Placer Culposo (MinWon OS)

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Summary

¿Quién le iba a decir a Mingyu que el hombre que deseó por años, aquel que llamaba su placer culposo, terminaría debajo de su cuerpo suspirando su nombre de placer?

Genre
Romance
Author
SukieB00
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1

En un día soleado, Mingyu apoyó los brazos contra la baranda de madera del rancho. Se suponía que su mejor amiga ya estaría afuera, pero Jiwoo podía demorarse horrores cuando no se sentía cómoda con lo que llevaba puesto, por lo que no le quedó más remedio que esperar afuera bajo el sol castigador del mediodía. Para su propia condena, no llevaba ninguna camisa de manga larga, sino una de esas desmangadas que mostraba sus brazos definidos y el tatuaje en el lado izquierdo se mostraba lúcido para que todos lo vieran. Le encantaba la paz que había en aquel lugar alejado del mundo, y allí dónde el viento soplaba con fuerza y los animales se mezclaban los unos con los otros, Mingyu suspiró con fuerza.

Escuchó pasos detrás suyo y se tensó inmediatamente. Por supuesto, esos momentos de calma siempre eran rotos por la rabia de no poder golpear a quién insistía en molestarlo. El padre de Jiwoo se lo había advertido cada vez: actuar como un hombre no siempre requiere el uso de la fuerza, sino de la de violencia con la que devuelves el golpe.

-- Vaya, vaya – dijo la voz de Seokmin a sus espaldas y Mingyu cerró los ojos pidiendo paciencia – Parece que una palomilla se cayó muy lejos del árbol, chicos.

-- Buenas tardes para ti también, Seokmin. – saludó, encarando al hombre que se empeñaba en hacer su vida miserable cada vez que venía a recoger a Jiwoo – No me he caído de un árbol en más de una década.

-- Ni siquiera sabes volar, palomilla. – se burló Seokmin -- ¿Qué estás haciendo en el borde del rancho, palomilla?

A estas alturas de su vida, no le molestaban las burlas por su homosexualidad, pero los hombres como Seokmin que insistían en provocarlo primero, si que le enfadaban. Mingyu recuerda que el otro no era así cuando iban a la escuela del pueblo. Seokmin era amable, risueño y un buen chico. Nadie supo en que momento el niño cuya personalidad era compara con la del astro rey, se volvió un cascarón vacío de resentimiento y odio hacia el mundo. Él estaba seguro de que al otro también le gustaban los hombres, pero el ostracismo de algunas personas del pueblo y el rechazo de sus padres, le hizo rechazar quién era y a todo lo que tuviera que ver con eso. Incluyendo a Mingyu, quién ansiaba darle una paliza y mostrarle que sus brazos no eran de goma y sabían golpear.

-- Estoy esperando a Jiwoo, Seokmin. – contestó y cuadró los hombros sin negarse a la intimidación – Sabes porqué estoy aquí. Cuando salga nos iremos.

Seokmin dio un paso amenazador hacia él y Mingyu alzó la cabeza con desafío. El comentario mordaz de Seokmin se quedó en su boca antes de salir pues la gruesa voz lo detuvo. El aroma terroso flotó hacia Mingyu con la brisa que sopló y movió a los charlatanes que amenazaron con intimidarlo en vano.

-- ¿Qué está sucediendo aquí?

A Mingyu le costó cada onza de su sangre no girarse con alivio, manteniendo su postura defensiva aunque Seokmin dio un largo paso hacia atrás. A sus espaldas, el capataz del rancho se bajó del caballo y avanzó hacia el grupo con decisión. Jeon Wonwoo era una fuerza de la naturaleza, y bastaba solo una mirada suya, para saber que estaba iracundo. El sombrero firmemente amarrado al cuello y la camisa a rayas pegada a su cuerpo eran parte de lo que lo distinguía de los demás. Las botas sonaron contra la gravilla y Mingyu tragó saliva con fuerza, intentando no derretirse como la lava allí mismo.

-- Pregunté qué está pasando, Seokmin. – gruñó el hombre con más disgusto del que Mingyu le había escuchado hablar – Sabes que si estás molestando a Mingyu otra vez, el Sr y la Sra Kang te expulsarán del rancho y eso no te va a gustar.

-- No me amenaces, Jeon.

