que recorrió su espalda. La sensación contrastaba con el calor que seguía ardiendo en su interior, y esa mezcla extraña terminó empujándolo hacia la puerta. Salió al pasillo con pasos largos, avanzando por la casa con la misma cautela con la que había entrado, aunque ahora su mente estaba demasiado lejos de cualquier pensamiento racional.
Cuando llegó a la sala principal, la única fuente de luz provenía de la chimenea encendida que iluminaba el espacio con reflejos anaranjados que se deslizaban lentamente por las paredes. El fuego crepitaba con un sonido bajo y constante, proyectando sombras que se movían con pereza sobre los muebles elegantes y las superficies de piedra clara. Frente a la chimenea se extendía una alfombra amplia, de textura espesa, un contraste suave contra el mármol pulido del resto del suelo.
Baekhyun se detuvo unos segundos observando el fuego.
El calor que emanaba de las llamas acariciaba su piel nívea con una suavidad casi hipnótica, intensificando la temperatura que ya se acumulaba bajo su piel. Respiró hondo otra vez, sintiendo cómo ese aire tibio se mezclaba con el aroma persistente de la prenda que llevaba puesta. Luego, casi sin pensar, caminó hacia la alfombra.
Se dejó caer allí con un movimiento torpe, su cuerpo finalmente cediendo a una presión demasiado prolongada. El tejido suave recibió su peso con docilidad y durante un instante simplemente permaneció acostado boca arriba, mirando el techo alto de la sala mientras la luz del fuego dibujaba sombras inquietas sobre su rostro. El calor de la chimenea comenzó a envolverlo lentamente.
Estaba semi desnudo, tenía parte de su pecho al descubierto, permitiendo que ese calor se deslizara sobre su tegumento con intensidad. Su respiración empezó a acelerarse otra vez, no por el esfuerzo sino por algo mucho más primitivo que crecía dentro de él. Sus dedos se movieron primero sobre su propio torso, recorriendo distraídamente la piel caliente de su abdomen, ascendiendo por su ombligo con una lentitud que parecía explorar cada sensación con una atención nueva.
Cerró los ojos, el fuego crepitaba cerca, el aire tibio rozaba su piel y su jefe seguía impregnándolo todo, era demasiado.
Sus manos continuaron moviéndose sin que su mente interviniera realmente, recorriendo su propio cuerpo con una mezcla de curiosidad y necesidad acumulada. La tela de la camisa se deslizó ligeramente hacia un lado cuando sus dedos descendieron otra vez por su torso, tocando esta vez un poco más, deteniéndose sobre la creciente erección que se formaba entre sus piernas. Su pene chorreando apenas bajo la fina prenda que lo cubría, en contraste total con su agujero que lubricaba con facilidad mientras trazaba largos lienzos sobre el conglomerado de músculos, su ropa interior estaba empapada y no hacía más que estorbar.
Baekhyun soltó un suspiro tembloroso cuando se deciso finalmente por arrojar su bóxer por ahí, arqueando ligeramente la espalda sobre la alfombra mientras su mano se cerraba finalmente alrededor de su verga enrojecida. La presión de sus falanges provocó una reacción inmediata, un estremecimiento que recorrió todo su cuerpo con una intensidad que le arrancó un jadeo ahogado.
Los sonidos escapaban de su garganta antes de que pudiera detenerlo. Los dedos de sus pies se crispaban sobre si mismos, sus mejillas nuevamente encendidas y sus ojos cerrados con fuerza mientras su mente se llenaba nuevamente de imágenes que ya no intentaba frenar.
Pensamientos donde Chanyeol metía su miembro en cada espacio posible, donde profanaba su boca y lo alimentaba directamente desde la base . Su voz grave muriendo en su oido, sus manos firmes sujetándolo con esa seguridad que siempre transmitía incluso en los gestos más simples.
La camisa blanca se había abierto más, dejando su torso expuesto al calor de las llamas mientras su cuerpo comenzaba a moverse sobre la alfombra con una urgencia exasperante. Su respiración se volvió más rápida, más profunda, cada movimiento de su mano enviando nuevas oleadas de placer que se acumulaban peligrosamente en su pecho.
Estaba completamente perdido en la acción de meter uno de los dedos en su orificio palpitante, se sentía loco mientras apretaba su índice con fascinación, tan perdido y desesperado dentro de aquella sensación que no escuchó el sonido del portón exterior abriéndose.
Sus ojos apretados mientras desprendia nueva sangre de su labio inferior tras aprisionar con agresividad para diluir alguno que otro gemido demasiado descarado. Baekhyun dejaba caer el pulgar por encima de su cabeza hinchada, demasiado concentrado como para notar que la luz del vestíbulo se había encendido de golpe.
El ruido de varios pasos irrumpió en la estancia al mismo tiempo, solo ahí Baekhyun abrió los ojos. El corazón pegándose a su garganta cuando su mundo entero se detuvo.
