A prueba
Agosto, 2013.
Aunque aun no podía dejar de sentirse temeroso. Sentado desde su lugar vio como uno a uno los postulantes entraban dentro de unas lejanas puertas dobles. No llevaba en cuenta entonces las ocasiones en las que, estos, eran escoltados hacia afuera por un joven Beta de cabello castaño y pequeños ojos de igual color. Había ido y venido, que en un fugaz segundo ya no tenia su impecable saco puesto y era lo más notable.
Acorde los candidatos fueron retirándose, acompañados en varias ocasiones de dos corpulentos hombres con la leyenda “Sekyuriti” en sus ropas, los sillones de la sala de espera se vaciaron y el de ojos pequeños ya le estaba guiando hacia aquellas lejanas puertas dobles. Retrocedió un paso y miro tras sus espaldas, era el ultimo. Luego miro hacia el frente, las puertas le fueron abiertas por el castaño que estático en un ademan de mano, le indicaba que pasara al interior de la oficina privada del líder de la empresa de correos multinacional: Mazawa´s Express.
Las cosas sucedieron un paso detrás del otro. Su incapacidad mostrada para expresar con palabras fluidas su meta para el trabajo y sobre lo que pensaba acerca de las empresas, mas en lo que se basaba su experiencia. Hizo enojar sin mucho esfuerzo al que ni siquiera, en un futuro muy lejano, vería como su jefe.
Un hombre Alfa que le llevaba veinte años en edad y permanecía imponentemente sentado detrás de su escritorio.
Apretó la valija de cuero que llevaba entre sus manos, sus ojos miraban hacia todos los lugares, buscando una revelación, alguna idea que le ayudara a dar el paso para salir del pozo que había cavado por su cuenta bajo sus pies. Sin embargo, su incapacidad había vuelto a ser nula y la tardía respuesta a las preguntas que le caían pesadamente sobre su cabeza, mas aquella fiera mirada, hicieron erupción como un volcán en su auge.
—¡Genda!—vocifero el Alfa mayor de pronto, ocasionando que diera un salto directo a la realidad y se diera cuenta del lugar donde estaba parado como una estatua.
Lo vio levantar su dedo y dirigirlo hacia el intercomunicador del escritorio, para solo entonces juntar sus manos por encima de este. Se fijo por primera vez en los ojos cafés, penetrantes, como si quisiesen asesinarlo.
Definitivamente quería que la tierra se lo tragara allí mismo, le incomodaba absolutamente su austera mirada, la mirada de un Alfa que imponía presencia como un lobo hambriento, a punto de lanzarse sobre el y atraparlo entre sus zarpas, para luego devorarlo entre sus fauces. Seguramente ya habría muerto y su espíritu seria el siguiente. Si realmente estos podían morir.
¿Podían?
Genda había aparecido de pronto, ese mismo joven de ojos pequeños que le había abierto las puertas a su tumba. Ni siquiera se fijo en sus propios dedos jugando entre si, mantenía fija su mirada en el Alfa pregonando presencia detrás de su escritorio. Genda se poso a su lado, indiferente del lio en su cabeza.
—Mazawa-sama—dijo, seguido de una reverencia. ¿Fue su impresión o estaba mas o tan asustado como el?—¿Que se le ofrece?—preguntó tras levantar la cabeza, su cabello castaño peinado hacia los lados se quedo en su lugar.
—¿¡Quien es este escuálido!?
¡Oh si, definitivamente agonizaba! ¡Tenia solo unos cuantos minutos de vida!
Sin embargo ¿Que esperaba un Alfa como este? Cuando difundiera que no quería como asistentes Omegas, ni Alfas, debían ser estrictamente Betas como el, humanos comunes en medio de las dos convergentes de la cadena evolutiva. Tal vez alguien de su misma calaña, igual a si mismo en todo el sentido y no era que se guiara de lo que las voces susurraban en secreto, sobre este otro tipo; Mazawa Itachi. El flamante o “Ese viejo alfa Amargado” y líder de las empresas, al menos eso había oído entre los otros tantos postulantes que había sacados por la fuerza de su oficina en muchos casos. Al parecer si se guiaba de lo que decían.
Cuarenta años, cabello negro que iba peinado hacia atrás meticulosamente, distinguían como destellos algunos mechones blancos que le caían rebeldes sobre el enarcado rostro. Un tenue bello facial le recorría la parte superior de la boca y terminaba de manera impecable por debajo de la barbilla. Estaban estos ojos suyos, de color café, con una ligera tonalidad rojiza. Que le incomodaban en todo sentido imaginable e inimaginable, más importante ¿En que momento le había vislumbrado con tanto detalle?
¿Y quien era él? —Uboshita Takato—el intento de Genda por hacer una presentación no tuvo éxito. Del escuálido y pálido chico. De contextura pequeña, apenabas llegaba al metro sesenta de altura, le caía el cabello rubio y desordenado por la cara, entremezclándose con un viejo modelo de gafas gruesas, que estaban rotas en el centro.
