Capítulo 1
Wang Yibo y Xiao Zhan se encontraban en el aeropuerto, maletas en mano, listos para su tan esperada luna de miel. La habían pospuesto durante tres años debido al trabajo de Yibo en el DIP (Departamento de Investigación Penal o División de Investigación Criminal).
Mientras esperaban en la fila para abordar, el teléfono de Yibo sonó.
Zhan lo miró con súplica, deseando que no contestara, pero ambos sabían que, por su trabajo, no podía ignorar una llamada.
—Lo siento —dijo Yibo mientras sacaba el teléfono.
Como temían, era el agente Lee.
—Wang, tenemos un caso. Sé que Xiao Zhan querrá matarnos, pero necesitamos que vuelvas a la oficina —dijo Lee, y la urgencia en su voz era evidente.
—Entiendo —respondió Yibo antes de cortar la llamada.
—¿Qué pasa? —preguntó Zhan, frunciendo el ceño.
—Un caso —respondió Yibo acercándose a su esposo—. Lo siento, amor. Tendremos que posponer el viaje un poco más.
Xiao Zhan asintió con tristeza.
—Está bien. Esto es más importante.
Tomó sus cosas y caminó hacia la salida del aeropuerto.
Yibo lo siguió rápidamente y lo abrazó por detrás.
—Lo siento, Zhan. Prometo que te compensaré.
Zhan se volteó para mirarlo con una dulce sonrisa que siempre lograba derretir el corazón del serio y frío agente Wang.
—No hay problema, amor. Es mi culpa por tener un esposo tan excelente.
Se acercó y besó suavemente los labios de Yibo antes de tomarlo de la mano.
—Vamos, cariño. Tienes que atrapar a los malos.
Yibo llegó a las oficinas del DIP todavía con una sensación de frustración en el pecho.
El agente Lee lo esperaba en su escritorio, con varias carpetas extendidas frente a él.
—Wang, gracias por venir tan rápido —dijo Lee, levantándose de su silla—. Espero que Xiao Zhan no esté demasiado molesto.
—No hay problema. Él es muy comprensivo, ya lo conoce —respondió Yibo mientras se sentaba frente al escritorio—. ¿Qué tenemos?
Lee abrió una de las carpetas y deslizó los archivos hacia él.
—Posible asesino serial. Diez víctimas hasta el momento, en un lapso de tres años. Todas en Chongqing.
Yibo levantó la mirada, sorprendido.
—¿Tres años? ¿Por qué no supimos de esto antes?
Mientras hablaba, comenzó a hojear los informes.
—Ese es el problema —respondió Lee—. Nadie se dio cuenta. Todas las muertes parecían accidentes. Las víctimas no se conocían entre sí y no tenían nada en común… o eso creíamos.
Le pasó otra carpeta antes de continuar.
—Todos tenían denuncias por violencia familiar, pero ninguno fue arrestado por ello.
Yibo frunció el ceño mientras analizaba la información.
—Entonces el asesino los está seleccionando.
Puede que haya sufrido maltrato en su familia y ahora se vea a sí mismo como una especie de justiciero.
Lee asintió lentamente.
—Eso pensamos. El problema es que esta persona es extremadamente astuta. Cada escena está limpia, perfectamente preparada. Nunca deja una sola pista. Por eso la policía creyó durante años que todas las muertes eran simples accidentes.
El agente Lee se levantó y comenzó a caminar por la oficina mientras continuaba hablando.
—Las edades de las víctimas varían, y también la causa de las muertes. Por lo general, los asesinos en serie siguen siempre el mismo patrón con todas sus víctimas. Pero este caso es diferente. No solo selecciona cuidadosamente a sus objetivos, también los estudia. Conoce cada uno de sus movimientos y utiliza los lugares que frecuentan o sus propias rutinas para que las muertes parezcan accidentes.
Lee se detuvo por un momento antes de continuar.
—Nunca había visto algo así. Por eso creemos que podría haber más víctimas… víctimas que ni siquiera sabemos que lo son.
Yibo permaneció en silencio unos segundos mientras observaba las fotografías de las víctimas.
Accidentes domésticos. Caídas desde escaleras. Intoxicaciones. Incluso un incendio provocado por una supuesta falla eléctrica.
Todo parecía normal… demasiado normal.
—¿La policía local sigue creyendo que fueron accidentes? —preguntó finalmente.
—Hasta hace dos semanas —respondió Lee—. Uno de los detectives empezó a sospechar cuando revisaba archivos antiguos de violencia doméstica. Fue entonces cuando notó que varias de esas personas habían muerto en circunstancias… convenientes.
Yibo cerró la carpeta lentamente.
—Diez víctimas en tres años —murmuró—. Y nadie vio nada.
Lee volvió a sentarse frente a él.
—Por eso necesitamos que te encargues del caso. Si alguien puede encontrar un patrón en todo esto, eres tú.
Yibo no respondió de inmediato. Volvió a abrir la carpeta y miró otra vez los informes.
Había algo en esas muertes que no terminaba de encajar.
Demasiada precisión.
Demasiado control.
Esto no era obra de alguien impulsivo.
Era alguien paciente.
Alguien que llevaba años observando.
Yibo levantó la mirada.
—Quiero todos los expedientes completos. Informes policiales, autopsias, fotografías de las escenas… todo.
Lee asintió.
—Ya lo imaginaba. Te enviaré acceso a la base de datos.
Yibo tomó la carpeta principal y se levantó de la silla.
En ese momento aún no lo sabía…
pero ese caso estaba a punto de cambiar su vida para siempre.