En la entrada de la sala se encontraba Park Chanyeol. Detrás de él, dos agentes de policía y un par de hombres de la empresa de seguridad privada que administraba el sistema de la casa observaban la escena con expresiones que oscilaban entre la sorpresa y la absoluta incredulidad. Durante un segundo nadie habló, la imagen frente a ellos era demasiado absurda para ser procesada con rapidez, Baekhyun tendido sobre la alfombra frente a la chimenea, la camisa blanca de Chanyeol abierta sobre su cuerpo desnudo, su mano aún cerrada alrededor de su propio miembro, sus mejillas completamente rojas mientras su respiración seguía agitada.
Pero lo peor, cuando su cuerpo se tensó por el sobresalto sus piernas se abrieron ligeramente por reflejo. Y la luz de la sala iluminó sin pudor el ángulo de su cuerpo, su entrada jugosa expuesta directamente hacia la puerta. En dirección a su jefe.
El grito de Baekhyun rompió finalmente el silencio, se incorporó de golpe, soltándose torpemente mientras trataba de cubrirse con la camisa demasiado grande, sus manos moviéndose con desesperación para ocultar cualquier cosa que aún quedara expuesta. Su rostro estaba completamente rojo, sus ojos abiertos con una mezcla de terror absoluto y vergüenza devastadora. Chanyeol no se movió, simplemente lo miró durante un segundo demasiado largo.
Sus ojos recorrieron la escena con una calma inquietante, procesando cada detalle con la misma lucidez fría con la que analizaba contratos millonarios en su despacho.
Su camisa, la alfombra, el estado de Baekhyun, un agujero chorreante.
─ Señor Park, recibimos una alerta del sistema de seguridad sobre actividad dentro de la propiedad y... ─ el designado bajo la empresa de seguridad por fin rompió el hielo.
─ Es suficiente ─ la voz de Chanyeol lo interrumpió con un sosiego que resultó aún más intimidante. Sus ojos aún sobre Baekhyun ─ No será necesario continuar con esto.
El agente frunció el ceño.
─ Señor, el sistema registró acceso no autorizado y cuando llegamos...
Park finalmente apartó la mirada de la bola de nervios que se disolvio en espasmos, para observar al policía, la temperatura de la sala descendiendo varios grados.
─ Dije que no será necesario ─ el tono seguía siendo bajo.
Otro de los hombres de la empresa se aclaró la garganta.
─ Señor, el sistema detectó movimiento dentro de la casa y considerando que las cámaras no están funcionando correctamente pensabamos que...
─ Lo que pensaron ─ lo interrumpió el magnate ─ Ya no es relevante, pueden retirarse ─ declaró por última vez el dueño de la casa.
El policía dudó.
─ Con todo respeto, necesitamos confirmar la identidad del individuo dentro de la propiedad antes de...
Fue entonces cuando Chanyeol giró completamente hacia él con su expresión brincando entre la furia y la frialdad ─ ¿Confirmar la identidad?
El agente vaciló.
─ Es protocolo, señor.
Chanyeol lo observó durante un segundo que se sintió demasiado largo. Luego habló ─ Es mi esposo.
La sala quedó completamente en silencio. Incluso el fuego de la chimenea pareció crepitar más despacio. Baekhyun se quedó congelado donde estaba, sosteniendo torpemente la camisa contra su cuerpo mientras su mente trataba de procesar lo que acababa de escuchar. Uno de los policías parpadeó.
─ ¿Esposo?
La mirada de Chanyeol se volvió afilada ─ Así es ─ el agente carraspeó ─ Ahora, agradecería que abandonaran mi casa.
El otro policía intercambió una mirada rápida con el primero, claramente incómodo.
─ Entendemos, pero el sistema registró lo que parecía ser un forcejeo con el panel de seguridad y considerando que...
─ Lo que ustedes creen haber visto en mi sistema de seguridad no les da permiso para irrumpir en mi casa y observar a mi esposo en un momento privado.
El conjunto de policías desistió cuando los ojos del magnate se endurecieron de una forma que ninguno de ellos esperaba encontrar al final de una simple verificación de seguridad. No fue un estallido de ira descontrolado ni un grito que llenara la habitación; fue algo mucho más inquietante, algo que se acumula en silencio, como una tormenta que todavía no descarga pero que ya ha oscurecido todo el cielo.
Durante unos segundos nadie dijo nada, el agente que había intentado continuar con el protocolo abrió la boca como si pensara responder pero se detuvo antes de pronunciar una sola palabra. La presencia de Chanyeol llenaba la sala con una autoridad tan sólida que resultaba difícil sostenerle la mirada sin sentirse incómodo. Incluso los hombres de seguridad, que minutos antes habían entrado convencidos de estar manejando una intrusión real, comenzaron a evitar sus ojos, comprendiendo demasiado tarde que habían cruzado un límite que aquel hombre no estaba dispuesto a tolerar.
Chanyeol dio un paso hacia adelante, el movimiento fue mínimo, pero bastó para tensar el ambiente de inmediato. La luz de la chimenea alcanzó parcialmente su rostro, dibujando sombras duras en los ángulos de su expresión. Sus manos permanecían relajadas a los lados del cuerpo, aunque la rigidez en sus hombros dejaba claro que esa calma era apenas una capa delgada sobre algo mucho más intenso. Cuando volvió a hablar, su voz descendió un poco más, volviéndose aún más firme.
