birthday s*x ━ jensoo one shot.

Summary

Treinta años. El cierre de la gira en Japón y una fiesta sencilla para celebrar su cumpleaños con sus chicas, sobre todo con Jisoo, su novia. Pero una invitación que se convirtió en reproche y lo que debía ser una celebración animada, terminó en puertas cerradas y un regalo como ningún otro. ¡Jisoo top, contenido explícito gxg! © szaelle en wattpad, jensoour aquí | 2026.

Genre
Romance
Author
danielle
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

capítulo único.

birthdat s*x.

Treinta años. El cierre de la gira en Japón y una fiesta sencilla para celebrar su cumpleaños con sus chicas, sobre todo con Jisoo, su novia.

Pero una invitación que se convirtió en reproche y lo que debía ser una celebración animada, terminó en puertas cerradas y un regalo como ningún otro.

¡Aclaraciones!

──Jisoo Top, Jennie Bottom.

──Contenido lésbico. NO G!P.


El rugido del Tokyo Dome todavía reverberaba en los oídos de todas, como un zumbido persistente que no quería soltarlas, aunque ya habían dejado el estadio hacía más de cuarenta minutos. El sudor seco se les pegaba a la nuca, mezclándose con el olor a confeti y luces calientes que aún flotaba en el aire. BLACKPINK había cerrado la segunda fecha del Deadline Tour en Tokio con todo. Coreografías perfectas, presentaciones únicas, momentos inolvidables, y un público que las había hecho sentir invencibles. Pero para Jennie, el día no terminaba ahí. No con su cumpleaños esperando a ser celebrado después de un largo día de trabajo.

En el pasillo del piso 32 del hotel, un espacio amplio y lujoso con moqueta gruesa que amortiguaba los pasos y luces suaves que proyectaban sombras largas, las cuatro se detuvieron un momento frente a los ascensores. Las maletas ya estaban repartidas en las habitaciones por el staff, los managers charlaban en voz baja a unos metros de distancia, revisando agendas en sus teléfonos, y los guardias de seguridad se mantenían en las esquinas, discretos pero siempre alertas.

Jennie se giró hacia ellas con una sonrisa que quería ser luminosa, aunque sus ojos, enmarcados por el maquillaje corrido del show, delataban el cansancio acumulado y una alta expectativa referente a la noche.

—Chicas... hoy es mi cumpleaños —dijo, con la voz suave pero firme, como si estuviera ensayando para no sonar demasiado ansiosa—. Treinta años, ¿Pueden creerlo? Voy a armar una fiestita en un Bar no muy lejos de aquí. Nada exagerado, solo algo para relajarnos, con buena música y un par de copas. Quiero celebrar con ustedes, de verdad. ¿Vienen? Sería genial tenerlas a todas.

Rosé fue la primera en romper el silencio, rascándose la nuca con una mano mientras ajustaba la correa de su bolso con la otra, su expresión un poco apenada bajo el cabello rubio aún revuelto.

—Ay, Jen... me encantaría, de verdad que sí. Suena como algo que necesitamos después de este show loco. Pero ya le avisé a mi asistente que me llevara a comprar unas cosas que necesito urgente, antes de que cierren esas tiendas especializadas en el centro. Son ingredientes raros para una receta que quiero probar, y si no voy ahora, quién sabe cuándo tendré tiempo. Te juro que si termino temprano me paso por ahí, ¿sí? No me lo perdería por nada.

Jennie asintió, forzando la sonrisa a mantenerse, aunque se le bajó un milímetro más, como si el peso de la decepción ya empezara a tirar de sus comisuras.

—Está bien, Rosie. Entiendo, el tour nos tiene a todas corriendo. Solo avísame si vienes, ¿okay? No quiero que te pierdas el pastel o lo que sea que termine pidiendo.

Lisa levantó el dedo índice con un gesto dramático, como si acabara de recordar algo importante.

—Suena super divertido, Jen. Déjame chequear una cosa rápida con mi equipo, porque creo que tengo una llamada pendiente en Tailandia, pero no es nada grave. Te confirmo en un rato, ¿okay? Probablemente no tenga nada importante y me uno directo.

Jennie le dedicó una mirada cariñosa, de esas que solo se dan entre amigas que se conocen de memoria, y luego giró la cabeza hacia el lado donde estaba Jisoo, con un brillo particular en los ojos, como si esa respuesta fuera la que más le importaba.

Jisoo tenía las manos metidas en los bolsillos de su sudadera oversize, la capucha a medio poner sobre la cabeza, ocultando parcialmente su cabello todavía un poco húmedo de la ducha rápida que se había dado en el backstage. Sus ojos se encontraron con los de Jennie, y por un segundo, pareció que iba a ceder, que diría que sí con esa sonrisa tranquila suya.

Pero negó despacio con la cabeza, mordiéndose el labio inferior un instante.

—Lo siento, Nini. De verdad. Sabes que ese tipo de ambiente no es lo mío. Además... Soojin vino hasta aquí a visitarme. Llegó esta tarde desde Seúl solo para verme un par de días, y no quiero dejarla sola en la habitación. Prefiero quedarme con ella, descansar juntas, charlar un rato. Mañana temprano tenemos que empacar para el próximo vuelo después del último concierto, y...

El aire se volvió más pesado de golpe, como si alguien hubiera bajado la temperatura del pasillo. Jennie sintió el nudo en el estómago apretarse más fuerte.

Rosé y Lisa intercambiaron una mirada rápida, de esas que dicen “mejor nos vamos” sin palabras. Las dos sintieron la corriente eléctrica que acababa de encenderse entre Jennie y Jisoo, esa tensión sutil pero palpable que solo surge cuando hay más que amistad en juego. Sin decir nada más, Rosé murmuró un“bueno, chicas, nos vemos mañana para el desayuno”y tiró suavemente del brazo de Lisa hacia los ascensores. Los pasos de ambas se alejaron con prisa educada, dejando un eco suave en la moqueta.

Quedaron solas en el pasillo, con el zumbido distante de los ascensores como único sonido de fondo.

Jennie cruzó los brazos sobre el pecho, con la mandíbula tensa, sus ojos clavados en Jisoo con una mezcla de decepción y enojo que ya no podía disimular.

