Capítulo 1
El Gran Salón, iluminado por el cielo artificial que imita una noche clara y profunda, deslumbraba ante la cena de inicio de curso. Las estrellas falsas brillaban con una calma engañosa sobre las largas mesas repletas de comida, proyectando destellos plateados sobre las copas y los platos rebosantes.
El quinto año de Harry empezaba con una cena entre amigos y compañeros, entre conversaciones cruzadas, carcajadas jóvenes y el tintinear constante de cubiertos contra la vajilla.
El aire estaba impregnado con el olor de pan recién horneado, carne asada y especias dulces. Las velas flotantes danzaban lentamente sobre sus cabezas, proyectando sombras alargadas que se deslizaban por las paredes de piedra del castillo.
Los profesores, en lo alto del salón, platicaban amenamente entre ellos. Incluso aquel que se mantenía callado en la mayoría de las cenas parecía participar, aunque fuera con comentarios breves y miradas evaluadoras que se perdían entre el alumnado.
—¿Cómo fueron tus vacaciones, Harry? —la chillona voz de Ginny inundó la mesa con una energía difícil de ignorar—. Qué lástima que no pudiste estar con nosotros.
Harry levantó la vista de su plato. La luz de las velas se reflejaba débilmente en sus gafas redondas.
—Sí, bueno, ya saben… no hice la gran cosa. Solo me mantuve en casa, aunque estuve probando nuevos hechizos.
Hermione levantó la cabeza de inmediato, su expresión sentándose con esa mezcla familiar de preocupación y autoridad.
—Sabes que no podemos hacer magia fuera de Hogwarts —la reprimenda de Hermione lo hizo rodar los ojos con fastidio—. Podrían expulsarte.
Harry soltó una respiración corta, apoyando el codo sobre la mesa.
—Sí, sí, sí, ya lo sé —le restó importancia a la reprimenda, moviendo una mano con desdén. No se sentía de humor para tratar de arreglar algo—. Pero aquí sigo.
—Qué malo eres, Harry —la sonrisa risueña de la pelirroja menor lo hizo formar una mueca de disgusto—. Nos preocupamos mucho por ti, no escribiste.
La acusación quedó flotando en el aire entre ellos.
Harry apartó la mirada hacia su plato.
—No era que pudiera.
Las pláticas siguieron, los alumnos probaban comida con unas ansias casi animales después del viaje en tren y de las largas horas de espera, las jarras se vaciaban y volvían a llenarse, las risas estallan en diferentes puntos del Gran Comedor formando un ambiente ameno, casi encantador.
Era el tipo de escena que parecía inmutable, era la normalidad perfecta de Hogwarts.Pero algo había cambiado,fue apenas perceptible al principio, un destello azulado brilló desde el pecho de Harry.
Un pulso breve con un parpadeo de luz, lo hizo detener todos sus movimientos, su mano quedó suspendida en el aire con el tenedor entre los dedos.
El destello volvió a aparecer, más intenso, Harry comenzó a retroceder bruscamente en su asiento, la silla chirrió contra el suelo de piedra, el movimiento fue tan abrupto que varios alumnos de las mesas cercanas levantaron la mirada.
—Harry… —murmuró Ron.
No respondió,la luz seguía creciendo, fría en su pecho y antinatural, que se filtraba entre la tela de su túnica como si algo dentro de él estuviera intentando escapar.
Llamó la atención de otras mesas, no solo por su acción brusca, también por la desesperación de sus amigos, que no sabían qué hacer.
—¿Qué está pasando? —preguntó Hermione, levantándose medio asiento.
Dumbledore ya estaba de pie, el anciano director bajó del palco con una rapidez sorprendente para alguien de su edad, acercándose a gran velocidad hacia él.
Pero no llegó a tiempo, la luz cubrió por completo el cuerpo de Harry , el azul se volvió blanco y el blanco se volvió cegador, en un estallido silencioso, Harry desapareció del Gran Salón.
Sin dejar rastro alguno de su presencia, ni humo, ni eco, nada.
Durante un segundo completo el salón quedó inmóvil, como si el tiempo se hubiera congelado, luego llegaron los gritos.
La casa de los leones se volvió loca, levantándose de golpe de sus asientos, empujando bancos, señalando el lugar vacío donde Harry había estado sentado segundos antes.
—¡¿Qué fue eso?!
—¡¿Dónde está?!
—¡Potter!
Trataban de buscar alguna explicación que no encontraban. Algunos comenzaron a culpar a Draco y sus amigos por sus bromas tan pesadas, exigiendo el regreso de su amigo.
