El Ciclo Del Cristal

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Summary

Poderes antiguos despiertan cuando un ciclo olvidado amenaza con repetirse. Alex y sus hermanos descubren que las gemas que portan no son un regalo, sino una carga. Ahora deberán decidir si están destinados a repetir la historia... o a romperla para siempre.

Status
Ongoing
Chapters
10
Rating
n/a
Age Rating
13+

El despertar del ciclo


Sí estás leyendo esto... el ciclo ya comenzó.


Y eso significa que alguien, en algún lugar... ya fue elegido... y reemplazado.







Hubo un tiempo en que la humanidad no temía a la oscuridad...


sino a lo que la oscuridad hacía.


Porque no destruía.


Corregía.


Cuando las sombras aparecían, algo dejaba de existir.


No quedaban cuerpos.


No quedaban rastros.


Ni siquiera quedaba el recuerdo de que algo faltaba.


Una madre podía mirar una habitación vacía... y no saber que alguna vez tuvo un hijo.


Un nombre podía desaparecer de todos los registros... y nadie cuestionarlo.


La realidad no se rompía.


Se ajustaba.


Como si aquello que fue borrado... nunca hubiera pertenecido.


Durante siglos, la humanidad sobrevivió a ese horror silencioso.


Hasta que aparecieron las gemas.


Diez fragmentos de algo más antiguo que la historia.


No emitían luz constante.


Latían.


Como si estuvieran vivas.


No eligieron reyes.

No eligieron soldados.


Eligieron a quienes no podían ser reemplazados.


Personas cuya identidad era tan fuerte... que ni siquiera la realidad podía reescribirlas fácilmente.


Cuando encontraban a alguien, dejaban una marca.


Un símbolo que no estaba sobre la piel... sino dentro de ella.


Los portadores.


Fueron diez.


Y fueron suficientes.


La guerra terminó.


Las sombras fueron selladas.


Y el mundo siguió adelante.


Pero no porque hubiera ganado.


Sino porque olvidó.


Porque alguien —o algo— se aseguró de que olvidara.


Y ahora...


ese olvido está fallando.











Hoy.


La calle estaba iluminada por faroles amarillos que zumbaban suavemente.


Las ventanas abiertas dejaban escapar fragmentos de vida: risas, conversaciones, el sonido distante de un televisor.


Todo encajaba.


Todo era cotidiano.


Alex caminaba en silencio.


A su lado, Jhonatan tenía las manos en los bolsillos.


Ian iba unos pasos atrás, pateando una piedra.


—Si morimos por dulces —dijo Ian— quiero que quede claro que fue tu idea.


Jhonatan sonrió.


—Yo solo vine como apoyo emocional.


—Ni compartes.


—No comparto comida. Pero sí momentos importantes.


Ian soltó una risa.


Alex intentó sonreír.


Pero algo...


no lo dejó.


Era leve.


Casi invisible.


Como una nota mal tocada en una canción perfecta.


Se detuvo.


No porque quisiera.


Porque algo en su mente... tropezó.


Miró al otro lado de la calle.


Y la vio.


La máquina.


Alta. Metálica.


Pero no estaba hecha de piezas.


Era una sola cosa.


Como si hubiera crecido... en lugar de construirse.


Su superficie no reflejaba la luz correctamente.


La absorbía... y la devolvía tarde.


Líneas recorrían su estructura.


No estaban grabadas.


Se movían.


Como venas.


Como si algo circulara dentro.


—¿La ven? —preguntó Alex.


Ian levantó la mirada.


Frunció el ceño.


—No estaba ahí.


Jhonatan negó.


—Ni ayer. Ni hoy.


—Tal vez es de construcción... o algo así— dijo Alex.



La máquina emitió un pulso.


No fue sonido.


Fue presión.


Alex la sintió en el pecho.


Y algo dentro de él...


respondió.


No con miedo.


Con reconocimiento.


Y eso fue peor.




Entraron a la tienda.


Todo era normal.


Demasiado normal.


Alex miró su reflejo en el vidrio.


Por un segundo...


no estuvo seguro de que fuera él.


Parpadeó.


Todo volvió.


Pagaron.


Salieron.


Y el mundo... ya no encajaba igual.




Ian se detuvo primero.


—Dime que ya no está.


La máquina seguía ahí.


Pero ahora...


estaba más cerca.


El poste de luz parpadeó.


Una vez.


Dos.


Tres.


La máquina respondió.


El mundo se quedó en silencio.


No un silencio normal.


Uno absoluto.


Como si el sonido hubiera sido eliminado.


Alex sintió su corazón.


Demasiado fuerte.


Demasiado presente.


Ian levantó la mano hacia su rostro.


—¿Por qué... no siento...?


Alex lo miró.


Y entendió algo que no sabía explicar:


esto no era un ataque.


Era una corrección.


La cara de Ian no desaparecía.


Cambiaba.


Cada segundo.


Versiones.


Errores.


Intentos.


Como si la realidad estuviera buscando una forma correcta de que existiera.


—Alex... —dijo Ian— no sé cómo me veo.


Jhonatan lo miró...


y dudó.


—Espera... tú...


Se detuvo.


Porque no sabía quién era él.


