La Pu** Reina de Corazones. (+18)

All Rights Reserved ©

Summary

"—Charlize te da elegancia. Charlie, dureza" Fue lo que me dijo Hound Hillstrandt, vicepresidente fundador de los Bombers MC, cuando le dieron a conocerme en el territorio de mi padre, Ghost Rider, presidente fundador de los Wild Wolves de Ely tras muchos tira y afloja de nuestra parte. Yo era la mano derecha no oficial de mi padre. Su Pepito Grillo. Su invocadora del Averno. Entré en otro mundo de la mano de Hound. Diferente al mío pero no desconocido del todo. Uno en el que llevar chalequillo significa miedo para todos aquellos que no porten sus colores. Uno en el que las amigas del club son culos ricos y se las trata como putas. Uno en el que ser miembro trae consigo la idea de destrucción, no de construcción. Uno en el que me intentaron humillar. Pero, no humilla quien quiere, sino quien puede. Y a mí me enseñaron hace mucho tiempo que las chicas grandes no lloran, te cortan las pelotas mientras te miran a los ojos con una dulce sonrisa. Puedo caer. Me puedes tratar como un puto pago en sangre pero, recuérdalo siempre. Yo soy la Puta Reina de Corazones. No me puedes doblegar.

Genre
Action
Author
C.KingMc
Status
Ongoing
Chapters
16
Rating
n/a
Age Rating
18+

I

AÑOS ANTES:

MICHAEL CALLUM MERCER:

Entré en la sede de los Outlanders MC agotado por las horas de viaje tras cumplir aquella misión. Había salido de cacería para jugar al gato y al ratón. Un cabrón menos en el mundo.

Me senté a la barra a esperar a que me atendieran. Por el rabillo del ojo la vi. Llevaba muy poca ropa. Unos ajustadísimos shorts que dejaban al aire esas larguísimas piernas y medio cachete de su apretado culo. Un corsé que no cubría su vientre plano y apenas contenía sus generosas tetas. Todos mis hermanos se fijaban en aquel físico impresionante. A mí me gustaba por la compañía.

La conocía como "Raven Maddox". Pero, estaba más que seguro que aquel no era su nombre real sino el de stripper.

Raven era condenadamente lista y solía bajarme el ego con aquellas bofetadas intelectuales que me daba sin manos.

La vi tonteando con uno de los hermanos mientras lo atendía. Sabía que así era ella. Una amiga del club, soltera y sin compromiso que se follaba a quien quisiera sin darle explicaciones a nadie. En otro tipo de clubes la definirían como "Culo Rico", una etiqueta que odiaba a muerte.

—Hola, guapo. ¿Te atienden? —Me preguntó Raven cuando regresó a la barra.

—Espero por ti. Ya lo sabes.

—Lo siento, Ghost Rider. No follo con chicos "ocupados". ¿Qué bebes?

—Hace un año que estoy soltero. Ya lo sabes.

—Creí que te habías vuelto gilipollas como tus hermanos.

—Tengo personalidad, nena.

Raven se rió mientras me servía el tequila. Salió de la barra y se metió entre mis piernas sin pedirme permiso. Introdujo su mano con sus uñas perfectas en mi vaquero y comenzó a bombear mirándome a los ojos. Pasó el dedo por mi capullo recogiendo la humedad que había empezado a manar. Se lo metió en la boca y luego me pasó la lengua por el cuello.

—Si realmente estás interesado. Te veo en un rato. Me voy a casa después de éste baile.

—Te espero, pues...

—Tú mismo. Disfruta con el espectáculo.

—Estas son mis reglas—dijo en el parking del edificio donde vivía—. No follo con moteros casados, con novia o prometidos... A no ser que me lo pidan él y su pareja de forma expresa. Aunque te la chupe si me lo pides educadamente, no permito comidas de coño. Tampoco besos en los labios. Eso es algo demasiado personal que reservo para mi intimidad. Por supuesto y esto es innegociable, o te pones goma o te vas a tomar por culo.

—Cojonudo. Vamos.