—A veces—hizo una pausa—resultas demasiado gracioso Genda, si me preguntaran la razón por la cual todavía no estas despedido—articulo, riéndose de sus propias palabras sin sutileza. Una risa burlona que retumbo en su cerebro unos instantes. Ni siquiera en su padre había visto semejante cinismo, ni escuchado ese tono autoritario que se complementaba perfectamente con la altura y el porte, que pudo ser capaz de ver ese breve instante que se puso de pie y tomo el teléfono en su escritorio—pero no estamos aquí para hablar de que eres el afamado bufón de la empresa, llamare a seguridad.
Takato trago duro. Debía hacerse de valor y hablar, exponerse. Había oído muchas veces, durante veinte años, que de nada le servia callar.—D-disculpe, Itachi-sama—los nervios le habían ganado evidentemente, el Alfa volteo a verlo con severidad, balanceando el teléfono sobre su mano derecha.
Chasqueo la lengua—¡¡Acaso te di permiso de llamarme con tanta familiaridad!! ¡¡Mazawa-sama para ti!!-rápidamente sus dedos marcaron en el teléfono-¡¡Genda, podrías por una vez dejar de jugarme bromas con pobres tontos que encuentras por ahí!!
Por primera vez en su existencia, Takato no lloro como lo haría en un aprieto, en cambio, mientras sentía la pesada aura del Alfa tratando de imponerse, una llama exaltada se encendió en su interior y parecia haber esperado todo este tiempo para flamear a causa de la persona correcta. Alzo la cabeza, enfrentándose al muro de feromonas dominantes que, incluso si solo fuera un Beta, las había estado olfateando y soportando desde que paso por el par de puertas dobles.
—¡¡Es completamente cierto eso que dicen de “Usted”, un cínico “Viejo Alfa amargado”!!-resoplo furioso y con recobrada autoridad. Sonrió satisfecho, apretando los puños. Permanecía con el cuerpo enteramente rígido, se giro para darle la espalda, caminando con cada paso decidido hacia la salida. Se iría y mandaría todo al diablo. Sin embargo, no alcanzo a tocar la perilla cuando el peso de las feromonas se hizo mas fuerte y aplastante, giro la cabeza, mirando la gran sombra precipitándose sobre el y luego sintió su mano en ese momento exageradamente grande, agarrándose de su hombro para detenerlo.
Genda palideció, estaba constantemente expuesto a las feromonas del Alfa, pero en esta ocasión pareciese como si pudiera desmayarse allí mismo y aun así—N-no… le haga nada, Mazawa-sama—articulo—seguridad estará aquí en un minuto y se ocuparan de él.
—Ve y siéntate ahí—ordeno en cambio Mazawa a Takato, ignorando a Genda.-—Si aun quieres el puesto, claro—agrego, su voz mas ligera y sus feromonas calmadas como si hubiera dejado de ser un Alfa de repente. Ambos Betas sintieron que podían respirar aire de verdad. Takato todavía estaba pasmado, parpadeando con asombro y ocasionando una vez mas, por su tardía respuesta, que Mazawa tomara al toro por los cuernos. Suspiro y lo jalo, haciendo que se sentara de golpe sobre la silla de invitados frente a su escritorio. Así como si fuera lo mas normal, se devolvió detrás de su escritorio y marco de nuevo el mismo numero, los guardias no llegarían esta vez.
—N-no entiendo...—fue todo lo que articulo el rubio. Rodeando con sus dedos e inseguridad las tiras de su maletín.
—¡Ja, estas siendo un poco lento después de tener las agallas para gritarme de frente, una cuarta parte de todo lo que dicen a mis espaldas!—se sentó en su silla, relajado, agarro un puro de una desgastada caja de madera.—Es suficiente argumento para que considerara contratarte—Takato temblaba, nervioso—estarás a prueba, nada mas, deberías considerarte afortunado, quien sabe si mantienes el ritmo de trabajo podrías ganarte un contrato permanente.
—Estoy seguro que hará su vida miserable, no debí traerlo en primer lugar, si se notaba que era el menos hábil de todos—Genda como en un mundo aparte, todavía ignoraba lo que sucedía a su alrededor. Lamentándose y divagando entre sus pensamientos.
—En cuanto a ti, Genda, entregale todo lo necesario y llevalo a su lugar de trabajo—exhalando el pesado y abundante humo de su puro, que se había empezado a consumir lentamente entre sus labios.
—¿Ah, sí? como usted diga Mazawa-sama—era un sueño poco realista, incluso para Genda. Takato entonces fue tomado por este, lo obligo a reverenciarse y luego empezó a empujarlo hacia afuera.
—¡Te espero mañana a primera hora, no lo olvides!—ambos se detuvieron en seco y cruzaron al otro lado de las puertas dobles después de un “lárguense” poco profesional, ¿De verdad ese hombre seria su jefe? ¿Estaría a prueba en ese lugar? ¿Soportando a la peor clase de Alfa?
Las puertas dobles se cerraron delante de ellos, aunque en realidad había sido Genda quien lo hizo, para luego tomar una gran bocanada de aire.
A pocos metros del par de puertas dobles y del lado contrario de la sala de espera, en una estancia de tamaño mediano, habían dos pares de escritorios que se enfrentaban entre si. Camino entre ambos, observando a detalle cada uno de los objetos apoyados en estos, entre una portátil y un ordenador mas grande, había un lapicero, varias carpetas y un portafolios dejado como si su dueño hubiera estado muy apurado. Ademas, según noto, estaba la silla cubierta por el saco que le faltaba al castaño.