—¿De verdad te vas a perder mi fiesta de treinta años por quedarte con Soojin? ¿En serio, Jisoo?

Jisoo soltó una risa corta, casi nerviosa, frotándose los brazos como si tuviera frío de repente.

—No es solo por quedarme con ella, Jen. Es que... ya conoces cómo son esas fiestas: mucha gente desconocida, música alta que no deja hablar, tragos por todos lados, fotos que terminan en redes sin control. No es mi ambiente, me pone nerviosa. Y Soojin se tomó un vuelo entero para estar conmigo estos días. No quiero que se quede sola en la habitación mirando el techo. Podemos celebrar nosotras dos después, tranquilas, como siempre lo hacemos. Un picnic o una cena en la habitación, algo íntimo. Te prometo que será especial.

La palabrasiemprecayó mal, como una piedra en un estanque quieto, creando ondas de irritación. Pero esta vez fue peor.

Jennie dio un paso hacia ella, con la voz baja pero afilada, con un temblor que delataba lo mucho que le dolía.

—¿Prefieres pasar el cumpleaños de tu novia con tu amiga que puede volver a verte en Seúl cualquier día de la semana? ¿En serio? Soojin va a estar en Corea cuando regresemos, va a poder verte mil veces más. Pero yo no voy a volver a cumplir treinta nunca más, Jisoo.Nunca. Este día solo pasa una vez. Y lo único que quería era que estuvieras ahí conmigo, aunque sea un rato. No toda la noche, no bailando hasta el amanecer si no quieres. Solo un rato, para que sientas lo que es mi mundo por una vez. ¿Y tú eliges quedarte con alguien que literalmente vive a veinte minutos de tu departamento?

Jisoo parpadeó, descolocada, retrocediendo un paso instintivo contra la pared del pasillo. Sus mejillas se tiñeron de un rojo sutil.

—No es que la esté eligiendo a ella sobre ti, Jen. Es que... me agobio de verdad, lo sabes desde hace años. Me pongo ansiosa con el ruido, con la gente presionando, y termino queriendo huir. Y Soojin está aquí, sola en una habitación de hotel en Tokio. No quiero que se sienta abandonada.

—¿Y yo no me siento abandonada ahora mismo? —Jennie alzó la voz un poco más de lo que pretendía, gesticulando con las manos—. ¿Cuándo bajo el volumen de mi vida entera para que tú estés cómoda y relajada? ¿Cuándo voy a todos los lugares silenciosos que tú eliges, a tus cenas caseras, a tus noches de películas en pijama? Hoy es mi cumpleaños. Treinta años, y lo único que pedí fue que estuvieras ahí un rato.Un rato, Jisoo.

Jisoo abrió la boca, buscando palabras que sonaran convincentes, pero solo salió un susurro débil.

—Jen, yo... no sé. Tal vez podría ir un rato, pero...

Jennie esperó dos segundos más, con los ojos brillando con una mezcla de esperanza y frustración. Al ver que no llegaba ninguna respuesta real, soltó un suspiro cortante, como si el aire le quemara en los pulmones.

—Sabes qué... olvídalo. Disfruta tu noche con Soojin.

Giró sobre sus talones y caminó hacia su habitación sin mirar atrás, las botas bajas haciendo un clic-clic contra el suelo. La puerta se cerró con un golpe seco, no lo suficientemente fuerte como para ser un portazo dramático, pero sí lo suficiente como para que resonara en el pasillo vacío, dejando un eco que parecía acusador.

Jisoo se quedó mirando la madera oscura de la puerta durante largos segundos, el corazón latiéndole un poco más rápido de lo normal.

—Mierda... —susurró para sí misma, pasándose una mano por la cara, sintiendo la piel caliente bajo los dedos.

Se apoyó contra la pared un momento, cerrando los ojos, con una mezcla incómoda de culpa que le apretaba el estómago, enojo consigo misma por no haber cedido antes, y algo que se parecía peligrosamente al arrepentimiento profundo.

Horas después.

Eran las 10:47 p.m., según el reloj digital de la mesita de noche que Jisoo había mirado una y otra vez.

Había dado vueltas en la cama durante lo que parecieron eternidades, el colchón demasiado blando, las sábanas enredadas en sus piernas. Revisó el teléfono cada diez minutos, abrió el chat con Jennie una docena de veces, releído el mensaje que nunca envió:“Okay, voy. Perdóname por ser tan terca”.Al final se levantó, se puso una sudadera limpia sobre la camiseta, se peinó el cabello con los dedos frente al espejo del baño, respiró hondo mirando su reflejo cansado, y decidió que iba a hablar con ella. Iba a decirle que sí iría a la fiesta, que lo sentía de corazón, que se había portado como una idiota egoísta y que no quería que su cumpleaños terminara así.

Abrió la puerta con cuidado, el pasillo ahora más oscuro, iluminado solo por las luces de emergencia.

Y se congeló en el umbral.

Justo en ese momento, Jennie salía de su propia habitación, a unos metros de distancia.

Llevaba un pantalón negro sencillo, una blusa con un escote discreto que acentuaba su clavícula, y unos tacones cerrados bajos que la hacían caminar con esa gracia natural suya, el cabello en una coleta alta y un poco ondulado en las puntas. Maquillaje fresco, labios rojos oscuros que contrastaban con su piel pálida. Detrás de ella apareció Lisa, radiante con un vestido blanco que le llegaba a medio muslo, ajustado pero elegante, riendo por algo que Jennie acababa de decirle en voz baja, probablemente una broma para aligerar el ambiente.

Ambas se detuvieron al ver a Jisoo parada ahí, como una estatua.

Jennie la miró directo a los ojos, sosteniendo la mirada. No había rabia explosiva en su expresión, solo una frialdad cansada, como si ya hubiera decidido no gastar más energía. Mantuvo el contacto visual dos segundos eternos y luego siguió caminando hacia los ascensores sin decir una sola palabra, su perfume floral quedando en el aire como un reproche sutil.

Lisa se acercó un poco más a Jisoo, bajando la voz para no ser oída por los managers y guardias que venían detrás, cargando bolsos y vigilando el pasillo.

