Capítulo 1: Reencuentro Inesperado
La brisa cálida de Costa Rica acariciaba el rostro de Sai De Acosta mientras observaba el mar desde el balcón de su lujosa villa en Tamarindo.
Dieciséis años habían pasado desde la muerte de Alessandro, y aunque el tiempo había cicatrizado algunas heridas, el dolor aún palpitaba en su corazón.
Ahora, como líder indiscutible de una facción de la mafia costarricense en Sudamérica, Sai había construido un imperio para proteger a sus hijos, de dieciocho y dieciséis años, herederos de un legado peligroso.
—Pensar que hace dieciséis años nacía nuestro pequeño hijo… Alessandro, te extraño demasiado. Tu ausencia en nuestras vidas es dolorosa. Desearía que hubieras estado en cada paso de tus hijos. Email… Shawn… crecieron sin tu presencia, sin tu amor… —
Los pecados cometidos durante tu ausencia… desearía borrarlos.
Me estremezco al recordar la frialdad de tus besos.
Cuánta falta me haces.
Alessandro… ¿por qué?
—Mamá, ¿qué haces? Te estaba buscando hace horas. —
Volteé hacia atrás… y me arrepentí de inmediato de mis pensamientos.
El pecado que cometí después de tu muerte… Es esta preciosura de ojos marrones, a quien tanto amo.
Mi hija, Sharley.
—Disculpa, mi amor. Estaba tomando aire —la estreché entre mis brazos.
Esta pequeña niña es fruto de mi relación con mi guardaespaldas, Richard Martínez.
Sucedió dos años después de tu partida.
Y aunque diga que me arrepiento… no lo hago de haberla tenido.
Ella es perfecta, de pies a cabeza.
Si estuvieras vivo… solo querrías que fuera feliz.
Richard apareció detrás de ella.
— ¿Todo bien? ¿Necesitas más tiempo? —
Negué con la cabeza.
Mirarlo después de pensar en Alessandro es complicado. No quiero que note cuánto lo sigo amando.
— Está bien. Andando, debemos hacer nuestra gran entrada. —
Mi hija entrelazó su brazo con el mío.
Sharley tiene catorce años.
Es mi hija, la hermana menor de Email y Shawn.
La preciosa hija de Richie… la sobrina de los hombres que nos protegen las veinticuatro horas del día.
Esta noche tenemos una celebración con socios importantes de nuestra organización.
Los Príncipes de la Mafia.
Soy la socia mayoritaria. También están Alessandra Kingman, la hermana gemela de Alessandro, y mi hermano Sainth. Éramos cuatro… pero tras la muerte de Alessandro, su parte quedó en mis manos.
Alessandro tenía un hijo fuera de nuestro matrimonio.
Nunca supo de su existencia.
Cuando lo descubrí… quise eliminarlo.
Pero al conocerlo… me enamoré de él.
Era un reflejo de Alessandro.
Convencí a Roberth de quedármelo y registrarlo como mío.
Así nació Email Mason Kingman De Acosta.
Ahora soy la orgullosa madre de dos príncipes herederos de la mafia.
Uno de dieciocho años, de bondad sublime.
Otro de dieciséis, con un deseo ardiente de conquistar el mundo.
Ambos son mi todo.
Sacudí la cabeza, alejando los recuerdos.
Esta noche debía enfocarme en los que están conmigo.
— Hagámoslo. Esta noche solo nos queda disfrutar. —
Descendimos por las lujosas escaleras de la mansión.
Los aplausos nos recibieron.
Entre los presentes estaban socios internacionales, incluidos los Sarratore de Italia.
— Gracias por asistir. Esta noche celebramos nuestros logros. Somos la facción más fuerte de Sudamérica — levanté mi copa — Brindemos por nuestra grandeza. —
Las copas se alzaron.
Me acerqué a mi padre.
Shane De Acosta. El rey de la mafia.
— La princesa más bella del mundo… es mi hija, ¿cierto? —
Lo abracé.
— Papá, te extrañé. ¿Dónde está Shawn? —
— En una habitación. Está de mal humor. — Suspiré.
Sharley apareció. — Abuelo, estás muy guapo. —
Sonreí.
Entonces lo vi.
Email.
Me acerqué y lo abracé por detrás.
— Mi príncipe… te extrañé. —
— Mamá, estás hermosa — besó mi mejilla.
Richie intervino. — Esta noche está más bella que nunca. —
— Exageran. — respondí.
Entonces llegó Alessandra.
Mi mejor amiga.
Mi socia.
La copia viva de Alessandro.
Nos abrazamos.
— Tenemos que hablar — susurró.
Nos apartamos.
Sacó una fotografía.
— El socio de Chechenia desertó. —
— Lo sé. No habrá pérdidas. —
— ¿Sainth lo sabe? —
— Mañana lo hablaremos. Pero tengo claro el siguiente paso… —La miré fijamente. — El fin de la mafia rusa. —
Alessandra sonrió.
— Eso quería oír. —
La fiesta continuó.
Hasta que… Lo vi.
Mi corazón se detuvo.
Alessandro.
— Eres idéntico a él… — susurré.
Pero no.
Era Shawn.
Mi hijo.
Quise acercarme, pero Dominic me detuvo.
— Señora, es urgente. —
Fuimos a una habitación privada.
— ¿Qué pasa? —
— Recibimos información desde Sicilia… — Me mostró una foto.
Mis manos temblaron.
Era él.
Alessandro.
Pero… distinto.
Sin cicatriz.
Con una mirada… vacía.
— Podría ser otro hombre — dijo Dominic.
— No lo es — susurré — Es él. — Respiré hondo. — Nadie debe saberlo. Prepara un vuelo. Mañana viajamos. —
Luego volví con Shawn.
Lo abracé con fuerza.
— Te amo más que a nada. —
— No creo haber tenido el placer… soy Shawn Kingman De Acosta. —
Mi mundo se quebró.
Alessandro está vivo.
¿Y ahora cómo le digo a nuestro hijo… que su padre nunca murió?
— Lo siento, cariño… —
Acaricié su mejilla.
Sus ojos.
Los mismos ojos de Alessandro.
— Mamá, tranquila. Te extrañé — me abrazó — No quiero alejarme de ti. —
Sonreí.
Porque sé que sus palabras son reales.
Shawn es mi hijo.
El fruto de nuestro amor.
Sai De Acosta Hierro🖤