Se coloco detrás del otro escritorio vació, la pantalla del ordenador en este estaba apagada. Continuo observando a Genda, que había dejado de abrir cajones y un par de agendas y carpetas extras cayeron pesadamente sobre el otro montón, tomadas entonces inmediatamente para dejarlas frente a el. La ultima agenda, que estaba en la pila arriba de todo, era ligeramente mas delgada.
—Bueno, este va a ser tu escritorio, es bastante obvio de todas de formas. En primer lugar, estarás a prueba y haré todo lo posible por ayudarte, pero no deja de ser una carga de trabajo igual que si hubieras firmado un contrato oficialmente—tomando bocanadas de aire entre palabras, como si fuera a quien le esperara una prueba muy difícil—y firmaras uno—sonrió de su propio intento de ser gracioso.—Mazawa-sama puede ser complicado y yo lo se mejor que nadie, pero si tus sesos no terminan esparcidos en la alfombra de su despacho el primer día, creo que puedes lograr tu meta y mantener su ritmo, estarás a la altura de lo que busca en un asistente.
—G-gracias… aunque eso de los sesos me resulta desagradable—confeso. Ese lugar era completamente diferente, podría acusar al aire condicionando que le soplaba en la nuca o era el echo de que el Alfa no pasaba el tiempo suficiente en ese lugar como para atiborrar de sus feromonas. Así que el aturdimiento de estas se iba relegando lentamente, muy, muy lentamente.
—Sí, tienes razón—sonrió, correspondiendo.—Se siente en el aire ¿verdad?—ambos asintieron. —Admito que fue estúpido, pero realmente tienes agallas para decirle lo que le has dicho; digamos, no tienes que preocuparte de tus sesos, estarán a salvo por ahora y debes tener muchas preguntas por hacer, es tu momento.
—Uhm… ¿Por que un Beta como su asistente?
—¡Justo al blanco!—señalo—Mazawa-sama no quiere omegas y alfas a su alrededor. Tiene contactos, así que hizo algunos arreglos, un par de llamadas por mi parte y aquí estamos, es poco ético hacer una convocatoria excluyendo las jerarquías dominantes, pero incluso si los hubiera permitido, ya sabes el resultado—Takato entonces, asumió que hacia Genda en ese lugar, otro Beta desgraciado que había terminado como su asistente.—Todavía me parece irreal que salieras ileso de la guarida de ese Alfa, mi caso es diferente—aunque no tenia feromonas, juraría que era capaz de sentir el aura amarga de un omega presionando el aire— sucedió algo hace dos años y quede en deuda, soy solo un humilde cadete, voy y vengo. No tengo ese nivel de organización maniática que busca—comprendiendo entonces, que realmente sus destinos eran diferentes, pero al fin y al cabo no demasiado lejos el uno del otro.—Un mes, esta escrito ahí, si sobrevives todo el mes de prueba, puede que averigües la verdadera razón, hay rumores sabes, sobre lo que se oculta bajo su escritorio—le guiño un ojo, sobre la pila de otro poco de carpetas que termino de dejar sobre su escritorio, desplegó el contrato—no tienes que firmarlo ahora, llevalo a casa y piénsalo un poco mas.
—¿Bajo su escritorio…?—se puso pálido de repente, tamborileando los dedos sobre el montón de papeles—¡Un muerto!—exclamo de repente, le daba vueltas en la cabeza esa idea, una ocurrencia muy repentina y estúpida ¿Pero que mas podía ser?
—Oye, ni en mis mas disparatadas ideas se me hubiera ocurrido, pero no tendría sentido si fuera un muerto, el olor no se puede ocultar ni con las fieras hormonas de un Alfa dominante, en fin. Todavía no me presente. Genda, Genda Kano y cuidare de ti por ahora—seguido de ello, se reverencio, sonriendo con calidez.—Presenta esta credencial al salir y al entrar, la necesitaras ¡Buena suerte Takato-kun!

Takato se había graduado hacia solo un año, especializándose en secretariado. Aunque había optado por una carrera corta y que abarcaba diferentes áreas, en realidad había sido mucho mas difícil encontrar trabajo de lo que imaginaba. ¿Se debía a su indecisión inicial? Es decir, nunca estuvo seguro si era a lo que quería dedicarse, pero allí estaba. Jugueteando con su pluma al pie de la ultima pagina de su contrato, de un trabajo temporal que se correspondía con su conocimiento. Después de ser rechazado reiteradas veces por no ser mas que un Beta.
Guardo rápidamente el contrato en el interior de su maletín y sujeto con fuerza la pluma, antes de bajarse del taxi frente al complejo de edificios residenciales donde vivía. Abono su viaje y mientras el auto se alejaba, se limito a contemplar el edificio y avanzo por la pequeña calle. Tenia cierta tranquilidad en el echo de que, si realmente lograba sobrevivir un mes, ya no tendría que depender de sus padres. Eran los mejores y nunca se había sentido presionado dentro de su pequeña familia, pero si por el resto del mundo dominante que lo rodeaba. Al que tenia que enfrentarse día a día. De alguna forma seria cínico de su parte decir que, no les había mentido en algunos aspectos de su vida.