Me puse en pie completamente desnudo y me encendí un cigarro tras acordarme que ni me había puesto la goma. Miré por las ventanas de aquel asfixiante apartamento. Detrás de mí Raven Maddox dormía plácidamente. Acabamos de echar un polvo brutal de cojones. De esos que no te dejan pensar y te enamoran para toda la jodida vida.

Claro que conocía lo que se decía de ella. Raven era lo que llamábamos en ocasiones con desdén, un culo rico. Es decir, una chica soltera que se folla a quien le da la gana sin ningún tipo de compromiso o lealtad. Raven era muy conocida en nuestro mundillo por eso... Gina, en cambio, era el maldito misterio que me moría por conocer. Raven era el apodo por el que conocían a Gina. Era su nombre como stripper. A mí se me empezaba a conocer como Ghost Rider. Mi nombre civil era Michael Callum Mercer.

La sentí levantarse y caminar hacia mí. Sus delicados brazos tatuados se enroscaron en mi cintura. Sentí sus dulces labios, esos que hace unas cuantas horas me torturaban con una mamada profunda, besando el centro de mi espalda. Cerré los ojos cuando sus manos volvieron a envolver mi polla.

—Y, ¿Ese beso, nena?

—Me sentía sola en la cama sin tí, Ghost.

—¿Te has propuesto secarme las pelotas, nena?

—Más bien darte el viaje de tu vida antes de que salga el sol.

Me di la vuelta y la miré a los ojos. Sus profundos ojos pardos.

—Y, si... ¿Me quedo para ver juntos la salida del sol?

Ella se echó a reír sin ganas.

—Cariño, lo que te gusta de mí es lo que le gusta al resto. Las mamadas, nada más. Yo soy lo que soy. Una mujer soltera que no le debe lealtad a nadie, salvo a sí misma. Tú eres un motero que mañana se estará follando a otra y declarándole amor eterno.

—No seas tan creída, puta perra de los cojones—le dije con una sonrisa—. Solo te he pedido ver el amanecer contigo, no que te conviertas en la modosita madre de mis hijos.

Ella se arrodilló ante mí. Yo la detuve y me agaché a su altura.

—Ahora enserio, nena. Te quiero.

Raven se puso en pie con cautela sin dejar de mirarme. Su larga melena oscura atada en una coleta, sus penetrantes ojos pardos brillando. Su pecho subía y bajaba deprisa.

—Estás loco, jodido fantasma.

—Loco por tí, muñeca.

—En serio, Ghost. Todos nos conocemos. Sabemos de qué pie cojea cada uno. Yo no soy de esas chicas con las que un hombre se plantearía casarse. Soy solo una puta de club, una stripper sin futuro. Soy basura, Ghost. ¿Por qué quieres estar con alguien así?

Sonreí con calma y levanté su rostro con dulzura.

—Porque eres la única mujer que no me ha pedido nada después de tragarse mi leche. Eres la única que no espera nada a cambio. Y, eres la única totalmente sincera, Raven. Te quiero tanto como para casarme contigo si tú me aceptaras.

—¿Eres plenamente consciente de que me he acostado con muchos de tus hermanos? —Insistió.

—Y me importa una mierda. Tan solo lo que ocurra entre nosotros si me aceptas. Nena, yo no le tengo que demostrar nada a nadie. Ni le debo explicaciones a nadie. Solo te las quiero dar a ti, Raven.

—Ghost... En serio... Incluso me he follado a tu amigo Monte y a su mujer.

—Habría sido interesante verlo. No me importa, nena. De verdad. Ni te voy a juzgar ni te voy a criticar por la vida que decidiste llevar. Tengo las pelotas muy bien puestas y me da igual lo que digan o piensen.

—Eso lo dices ahora, Ghost...

—Y lo mantendré dentro de cincuenta años, nena. Me gustas, te quiero, quiero hacerme viejo follándonte y ver correr a nuestros nietos en nuestro jardín. ¿Qué me dices?

—No... Lo siento, Ghost. No.