—No te preocupes, unnie, no la voy a dejar tomar tanto esta noche. Sabes cómo se pone cuando está molesta y le dan copas: empieza con una y termina bailando sobre la mesa. La cuido yo, ¿sí? Te escribo después para contarte cómo va todo, y tal vez convenza a Jen de que te mande un mensaje.

Jisoo solo pudo asentir, tragando saliva, las palabras atascadas en la garganta.

Las puertas del ascensor se abrieron con undingsuave. Jennie entró sin mirar atrás, su silueta recortada contra la luz interior. Lisa la siguió, lanzando una última mirada comprensiva a Jisoo. Las puertas se cerraron, y el indicador empezó a descender: 32, 31, 30...

Jisoo se quedó mirando el número descendente del ascensor hasta que llegó a 1, con el corazón latiéndole con fuerza en los oídos.

Luego cerró su puerta con fuerza, el golpe resonando en su propia habitación vacía.

Apoyó la frente contra la madera fría y cerró los ojos, sintiendo las lágrimas picar pero no caer.

—Así que lo jodí todo... —murmuró para sí misma, la voz quebrada—. Genial, Jisoo. Realmente genial. ¿Cómo arreglas esto ahora?

( ! )

En el bar privado que Jennie había reservado con antelación —uno de esos lugares exclusivos de Tokio—, la fiesta ya había tomado vuelo. El espacio era íntimo pero vibrante. Sofás de terciopelo negro y rojo rodeando una pista pequeña, botellas de champagne premium alineadas en la barra, y un DJ amigo de su equipo personal pinchando remixes de sus canciones favoritas mezcladas con hits underground. No era una multitud; solo amigos cercanos del mundo de la moda y la música que estaban en la ciudad, algunos miembros del staff que habían trabajado en el tour, y su equipo de confianza, maquillistas, estilistas, un par de productores que conocían sus caprichos. Y Lisa, por supuesto, la única de las chicas que había dicho sí sin dudar.

Jennie ya llevaba tres copas de más, o quizás cuatro, quién contaba en un cumpleaños como este. El alcohol le había soltado los hombros, le había encendido las mejillas con un rubor natural que competía con su maquillaje. Reía con esa risa suya que llenaba el espacio, cabeza echada hacia atrás, mientras brindaba con un grupo de bailarinas contratadas para un “show sorpresa”. Vestidas en lencería negra, con plumas y encajes que capturaban la luz, las chicas se movían como extensiones de la música, con sus cuerpos fluidos y profesionales sosteniendo carteles de mensajes de felicitaciones. Jennie se unió a ellas en la pista, bailando con una sensualidad despreocupada que hacía tiempo no sacaba a relucir frente a ellas con una copa en la mano. Era su noche, sus treinta años, y por primera vez en horas, el nudo de la discusión con Jisoo se aflojaba un poco bajo el pulso de la música.

Lisa no se separaba de su lado, fiel a su promesa. Con su vestido blanco brillando bajo las luces, bailaba pegada a Jennie.

Alguien sacó el teléfono, un amigo, quizás un staffer con permiso implícito y grabó a Jennie girando sensualmente contra una bailarina, el sudor brillando en su clavícula, luego a Lisa uniéndose con un twerk juguetón que arrancaba aplausos. Los videos fueron subidos casi al instante a stories privados, pero en un grupo como este, nada se quedaba realmente privado. Pronto circularon en redes, clips en Instagram, reposts en X con comentarios efusivos: “¡Jennie Kim liberada en sus 30!“, “Esa energía, por favor, enséñanos a celebrar así“, “¿Pero a esa mujer quien le dio trago?“, “¡¿Esas son Jennie y Lisa?!” y muchos más.

A kilómetros de ahí, en un restaurante 24 horas escondido en una calle, Jisoo y Soojin ocupaban una mesa en la esquina. El lugar era humilde comparado con el glamour del bar. Con ventiladores girando lentos en el techo, olor a sopa hirviendo mezclado con el de la lluvia reciente en las calles. Soojin, con su cabello corto y teñido de negro, había volado desde Seúl solo para ver a su amiga de toda la vida, y ahora picoteaba un plato de edamame mientras Jisoo removía su ramen sin mucho apetito. Habían salido para “cenar algo rápido y charlar”, pero el silencio entre bocados era pesado.

El teléfono de Jisoo vibraba cada pocos minutos sobre la mesa, la pantalla iluminada con notificaciones. No podía evitar mirarlo con recelo, como si cadadingfuera una acusación. Abrió X y ahí estaban los videos de Jennie. Bailando con esas bailarinas en lencería, con el cuerpo arqueado con gracia felina, labios curvados en una sonrisa que parecía decir “al diablo todo” y disfrutando de la vida.

Lisa aparecía en uno, riendo mientras Jennie la atraía para un baile improvisado, caderas chocando en un ritmo juguetón. Los comentarios volaban elogiando su madurez y felicitándola por divertirse y ser libre. Jisoo sintió un pinchazo en el pecho, una mezcla de celos y culpa que le hacía apretar los labios. Todos elogian esa faceta despreocupada de Jennie, festejando sus treinta como si el mundo fuera suyo. Y ella, Jisoo, estaba aquí, en un restaurante cualquiera, perdiéndoselo.

Soojin notó la mirada fija de Jisoo en la pantalla y suspiró, dejando los palillos a un lado.

—Chu, ¿vas a seguir torturándote con eso? Se ve que se lo está pasando genial y tú aquí, con esa cara de funeral.

Jisoo levantó la vista, con los ojos entrecerrados.

—¿Genial? Sí, claro. Bailando con bailarinas en lencería, pasada de copas, y videos por todas partes. ¿Y si sale algo que no debería? Es mi novia, Soojin. Debería estar ahí para... no sé, cuidarla o algo.

Soojin ladeó la cabeza, con expresión seria pero suave.

—O para celebrarlo con ella. Mira, no quiero meterme, pero... Jennie tiene razón. Es su cumpleaños, uno importante. Los treinta no se repiten y tú elegiste quedarte conmigo en lugar de ir. Eso duele, ¿sabes? Yo podía haber esperado en el hotel sola, o volver a Seúl. No era el fin del mundo.