Metió la llave en la cerradura de su puerta, sus fosas nasales se impregnaron del alcohol barato en el aire y un tenue rastro de feromonas que se dirigían hacia la única habitación del pequeño departamento. Tomo aire, tosiendo ligeramente por aspirar toda esa mezcla de aromas, sonrió, aunque no debía alegrarse bajo ninguna circunstancia. Y si lo hizo cuando no escucho ningún sonido obsceno de fondo.
¿Había logrado todo lo que quería ese día?
Tenían un trato, con su novio: Ekiguchi Fuyuki. Un Alfa un año menor que el, al que había conocido en sus años de secundaria. Desde el principio estuvo claro que el, como un Beta y mas aun por su carácter, era incapaz de complacerlo. Fue entonces que su relación se transformo, cediendo a que delegara el cumplimiento de sus necesidades en un tercero. Había estado de acuerdo en ser engañado, de que mientras mientras el se negaba al sexo y se sentía culpable por ese echo, su novio se revolcara con alguien mas.
Patético, pensó. Siguiendo el rastro de las feromonas de su novio Alfa, que iban intensificándose hacia el cuarto. Temprano le había dicho sobre su entrevista y antes de bajar del taxi, sin poder guardar mas la sorpresa, le dijo sobre el contrato, pero no había obtenido respuesta.
Se quito el saco, los zapatos y dejo el maletín sobre un mueble cerca del recibidor. Sus pasos volviéndose mas pesados, un presentimiento de que algo iba mal. Lo soportaba, si, pero su cabeza negando hacia los lados estaba en desacuerdo y el compensaba ese desacuerdo, diciéndose así mismo que era porque prefería que fuera lejos del departamento. En algún hotel de amor barato, donde no pudiera verlos ni oírlos.
Lo hacia solo para complacerse, respetando su hogar ¿Era un hogar de verdad?
Era muy diferente que fuera allí, en su cama. Y eso no estaba sucediendo ¿Verdad? ¿Por que tenia la impresión de que…?
—¡Fuyuki!—llamó, tras encender las luces. Estaba negando la realidad, paso a paso, acción tras acción, sin importancia frente esa clase de suceso.—¡Estoy en casa!—miro la pequeña cocina que se fusionaba con un pequeño espacio que componía una pequeña mesa y un juego modesto de sillones. Después de mirar el baño, finalmente tomo el valor, lo había postergado tanto como le fue posible, el sabia que lo había intentado.
Abrió despacio la puerta de su cuarto, revelando la triste realidad. Los Betas no eran indiferentes a las feromonas de los Omegas y de los Alfas. Aunque diariamente las podían detectar y hasta distinguir, no los afectaba. No había un celo ni un nudo de hormonas que desatara una tempestad. Por eso lo sabia, llevaba años conociendo a Fuyuki, sabia cual era su olor detrás del alcohol que solía consumir, las conocía como conocía la de sus padres y podría saber cuando estas estaban mezcladas con la de otro, por muy tenue y confuso que fuera el vestigio. Y especialmente si, se trataban de las de un Omega, de un Omega que dormía entre sus brazos y el estaba viéndolos desde afuera, como si fuera el otro que estaba observando.
Estaban en su cama, entre sus sabanas. —¡F-Fuyuki!—su pecho se oprimió dolorosamente.
Había mantenido la esperanza hasta en el ultimo instante que abrió la puerta y se encontró con el panorama desolador.
El primero en despertar fue el Omega, que se volteo y sacudió con fuerza a Fuyuki.
—T-Takato… ¿¡Que haces aquí!?
—¡Tu me preguntas eso, tú, yo debería ser el que haga preguntas!—estalló, ahogándose en el llanto que intentaba contener, se mordió los labios con fuerza. Fuyuki hizo un amago por tomarlo del brazo y tranquilizarlo, el rubio retrocedió—y-yo lo soporto, cuando estas ahí afuera, cuando solo imagino que estas emborrachándote con tus amigos, pero esto—todavía con esa llama exaltada encendida en su interior, que se fue apagando lentamente hasta que solo fue un cúmulo de cenizas bañado en lagrimas-—Vete, sacalo, váyanse, quiero estar solo—fue todo lo que dijo antes de darse la vuelta y encerrarse en el baño.
Inmediatamente después, hubo una sucesión de golpes a la puerta, la voz de su novio rogándole que le abriera, la voz del Omega diciendo algo que no entendió dentro de la niebla mental bajo la que estaba y la puerta de entrada cerrándose en un azote. Patadas y más golpes de los puños de Fuyuki a la puerta del baño.
—Necesito pensar… vete, al menos haz eso por mi...—pidió con la voz atascada.
—Takato, mi amor, vamos abre la puerta ¿Si? Somos tu y yo ahora, como siempre—conocía perfectamente su dulce tono de voz, aquel al que siempre acudía con ojos cerrados. Pese a eso, mientras se limpiaba las lagrimas, se escucho el pestillo de la puerta y el chirrido de esta al abrirse.
—Incumpliste tu palabra…—Takato se asomo lentamente.