Wonwoo se movió con tanta rapidez que Mingyu percibió el movimiento y Seokmin se echó hacia atrás con la mandíbula desencajada. Wonwoo se puso delante suyo y tomó a Seokmin por la camisa con fuerza y cizaña.

-- Escúchame bien, infeliz – gruñó Wonwoo – Si te atrapo molestando a los invitados del rancho, patearé tu culo tan fuerte que tus padres no lo reconocerán en el infierno, ¿entendido?

Wonwoo soltó a Seokmin, quién lo miró amenazante y recogió su propio sombrero del suelo. No sería la última vez que aquello pasaría, sin embargo, pero una parte suya agradeció que fuera Wonwoo quién lo golpeara. Los matones se alejaron en silencio, pero Mingyu intuía que luego Wonwoo tendría que cuidar sus espaldas mucho más.

-- ¿Estás bien? – preguntó Wonwoo, con las manos en los bolsillos y se giró a mirarlo después de que los hombres desaparecieran -- ¿Te hicieron algo?

-- ¿Además de la mierda de siempre? No. – contestó Mingyu mirando esos ojos oscuros que tanto le perseguían en los sueños nocturnos – Muchas gracias, capataz Jeon.

Una pequeña sonrisa se dibujó en los labios de Wonwoo y Mingyu se estremeció. Le encantaba cada gramo del vaquero, y es que de pies a cabeza, Jeon Wonwoo era el sueño húmedo en forma de hombre de la mitad de las mujeres del pueblo. Wonwoo era serio, trataba a todos con una amabilidad innata y respetaba a todo el mundo por igual, pero era en esa mirada oscura dónde se libraba la verdadera guerra. Sus ojos se deslizaron por las partes descubiertas de su cuerpo con descaro y Mingyu sintió el calor asentarse en sus mejillas y cuello. Había interés en esa mirada, y si la experiencia no le fallaba, Wonwoo estaba interesado en él.

-- De nada, Mingyu. – asintió Wonwoo, subiendo el sombrero de vuelta a su cabeza, ocultando su mirada de la suya – Cuida tus espaldas de los matones.

-- ¿Irás al pueblo esta noche? – preguntó sin poder detenerlo y Wonwoo detuvo sus pasos sopesando su respuesta – Al bar, quiero decir.

Wonwoo asintió sin mirarlo y regresó sus pasos hacia el caballo azabache que montaba todo el tiempo, montando en él de un solo movimiento grácil. Allí arriba, en la cima de su caballo, parecía una de esas leyendas nocturnas que por el pueblo iban.

-- Te veré en el bar, Mingyu. – se despidió con un movimiento de su cabeza y guió al caballo hacia el otro lado por dónde se habían ido los matones.

Mingyu exhaló un suspiro y apoyó su cuerpo contra la tabla de madera. La tensión salió de su cuerpo a raudales y la excitación de ver al otro hombre le golpearon al mismo tiempo. Rezó para controlarse esa noche en el bar y no hacer un desastre de si mismo.

-- ¿Cómo me veo ahora? – la adorable voz de Jiwoo resonó en su oído y sonrió aliviado de verla -- ¿Qué le pasó a tu rostro que está todo rojo?

-- Nada importante, Jiwoo. – respondió en su lugar – Te ves preciosa.

El vestido amarillo de vuelos y las sandalias negras resaltaban su figura femenina y preciosa. Jiwoo unió sus brazos juntos y se dirigieron hacia la feria que comenzaba esa tarde.




Wonwoo apoyó la espalda en la pared fría en la parte más alejada del bar. Se había duchado antes de salir al pueblo en busca de diversión y se había cambiado por algo menos típico. Había tenido una pequeña crisis existencial antes de elegir su vestimenta, pero mientras su cabeza le recordaba que debía pasar desapercibido, su corazón le recordaba el pequeño encuentro que tuvo esa tarde con cierto moreno demasiado bueno para su propio bien. Y ahora estaba allí, con una camisa de manga corta debajo de una chaqueta y pantalones anchos con las botas nuevas que se había comprado para la temporada veraniega.