Jisoo dejó el teléfono con un golpe suave, pero firme, sobre la mesa. Sus mejillas se encendieron.

—¿Ahora tú también? Tú sabías que era su cumpleaños cuando decidiste bajar hasta aquí. Me lo dijiste en el aeropuerto: “Chu, vengo a verte un par de días, no molesto”. Y ahora me pones entre la espada y la pared. ¿Qué iba a hacer? ¿Dejarte plantada en Tokio porque mi novia quiere una fiesta ruidosa? Sabes que odio eso, el ruido, la gente. Pero sí, cometí un error. Un error enorme. Y no sé cómo lo voy a arreglar cuando vuelva y tengamos que interactuar en el concierto. El vuelo va a ser un infierno en la noche.

Soojin se inclinó hacia adelante, con voz baja para no atraer miradas de los pocos clientes nocturnos.

—No te estoy culpando del todo, Jisoo. Solo digo que quizás debiste priorizarla a ella esta vez. Yo soy tu amiga, siempre estaré. Pero Jennie... es tu pareja. Y ver esos videos, se nota que lo necesitaba. Tú la conoces mejor que yo.

Jisoo suspiró, frotándose los ojos con las palmas.

—Tienes razón. Mierda, tienes razón. Solo... no quería que te sintieras sola tú tampoco. Pero ahora soy yo la que se siente como una idiota.

Soojin sonrió un poco, empujando el plato de gyoza hacia Jisoo.

—Come algo, anda. Olvidemos esto por un rato. Háblame de ese drama que estabas viendo en el avión.

Siguieron cenando, la conversación derivando a anécdotas ligeras. Pero cada cierto tiempo, cada diez minutos, quizás menos, Jisoo echaba un vistazo al teléfono. Le escribía mensajes a la castaña:“Nini, ¿estás bien? Llámame cuando puedas”. “Lo siento, de verdad. Feliz cumpleaños”. “Avísame si necesitas que vaya a buscarte”.Nada. Silencio del otro lado. Jennie no respondía, y cada notificación que no era de ella apretaba más la angustia en el pecho de Jisoo.

La angustia crecía con cada notificación, un peso en el pecho que hacía que el ramen supiera a cartón.¿Cuánto más duraría la noche? ¿Y cómo demonios iba a arreglar esto antes de que el sol saliera?

( ! )

En el bar privado la fiesta había alcanzado ese punto dulce donde todo fluía sin esfuerzo. Las luces neón parpadeaban al ritmo del bajo, tiñendo las caras de violeta y oro, y el aire olía a perfume caro mezclado con el dulzor del champagne derramado. Jennie estaba en el centro de todo, como siempre, pero esta noche con una libertad que no se permitía a menudo.

Bailaba con un grupo de amigos de su equipo, un estilista que la conocía desde sus días de trainee, un productor que había trabajado en su solo , levantando su copa en brindis improvisados, riendo con la cabeza echada hacia atrás mientras alguien contaba una anécdota del tour.“¡A mis treinta, bitches!”, gritaba cada tanto, y el eco de aplausos y vítores la envolvía como un abrazo colectivo. Las bailarinas en lencería seguían en la pista, pero ahora eran parte del grupo, no solo un show; una de ellas le pasó un shot de tequila, y Jennie lo tomó de un trago, sintiendo el calor bajar por su garganta.

Lisa la vigilaba de cerca. El staff se divertía, pero todos sabían que el último concierto en Tokio era mañana,no, hoy, ya que pasaban las tres de la mañana,y el cansancio del show anterior aún les pesaba en los huesos.

Entonces apareció Alison, la manager principal y se acercó a Jennie con discreción, tocándole el hombro suavemente.

—Jen, hora de irnos. Mañana madrugamos y tenemos el vuelo después del show. Vamos, el equipo ya está recogiendo todo y la van nos espera afuera.

Jennie se giró con los ojos vidriosos por el alcohol, la sonrisa congelándose en una mueca de incredulidad. El shot aún en la mano, lo dejó con fuerza en la barra, salpicando gotas.

—¿Irnos? ¿Ahora? ¡Es mi cumpleaños, Alison! Treinta años, ¿entiendes? No me vas a sacar de mi propia fiesta como si fuera una niña. ¡Que se joda el concierto, bailo dormida si hace falta!

Su voz subió un tono, atrayendo miradas curiosas del grupo cercano. Alison suspiró, acostumbrada a estos momentos, pero firme.

—No es negociable, Jennie. Estás... un poco pasada de tragos. Mañana lo agradecerás. Vamos, la van está afuera.

Jennie cruzó los brazos, tambaleándose un poco, el enojo encendiendo sus mejillas ya ruborizadas.

—¿Pasada? ¡Estoy celebrando! Tú no eres mi mamá, Alison. Si quieres irte, vete. Yo me quedo. Es mi noche, carajo.

Lisa, que había estado charlando con un staffer a unos metros, vio la escena y se acercó rápido, interponiéndose con una sonrisa conciliadora. Le puso una mano en el brazo a Alison, bajando la voz.

—Déjamelo a mí, unnie. Yo la convenzo. No te preocupes, nos vemos en la van en diez minutos.

Alison asintió, aliviada, y se alejó hacia la salida, coordinando con los guardias.

Lisa se volvió hacia Jennie, enlazando su brazo con el de ella como si fueran a bailar de nuevo.

—Ven, Jen. Vamos al baño un segundo, te ayudo a retocarte el maquillaje y salimos, ¿Sí?

Jennie refunfuñó, frunciendo el ceño, pero el alcohol la hacía maleable.

—Está bien... pero solo porque eres tú, Lili. Alison es una aguafiestas. En mi cumpleaños, ¿puedes creerlo?

Se dejó llevar, tambaleándose un poco por el pasillo hacia el baño privado del bar, un espacio con espejos iluminados y azulejos negros que olían a limón y desinfectante. Lisa cerró la puerta detrás de ellas, y el ruido de la fiesta se amortiguó a un zumbido distante.

—¿Cómo te sientes, unnie? —preguntó Lisa, abriendo el grifo para mojar una toalla de papel, su voz era suave pero atenta.

Jennie se apoyó en el lavabo, mirándose en el espejo con una sonrisa torcida, el cabello un poco desordenado cayéndole sobre los ojos.