Sonreí como pude y me vestí. Ella se quedó de pie frente a las ventanas tapada por las cortinas. Salí del apartamento sin mirar atrás. Monté en mi moto y puse rumbo al club.

—¿Qué pasa, Ghost? ¿Qué tal la puta? La chupa de miedo ¿Verdad?

Miré al hermano y me quité el casco. Pasé de él y entré en la sede. Romain, mi presidente, me llamó con la mano. Me preparé para que me tocara los cojones por Raven pero en lugar de eso me pidió que tomara asiento. Estaban reunidos de emergencia.

—Han pillado a Monte—dijo rápidamente—. Lo han emboscado. No sabemos... ¿Dónde vas?

—A buscarlo. Aquí no hacemos nada—repliqué de pie.

—La tragasables hizo un buen trabajo...

Antes de que Snake dijera nada más estrellé su cabeza contra la mesa para sorpresa de todos. Acababa de agredir a mi vicepresidente por un culo rico.

—Me importa una jodida mierda que algunos de los que estéis aquí se haya follado a Raven. Lo que ella decida hacer con su sexualidad es algo que no le incumbe a nadie más. Ella está soltera y no le debe explicaciones a nadie más. Así que, de ahora en adelante, si cualquier chupapollas vuelve a denigrarla en mi puta presencia mi respuesta será la misma. Y si quieres mi puto chaleco, te reto a que vengas por él—lo miré a los ojos. No había levantado la voz en ningún momento y eso era lo que más les había impresionado, además de la defensa de Raven—. Tengo un hermano que rescatar. Vosotros seguid criticando a las mujeres que os chupan las pollas... Sois patéticos.

Encontré rápidamente a Monte en aquella sede destartalada de extremistas arios. Lo primero que hice fue poner a salvo su moto para poder huir. Luego me metí en el perímetro buscándolo. Monte era un tipo enorme, como de dos metros, con una larga melena y barba rubias como las del mismísimo Odín. El cabronazo era la definición visual de vikingo nórdico. El problema era que su mujer, Pauline, era nieta de italianos y mexicanos. Algo totalmente imperdonable para esos putos supremacistas.

Tenían a Monte Hillstrandt, mi hermano más leal, atado a una silla mientras se iban turnando para golpearlo. Todos se quedaron en silencio en cuanto yo disparé al techo tras haber entrado en la sede.

—Soltadlo ahora mismo. Vengo por mi colega. Entregádmelo y podréis volver a vuestras mierdas de paletos. Nadie resultará herido. Lo garantizo.

—Y, ¿Si no me sale de los cojones que te lo lleves?

—Te tendrán que poner unos de metal y ya no volverás a empalmar. Tú decides. ¿Quieres saber por qué me llaman Ghost Rider?

El resto de mi club llegó para cuando yo ya había liberado a Monte y caminábamos a su moto. La alegría que mostraban se volvió seriedad y miedo en algunos otros rostros. A mi lado Monte gritó algo pero yo solo fui consciente del suelo acercándose a toda hostia.

Desperté ni sé cuánto tiempo después. Raven estaba a mi lado leyendo un libro con su mano sujetando la mía. Levantó la cabeza y me miró a los ojos. Sonrió aliviada.

—Nos tenías muy preocupados, pedazo de idiota. Tres días inconsciente.

—¿Qué coño ha pasado, Gina?

—¿Sabes mi nombre? —Me miró asombrada. Yo asentí—. Salvaste a Monte y caíste al suelo con una daga clavada en la espalda. Te has librado por muy poco, amor.

—¿Él está bien?

—Sí, él ha estado aquí con Pauline, Steelo, Jax y Jonathan.

—¿Quién es Jonathan?

—El niño nativo que adoptaron.

—¿El pequeño que se encontraron deambulando por la carretera solo y de noche?

—Sí—sonrió—. Les concedieron la adopción. Por eso lo atacaron los paletos aquellos. Están bien gracias a tí, Michael. Me acabo de hacer la prueba. Estoy preñada.

Sonreí y la atraje a mí. Mi chica me había aceptado por fin y me iba a ser padre. A mis veinticinco años poco me podía hacer feliz como aquello.