Todo el maldito pueblo estaba en el bar, pero para él la discreción no era nada nuevo. Su trabajo lo requería, y cuando debía hacer los recados del Sr Kang, era el doble. Las luces del techo bajaron y las del escenario tomaron la atención de todos los presentes, dándole la oportunidad de buscar su figura por la multitud, y al encontrarlo, Mingyu ya lo estaba mirando. El gruñido complacido reverberó en su pecho. Lo recorrió de punta a cabo, pasando la vista por sus ojos castaños, sus labios regordetes y su torso esculpido. Sabía que Mingyu estaba haciendo lo mismo desde su lado, y cuando Wonwoo inspiró expandiendo su pecho, Mingyu lamió su labio inferior. Maldijo internamente, sabiendo que era poco probable que cediera a la tentación y a la curiosidad de deslizarse hasta la habitación del moreno y dejar que sus pensamientos oscuros salieran a satisfacerse.

Un cambio de luces más y sus piernas se movieron sin su permiso, y mientras todo el mundo estaba concentrado en el espectáculo de las señoras del pueblo, Wonwoo fue jalado hacia la parte más privada del bar. Él conocía las habitaciones de memoria, habiendo estado en más de una cada vez, sabía que esa no formaba parte de las placenteras. Estaban en la habitación de Mingyu y aquello no le molestaba en lo absoluto.

Abrigados por la oscuridad de la habitación, Wonwoo llevó sus manos hacia las caderas del hombre frente a él. Se estremeció entero. Le había apreciado como cualquier cuerpo masculino que había visto, pero el de Mingyu era diferente. Mingyu subió sus manos a su cuello y apoyó su frente contra la contraria, rozando sus alientos.

-- Viniste – murmuró Mingyu y Wonwoo soltó una risita subiendo sus manos por los brazos descubiertos – Eres codicioso.

-- Quizás – respondió, su voz más gruesa que nunca – Quizás quiero saber como te ves…

Sus palabras flotaron en el aire denso y jaló a Mingyu a un beso que lo condenó. Se le escapó un jadeo de placer entero. Mingyu apoyó el brazo en la pared detrás suyo y pegó sus pechos juntos mientras se consumían el uno al otro en un beso pecador. Wonwoo enterró los dedos en el cabello rizado de su nuca y mordió sus labios con pasión. De un momento a otro, rebotaron en la cama suave del moreno, luchando por el control que Wonwoo cedió sin duda alguna. En su mundo, él era el dueño de todo. Nadie estaba encima de su posición, pero en las altas horas de la noche, soñaba con alguien que le arrebatara el poder de sus manos y lo volviera un peón de su propia necesidad. Con Mingyu parecía haber encontrado esa parte que le faltaba.

La ropa voló por la habitación volviéndose un montículo al costado de la cama. Las manos de Mingyu recorrieron sus muslos y los apretaron robándole un jadeo. Mordidas juguetonas cubrieron su pecho y sus clavículas pálidas se colorearon de rojo. Él no se quedó atrás. Sus dedos curiosearon la piel morena del otro, disfrutando de los suspiros entrecortados que el roce de sus pieles sacaba.

-- Wonwoo… -- su nombre cual plegaria rozó sus oídos al rozar su intimidad y el gruñido placentero sacudió su cuerpo entero, mas Mingyu cerró sus dedos alrededor de su muñeca deteniendo el movimiento – Llevo mucho tiempo esperando esto, capataz. Si haces eso, no voy a durar.

-- No me llames así – se quejó Wonwoo girando su mano con ligereza y mordió su labio, los giró quedando encima – En este momento, no soy el capataz de nadie. Solo soy un hombre que anhela el toque de otro hasta perder la consciencia. ¿puedes darme eso, Mingyu? – preguntó apretando los muslos y rozó la oreja del otro con su lengua -- ¿Eres capaz de hacerme olvidar hasta mi nombre, Mingyu?

Un breve rayo de luz golpeó la habitación, y en lugar de alarmarse, Mingyu los giró recuperando su posición anterior. La estela permitió que pudiera verle en su vulnerabilidad y acunando su mejilla con cariño, poseyó sus labios con deseo. Wonwoo se derritió bajo él como anhelaba. Mordió sus labios sintiendo el frío del lubricante entre sus nalgas y gimió ante la intrusión. Con una pierna enganchada en su cadera, Mingyu lo manejó como si conociera su cuerpo desde siempre. Las súplicas se mezclaron con el nombre del moreno, y Mingyu lo giró hasta que su rostro golpeó la almohada bajo él. Ya tendrían tiempo – u ocasión- para hacerlo de manera diferente, pero ahora, solo le apetecía tomarlo crudo y duro contra el colchón como le había pedido.

