El amigo de papá +21 (Extremadamente Taboo)

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Summary

Taylor, de diecinueve años, mantiene un romance secreto y apasionado con Jacob, el mejor amigo de su padre, una relación que rápidamente trasciende lo físico para convertirse en un vínculo emocional profundo. Cuando el padre de Taylor los descubre en medio de uno de sus encuentros clandestinos, la tensión amenaza con destruir décadas de amistad y la estructura familiar. Sin embargo, lejos de reaccionar con ira o traición, el padre confiesa haber sentido una atracción latente hacia Jacob y una fascinación voyeurista por la sexualidad de su hija. En lugar de separarlos, propone integrarse a su dinámica, transformando el secreto en un pacto de confianza y deseo compartido. Juntos, los tres navegan las complejidades de un trío consentido, explorando nuevos límites de intimidad, complicidad y placer, mientras mantienen una fachada de normalidad ante el mundo exterior. Lo que comenzó como una fantasía prohibida se convierte en una relación transgresora, donde el tabú no se rompe, sino que se comparte, redefiniendo por completo los lazos de familia, amistad y pasión.

Status
Ongoing
Chapters
7
Rating
n/a
Age Rating
18+
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Capítulo 1

Taylor observaba a Jacob desde el sofá de la sala mientras él hablaba animadamente con su padre. Jacob era el mejor amigo de su papá desde la universidad, un hombre de cuarenta y tantos años, con ese aire maduro y seguro que siempre la había intrigado. Cada vez que venía a cenar, Taylor sentía cómo su cuerpo reaccionaba con una intensidad que la avergonzaba y excitaba a la vez.

—¿Y qué tal tu nuevo trabajo, Jacob? —preguntó su padre mientras se servía más vino.

—Está siendo un desafío interesante, pero me mantiene activo —respondió Jacob con esa sonrisa que siempre le arrancaba un suspiro a Taylor.

Taylor se ajustó la falda sintiendo el calor entre sus piernas. Tenía diecinueve años, y aunque había tenido algunas experiencias sexuales, ninguna se comparaba con las fantasías que tenía sobre este hombre. Sabía que era un deseo prohibido, que Jacob era casi como un tío para ella, pero eso solo parecía intensificar su atracción.

Cuando su padre se levantó para atender una llamada de trabajo, Jacob se acercó al sofá donde ella estaba sentada.

—¿Cómo estás, pequeña? La última vez que te vi, apenas llegabas a mi hombro —dijo con una risa suave mientras se sentaba a su lado, demasiado cerca para ser casual.

—Crecí, Jacob —respondió ella con una sonrisa coqueta, sintiendo el muslo de él rozando el suyo—. Y ya no soy tan pequeña.

—Claro que no —murmuró él, sus ojos recorriendo su cuerpo de forma descarada—. Definitivamente has crecido en todos los lugares correctos.

El pulso de Taylor se aceleró. Podía oler el perfume masculino de Jacob, mezclado con el aroma del vino. Su mano descansaba casualmente en el sofá, apenas a centímetros de la de ella.

—Jacob, ¿puedo preguntarte algo personal? —dijo ella con voz temblorosa.

—Claro, cariño. Pregunta lo que quieras.

—¿Has pensado alguna vez en mí de... una manera no tan familiar?

Jacob se quedó quieto por un momento, y Taylor temió haber ido demasiado lejos. Pero entonces su mano se deslizó sobre el sofá hasta cubrir la de ella.

—Taylor, no tienes idea de cuántas veces he tenido que alejarme de esta casa pensando en cosas que no debería —confesó él con voz ronca—. Eres la hija de mi mejor amigo, pero... mierda, eres increíblemente sexy.

El corazón de Taylor latía con fuerza en su pecho. Esta era su oportunidad, el momento que había fantaseado tantas veces.

—Mi padre estará ocupado con esa llamada por un tiempo —susurró ella, deslizando su mano sobre el muslo de Jacob—. Podríamos ir a mi habitación.

Jacob la miró con intensidad, como sopesando las consecuencias. Luego, con un movimiento rápido, tomó su mano.

—Vamos —dijo con firmeza, levantándose y tirando de ella hacia las escaleras—. Pero si hacemos esto, sabes que no hay vuelta atrás.

—No quiero que haya vuelta atrás —respondió Taylor mientras subían las escaleras, sintiendo cómo la excitación la inundaba.

Una vez en su habitación, Taylor cerró la puerta con llave. Se volvió hacia Jacob y lo encontró ya desabrochándose la camisa, revelando un torso velludo y musculoso que la hizo humedecerse instantáneamente.