—Tu lo sabes, sabes la solución a todo esto—le sonrió con coquetería, el rubio estaba tenso bajo los brazos del Alfa que lo estaban abrazando.—Tienes la culpa ¿Acaso te haces una idea de mi frustración? Lo necesito, pero, mi corazón esta siempre contigo. Te imagino en ellos, siempre ¿Lo entiendes?—Takato guardo silencio, dejándose llevar lentamente, miro hacia un lado de su novio, la cama, toda desordenada. Fue derribado en esta, como un cuerpo vació sin alma. Cayendo en el mismo discurso de siempre.—Dejate llevar—susurro en su oído, quitándole los lentes, ni siquiera se molesto en apartar todo el cabello desordenado que, desafiando la gravedad le cubría el rostro.
—Lo prometes ¿No lo harás con nadie mas?—Fuyuki asintió, sellando sus labios con un beso. Forzándolos a esto como si eso fuera normal.
—Es una promesa.
—¿Una promesa eh? ¿Cuantas veces haz dicho lo mismo?
—Hoy es una ocasión especial, cumpliré mi promesa y sera para siempre—y sin pedir permiso, sus manos se posicionaron sobre su pecho, admirando muy poco la figura del Beta que planeaba devorar finalmente esa noche. Desabrochando sin delicadeza y con apuro los botones, hasta que fue capaz de tocar y saborear en sus labios la piel desnuda.
Sabia que no tenia que confiar en sus mentiras, en el repetido discurso.
En el momento que sintió a sus feromonas inundando el cuarto y envolverlo como si fuera a ser encarcelado entre estas, Takato se resistió.
—D-Detente…
—No tengas miedo.
—N-no tengo miedo, detente...—contuvo la respiración, estaba empezando a sentirse mareado, pero todavía tenia fuerzas. Agarro sus manos en un movimiento que, sorprendió al Alfa.—¡He dicho que te detengas! ¡¿Es mas importante el sexo que todo el amor que decías tener por mi?!
—¿Que hay con esa actitud? Vamos, no me gusta este juego donde finges resistirte, te lo prometí, todo ira bien, todo...—Fuyuki se estaba exasperando, no soportaba su actitud ni mucho menos la mirada que le estaba dirigiendo. Poco dispuesto a retroceder, termino por aprisionarlo con el resto de su cuerpo.
Takato se resistió mas fuerte, tratando de dejar en claro su punto. La lengua de Fuyuki le delineo el cuello, habiendo un punto de quiebre cuando sintió como lo había rozado con sus colmillos de repente. Estaba cruzando un limite, mientras latía en su interior un creciente miedo por ser mordido y forzado. Era el nacimiento de un sentimiento de profundo desagrado por sus toques, por sus palabras y la catarata de promesas.
Sus labios fueron enmudecidos por el acople de sus bocas, por la lengua recorriendo el interior con brusquedad.
—P-Por favor no sigas, Fuyuki—tomando una rápida bocanada de aire cuando dejo ir su boca, Fuyuki sonrió. Todavía aprisionando sus muñecas contra el colchón.
—Detenerme, cuando lo estas disfrutando tanto, solo mirate, pareces un pequeño Omega en celo por su Alfa—contrario a lo que Fuyuki quería hacerle ver, su erección estaba desconectada de lo que pasaba en su mente, del sentimiento de miedo que lo recorría como un escalofrió.
—¡No es cierto!—luchando entonces con mayor fuerza, ambos se miraron fracción de segundo. Takato estaba completamente aterrado de lo que pasaría después. Sabia que podía salir mal y sin embargo, en cuanto Fuyuki sintió que su cuerpo cedía, las manos que lo aprisionaban se aflojaron ligeramente.
—Ves, ya estas mas relajado...—sin pensarlo dos veces, levanto su pierna y estampo su rodilla directamente en la entrepierna del Alfa. Se hizo aun lado rodando por la cama, sumamente alterado, viendo como el Alfa se retorcía entre las sabanas por el dolor.
—L-lo siento, yo no quise… tu ibas a obligarme… no eras así y yo simplemente tenia que…
—¡Estoy harto de oírte parlotear que no!—grito, adolorido.—¡Callate!—rechazando su ayuda, estaba tratando de ayudarlo pese a todo, pero todo el juicio del Alfa había sido nublado por el dolor.
—Fuyuki…—la única respuesta de su parte vino en forma de puño, le había dado vuelta la cara después de estampar este en su pómulo. Takato se cayó atónito en el suelo, escucho el portazo de la entrada de fondo. Se toco la cara, con las manos temblorosas, como si ese golpe literal de realidad le hubiera echo tomar conciencia por primera vez.
Se había ido, lo había dejado solo. Con el lado izquierdo de su cara hinchado, se volvió a tantear con las manos temblorosas. Si se pudiera ver de afuera, sabría que se vería miserable, patético, En que estaba pensando, que pasaba por su cabeza. Su respiración se agitaba cada vez, volviéndose más pesada, hasta el punto que solo pudo salir corriendo a vomitar al baño y tras esto, había sufrido un repentino ataque de ira. Se encontró de pronto, rodeado de cada cosa que había revoleado por los aires, como si solo se sintiera capaz de hacer eso.
Se estaba engañando a si mismo ahora, ignorando por un momento la realidad que le había devuelto su cara. Tenia que trabajar mañana, mañana era su primer día de trabajo, si. Pero todo eso ya no parecía tener ningún sentido.

