Lavanda

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Summary

Tras "Limón y seda negra", "Los hilos de plata" y "Uvas y sangre", "Lavanda" aparce como continuación de la saga, constituyéndose como una obra de fantasía urbana y romance gótico que sigue la vida de Raven Lily-Rose Winterbourne. La trama se intensifica con su relación con Alistair Nightshade, el poderoso CEO de Nightshade Industries y un híbrido aristocrático. A pesar de su naturaleza oscura, Alistair queda cautivado por la compasión de Raven, aprendiendo que la verdadera fuerza reside en la bondad. Juntos desafían las leyes del Consejo, enfrentándose a prejuicios y peligros ancestrales. La novela explora temas de redención y lealtad, culminando en la premisa de que incluso los seres más temidos merecen paz. Es una historia donde el "grito" de la protagonista no es solo un poder, sino un acto de rebelión que demuestra que la luz siempre encuentra su camino entre las tinieblas.

Status
Complete
Chapters
12
Rating
n/a
Age Rating
16+

1. El grito que rompió el silencio

—¿Entonces tus padres están ahora en la Antártida? —le preguntó Raven a Alistair distraídamente mientras se arreglaba aquel día para ir a la universidad.

—Sí, están aprovechando el tiempo perdido. Algo que tú y yo creo que también deberíamos hacer…

—Pero… Nosotros no hemos estado en coma años como ellos.

—No, pero me parece que te he dedicado poco tiempo en el verano.

—Ah… Pues se acabó el tiempo querido CEO, me tengo que ir a clase —le dijo ella colgándose al hombro su cartera, dispuesta dirigirse a Sunnysand de inmediato tras darle a Alistair un beso en los labios.

—¿En serio me vas a dejar así? Vale, pero esta noche ponte guapa. Le invito a cenar —Alistair le guiñó un ojo y Raven negó con la cabeza con una sonrisa.

Raven se había sacado el carné de conducir en el mes previo con sorprendente facilidad, tras lo cual Alistair le había regalado un Porsche Macan rojo, y aunque ella no era a priori una fanática de los coches, este le encantaba. No obstante, siempre intentaba aparcar lejos de la entrada de la facultad para no llamar la atención de sus compañeros. Aquel día, sin embargo, iba un poco justa de hora, por lo que acercó el coche un poco más, aparcándolo frente a la puerta de la facultad de ciencias aeroespaciales.

—¡Raven! —Era Skylar quien desde su espalda pronunciaba su nombre impresionaba— Sabía que tu novio era rico, pero… ¡tía!

Raven se dio la vuelta lentamente para encontrar su mirada con su amiga.

—Hola Skylar, ¿qué tal?

—Creo que no tan bien como tú.

—¿Qué tal con Hunter? —Raven sabía que llegaría tarde a clase si no dejaba de hablar con Raven, pero entendió que merecía la pena arriesgarse, dado que hacía tiempo que no conversaban.

—Hunter es maravilloso. No me regala coches caros como tu CEO, pero bueno, tampoco está mal. Aunque debo decirte que está un poco obsesionado contigo todavía.

—¿Todavía? ¿Alguna vez lo estuvo?

—Vamos, no te hagas la tonta —le dijo Skylar inclinando su rostro—. ¿Ya no te acuerdas de cuando te pidió que le acompañaras al baile del instituto?

—Sí…, es verdad. Pero de eso ya hace…

—Quizá algún día podamos quedar los cuatro…

—Sí, claro —A Raven le pareció una idea horrible, por lo que ahora sí decidió abandonar a su amiga sin más preámbulos—. Llegamos tarde a clase, Skylar. Te veo mañana, ¿ok? Tenemos que ponernos al día sobre muchas cosas.

—Sí, hasta luego.

Raven sentía un gran cariño por Skylar, fue su primer apoyo cuando llegó a Lemon Falls y eso nunca lo olvidaría, pero también reconocía que entre su mundo y el de ella había una distancia infranqueable. Sentía que en ese sentido tenía más cosas en común con Brittany que con ella.

Cuando acabaron las clases y Raven volvió a Lemon Falls, se encontró una nota en su dormitorio de Alistair, que decía: «No olvides que hemos quedado esta noche para cenar. Pídele a Olivia que te ayude a escoger algo bonito. Te espero para cenar abajo. Te quiero. Alistair».

Raven dejó su cartera en el suelo y después se dejó caer en la cama. Estaba cansada. El día había sido largo, con las clases de Primatología, Metodología arqueológica, Prehistoria universal, Estadística y Geología llenando su horario. Apenas había tenido tiempo para comerse un sándwich a mediodía. No tenía ganas de nada. Miró el móvil. Su madre le había mandado una foto de la expedición en que se encontraba junto a su padre, en Menfis, la que fuera primera capital de Egipto. Tanto Arthur como Martha parecían contentos, posando entre los bloques de piedra. Se levantó entonces con poco entusiasmo y fue a buscar a Olivia.

