Secret Stage | Kookmin

Summary

Nadie conoce la vida privada de los idols, admiran lo excelentes que son en el escenario. Sin embargo, muchos buscan cruzar los límites. Los obsesionados querrán saber qué esconden en sus vidas "Normales". La verdad es que Jimin y Jungkook, miembros de la banda más reconocida, se esconden en las sombras de un escenario secreto. Del cual existe la teoría, más no la confirmación

Genre
Erotica
Author
Ann
Status
Complete
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Uno

Ellos no saben de nosotros, ni de cómo su voz tiene el sencillo poder de doblegarme. No sabrán que soy espectador y fiel admirador de la desnudez que muchos quieren ver y que yo he sido afortunado de poder apreciar. Creen en las historias que quieren, hacen lo que les da la gana.

Y eso, verdaderamente, no nos importa. No van a hacernos daño con sus comentarios, no van a debilitarnos ni extinguir los sentimientos. Tampoco sé que pueda suceder cuando por un descuido nuestro, todo cambie. Pero mientras, aunque estemos limitados, sabremos recompensarnos en el silencio. Fuera del foco de la prensa y todo aquel que quiera irrumpir nuestra privacidad.

Firmar ese contrato fue mi sentencia, la trampa de la cual no existe salida.

“Si yo te daño, me daño a mí mismo porque somos partes complementarias de un mismo tejido cósmico”

— Mejor traduce eso a: Tú eres yo y yo soy tú. Es más cierto y significativo. Ya sabes, tú eres mi Serendipia y yo soy la causa de tu euforia.

(...)

Uno.

¿Alguna vez se han preguntado qué sucede en la vida privada de los idols? Debe ser algo tan fascinante para tenerlos investigando cada rincón de nuestra vida y allanando nuestras casas. Por más que se esfuercen la verdad es que Ellos no saben de nosotros. Se meten en todo como si les sobrara tiempo. ¿Para qué quieren saberlo todo?

Ignoran el hecho de que también somos humanos y necesitamos simplemente apagar las cámaras, ser normales. No conocen nuestra vida privada, lejos de todo el mundo de fantasía y fama que elegimos. No saben nada. Desde nuestras discusiones, lo que sentimos y esa amistad que puede traducirse a hermandad, eso es lo que todos creen.

Cada quien cree la historia que quiere.

Para nadie es secreto los ships que hacen sobre los miembros, tampoco lo que comentan, sus críticas. Y es precisamente eso lo que nos detiene. Nos preparamos para el concierto en Tokio, el tercer destino de nuestra gira mundial. Mientras todos andan ocupados, yo busco con la mirada a Jimin.

Ahora luce más irreal de lo que parece con esas extensiones que hacen su cabello más largo de lo que es. Namjoon dice que tenemos una conexión única. No porque nos conocemos desde hace años, sino por lo que sucede cuando las cámaras se apagan y el escenario pasa a ser un secreto. Ha sido así durante mucho tiempo. Cuando lo encuentro, las chicas del staff están arreglando su cabello y colocando poco maquillaje en su rostro. Su mirada recae en mí por unos segundos, devorándome como suele hacerlo.

— Te ves bien, Jungkook — es todo lo que menciona antes de cambiar sus ojos de rumbo. El ambiente en los conciertos siempre es tan divertido, escuchar a los fans gritar y cantar lo es. Pero también tiene su desventaja y es mantener la distancia por las especulaciones que pueden hacer de nosotros. Que para todos deberían ser falsas.

Cada miembro tiene su vida aparte, la viven con libertad cuando no son el foco de las cámaras. Y eso incluye visitar a la familia, salir a algún bar, coquetear con chicas...tener sexo. Cada quien se ocupa de lo suyo, sin que nos ocasione algún daño como grupo. Pero...

— Jungkook — me llama Namjoon — Tenemos solo unos minutos, ve a que te preparen.

— Ya voy — le doy una última mirada a ese lindo rubio y regreso a mi lugar. Después de unos minutos estoy completamente listo, practicando la primera canción que inicia con Hoseok.

— Te veo desanimado — Namjoon vuelve a acercarse a mí, es la primera persona a la que acudo para que me regale sus consejos, alguna idea de qué hacer a continuación. Tiene la sabiduría de guiarme. No obstante, hay cosas que se le escapan de las manos — Entiendo que puede ser muy frustrante, pero siempre pueden solucionarlo. Hay muchos fans que creen en esos ships, mientras sigan creyendo y no se confirme nada todo estará bien.

Esas son las palabras de siempre. Pero en cada ocasión no prefiero su silencio, ni la distancia. Estamos en Tokio, tenemos muy buenos recuerdos aquí.

— ¡Cinco minutos! — nos avisa un hombre del staff. Y cuando los segundos se acaban, Hoseok Hyung empieza con su párrafo en Hooligan. Lo que da inicio al concierto de casi tres horas. El cansancio es lo que menos importa, todos disfrutan del momento. Y yo también, claramente. No puedo negarlo, pero la distancia entre nosotros es lo que me genera esa punzada en el pecho. Instala en mí el impulso de que todos conozcan la verdad.

Pero siempre hay reglas que nos detienen.