—Muy feliz, Lili. De verdad. Cumplí mi sueño: tener treinta, ser coqueta, próspera... ¡Mira esto! —hizo un gesto dramático con las manos, como presentándose a sí misma—. Soy Jennie Kim, reina del mundo. It girl global, hermosa y fabulosa con un tour exitoso con mis chicas y mi vida como solista, amigos geniales... ¿Qué más quiero?

Lisa soltó una risa genuina, sacudiendo la cabeza mientras le pasaba la toalla húmeda por la frente.

—Estás borrachísima, Jennie. Pero sí, eres todo eso y más. Me alegra que estés feliz.

Jennie abrió la boca para seguir, pero un nudo en el estómago la traicionó. Una arcada fuerte la dobló hacia adelante, y corrió al inodoro más cercano, inclinándose justo a tiempo para vomitar. El sonido fue crudo, el alcohol saliendo en oleadas amargas.

Lisa hizo una mueca de asco instintiva, pero no retrocedió. Se arrodilló a su lado, sosteniéndole el cabello con una mano y el rostro con la otra para que no se apoyara en el borde sucio.

—Ay, unnie... Tranquila, respira. ¿Estás bien?

Jennie levantó la cabeza después de un momento, el maquillaje corrido por lágrimas involuntarias que se mezclaban con el sudor. Sus ojos, rojos e hinchados, miraban a Lisa con una vulnerabilidad que el alcohol desataba.

—No... Jisoo no me quiere, Lili. No quiso venir a mi fiesta. Es injusto. ¿Por qué? Soy su novia, y prefiere... prefiere quedarse con Soojin en mi cumpleaños.

Las palabras salían entre hipos, el enojo de antes ahora teñido de dolor crudo. Lisa suspiró, frotándole la espalda en círculos suaves, atrapada en esa posición incómoda entre dos amigas que eran como familia.

—Ey, ey, no digas eso. Jisoo te quiere un montón, lo sabes. Solo... no vino porque no es su rollo. Pero cuando lleguemos al hotel y estés más sobria, podrán hablar. Seguro que lo arreglan, como siempre.

Jennie negó con la cabeza, pero otra arcada la interrumpió, vomitando de nuevo. Cuando se recompuso, se limpió la boca con el dorso de la mano, con la voz temblorosa.

—No quiero hablar con esa traidora. Prefirió a su amiga antes que a mí. Soojin puede verla cualquier día en Seúl, pero, ¿y mi cumpleaños? Solo cumplo treinta una vez y ella... ella eligeeso.

Lisa mordió su labio, sintiendo el peso de la lealtad dividida. Jisoo era su unnie, calmada y protectora, pero ver a Jennie así, rota por el alcohol y el rechazo, le apretaba el corazón.

—Entiendo que duela, Jen. De verdad. Pero siempre se ha sabido que Jisoo no es de estos ambientes. Cuando se emborracha, cambia completamente de personalidad, se pone... no sé, rara. Y con el concierto mañana, probablemente no quería arriesgarse a estar indispuesta. No es que te elija menos, es solo... Jisoo siendo Jisoo.

Jennie soltó una risa amarga, pero otra oleada la hizo vomitar de nuevo, ya con el cuerpo temblando. Lisa la sostuvo firme, murmurando palabras de consuelo.

—No, Lili. Yo siempre me acoplo a sus planes tranquilos. Noches de películas, cenas en casa, todo calmado y perfecto para ella. ¿Y ella? No es capaz de adaptarse por mí ni una vez. Siempre prioriza a otra gente: su ansiedad, sus amigos, lo que sea. ¿Yo qué? ¿Soy la que siempre cede?

Lisa asintió despacio, reconociendo la verdad en sus palabras. Jisoo la tenía difícil, sí; esta no era una pelea que se resolviera con excusas. Pero no quería avivar el fuego.

—Tienes razón, unnie. No es justo. Pero lo mejor ahora es que nos vayamos al hotel. Descansas, no estás enferma para el concierto mañana, y después... yo hablaré con Jisoo si quieres. Las ayudo a las dos, ¿okay? Somos familia.

Jennie se quedó quieta un momento, respirando hondo, las lágrimas secándose en sus mejillas. Asintió, más tranquila, el agotamiento ganando terreno al enojo.

—Okay... Vamos.

Lisa la ayudó a levantarse, le limpió el rostro con más toallas, y juntas salieron del baño. Alison esperaba en la puerta del bar, con los guardias listos. El grupo las despidió con vítores: “¡Felices treinta, Jennie!“, aplausos y silbidos que llenaron el espacio.

Jennie levantó la mano en un saludo regio, como una reina despidiéndose de su corte, sonriendo a pesar de todo.

—Gracias, mis leales súbditos. ¡Los quiero!

Se montó en la van con ayuda de Lisa y Alison, el vehículo arrancando suave hacia el hotel, dejando atrás las luces del bar y el eco de una noche que había sido perfecta, hasta que no lo fue.

( ! )

La van se detuvo frente a la entrada lateral del hotel con un ronroneo discreto, el motor apagándose en la quietud de la madrugada. Jennie bajó primero, apoyándose en el brazo de Lisa mientras Alison la flanqueaba por el otro lado. Sus tacones bajos arrastraban un poco sobre el pavimento, los ojos entrecerrados por el sueño y el alcohol. Lisa le rodeaba la cintura con un brazo firme, murmurando palabras suaves para mantenerla en pie.

—Vamos, unnie, un pie delante del otro. Ya casi estamos en la cama.

Jennie soltó una risita somnolienta, con la cabeza cayéndole sobre el hombro de Lisa.

—Eres la mejor, Lili... la mejor.

Alison, siempre práctica, pasó la tarjeta magnética en la puerta trasera y las guio por el pasillo de servicio hasta los ascensores de personal. Subieron en silencio, el zumbido del ascensor amplificando la respiración entrecortada de Jennie. Cuando llegaron al piso 32, el corredor estaba desierto, solo las luces de emergencia proyectando sombras largas.

Alison abrió la puerta de la suite de Jennie con cuidado. La habitación estaba a oscuras, el aire fresco del aire acondicionado contrastando con el calor que aún llevaba Jennie en la piel. Alison entró primero, encendiendo la luz tenue del pasillo interior.