Sus ojos giraron hacia atrás cuando Mingyu se insertó centímetro a centímetro en él hasta la empuñadura. Wonwoo maldijo en su interior, sabiendo que al día siguiente lo sentiría, y respiró hasta moldearlo. Con movimientos certeros, Mingyu ganó velocidad hasta follarlo con dureza. El choque de pieles era suficiente para alejar a cualquiera que decidiera interrumpirlos y Mingyu se desató con su amante. Nunca había sentido nada parecido a aquello, pero el cuerpo de Wonwoo parecía querer arruinar el sexo co cualquiera que viniera después. Agarró sus caderas con las manos, ajustando su posición, y aceleró de nuevo. El cuerpo de Wonwoo pedía a gritos más mientras el hombre trataba de no hacer más ruido del necesario. Pero Mingyu golpeó su próstata más seguido y sus ojos rodaron a la parte trasera de su cabeza. Apenas le dio tiempo a masturbarse entre el agarre posesivo y la certera velocidad, Wonwoo llegó con una maldición baja y obligó a Mingyu a seguirlo con un jadeo ahogado.

Mingyu se derrumbó a su costado y llevó a Wonwoo con él. Besó su cuello con delicadeza y salió de él, desechando el condón en la basura. Ocupó el lugar, y se sorprendió hasta los dedos de los pies, cuando Wonwoo se giró hacia él y lo atrapó en un abrazo. Se relajó al instante, acariciando la cintura sudada del hombre dónde sus manos habían dejado marcas.

-- Así que mucho tiempo, ¿no? – pinchó Wonwoo y Mingyu soltó una risa baja – Parece que no era el único con pensamientos calientes sobre ti.

-- Sabes que te deseé desde que cumplí la mayoría de edad y se me permitió babear por ti – bufó Mingyu – No pensé que podría hacerte mío, sin embargo.

-- ¿Reclamándome tan pronto? – bromeó Wonwoo – Invítame a una cerveza de raíz primero.

Mingyu lo miró con las pupilas cargadas de una esperanza que lo desarmó -- ¿Aceptarías salir conmigo aunque este maldito pueblo quiera arruinarlo?

-- El Sr Kang sabe de mis gustos en la habitación y nunca le han molestado – murmuró Wonwoo – No vivo aquí, así que me da igual la verdad, pero si te aterra, podemos huir de aquí. Dicen que en la gran ciudad son más liberales.

La oportunidad colgaba delante suyo sin necesidad de forzar su mano más de la cuenta. Wonwoo le estaba dejando la decisión a él y aquello le calentó el corazón. No todos allí eran intolerantes, a algunos les daba más igual que otra cosa, pero Mingyu temía por la posición de Wonwoo en el rancho.

-- Tenemos tiempo, Mingyu. – murmuró Wonwoo, apoyando la cabeza encima de su corazón y un suspiro lo abandonó – Podemos decidir mañana por la mañana u olvidarnos de lo que pasó esta noche.

-- Despeja tu agenda mañana, vaquero – bromeó Mingyu y besó su cabeza – Saldremos a tomar algo al pueblo de al lado.

Wonwoo asintió sin moverse y se quedó plácidamente dormido en su pecho. Mingyu apretó su cintura y besó su frente otra vez antes de cerrar los ojos y dormirse junto al hombre que le removía el suelo.

Despertarse juntos fue toda una experiencia, que Mingyu aprovechó una y otra vez, dejando besos en su pecho enrojecido y robando miradas a su rostro envuelto por el placer. Los rayos del sol se reflejaban en el hombre, cuya mirada empañada de placer se había vuelto su cosa favorita del mundo y ahora que podía verlo, el cuerpo de Wonwoo se había vuelto un lienzo perfecto pintado con sus labios y su cuerpo. Mingyu supo que aunque quisiera, no podría dejar ir al hombre cuya noche le pertenecía. Al haber sucumbido una sola vez al placer de ser suyo una noche, el placer culposo se había revelado como unos besos abrasadores.