Alex intentó pensar su nombre.


Nada.


No lo olvidó.


Simplemente...


no había nada ahí.


El vacío fue inmediato.


Frío.


Real.


Y entonces lo entendió.


No era que Ian estuviera desapareciendo...


era que algo estaba ocupando su lugar.


Y todavía no decidía qué debía ser.


Ian lo entendió también.


Y lo miró.


Esta vez completamente consciente.


—¡No me olvides! —gritó— ¡aunque cambie!


Dio un paso hacia él.


Desesperado.


—Alex, ¿te acuerdas cuando...?


Se detuvo.


Su expresión se rompió.


—...yo... yo siempre...


No pudo terminar.


Porque ni él recordaba qué lo hacía ser él.


Y eso...


era peor que desaparecer.


—Si me borran... —susurró— no dejes que sea como si nunca importé...


Esa frase se clavó en Alex.


Como un ancla.




Algo se movió junto a la máquina.


La encapuchada.


—Llegamos tarde.


Dos voces.


Una correcta.


Otra... ligeramente equivocada.


Miró a Ian.


Y dudó.


—No... esto no es igual.


Giró hacia Alex.


Lo observó con atención real.


—Tú no deberías...



—Esto ya pasó.


—Siempre pasa.




Tres objetos aparecieron.


Un collar de platino.

Un anillo de jade.

Una pulsera de lazurita.


Latían.


Ian retrocedió.


Su cuerpo volvió a fallar.


Más rápido.


Más inestable.


—¡Me estoy rompiendo!


—No —dijo ella—.




—Te están reemplazando.







Alex dio un paso atrás.


Negó.


—No voy a tomar eso.








La encapuchada lo miró fijamente.


—Si no lo haces...


Miró a Ian.


Luego a Jhonatan.


—ellos desaparecerán.


El aire se volvió pesado.


Alex apretó los puños.


—Tiene que haber otra forma.


—No la hay.


—¡Tiene que haberla!


—No estás eligiendo salvarlos.


Pausa.


Su voz se volvió más fría.


—Estás eligiendo qué versión del mundo permites que exista.




Jhonatan habló.


—Hagámoslo


Ian lo miró.


Sonrió...


aunque ya no era completamente él.


—Si me olvidas...


Respiró con dificultad.


Por un segundo...


fue completamente él.


—invéntame mejor.




El mundo comenzó a fallar.


Casas deformándose.


Luces desplazándose.


La realidad corrigiéndose.


Alex cerró los ojos.


—No debería tener que elegir...


—Pero ya lo hiciste —dijo la encapuchada—.


—¿Cuándo?


—Cuando decidiste no mirar hacia otro lado.





Alex entendió.


No podía salvar todo.


Solo evitar que se rompiera más.


Pero eso...


tenía un precio.


Y no era pequeño.


Miró a Ian.


Lo que quedaba de él.


Miró a Jhonatan.


A la calle.


A todo.


Intentó aferrarse a algo.


A cualquier cosa.


Pero incluso eso...


empezaba a desvanecerse.


Si no elegía ahora...


no quedaría nada que salvar.




Tomó el collar.


Jhonatan la pulsera.


E Ian el anillo.


El impacto no fue físico.


Fue interno.


Violento.


Como si algo hubiera sido arrancado de su identidad.


No dolor.


Pérdida.


Instantánea.


Irreversible.




El mundo volvió.


Ian cayó de rodillas.


Respirando.


Estable.


—...sigo aquí.


Jhonatan también.


Todo parecía normal.


Pero Alex...


no.


Al tocar el collar vio algo...


Una visión.


Todo estaba oscuro, solo estaba el y una figura emitiendo una luz tenue.


La figura se acercó a Alex lentamente.


Era el mismo, pero no era igual.


Su piel era de platino.


Su mirada era fría y seria.


Ese "Alex" lo miró a los ojos e intentó decir algo.


Pero en ese instante volvió a la realidad.



Intentó recordar algo importante.


Algo que sabía que era suyo.


No estaba.


Intentó sentir algo.


Algo que siempre había estado ahí.


Nada.


Un vacío perfecto.


Limpio.


Como si nunca hubiera existido.


—¿Qué perdí?


La encapuchada lo miró.


Sin dudar.


—Algo que te hacía ser tú.


Pausa.


Se inclinó apenas.


—Y lo peor...


susurró—


es que nunca sabrás qué fue.




Retrocedió.


—El ciclo está comenzando.


Pausa.


—Y no estás salvando nada.


Su voz se quebró apenas.


—Solo estás retrasando el siguiente error.


Desapareció.





La calle volvió.


Pero no del todo.


Ian respiraba agitado.


—No vuelvo a salir contigo.


Jhonatan miraba sus manos.


—¿Ya empezó?


Alex no respondió.


Los miró.


Los reconocía.


Pero algo en la forma en que le importaban...


había cambiado.


Y no sabía por qué.


Y eso...


era lo peor.









Muy lejos de allí...


En un templo antiguo...


Un hombre abrió los ojos.


Sonrió.


—Así que el ciclo...


Pausa.


—Ya eligió.


Sintió la energía.


—Y ya pagó el precio.


Oscuridad.


—Perfecto.








Nota del autor


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