—Jen, entra. Te ayudo a...

Pero Jennie se enderezó de golpe, apartando el brazo de Alison con una determinación torpe pero firme.

—Puedo sola, Alison. Gracias, pero ya.

Se giró hacia Lisa, que aún la sostenía. Con un movimiento lento, se inclinó y le plantó un beso suave en la mejilla, seguido de un abrazo apretado, el perfume floral de Jennie mezclado con el leve olor a alcohol y vómito.

—Gracias por todo, Lili. De verdad. Buenas noches.

Lisa sonrió, apretándola un segundo más antes de soltarla.

—Espero que amanezcas mejor, unnie. Duerme bien, ¿sí? Mañana hablamos.

Alison entró con Jennie, dejando la puerta entreabierta un momento. Jennie avanzó tambaleante hacia la cama, lista para tirarse de bruces sobre las sábanas, cuando la luz principal se encendió de golpe.

Jisoo estaba allí, sentada en el borde de la cama, con una expresión tímida y avergonzada, con una caja de regalo pequeña en las manos. Miró a Alison con los ojos muy abiertos, como una niña pillada en una fechoría.

Jennie frunció el ceño.

—¿Qué haces en mi cuarto?

Jisoo se levantó despacio, con su voz suave pero temblorosa.

—Necesitamos hablar, Jen. Por favor.

Alison carraspeó, retrocediendo hacia la puerta.

—Lo siento, chicas. Las dejo solas. —miró a Jennie con seriedad—. Duérmete temprano, ¿okay? Y dúchate antes de dormir, no querrás amanecer con resaca. Buenas noches.

—Claro, Alison. Buenas noches.

Jennie asintió sin apartar la vista de Jisoo, la puerta cerrándose con un clic suave detrás de Alison.

Quedaron solas en un incómodo contacto visual.

Jennie fue la que lo rompió primero, parándose de la cama con un suspiro y dirigiéndose al baño adjunto, dejando la puerta entreabierta. Jisoo la siguió con la mirada, mordiéndose el labio, y luego se acercó un poco, deteniéndose en el umbral.

—Jen, por favor, no me ignores. Hablemos. Escúchame.

Jennie la miró a través del espejo del baño, sus ojos aún vidriosos pero afilados. Procedió a quitarse el maquillaje con toallitas, sus movimientos siendo deliberados y lentos.

Jisoo suspiró, apoyándose en el marco de la puerta, con la caja de regalo apretada contra su pecho.

—Tienes razón. Fui una egoísta y me arrepiento tanto de no haber estado en tu fiesta... Sé que es una fecha que no se repite, treinta años solo pasa una vez, y yo lo arruiné todo. Pude haber hecho un esfuerzo, pude haber ido aunque fuera un rato, y no lo hice. Entiendo si... si quieres terminar conmigo, lo lamento mucho de verdad.

Jennie la miró de reojo, dejando la toallita a un lado. Sin decir nada, se quitó la blusa escotada despacio, revelando la piel suave de su torso, el sujetador negro contrastando con su palidez. Luego, el pantalón negro, deslizándolo por las caderas con una lentitud que parecía intencional. Jisoo tragó en seco, sus ojos desviándose un segundo antes de volver a su rostro, nerviosa.

Jennie sonrió, con una curva amarga en los labios.

—¿Sabes lo mal que me sentí cuando no viniste?

Jisoo asintió, su voz tornándose ronca.

—Sí... Lo siento.

Jennie levantó un dedo índice, callándola.

—No. No lo sabes. Me sentí patética, Jisoo. Completamente estúpida. Mi novia prefiriendo quedarse con su mejor amiga, que puede ver cuando le da la gana en Seúl, en lugar de ir a mi fiesta de treinta años. ¿Treinta, entiendes?Una vez en la vida.

Jisoo bajó la cabeza como una niña regañada, asintiendo de nuevo.

Jennie se quitó la coleta, dejando que el cabello cayera en ondas sobre sus hombros, y luego el sujetador y las bragas, quedando en ropa interior. Un escalofrío recorrió a Jisoo de pies a cabeza, sus ojos clavados en el cuerpo de Jennie, y el pulso acelerándose.

Se abofeteó mentalmente, sacudiendo la cabeza, y se acercó un poco más, abriendo la caja con manos temblorosas.

—Mira... Sé cuánto querías esto. Estaba esperando el momento para dártelo.

Dentro brillaba un collar de rubí, el que Jennie había codiciado días atrás, el que se había agotado antes de que pudiera comprarlo. Jennie lo miró anonadada, tocándolo con un dedo.

—¿Cómo...?

Jisoo sonrió tímidamente.

—Lo reservé para ti a escondidas ese día. Feliz cumpleaños, Nini.

Jennie la miró, con los ojos suavizándose, y se acercó, rodeándole el cuello con los brazos para besarla en los labios. Jisoo suspiró contra su boca, pero hizo una mueca, apartándose un poco.

—Hueles a... vómito.

Ambas rieron, el momento rompiendo un poco la tensión. Jennie se alejó, entrando de nuevo al baño, y bajo la mirada atenta de Jisoo, se quitó lo último de ropa interior, quedando completamente desnuda. Jisoo tartamudeó su nombre.

—J-Jen...

Jennie sonrió traviesa, entrando a la ducha transparente del baño, abriendo la llave. El agua caliente cayó en cascada sobre su piel, vaporizando el vidrio ligeramente, pero no lo suficiente para ocultar nada. Se puso de frente a Jisoo, dejando que el chorro recorriera su cuerpo, desde el cabello hasta los pies. Sus manos se movieron despacio, enjabonándose: primero los pechos, dedos deslizándose sobre la piel resbaladiza, un suspiro escapando de sus labios mientras apretaba suavemente, los pezones endureciéndose bajo el toque. Luego, más abajo, al vientre, a las caderas, y entre las piernas, tocándose el coño con una lentitud deliberada, con los ojos fijos en Jisoo, desafiantes y cargados de deseo. El agua corría en riachuelos por sus curvas, el jabón formando espuma que se deslizaba tentadoramente, y Jennie suspiró de nuevo, un sonido bajo y ronco que llenó el baño.

