Disonancia Carmesí

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Summary

Todo artista tiene sus demonios. El problema de Evan Morel es que el suyo reclama un asiento en su mesa y el control de su voluntad. Evan es un músico brillante que cometió el error de buscar un atajo hacia el poder. Ahora, vinculado a una presencia que no puede explicar y a un contrato que que no controla por completo, debe descubrir quién es realmente el depredador en una ciudad llena de cadáveres y secretos. En los tratos con el abismo, la letra pequeña se escribe con el alma. #DarkFantasy #Thriller #Psicológico #Sobrenatural #MoralGris

Status
Ongoing
Chapters
14
Rating
n/a
Age Rating
16+

Prólogo

Todo el lugar estaba listo luego de días enteros de preparación. El pentagrama dibujado en el suelo con la sangre de aquel pobre infeliz estaba al fin cerrado, listo para el ritual. La luz de las velas a su alrededor era la única sensación real de luz en el espacio. Las tinieblas casi parecían moverse a su alrededor, mientras él se acomodaba en medio del espacio, viendo su reflejo en sombras gracias al espejo frente a él.

Tomó el libro de hechicería que ya estaba preparado a su lado, manchando levemente las hojas con la sangre que aún le goteaba de los dedos. Pero a él no pareció importante mientras empezaba a leer las palabras adecuadas para lograr su objetivo.

La temperatura de aquella cabaña escondida en el bosque empezó a descender a puntos que parecían completamente inhumanos; el escalofrío que recorrió su espalda dejó claro que ya no estaba solo en el lugar. Él no se detuvo a pesar de eso, continuó la lectura hasta el final, cuando las luces de las velas cambiaron de color hasta convertirse en un lila profundo y mucho más intenso. Solo levantó el rostro, mirando justo al frente, donde su reflejo en el espejo le devolvió la mirada, imagen que, a medida que miraba, se iba distorsionando.

Poco a poco, los rasgos en el espejo se volvían los de alguien más. Su piel oscura empezaba a tomar un color blanquecino, su sonrisa parecía tener un toque maníaco cuando él se mantenía serio, sus ojos avellana se transformaban lentamente en un escarlata intenso, su cabello castaño oscureció en un negro profundo, perdiendo sus ondas naturales. Pronto la figura frente a él era el reflejo de alguien más; un hombre completamente distinto le observaba, aunque se movía de forma casi sincronizada con él. Incluso cuando su respiración se volvió más pesada, el ser en el espejo imitó el movimiento con burla.

—¿Tú eres el humano que se ha atrevido a llamarme? ¡Qué descaro! Dame un motivo para no acabar contigo en este mismo instante.

Los labios del hombre en el espejo se movían pronunciando las palabras, aunque la voz provenía justo tras él, demasiado cerca. El instinto le gritaba que mirar a los ojos a la entidad era una sentencia de muerte; el sudor frío le bajaba por la nuca mientras resistía el impulso de girarse. Observando solo la proyección humana en el espejo, aquella figura que seguía imitándole, aunque ni siquiera parpadeaba.

—Demonio, en este momento te mueves bajo mis reglas; será mejor que no lo olvides.

Una ceja se alzó, emulando un gesto demasiado humano para lo que el demonio representaba. Evan llegó a pensar que aquel ser acabaría con él antes de que pudiera decir algo más. Pero el contrario mantuvo el silencio; parecía aún plantearse si debía ser eliminado o no.

—Estoy seguro de que podemos llegar a un acuerdo que sea interesante para usted también.

La figura en el espejo se levantó de su posición, sus pasos empezaron a observarse, casi como si fuera a salir del espejo. Una mano se colocó de forma delicada en su hombro, unas garras rozando suavemente la tela de su camisa. El reflejo frente a él ahora estaba completamente quieto, sonriendo incluso más amplio. Atento a él y a sus reacciones.

—Te escucho, Evan. Pero más te vale asegurarte de que mi estancia en la tierra sea especialmente divertida.

—Quiero poder, control absoluto sobre la magia. No depender de entidades externas para lograr mis objetivos.

Evan empezó a hablar, dejando claros uno a uno sus deseos y el alcance de su poder, y, cuando el demonio terminó de escuchar, sus ojos destellaron de forma interesada.

—Te daré el poder que buscas, Evan. Pero a cambio tendrás que ser mi diversión en este reino. —Evan notó cómo el hombre en el espejo llevó su mirada al cadáver que se encontraba tras él—. No te pediré algo que no estés haciendo ya, solo te pediré que me des un espectáculo que valga la pena ver.

Evan había soñado demasiado con obtener el poder que estaba solicitando; fue por eso que, a pesar de la forma en que su cuerpo tembló en alerta, decidió no profundizar en él mientras aceptaba aquel trato. Y mientras estas palabras fueron dichas, ambos, humano y demonio, sonrieron ampliamente antes de que una especie de sombra saliera del espejo, estrechando la mano con el humano. Con una fuerte risa que sonó en gran parte del bosque, el espejo se rompió y las velas se apagaron todas a la vez. Pero ahora, Evan sentía el poder de la magia llenando su cuerpo, aunque acompañado de una sensación de que algo le había sido arrebatado.