—¡Fue una de tus malditas bromas, Malfoy!
—¡Devuélvelo!
Draco, pálido, parecía tan sorprendido como todos los demás.
Entonces una voz atravesó el caos.
—¡SILENCIO!
La palabra resonó con una autoridad imposible de ignorar.
Sentenció el anciano director, volviendo al palco junto a los demás profesores, que se encontraban igual de estupefactos que los alumnos, mostrando incluso un destello de preocupación en sus rostros.
El salón quedó en silencio, fue un silencio pesado y Solo con los ojos nerviosos de los jóvenes buscando alguna respuesta que nadie parecía capaz de dar.
Y entonces…
Se escucharon pasos.
El sonar de unos pasos imponentes desde el pasillo rozó como un eco contra las paredes de piedra era un sonido lento, medido y cargado de seguridad.
El ambiente, de pronto, se cargó de una abrumadora presencia que aún no aparecía,como si algo antiguo y peligroso estuviera acercándose, Severus dirigió su mirada a la entrada de profesores por inercia, sus dedos se cerraron alrededor del borde de la mesa, tuvo que sostenerse de ella para mantenerse firme.
Su mente parecía abrumada de recuerdos que no le pertenecían… o eso creía. Imágenes fragmentadas, voces, con ellos un par de ojos verdes cargados de dolor.
Los pasos se detuvieron frente a la entrada, la puerta se abrió con un sigilo cargado de presencia y la oscuridad del pasillo se derramó hacia el interior del salón, Severus contuvo el aliento expectante.
Y de esa oscuridad salió el cuerpo de un hombre, alto, demasiado imponente, con un porte elegante y burocrático que parecía reclamar autoridad sin necesidad de pronunciar una palabra.
Su melena castaña estaba ligeramente revuelta, cayendo sobre un rostro afilado y maduro.
Vestía túnicas negras perfectamente ajustadas, adornadas con discretos detalles en plata que brillaban bajo la luz de las velas.
Pero lo que más llamaba la atención, eran esos intensos ojos verde tóxico, inconfundibles.
Todos quedaron atónitos ante la presencia de ese hombre de aparentemente treinta y cinco años, había algo en él que resultaba imposible de ignorar, la carga del tiempo reflejada en su mirada era profunda y a la vez pesada.
Su mirada era tan penetrante y calculadora que helaba a cualquiera frente a él, sus penetrantes ojos se posaron en Severus, quien no tenía idea de cómo reaccionar, ante tal atención que le era brindada con asfixia.
Su mente se encontraba colapsada por todas las imágenes que llegaban a su cabeza de golpe, infancias que no recordaba, otros momentos que jamás había vivido, una voz que lo llamaba por su nombre de manera dulce y amable.
—Director.
Su voz, sedosamente tranquila y cargada con una sombra de soberanía, hizo que muchos se sobresaltaran, ese saludo había sonado más como un reconocimiento rencoroso que como un encuentro amistoso.
Sus pasos eran firmes e imponentes, se desplazó hasta el costado del director, parecían encontrarse en una batalla de miradas por el dominio.
Su presencia era incluso más poderosa que la del mismo Señor Tenebroso en esos momentos, su rostro tensado dejaba en evidencia la cólera retenida al tener frente a él al director, que no podía ocultar su confusión.
—Lord Potter —el nombre salió con algo de sorpresa y veneno. Su mente aún no acababa de analizar lo que estaba aconteciendo, los recuerdos lo golpeaban de forma brusca.—. ¿Qué está pasando?
Los alumnos quedaron confundidos ante el nombramiento ya que todos sabían que el único Potter vivo era Harry y no entendían cómo podía surgir un heredero desde las sombras.
—¿Hermione?
—¿Sí?
—Es idéntico a Harry.
Pronunció Ron sin apartar los ojos de ese hombre de aspecto tan marcado que le daba escalofríos de solo verlo, ella solo asintió, aún cohibida por la presencia de ese intimidante hombre.
Pero… ¿Cómo era posible que se pareciera tanto a Harry Potter y, a la vez, no?
—Harry, no creo que debas…
El susurro de Severus fue apenas audible para los alumnos, en cambio, los profesores sentados a su lado le dirigieron una mirada incrédula.
—Silencio, Severus.
Su voz fue tajante, haciendo callar al profesor más temido de Hogwarts, quien lucía como un niño regañado, pero sus ojos no perdieron la confusión de la situación.