Jisoo no podía apartar la vista, tenía el rostro colorado, el deseo ardiendo en su vientre, la entrepierna humedeciéndose ante la imagen: su novia expuesta, excitante, deliberadamente provocadora. Tragó saliva, con las manos apretando la caja vacía.

Cuando Jennie salió de la ducha, envuelta en vapor pero sin toalla, Jisoo salió de su trance. Pero pronto fue asaltada por Jennie quien se lanzó sobre ella, desnuda y caliente, las manos yendo directo a su cintura. Jisoo suspiró cuando Jennie empezó a repartir besos húmedos por su cuello, intercalados con mordiscos suaves que enviaban chispas por su piel.

Jennie sonrió socarrona contra su oreja, oyendo el jadeo de Jisoo.

—Adoro el regalo —susurró Jennie contra su piel, sonriendo socarrona de nuevo al oír otro jadeo—. Pero quiero otro ahora. Uno que solo tú puedes darme.

Jisoo tragó saliva, las manos temblando al posarse en las caderas desnudas de Jennie.

—¿Qué quieres, mi amor?

Jennie alzó la vista, con los ojos oscuros y brillantes.

—No quiero velas ni pastel. Quiero pasión.

Jisoo bajó la mirada un segundo, luego una de sus manos se enredó en el cabello mojado de Jennie, inclinándole el cuello hacia atrás. Bajó los labios allí, con besos suaves que se volvieron más intensos, succionando la piel sensible.

Jennie suspiró, apretando la boca de Jisoo más contra su cuello.

—Estás borracha —murmuró Jisoo entre besos—. Necesitamos terminar de hablar...

—No —Jennie negó, las manos subiendo por la espalda de Jisoo—. No quiero hablar más de eso. Quiero mi regalo.

Jisoo sonrió contra su piel, la voz ronca.

—¿Sí? ¿Y dónde quieres tu regalo, mi pequeña cumpleañera?

Jennie sonrió, tirándola sobre las sábanas de la cama.

—Dentro de mí. Sumérgete en mí y hazme sentir bien.

Jisoo no necesitó más. Unió sus bocas en un beso apasionado, profundo, sus lenguas encontrándose con urgencia mientras sus manos bajaban por la espalda mojada de Jennie, atrayéndola contra su cuerpo como si quisiera fundirse con ella. La habitación se llenó del sonido de sus respiraciones entrecortadas, del agua que aún goteaba del cabello de Jennie, y del latido acelerado de dos corazones que, por fin, volvían a encontrarse. Pero Jisoo se apartó un segundo después, arrugando la nariz con una sonrisa juguetona.

—Espera, Nini... ve a lavarte los dientes. Todavía hueles a... ya sabes.

Jennie soltó una carcajada genuina, el sonido burbujeante rompiendo la tensión erótica por un momento. Se cubrió la boca con la mano, con los ojos brillantes de diversión y deseo.

—Oh, Dios, tienes razón. Qué romántico, Chu.

Se levantó de un salto, desnuda y sin pudor, corriendo al baño con pasos ligeros. Jisoo se quedó sentada en la cama, mirándola embobada: la curva de su espalda, el movimiento de sus caderas, el agua que aún goteaba de su piel. Era como ver una diosa en movimiento, y el corazón de Jisoo latió con fuerza, una mezcla de amor y lujuria que le hacía imposible apartar la vista.

Jennie se lavó los dientes rápido, enjuagándose con agua fría, y salió del baño con una sonrisa triunfante, el aliento fresco a menta. Corrió de vuelta a los brazos de Jisoo, saltando sobre ella y derribándola contra las sábanas. Sus bocas se encontraron de nuevo, esta vez limpias y ansiosas, lenguas entrelazándose en un beso profundo y apasionado.

Jisoo rodó sobre ella, tomando el control con gentileza, sus manos recorriendo los costados de Jennie, sintiendo la piel erizarse bajo sus dedos. Bajó los besos por su cuello, mordisqueando la clavícula, bajando más, hasta los pechos. Jennie arqueó la espalda, un gemido escapando de sus labios mientras Jisoo lamía un pezón, succionándolo con delicadeza, luego con más urgencia, alternando entre mordiscos suaves y lamidas que hacían que Jennie se retorciera.

—Chu... por favor —susurró Jennie, colocando las manos en el cabello de Jisoo, guiándola más abajo.

Jisoo sonrió contra su piel, besando un camino descendente por el vientre, las caderas, hasta llegar al interior de sus muslos. Separó las piernas de Jennie con cuidado, exponiéndola, y sopló suavemente sobre su centro húmedo, haciendo que Jennie jadeara y se arqueara.

—Este es tu regalo, cumpleañera —murmuró Jisoo, voz ronca de deseo—. Te voy a hacer sentir como nunca.

Bajó la boca, con su lengua plana lamiendo una franja lenta desde la entrada hasta el clítoris, saboreando el dulzor salado de Jennie. Jennie gritó, las caderas levantándose instintivamente, pero Jisoo la sujetó con las manos en los muslos, manteniéndola en su lugar. Chupó el clítoris con succión rítmica, su lengua girando en círculos precisos, alternando velocidades: lento para torturarla, rápido para hacerla delirar. Jennie se retorcía, los dedos clavados en las sábanas, gemidos incoherentes saliendo de su boca.

—Oh, Dios... Chu, sí... justo ahí...

Jisoo introdujo un dedo despacio, curvándolo hacia arriba para rozar ese punto sensible dentro de ella, el punto G que sabía que la volvía loca. Lo masajeó con presión firme, mientras su lengua seguía trabajando en el clítoris, el ritmo sincronizado. Jennie temblaba, el placer construyéndose como una ola en su vientre, sus paredes internas apretando el dedo de Jisoo. Añadió un segundo dedo, estirándola, bombeando dentro y afuera con un ritmo que aceleraba más su orgasmo y aumentaba su excitación.

Jennie llegó al clímax con un grito ahogado, el cuerpo convulsionando en olas de placer estrellándose contra ella mientras Jisoo lamía cada gota, prolongando el orgasmo con succiones suaves hasta que Jennie jadeaba, sensible y temblorosa.

