SOMBRA GRIS

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Summary

Sinopsis Dicen que el dolor te rompe, pero no te dicen que los pedazos se pueden convertir en armas. ​Alekza creía en la lealtad, hasta que la traición llegó de la mano de quien menos esperaba. Vendida, rota y arrojada a un abismo de oscuridad, su destino parecía estar sellado en las sombras del tráfico humano; pero el destino tiene sus propias reglas. ​Alekza no busca venganza, el destino se encargará de cobrar las deudas; ella solo busca equilibrio. Pero descubrirá que, aunque no busque venganza, sus manos están listas para derramar sangre. Porque cuando te reconstruyes a partir de tus propias grietas, cualquiera que intente pisarte terminará cortado. ​No es venganza… Es poder.

Genre
Thriller
Author
Iskra
Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
18+

CAPITULO 1

—Vamos Alekza, tienes que conocerlo—

No sé qué le pasa últimamente a Romina; lo único que hace es insistir en que conozca a Alexander, ya hasta lo sueño.

—Basta Romi, de verdad ahorita no quiero tener ninguna relación, quiero enfocarme en terminar los exámenes, no tengo tiempo para salidas —

cualquiera podría notar mi molestia a kilómetros, —Siempre podrías salir tú con él, si tan guapo está— le sonrió con altanería mientras sigo disfrutando mi café y del día nublado.

—No entro en sus gustos, pero está bien, ya no te diré nada más — su teléfono timbra y se levanta para contestar, ya me puedo imaginar quien es.

—No logré convencerla, Alexander. Sí, lo dudo. Si no la convencí yo, menos lo harás tú. Averígualo — regresa a la mesa con su sonrisa traviesa.

—¿Qué pasa? ¿Todo va bien?—

—Sí, era Alexander... Desde que te vio a lo lejos no ha dejado de insistir en que te quiere conocer — voy a refutar, pero ella continúa; —Tranquila, le dije que no estabas interesada, aunque quería saber dónde estábamos, le dije que lo averiguara solo.—

Nos reímos. Está loco si cree que nos encontrará; realmente no somos de las que comparten su vida en redes y este lugar lo acabamos de encontrar mientras deambulabámos por la ciudad.

—Mierda— dice ella —Te juro que no se lo dije.—

—¿Que no dijiste qué?—

Me hace señas con la mirada para que voltee hacia atrás y murmura: "Ese es". Volteo y, ¡santa mierda!, viene en una Ducati Panigale V4 completamente negra. Sin duda esa moto podría ser el amor de mi vida. A él no lo logro distinguir, solo sé que es alto y fornido, ya que trae casco y va todo vestido de negro; se vuelve uno solo con su belleza de Ducati.

Se estaciona y, no puedo apartar la mirada de él o mejor dicho de la moto. Escucho la risa de Romi y regreso a la realidad.

—¿De qué te ríes? —le doy un golpecito juguetón.

—Te dije que era guapo.—

—Eso no te lo podría decir, pero esa Ducati sí que lo es.—

Ella niega con la cabeza y, cuando vuelvo a voltear para mirarlo, solo está la moto. Él ya no. Pero en ese instante, una figura alta se para detrás de mí y, cuando volteo, me quedo atónita. Dios mío, es tan perfecto... tiene un rostro tan delicado que parece un ángel.

—Vaya, ustedes dos sí que saben escoger un lugar. Mucho gusto, Alekza, soy Alexander— extiende la mano. Su voz es demasiado gruesa y siento un cosquilleo en el cuerpo

—Mucho gusto.— respondo tendiendole la mano

—Debo decir que eres más hermosa de cerca — solo le sonrío, ante el cumplido que todos hacen, ¿no pueden ser originales?, Jala una silla y se sienta, como si lo hubiésemos invitado, la mesera toma su orden y él le entrega una tarjeta, pidiendo que cargue nuestras bebidas a su cuenta.

—No es necesario, nos lo podemos permitir nosotras — Romi. me da una patada por debajo de la mesa y yo la miro con mala cara.

—Permíteme declinar, miel… Estas las invito yo — dice con una altanería que no me parece. Me caen mal los tipos como el, que piensan que por ser guapos a todas se nos mojan las bragas, además estoy acostumbrada a no recibir nada y no me gusta que me lleven la contraria, pero no tengo ganas de discutir con Romi.

—¿Qué hacen tan solas aquí? Es peligroso andar por estos rumbos — dice mientras toma su bebida.

—Deberías pensarlo dos veces antes de venir en esa “bebé” — le señalo la motocicleta—, y mi nombre es Alekza, no…— levanto ambas manos para marcar unas comillas imaginarias —"miel".—

—Alekza, no seas tan grosera— interviene Romina.

—Lo digo por tus ojos... y creo que tus labios saben a eso — me sonríe como si mi molestia fuera divertida para el.

—Algo que nunca averiguarás— Refuto, su sonrisa se hace mas amplia, que nunca deje de sonreír. Me mira como si fuese un reto.

—Eso lo veremos —se levanta y se va sin decir nada más.