El director solo giró el rostro contraído hacia los alumnos y, con una voz cargada de pesadez, se dirigió a ellos:
—Quiero presentarles al profesor de Defensa: el señor Harry James Potter.
La revelación del nombre los había dejado atónitos, hace unos momentos Harry había estado sentado en el comedor luciendo como un joven y ahora miraban a ese hombre con el mismo nombre.
Los profesores lucían contrariados y junto a ellos, Draco Malfoy no podía mantener la boca cerrada por la sorpresa, recibiendo una mirada de reconocimiento del castaño.
Al igual que a Severus, los recuerdos de una infancia con este hombre como protagonista lo inundaron, causándole un dolor de cabeza intenso.
Nadie preguntó nada, tienen mil preguntas que no sabían cómo formular, solo se sentaron y volvieron a sus alimentos, aunque nadie estaba realmente comiendo.
Las miradas curiosas y los murmullos no paraban de señalar al nuevo profesor, quien tomó asiento junto a Severus con una sonrisa ladina, divertido por la situación.
—Te has portado mal, Severus.
Snape giró el rostro lentamente hacia él.
Sus ojos negros brillaban con una mezcla peligrosa de confusión, irritación y algo que no lograba identificar.
—¿Qué está pasando, Potter? —no pudo evitar ese toque mordaz en su voz,
—Cuida ese tono, Severus —reprendió con la voz cargada de diversión. Los demás profesores no perdieron atención a la conversación—. No actúes como un niño malcriado.
No había sido Una amenaza fue algo mucho peor era un toque familiar, algo que podía reconocer, severos tensó su mandíbula por primera vez reaccionó por inercia quería poner distancia pero las palabras no salían, es tono frío pero la vez cariñoso lo conocía, y por alguna razón lo empezaba a odiar.
—No estoy malcriado —su voz sonó ofendida por las acusaciones, ganándose una sonrisa discreta de los demás profesores.—No tienes ningún derecho
—Podrías engañar a cualquiera con ese tono ofendido, pero no a mí. —El comentario fue suave casi despreocupado pero con un peso que caía sobre los hombros de severus quién frunció el señor y bajó la vista —No actúes como si no supieras de que hablo
Se inclinó ligeramente hacia él, lo suficiente para que solo la mesa de profesores pudiera escucharlo.
—Te conozco demasiado bien.
Snape sintió que algo en su pecho se tensaba.
—No recuerdo haber solicitado un análisis psicológico —replicó con frialdad.
Harry arqueó una ceja.Dejando escapar una leve exhalación por la nariz algo parecido a una risa contenida sarcástica y opaca
—No lo solicitaste.
Tomó su copa con tranquilidad y dio un pequeño sorbo.El silencio que siguió fue incómodo algo pesado se veró sintió un tirón en el pecho, una sensación extraña que no sabía cómo nombrar en ese instante.
—Pero siempre lo has necesitado.
Algunos profesores intentan disimular sus sonrisas, Snape no, su mirada se volvió más oscura, Algunas imágenes sueltas cruzaban por su mente, voces, la presencia de este hombre en su infancia, instrucciones dichas con el mismo tono e incluso regaños, eso lo hizo apretar los dedos contra la mesa de frustración y tensión.
—Esto es absurdo —Murmuró más para sí mismo que para él haciendo que Harry ladeó la cabeza ligeramente observándolo con una calma casi irritante.
—Hablaremos más tarde—Ahí estaba esa sensación nuevamente, cada palabra que abandonaba la boca de Harry lo hacía sentir como si estuviera siendo leído, analizado sin su consentimiento — Ahora compórtate.
Severus quería replicar, se paró ligeramente sus labios esperando que alguna palabra surgiera de ellos sin éxito, las respuestas murieron antes de nacer No porque no quisiera decirlas, sino porque se encontraban en algún lugar recóndito e incómodo de su mente.
—Sí, señor.
Tanto profesores como director abrieron los ojos con sorpresa, varios dejaron caer los cubiertos con un estrépito metálico contra los platos, el sonido resonó en el silencio del salón.
—¿Vas a tratarme con tanta indiferencia? —sonrió, divertido por las actitudes infantiles del pelinegro—. ¿Quieres que te castigue, acaso?
McGonagall parpadeó.
Flitwick abrió los ojos.
Incluso Dumbledore levantó ligeramente las cejas y en la mesa de Gryffindor Ron casi se atragantó con su bebida.
—No, no quiero.
—Entonces compórtate