─ He sido bastante claro.
Las palabras no fueron pronunciadas con violencia, pero cada sílaba cayó en la sala con un peso innegable. Era la voz de alguien acostumbrado a que sus órdenes no se discutan, de alguien que no necesitaba repetir dos veces lo mismo para ser entendido.
El policía intercambió una mirada rápida con su compañero. Ambos parecieron llegar a la misma conclusión al mismo tiempo.
─ Entendido ─ dijo finalmente el agente carraspeando con cierta rigidez antes de enderezar la espalda ─ Lamentamos la interrupción.
Uno de los hombres de seguridad inclinó ligeramente la cabeza, claramente incómodo.
─ Fue un malentendido con el sistema.
Chanyeol no respondió, simplemente los observó con esa misma expresión fría mientras comenzaban a retirarse hacia el vestíbulo. Ninguno de ellos volvió a mirar hacia la alfombra donde Baekhyun permanecía inmóvil, envuelto torpemente en la camisa blanca. El silencio se hizo más pesado con cada paso que los visitantes daban hacia la salida, como si todos estuvieran demasiado conscientes de que lo más prudente era abandonar la casa sin añadir una sola palabra más.
La puerta principal se cerró con un sonido seco, el eco de ese golpe resonó brevemente en el espacio amplio de la mansión antes de que el silencio volviera a instalarse por completo.
Entonces Chanyeol exhaló despacio, la tensión en sus hombros no desapareció pero su postura se relajó lo suficiente como para dejar claro que la escena anterior había terminado. Durante un segundo permaneció de espaldas, mirando hacia la puerta cerrada, como si se asegurara de que realmente estaban solos otra vez.
Solo entonces giró, sus ojos encontraron a Baekhyun y la intensidad de esa mirada fue, de algún modo, todavía peor que la furia que había mostrado frente a los policías.
─ Señor Park.
La voz de Baekhyun salió apenas por encima de un susurro, quebrada por una mezcla insoportable de vergüenza y pánico. Aún sostenía la camisa contra su cuerpo como si fuera lo único capaz de protegerlo de la mirada del hombre que tenía enfrente. No se atrevía a levantar los ojos por completo, aunque sabía perfectamente que Chanyeol lo estaba observando, podía sentirlo. Esa atención pesada que caía sobre él con una intensidad casi física, como si cada segundo que pasaba en silencio lo expusiera un poco más.
Park no dijo nada por un instante, solo avanzó unos pasos dentro de la sala con calma tratando de dominar su propio enojo, el eco suave de sus zapatos sobre el mármol rompiendo la quietud que había quedado tras la salida de los policías. La luz de la chimenea lo alcanzó de nuevo, dibujando sombras firmes en su rostro, endureciendo aún más la expresión que había mantenido desde que entró en la casa.
Cuando se detuvo frente a Baekhyun, la distancia entre ellos ya no era grande. Solo ahí lo observó de arriba abajo.
La camisa abierta, demasiado grande para su cuerpo. El cabello alborotado. Sus mejillas todavía rojas por la vergüenza, la forma torpe en que trataba de cubrirse con una prenda que claramente no estaba hecha para ocultar nada. Un silencio pesado volvió a caer entre ambos.
─ Explícame ─ dijo con voz baja, lo que empeoraba todo ─ Explícame ─ repitió lentamente ─ Por qué mi asistente personal está en mi casa, usando mi ropa, forzando el panel de seguridad de la habitación y tendido en el suelo de mi sala a está hora.
Baekhyun sintió que el calor volvía a subirle al rostro con violencia ─ Yo... ─ intentó hablar, pero la voz se le quedó atrapada en la garganta.
Chanyeol inclinó apenas la cabeza ─ Te escucho.
─ Las cámaras señor ─ logró decir finalmente, obligándose a sostener al menos parte de la mirada del otro ─ Mañana usted tiene la reunión con los inversionistas y tenía que traer unos documentos cuando supe que el sistema estaba fallando pensé que era mejor venir esta noche y...
Su voz se debilitó antes de terminar, porque incluso para él mismo aquella explicación sonaba ridícula frente a la escena en la que lo habían encontrado.
Chanyeol lo observó durante varios segundos más, luego soltó una risa breve.
─ ¿Esa es tu explicación?
El asistente no respondió, Chanyeol lo miró un segundo más, como si evaluara algo que solo él podía ver.
Después habló otra vez.
─ Bien ─ dio medio paso atrás ─ Entonces tenemos dos problemas.
Byun lo miró con desconcierto. Chanyeol lo señaló ligeramente con la barbilla ─ Primero, entraste a mi casa sin permiso. Y segundo ─ sus ojos se entrecerraron apenas ─ Acabo de decirle a cuatro personas que eres mi esposo.
El silencio volvió a llenar la sala, Baekhyun sintió que el corazón se le detenía, Chanyeol lo sostuvo con la mirada unos segundos más antes de añadir con absoluta tranquilidad ─ Así que, Byun Baekhyun.
Sus labios se curvaron apenas.
─ Será mejor que empecemos a decidir qué vamos a hacer con eso.