—¿Que te sucedió en el rostro?—preguntó Genda la mañana siguiente, no lo había dejado pasar por alto pese a que le había esquivado la mirada. Así pues lo tomo del mentón y observo el notorio moretón que le adornaba la mejilla. Había quedado parado al lado de su silla, con la mano sobre el respaldo y la otra sosteniendo una caja, y su maletin.—¿¡Intentaron robarte!?—se alteró—¡Tuvo que ser eso, no hay duda!—continuo, rodeándolo mientras se sentaba con aparente indiferencia—lo siento tanto, tuve que advertirte que hay cierto… grupo.
—No fue un robo—contesto a secas y en un hilo de voz.
Estaba conteniendo las lagrimas que amenazaban con salir. Mientras sacaba sus cosas y las guardaba en su escritorio, tuvo la sensación de que estaba todavía en la escuela y que en cualquier momento el maestro feo y gruñón se aparecería mordiendo. Fue entonces que las puertas del ascensor, medio metro mas allá, se abrieron y Mazawa hizo acto de presencia. Podría parecer y tal vez era un gruñón, porque así se leía su humor esa mañana. Sin embargo, si lo analizaba bien, no le parecía para nada feo y ese pensamiento lo hizo sonrojarse. Distraerse de todo lo que estaba pasando por su mente.
Antes de que pudiera darse cuenta Genda lo tomo del brazo, obligándolo a ponerse de pie y coloco su mano con firmeza sobre la mitad de su espalda. Irguiéndolo hacia abajo para hacer la habitual reverencia.
—Buenos días Mazawa-sama—dijeron al mismo tiempo, algo interior y bien acertado le dijo a Takato que no esperara un saludo de correspondencia. Vieron en cambio sus zapatos negros bien lustrados caminar por un costado y al recuperar la postura derecha, escucharon el par de puertas dobles cerrarse.
—No lo olvides, siempre debes...—pero el Beta de ojos pequeños fue interrumpido. Takato y el no terminaban de componerse por la estela de feromonas Alfas amargas dejadas atrás, cuando la luz del intercomunicador de su escritorio parpadeo y dio un pitido. Mazawa le estaba ordenando presentarse ¡Ya! En su despacho.
—D-De inmediato—contesto, dando un traspié al estar nuevamente derecho. Estiro su brazo para alcanzar una pequeña libreta. Genda dio una risita y luego le vio perderse en el interior de la boca del lobo.
Sabia que no tenia que respirar demasiado profundo ese aroma, que resultaba ser mucho más intenso dentro de los dominios principales de su jefe. Quien estaba dándole a ver el respaldo de la silla, esta giro después de darse cuenta de su presencia y se inclino hacia atrás por el peso de su cuerpo. Lo miro fijamente con una sonrisa, que se borro inmediatamente. ¿Que había echo mal? Se pregunto, su silencio o haberle repuesto antes un dubitativo “Enseguida”, lo que fuera no parecía ya importar demasiado, puesto que ya lo oía y olía acercarse a pasos pesados hacia donde estaba parado como una estatua.
Su sola cercanía lo incomodaba, hasta tal punto que solo pudo perder el equilibrio hacia atrás. Iba a caer sobre el piso, besar la alfombra aterciopelada si no fuera por un rápido reflejo de su temible jefe. Mazawa lo jalo del brazo apretándolo mas de la cuenta y lo embistió contra su pecho de lleno. Se apoyo débilmente con las manos, respirando muy fuerte y tragando duro mientras aspiraba sus feromonas. En cambio el mayor, aun sosteniéndolo con maestría, lo tomo del mentón e inclino su cara hacia atrás. La gravedad esta vez hizo lo suyo, haciendo que su fleco todo mal cortado se hiciera a un lado.
—¿Como te hiciste eso?—preguntó, observando el moretón sobre su pómulo. Mirándolo por primera vez a lo ojos y ahora que su revoltoso cabello no estorbaba, como si fuera una cortina muy gruesa, tuvo el privilegio de fijarse muy bien en el par de ojos verdes que le reponían la mirada. Que estaba seguro podría ser mas intensa, si solo sus gafas no estuvieran estorbando. Estaba en shock y pocas cosas tenían esa clase de impresión en Itachi.
—Un robo, intentaron robarme al salir de aquí… ayer...—lo que, a pesar de lo rojizo bajo sus ojos, que había sido producto de llorar durante toda la noche, todavía intentando procesar que diablos había pasado. Pareció ser suficiente argumento para que su jefe se hiciera a un lado, que sus feromonas retrocedieran, aun si esa oficina estuviera en gran medida cargada de estas.