Pero Jisoo no paró. Sacó la lengua, pero mantuvo los dedos dentro, curvándolos más profundo, frotando ese punto G con insistencia, el pulgar ahora en el clítoris, frotándolos en círculos rápidos y húmedos. Jennie sacudió la cabeza, abrumada.

—Chu... no puedo... otra vez...

—Puedes, Nini. Siempre puedes. —susurró Jisoo, besando el interior de su muslo mientras sus dedos se movían más rápido, el sonido húmedo llenando la habitación.

Jennie deliraba de placer, las caderas moviéndose al ritmo de los dedos de Jisoo, el orgasmo construyéndose de nuevo, más intenso esta vez, como si su cuerpo estuviera en llamas. Jisoo añadió un tercer dedo, estirándola más, bombeando con fuerza mientras su boca volvía a besar su vientre, animándola con murmullos.

—Vente para mí, cumpleañera. Déjate ir.

El segundo orgasmo la golpeó como un rayo, Jennie se arqueó en la cama con un gemido gutural, las paredes internas de su coño pulsando alrededor de los dedos de Jisoo, chorros de placer escapando mientras temblaba incontrolablemente. Jisoo sacó los dedos despacio, lamiéndolos con una mirada traviesa, y subió para besar a Jennie, compartiendo su sabor en un beso lento.

Jennie, aún temblando por los dos orgasmos que Jisoo le había arrancado con la boca y los dedos, tiró de ella con urgencia, quitándole la sudadera y el pantalón con movimientos torpes pero decididos. La ropa cayó al suelo en un montón desordenado, y pronto Jisoo quedó igual de desnuda, la piel pálida contrastando con la morena de Jennie.

Se miraron un segundo, sus respiraciones agitadas, y ojos oscuros de deseo. Jennie se recostó en las almohadas, abriendo las piernas en invitación silenciosa, pero Jisoo negó con la cabeza, una sonrisa traviesa curvando sus labios.

—No, Nini. Esta vez yo arriba.

Jennie soltó una risa baja, excitada, y se acomodó mejor, las manos ya extendidas hacia ella. Jisoo se subió a horcajadas sobre su cintura, pero no se sentó de inmediato: primero se inclinó para besarla profundo, mientras sus caderas se movían en círculos lentos, rozando apenas su intimidad contra la de Jennie. Ambas estaban húmedas, resbaladizas, con el contacto enviando chispas por sus cuerpos.

Jisoo bajó despacio, alineando sus centros, y cuando finalmente se sentó, un gemido simultáneo escapó de sus bocas. Jennie arqueó la espalda, con las manos aferrándose a las caderas de Jisoo con fuerza, y sus dedos clavándose en la carne suave mientras la mayor empezaba a moverse.

Al principio lento, un vaivén deliberado, frotándose una contra la otra, clítoris rozando clítoris en cada pasada. El placer era eléctrico, resbaladizo, el sudor comenzando a perlar sus frentes y cuellos. Jisoo aceleró el ritmo, sus caderas girando en círculos amplios, luego subiendo y bajando con más fuerza, controlando cada movimiento. Jennie jadeaba debajo de ella, con los ojos entrecerrados y con la boca abierta en gemidos continuos.

—Chu... sí... justo así...

Jisoo se inclinó hacia adelante, capturando uno de los pechos de Jennie con la boca. Lo lamió primero, rodeando el pezón endurecido, luego succionó con fuerza, mordisqueando suavemente el pico sensible. Jennie gritó bajito, las caderas empujando hacia arriba para encontrarse con las de Jisoo. La mayor cambió al otro pecho, amasándolo con una mano mientras su boca devoraba el primero, sus dientes rozando, su lengua girando, succionando hasta que Jennie temblaba debajo de ella extasiada.

Sus cuerpos estaban sudorosos, con la piel pegajosa deslizándose una contra la otra, el sonido húmedo de sus intimidades chocando llenando la habitación junto con sus jadeos entrecortados. Jisoo levantó la cabeza, buscando los labios de Jennie, y se besaron con desesperación.

—Te amo... —susurró Jisoo contra su boca, voz ronca—. Lo siento tanto...

Jennie no respondió con palabras; solo apretó más sus manos en las caderas de Jisoo, guiándola para que se moviera más rápido, más profundo en el roce. El placer se acumulaba con una presión ardiente en el bajo vientre de ambas.

Jisoo deslizó una mano entre sus cuerpos, su pulgar encontrando el clítoris hinchado de Jennie. Lo frotó en círculos rápidos mientras seguía moviéndose sobre ella sin piedad. Jennie se tensó de golpe, con las uñas clavándose en la piel de Jisoo.

—Chu... voy a...oh, Dios...

El orgasmo la atravesó como una corriente, Jennie se arqueó violentamente, con un grito ahogado escapando de su garganta mientras su cuerpo convulsionaba debajo de Jisoo. El placer la hizo apretar las piernas alrededor de las caderas de Jisoo, el roce continuo llevándola a su propio clímax segundos después. Jisoo jadeó contra el cuello de Jennie, sus caderas temblando mientras se venía, olas de placer estrellándose contra ella, y su intimidad pulsando contra la de Jennie en espasmos compartidos.

Colapsaron juntas, Jisoo cayendo sobre Jennie, exhausta, sudorosa, el pecho subiendo y bajando con respiraciones agitadas. Jennie la rodeó con los brazos al instante, atrayéndola contra su pecho, una mano acariciando su espalda en círculos suaves mientras recuperaban el aliento.

Jisoo levantó la cabeza lo justo para besarla.

—Feliz cumpleaños, Nini... —susurró contra sus labios—. El mejor que pude darte... y lo siento tanto por antes. No volverá a pasar.

Jennie sonrió, somnolienta, con los ojos ya cerrándose.

—Shh... ya está. Este fue perfecto.

Se acurrucaron más con las piernas entrelazadas, piel contra piel, el calor de sus cuerpos envolviéndolas como una manta suave. Jisoo besó la frente de Jennie una última vez, y pronto el sueño las reclamó a ambas, con sus respiraciones sincronizándose en la quietud de la habitación, el collar de rubí olvidado en la mesita de noche brillando débilmente bajo la luz tenue de la habitación.


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