Cuando Raven le expuso lo que necesitaba, esta la condujo por el extenso vestidor hacia una sección con trajes elegantes pero informales. Casi todos eran trajes con pantalón y chaqueta en los que Raven no se sentía nada cómoda. No le gustaba ese estilo.

—Podemos buscar otra cosa, pero esto es tendencia. Esta es una línea de Ralph Lauren.

—Bueno, pero…, para cenar con Alistair en mi propia casa no creo que necesite nada así… ¿No hay algo un poco más informal?

—Sí, pero… Si él te ha pedido que te ayude es porque es preciso algo un poco más especial.

—Olivia, simplemente algo cómodo, natural… Me parece bien que busques algo que me haga estar a la altura. Vale busquemos algo elegante, pero nada sofisticado, ¿de acuerdo?

—Como quieras. Ven por aquí —Tras caminar un par de minutos, Olivia le mostró varias perchas—. ¿Qué te parece?

—¿No será demasiado sencillo? Hay un montón de vaqueros…

—Sí, pero son vaqueros de Ralph Lauren también. Están al nivel de los trajes que te enseñaba antes. Y combinado así… —Olivia sacó una percha con una camisa blanca y otra con un blazer azul marino—, y con unos tacones, no desmerecerías de ninguna manera.

—Está bien. Me pondré esto. Espero que él no se presente en traje.

Con dicho atuendo, peleándose con los tacones, Raven acudió al salón donde estaba ya preparada la mesa, y Alistair la esperaba. Efectivamente, él estaba vestido con uno de sus mejores trajes. Raven miró al suelo avergonzada, pensando que quizá podría haberse esmerado más, ya que él sí lo había hecho.

—¿Nos sentamos? —la invitó él.

—Sí…

—Raven… ¿Sabes qué día es hoy?

—¿Hoy? Hoy es… ¿15 de noviembre?

—Sí, es nuestro aniversario.

—¿Nuestro aniversario? ¿Tenemos de eso?

—Sí, el día en que nos vimos en el bosque, ¿te acuerdas? Cuando lo del maletín —Susan entró entonces en el salón, sirviendo la sopa—. Fue el día en que te descubrí mi naturaleza.

—Sí…, claro que me acuerdo. Aunque soy un poco mala con las fechas —Raven se daba cuenta de que para Alistair aquel día era importante, así como también veía cómo se había olvidado. Se culpaba interiormente, porque en todas las películas que había visto era el hombre el descuidado, el que no daba una con las fechas—. Alistair…, ha llovido mucho desde entonces.

—Sí, sin duda. Hemos vivido muchas cosas juntos.

Alistair le puso la mano encima de la suya a Raven. Sus gemelos relucían. De nuevo, Raven hizo comparaciones con el género fílmico, cerciorándose de que ella no llevaba puesta ninguna joya aquella noche, mientras que él sí. No era lo que pasaba en las películas tampoco.

—Alistair… Entonces has preparado todo esto para celebrarlo… Para celebrar que estamos juntos…

—Sí —dijo él asintiendo con la cabeza—, para celebrar que hace dos años llegaste a mi vida.

—Alistair…

—¿Sí?

—Creo que no me encuentro bien… —Raven sentía que le faltaba el aire, que no podía respirar. De hecho, respiraba cada vez más rápido, agitada. Además, involuntariamente provocaba un sonido muy agudo, angustiante, que hacía que las copas se resquebrajaran muy lentamente.

—Raven, tranquila…, ¿qué pasa?

—No sé…

—Raven, dime qué puedo hacer —decía él levantándose para estar más cerca de ella, poniéndose de cuclillas a su lado—. Dime qué te pasa.

—Alistair, lo siento, me voy a subir a mi dormitorio. Creo que me está dando un poco de ansiedad todo esto.

—¿Un poco? Pero si no te tienes en pie… —le decía él perplejo dejando que se fuera.

Una vez en su habitación, a la que llegó a duras penas, Raven se tumbó en la cama y fue recuperando poco a poco la calma. No quería pensar por qué había perdido la compostura un poco antes. Se preguntaba si le daba miedo el compromiso con Alistair, o si era por las diferencias entre ambos. No lo sabía y no lo quería saber.

Entonces, se acercó al balcón abriendo las ventanas de par en par. Un vendaval de aire fresco se coló por todas partes, haciendo que las cortinas la envolvieran. Cuando consiguió zafarse de ellas y por fin se asomó al exterior, vio a lo lejos, avanzando por el jardín, una criatura escuálida con púas dorsales. Parecía un perro, un lobo, pero mucho más desgarbado e imperfecto. Su paso era el de un alma en pena, vagando sin consuelo.