El Secreto de Seda

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Summary

Durante la temporada de cortejos, el Visconde Julián Whitmore vive rodeado de bailes, alianzas familiares y expectativas que no ha elegido. Heredero de una prestigiosa casa de comercio de telas, su vida parece estar cuidadosamente tejida entre deber, reputación y las sedas más finas de Europa. Pero algunos secretos no pueden ocultarse para siempre. Cuando el enigmático Conde Lucien Ondesen llega interesado en las famosas telas de la familia Whitmore, una inesperada conexión comienza a formarse entre ambos. En una sociedad donde las apariencias lo son todo, Julián pronto descubrirá que hay deseos que ningún título ni promesa puede contener. Porque hay secretos que, como la seda… son demasiado delicados para permanecer ocultos

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prólogo

—Por favor… no me dejes.

Mi voz apenas logra salir mientras una lágrima recorre mi mejilla. El frío de la noche me quema la piel y siento cómo el corazón late con una fuerza que parece romperme el pecho.

Lucien acerca la mano y limpia la lágrima con su dedo. Luego saca un pañuelo de su chaqueta negra y lo pasa con cuidado por mi rostro, como si ese gesto pudiera reparar algo que ambos sabemos que ya está roto.

—Sé que duele —dice con voz baja—. Pero te juro que es lo mejor.

Baja ligeramente el sombrero y aparta la mirada.

—No merezco tu amor, Julián. No merezco nada de esto.

—No digas eso… —susurro—. Esperé tanto este momento… esperé tanto por ti.

Mis manos tiemblan.

—Si estoy aquí es porque tengo que confesarte algo.

Lucien suspira y levanta mi rostro con suavidad.

—No agaches la cabeza. Si esta es la última vez que voy a verte… quiero mirarte bien.

Mi pecho se contrae.

—Si te vas ahora… ya no podremos volver a vernos.

Guardo silencio unos segundos antes de continuar.

—Cuando regrese a casa tendré que aceptar el compromiso que mis padres han preparado. Tendré que casarme.

Lucien aprieta los puños.

—Soy un estúpido… —murmura, golpeando el tronco de un árbol cercano—. ¿Cómo pude dejar que esto llegara hasta aquí?

Lo miro con tristeza.

—Sabes que no podremos seguir viéndonos como hasta ahora. Sabes cuáles son mis valores. En el momento en que ese compromiso se haga oficial… cumpliré con mis votos.

Las palabras me pesan en la garganta.

—Quizá este sea un adiós.

El viento pasa entre nosotros.

Lucien se acerca un paso más.

—¿Un adiós? —dice con incredulidad—. Siento que apenas ha pasado un instante desde que te conocí.

—¿Un instante?

Una risa amarga escapa de mi boca.

—Llevo más de un año esperándote.

Lo miro fijamente.

—Un año de silencios. De promesas que empiezan… y nunca terminan.

Lucien baja la mirada.

—Si te hace sentir así… ¿por qué sigues aquí?

—Eso mismo me pregunto.

Lo observo unos segundos.

—Porque no consigo nada bueno de ti. Solo dudas… más preguntas.

Doy un paso atrás.

—Y porque al final los dos sabemos la verdad.

Levanto la mirada.

—Que solo soy… tu secreto.

—No digas eso —responde de inmediato.

Se acerca y me toma de los hombros.

—Significas mucho más que eso.

Sus manos tiemblan.

—No quiero perderte.

—Pero tampoco quieres escoger.

Lucien guarda silencio.

—No es tan fácil.

—¡Falacias! —respondo con rabia—. Si realmente me amaras no tendrías miedo.

El viento mueve su cabello oscuro.

—Te ofrecí una vida juntos. Solo tú y yo.

Lucien me observa con intensidad.

—No tengo miedo de lo que me pase a mí —dice finalmente—. Lo que me da miedo… eres tú.

Da un paso más cerca.

—Que te pase algo. Que te arruinen la vida por mi culpa.

Cierra los ojos.

—Intenté olvidarte. Arrancarte de mi vida.

Una sonrisa triste aparece en su rostro.

—Pero siempre termino en el mismo lugar.

Su mano roza mi cabello.

—No puedo olvidarte.

Mi respiración se vuelve pesada.

—Lo siento, Lucien.

Me aparto.

—Pero ya no puedo vivir de palabras.

El silencio entre nosotros se vuelve insoportable.

—Quizá te amo —murmuro finalmente—. Pero ya no sé si es amor… o la costumbre de esperarte.

Miro hacia el camino.

—Tal vez nunca me case contigo.

—Tal vez me expulsen de mi casa.

Lo miro por última vez.

—Pero si algún día vuelvo a buscarte… tú ya no estarás.

El viento sopla con más fuerza.

—Es mejor que me vaya.

Camino hasta mi caballo y subo a la montura con un movimiento rápido.

Aprieto las riendas.

—Adiós, Lucien.

El caballo comienza a avanzar.

—¡Julián! —grita detrás de mí.

No miro atrás.

El galope se vuelve cada vez más rápido mientras el viento golpea mi rostro.

Un año.

Un año esperando una respuesta que nunca llegó.

—Lucien… —susurro.

De pronto escucho otro caballo detrás de mí.

Cada vez más cerca.

—¡JULIÁN!

Volteo.

Lucien cabalga hacia mí con desesperación.

En un instante su caballo se empareja con el mío. Su mano alcanza la mía y tira con fuerza.

Perdemos el equilibrio.

Caemos.

La hierba amortigua el golpe y el cielo nocturno se abre inmenso sobre nosotros.

Lucien me rodea con los brazos, como si temiera que pudiera desaparecer.

Respiramos agitadamente.

Nuestros rostros quedan a centímetros.

Me mira con una intensidad que me deja sin aliento.

—No te dejaré ir.

El tiempo parece detenerse.

El mundo desaparece.

Solo estamos nosotros dos.

—Estás loco… —murmuro.

Pero mis ojos se quedan en sus labios.

Nunca lo he besado.

Nunca.

En este mundo, dos hombres que se besan no solo rompen una regla.

Se condenan.

Lucien acerca su rostro.

—Te amo, Julián.

Nuestros labios casi se tocan.

Pero giro el rostro.

—No creo que me ames.

Su expresión se rompe.

—Solo eres egoísta.

Lo empujo ligeramente.

—Quieres tenerme… pero sin aceptar lo que eso significa.

—No es eso…

—Entonces dime qué es.

Silencio.

Finalmente toma mi rostro y me besa.

Mi cuerpo se estremece.

Durante un segundo olvido todo.

El mundo.

Las reglas.

La moral.

Pero lo empujo.

—Detente.

Me pongo de pie.

—Dejar de ser casto contigo sería lo que más deseo… pero hice una promesa. Solo perderé mi castidad con la persona con la que me case.

Lucien baja la mirada.

—Lo entiendo.

El silencio vuelve.

Lo miro.

Y no puedo evitar recordar el primer día que lo vi.