—Iremos a lo nuestro, te daré las ordenes de hoy—asintió rápidamente—¿No lo anotaras?—preguntó, echando un rápido vistazo a la libreta que había dejado caer cuando se le acerco. Takato reacciono y la tomo de regreso.—Es tu primer día, pero no significa que te perdonare que pierdas el tiempo con ese tipo de cosas, deberías aprender a memorizar y ser mas competente, me haces perder mi valioso tiempo—. Regreso entonces a su estado original, sentado en su silla del otro lado del aquel escritorio que actuaba como alguna especie de barrera que los divida.—Mi cena del diez muévela al quince, mañana tengo una reunión, puedes cancelarla—sonriendo de medio lado—y lo del Lunes que viene, dentro de un mes. Todavía tienes que organizar los archivos del cuarto de archivos y van a llegar llamadas importantes después de la diez, cada de una ellas desvialas, así que no tienes permitido moverte de tu escritorio hasta la hora del almuerzo.—mirándolo una ultima vez frente a frente, aunque la capa de cabello se lo impedía—y lo ultimo… ¡Que estas esperando, muévete y trabaja duro!—un ligero ademan de su mano señalando la puerta, la pluma de Takato termino de garabatear con una velocidad insana en la hoja.—Retirate.
—Si, Mazawa-sama—se apresuro en hacer una reverencia y casi sin inmutarse alcanzo con su mano el pomo de la puerta.
—Oh, dile a Genda que venga.
Se miraron fugazmente antes de que abandonara la oficina. Solo entonces pudo jadear varias veces, con la mano sobre su pecho sintiendo como el corazón le latía desbocado. Era un pequeño momento de paz, tenia esa vaga sensación de haber estado con todos sus sentidos obstruidos por sus feromonas y su figura de autoridad intimidandolo. Todavía mirando sus notas, la letra se caía por el renglón por la velocidad en la que había escrito ¿De verdad conseguiría entenderlo? Era como si las letras se estuvieran derritiendo frente a sus ojos.
—Mazawa-sama, él quiere verte—dijo después de unos pocos minutos. Le había costado ordenar a sus pies moverse y caminar. Pero allí estaba, recuperando lentamente la calma y regulando su pulso. Suspiro después de sentir el aire acondicionado en su nuca, como si eso le recordara que el ambiente ya no era dolorosamente aplastante.
Por otro lado, Genda no se sentía del todo seguro a solas con su jefe. A diferencia de Takato, el Beta estaba bastante acostumbrado a ese ambiente. El humo de su puro, el olor a whisky, todo eso mezclado con sus poderosas feromonas. Era un cóctel peligroso y aunque en realidad no era la clase de Alfa cuestionable que uno pudiera imaginar y pese a eso sabia que nada bueno saldría de sus ordenes. Sorprendentemente la primer pregunta que esperaba fue cambiada por una inesperada.
—¿Sabes que le paso en el rostro realmente?—lo asalto sin andarse con rodeos. Esa nueva actitud lo tomo por sorpresa.
—Eh… ¿Como dice?—parpadeo varias veces. Desde cuando se interesaba por los asuntos de sus empleados.—Es extraño que haga ese tipo de preguntas, usualmente no pretende saber sobre mi vida, que hago fuera de la empresa. Tengo que responder, estoy tardando en responder y si libera solo un poco… más de esas malditas feromonas, significa que estará realmente enfadado.—Apago sus pensamientos y aclaro su garganta, hablando solo un segundo antes que Mazawa.—Naturalmente se lo pregunte, era bastante obvio…
—Un golpe...—contemplo con una mueca, si seguía diciendo obviedades, mas cerca estaría de su tumba.
—Como vera, supuse le paso lo mismo que a mi hace dos años y usted sabe que...
—Hemos hablado con la autoridades muchas veces y se han lavado las manos sobre que es algún tipo de bienvenida de la pandilla local. Algo que tengas en mente y que yo realmente no lo sepa.—Genda trago grueso, podía ver como comenzaba a cavar un pozo.
—Pues bien, Takato-kun dijo que no fue un robo, aunque… no parecía verse convencido de sus palabras.
Se cruzo de brazos pensativo, balanceándose sobre su silla.—Me ha dicho lo contrario, que fue un robo ¿Piensas que miente?—frunció el ceño. Genda sabia exactamente que vendría a continuación.—Contacta con Baba, pídele de lo costumbre. Supongo que sabrá hacer mucho con que le entregues la hoja de vida de ese niño…
—Así se hará Mazawa-sama.
—Una cosa mas, no quiero enterarme que le prestaste tu ayuda o seras el más perjudicado ¿Lo captas?
Asintió.—Como se le puede ocurrir algo así…, esta a prueba, pero al fin y al cabo el trabajo sigue siendo a altura de lo que debe ser su asistente. Tiene que tener la capacidad para manejar las cosas por su cuenta.
—¡¿Has terminado con tu parloteo matutino?! ¡Vete ya y haz lo que tienes que hacer o de verdad voy a despedirte!—hizo una reverencia, marchándose incluso mucho mas rápido que Takato. El cual lo vio pasar frente a su escritorio, después de que tomara su maletín. De todas maneras estaba demasiado concentrado como para prestarle atención y entender que Genda estaba tan atemorizado como para ser descortés y no despedirse.
Después de terminar de mover los días de la siguientes reuniones y cancelar las que le había pedido, Genda no había vuelto a aparecer bajo ningúna circunstancia. Fue solo poco antes de las diez de la mañana que se sentó entonces en su silla, tras salir del cuarto de archivos, un lugar bastante estrecho, separado del área de secretariado y en dirección opuesta de la sala de espera y el lavado. Un lugar lleno de cajas selladas y otras abiertas que atentaban contra su impecable nivel de organización. Habiendo echo el trabajo extra de desempolvar algunas de ellas.