Lo veo divertirse con Taehyung, reír escandalosamente. Cuando se agota por cantar Fya, Yoongi rodea su cintura con su brazo para ayudarlo a levantarse. Sí, somos amigos desde hace años, eso no quita que algunas cosas me molesten y me ocasionen celos. Lo conozco perfectamente, cada vez que sus ojos conectan con los míos puedo ver la burla en ellos, quiere provocarme y enojarme. Lo que claramente está logrando a la perfección. Sin embargo, son las emociones que se deben ocultar, enterrarse porque nadie debe conocerlas. Al final del día solo existen las suposiciones sin ninguna prueba.

El documental fue un paso importante para nosotros, las críticas llegaron, más, no son importantes cuando nuestras miradas se encuentran por séptima vez. Las luces hacen que brille, que parezca una estrella tan cercana a mí que me evapora con su resplandor.

Cuando nos sentamos en el círculo giratorio, busco sentarme a su lado, pero él se desplaza hasta dónde está Yoongi Hyung. Intento no desconcentrarme, aunque los veo murmurar entre ellos y sonreír como unos tontos. Es un secreto para muchos, pero yo conozco que mi Hyung siente algo por mi rubio.

Él, pasa todo el resto del tiempo coqueteando con Yoongi, pasando sutilmente la mano por su cabello, mirando sus labios como si eso no me molestara. Pero lo hace con toda la intención. Eso, probablemente sea algo que nadie nota, son coqueteos sutiles a los que intento permanecer neutro. La mayoría del tiempo fingimos que nada nos afecta, aunque no somos de hierro, aunque me mantenga feliz y saltando en cada canción, necesito que él se acerque a mí para estar tranquilo. Sin embargo, eso es lo que a simple vista se conoce. El escenario secreto comienza cuando finaliza el concierto.

Es algo que empezó desde hace años, nadie puede negar su belleza. Y yo...no puedo negar que me tiene a sus pies. El tiempo pasa, nos despedimos de los fans, soy uno de los primeros en acelerar el paso para llegar a los camerinos, sin ganas de perder el tiempo. Cuando ya no hay cámaras que nos persiguen, tomo la mano de mi rubio para arrastrarlo a la primera habitación que encuentro.

— ¿Qué mierda te sucede? — pregunta con un visible enojo, no lo dejo hablar. Lo estampo contra la pared y busco sus labios para devorarlos con ansias y un hambre intenso. Se derrite en mis brazos, por más que posea una dualidad maravillosamente excitante.

Me empuja hasta la pequeña mesa frente a nosotros y acorta el espacio para unir sus labios, mientras me toma de las hebras negras, manteniendo el control del beso y volviéndome su fiel servidor.

— Eres tan... malditamente caliente, Kookie — menciona tan ronco que logra que logra hacerme jadear — Estoy muy enojado, por eso vas a chuparme la polla para mantenerme tranquilo.

Sonrió ladino para ahora yo, jalar sus hermosas extensiones rubias.

— ¿Molesto, tú? Quien debe estarlo soy yo. Andabas coqueteando libremente con Yoongi — susurro sobre el lóbulo de su oreja, provocando que tiemble al sentir mi aliento, desciendo a su cuello y paso la lengua por su sudor — Ya hemos hablado muchas veces de esto, mi amor. Me molesta la forma en la que piensas que puedes coquetear con todos.

— ¿Y tú crees que yo no puedo tener el derecho de molestarme? Somos una pareja, Jungkook. ¿Cómo crees que me siento cuando debemos distanciarnos para que no especulen nada de nosotros mientras que si pueden hacerlo con cualquier mujer de la industria que apenas te mira?

— Tan mal como yo — presiono mis labios sobre los suyos, luego suspiro hondo — Vamos al departamento.

— No, vas a ponerte de rodillas y a chuparme el pene aquí mismo, no me importan los miembros del staff y después vamos a ir a mi departamento donde vas a follarme duro y permitirás que yo también te folle.

— Lo que órdenes, precioso.

Ellos no saben de nosotros.

Y espero que solo crean que son supersticiones y que nada es real.

Desabrocho su pantalón con una lentitud que lo desespera, amo cuando es dominante, pero sin duda me enloquece cuando me cede el control de su cuerpo, de su respiración, existencia y pasión. Libero su pene duro y húmedo por el pre semen, las pequeñas gotas que salen de la punta son regadas por mis dedos hacia el tronco y me hallo masturbando su intimidad para humedecerla. Mis rodillas chocan contra el suelo, paso la lengua por todo el falo y finalmente lo engullo por completo.

— Mmgh, así. Hazlo como solo tú sabes hacerlo. Eres un experto en eso, Kookie — cumplo sus ordenes, las caricias en mi cabeza me impulsa a complacerlo en todos los sentidos, menos en uno que ambos anhelamos con muchas fuerzas.

Me ensaño en el glande, con mi lengua rodeo todo el círculo de su cabeza. Provocando esos gloriosos gemidos que solo con escucharlos pueden llevarme al cielo. Muevo mi cabeza al mismo ritmo, llegando más profundo y concentrandome en sus puntos dulces, esos que lo hacen temblar. La saliva escurre por mis puños, mis mejillas se encuentran manchadas por los fluidos. Entonces, él empieza a mover sus caderas cuando está a punto de llegar. Mis manos aprietan sus nalgas tan suaves y perfectas. Las imperfecciones parecen invisibles en ese hombre que enloquece ante mis toques.

— Me vengo...ya casi — succiono con fuerza hasta que siento el líquido cálido y blanquecino llenar mi cavidad bucal. Así mismo, me levanto a besarlo con un dominio que lo deja a mi disposición completa.

— Seguiremos en el departamento.