El trabajo había sido mas duro de lo que supuso cuando empezó, pues muchas de las carpetas dentro de las cajas habían que hacerle copias por su estado, otras apenas legibles pero que tenían la leyenda de haber sido archivadas digitalmente, tenían fechas de por lo menos nueve años y debian ser destruidas. ¿Que podría ser tan importante? Se lo había contestado una palabra, muy, muy borrosa y mecanografiada como: “Presupuesto”.
Ahora que podía mirar la hora en su viejo reloj de muñeca, tuvo el ingenuo pensamiento de que podría estar sentado y en paz tomando las llamadas que entrarían después de las diez. Ya eran las diez y un minuto cuando el teléfono sobre el escritorio reboto el sonido y descolgó el tubo. Lo que fue un acto repetitivo de por lo menos media hora. Disfrutaba su tiempo a solas y estar en paz, pues en realidad no pedía mucho después de todo. Sin nadie que le hiciera demasiadas preguntas por su estado.
¿Genda estaría bien? Esa pregunta rondaba todavía por su cabeza. Llego a pensar que ahora descansaba bajo el escritorio de Mazawa, algo completamente sin fundamento pues estaba seguro y a pesar de haberle prestado poca atención. De verlo irse por el ascensor.
Las puertas de estas se abrieron, captando su atención el tintineo habitual, como el son de una campana muy pequeña sonando y posteriormente, para su sorpresa, Mazawa estaba llegando. No tuvo mucho tiempo de deducir en que momento también se había, permaneció en silencio y observo que no estaba solo. Lo acompañaba un apuesto caballero de traje, los dos demasiados ensimismados con el otro para notar su escueta e insignificante figura.
Estaba a salvo de ser regañado, se dijo. Pero había algo mucho mas que resaltaba dentro suyo, una curiosidad repentina, tanto como lo había sido su osada y nueva actitud el día anterior, esa actitud que había sido galardonada con un contrato de prueba de un mes como su secretario. Estaba apoderándose de el esa valentía estúpida, quería saberlo, como un engaño para sus otros pensamientos, de que se trataba su secreto.
¿Que podía esconder una persona, un Alfa como su jefe, bajo su escritorio? La voz insistente dentro de su cabeza estaba de acuerdo entonces, que todo giraba en torno a aquel apuesto hombre que lo acompañaba y no se trataba de alguna visita que tuviera programada, pues había estudiado minuciosamente todas sus agendas. ¿Y si solo eran amigos? Por su actitud despectiva, no imaginaba al valiente que se atreviera a llamarse su amigo.
La curiosidad mato al gato, el era él gato ya muerto y sin embargo ahí estaba. A costa de ser despedido, tomando el valor y el atrevimiento suficiente para espiar. No tenia que moverse para nada de su escritorio, si el teléfono empezaba a sonar reiteradas veces llamaría la atención. Era su deber, su trabajo tomar las llamadas hasta la hora del almuerzo. Con la sensación de ser agarrado infraganti y otras veces mirando tras sus espaldas, continuo su corta travesía hacia las puertas dobles.
—Sabrás su secreto, no te preocupes—y se repetía—sabrás su secreto, no te preocupes. —Ni siquiera respiro, su mano ya estaba sobre la perilla de bronce, giro lentamente y empujo de la misma manera una de las puertas.
Asomado desde la estrecha abertura de la puerta, tuvo que contener la respiración, sus feromonas le habían golpeado con mayor intensidad que si estuviera encerrado allí dentro. Tras esto, escucho un gemido ahogado, voces tenues, jadeos y un suspiro ronco. Mas gemidos que iban volviéndose ahogados y repetitivos. Tras una larga y temerosa espera, no se percato que había empujado de más la puerta. Mazawa estaba en su silla, con la cabeza echada hacia atrás, su mano sujetada del apoya brazos y la otra que se deslizaba debajo del escritorio con firmeza.
—Solo un poco más…—escucho decir.
Takato no supo porque su rostro estaba de todos los colores y fue tal el susto de escuchar aquella ronca voz, tan íntima, que no evito cerrar la puerta de golpe. Aun con esas evidencias no podía ser capaz de comprender que sucedía dentro o lo trataba de negar. ¿Y porque no estaba allí el sujeto sin cita? Podría acaso esfumarse, surgiendo otra duda en su cabeza. Pensó que el único lugar donde podría estar era bajo su escritorio. ¿Haciendo qué? De nuevo negándose a la ineludible realidad.
El teléfono lo hizo sobresaltarse, pero ni siquiera había terminado de componerse tras sentarse en su silla. Tenia miedo de haber sido descubierto, la excusa del viento azotando una puerta mal cerrada, era poco fiable frente a alguien como Mazawa.
Las puertas dobles se abrieron, sin darle mucho tiempo a contestar la llamada de fondo, la figura del extraño escabulléndose hacia el ascensor le dieron la idea de que tenia que ser ahora o nunca, meterse dentro con este y huir.
Lo que ya estaba haciendo de forma automática, cuando una mano exageradamente grande se precipito por su hombro y lo detuvo. Takato giro y entonces lo vio.
—No se lo que viste o escuchaste… te advierto que estas en problemas, niño.