—Ven aquí —ordenó él, y ella obedeció sin dudar.

Jacob la tomó por la cintura y la atrajo hacia sí, sus labios encontraron los de ella en un beso apasionado y hambriento. Taylor respondió con igual fervor, sus manos explorando el pecho de él mientras su lengua bailaba con la de Jacob.

—Mierda, te he deseado tanto —murmuró él contra sus labios mientras sus manos bajaban por su espalda hasta apretar sus nalgas—. Desde que tenías dieciséis años, he soñado con esto.

—Yo también, Jacob —confesó ella, sintiendo cómo su mano se deslizaba hacia el frente de sus pantalones, palpando la erección ya dura—. Quiero que me folles como nunca nadie lo ha hecho.

Jacob gruñó cuando ella comenzó a masajearlo a través de la tela. Con un movimiento rápido, levantó su vestido y lo tiró por encima de su cabeza, dejándola solo en bragas y sujetador.

—Joder, qué tetas tienes —dijo él, desabrochando el sujetador y liberando sus pechos—. Son perfectas.

Se inclinó para tomar un pezón en su boca, mordiendo suavemente mientras su mano se deslizaba dentro de sus bragas, encontrándola ya húmeda y dispuesta.

—Estás tan mojada, pequeña zorra —murmuró él mientras un dedo suyo entraba en ella—. ¿Es por mí? ¿Es por mi verga?

—Sí, Jacob —gimió ella, abriendo más las piernas mientras él añadía otro dedo—. Quiero tu verga dentro de mí.

Jacob la empujó suavemente hacia la cama, deshaciéndose del resto de su ropa. Taylor observó con admiración cómo su miembro se liberaba, grande y erecto, con una ligera curvatura que sabía que llegaría justo a su punto dulce.

—Abre las piernas más, cariño —ordenó él mientras se colocaba entre ellas—. Quiero verte completa antes de follarme ese coño tan apretado.

Taylor obedeció, sintiéndose completamente expuesta e increíblemente excitada. Jacob se arrodilló entre sus piernas, observándola con intensidad mientras se masturbaba lentamente.

—Joder, qué vista más increíble —dijo él, acercándose más hasta que la punta de su verga rozaba sus labios vaginales—. ¿Estás lista para mí, pequeña puta?

—Por favor, Jacob —suplicó Taylor, elevando las caderas para intentar capturarlo—. Necesito que me llenes.

Con un gemido gutural, Jacob se hundió dentro de ella en un movimiento lento pero firme. Taylor arqueó la espalda, sintiendo cómo se abría para recibirlo, cada centímetro de su erección estirándola y llenándola perfectamente.

—¡Jacob! —gritó ella mientras él comenzaba a moverse, estableciendo un ritmo profundo y constante—. ¡Sí, así, más rápido!

Jacob la tomó por las caderas, aumentando la velocidad de sus embestidas. La habitación se llenó con los sonidos de sus cuerpos chocando, los gemidos de Taylor y los gruñidos de Jacob.

—¡Toma toda mi verga, pequeña zorra! —gritó él, dándole una nalgada que hizo que Taylor gritara de placer—. ¿Te gusta cómo te parto? ¿Te gusta que el mejor amigo de tu padre te esté follando así de bien?

—¡Sí! ¡Sí! ¡Jacob, me encanta! —gemía ella, sintiendo cómo el orgasmo se aproximaba—. ¡No pares, por favor, no pares!

Jacob cambió la posición, levantando una de las piernas de Taylor sobre su hombro, permitiéndole penetrar aún más profundo. El nuevo ángulo hizo que Taylor viera estrellas de placer.

—Voy a correrme dentro de ti, pequeña —murmuró él, su respiración agitada—. Voy a llenar tu coño con mi leche.

—¡Hazlo! ¡Corréte dentro de mí! —suplicó Taylor, sintiendo cómo el orgasmo la inundaba—. ¡Jacob, me estoy corriendo!

El orgasmo la golpeó como una ola, haciendo que su cuerpo temblara violentamente mientras Jacob continuaba embistiéndola sin piedad. Unos momentos después, sintió cómo él se endurecía dentro de ella, liberando un torrente de semen caliente que la hizo gemir de satisfacción.

Se quedaron así por varios minutos, jadeando y tratando de recuperar el aliento. Jacob finalmente se retiró de ella, cayendo a su lado en la cama.

—Joder, Taylor —dijo él, acariciando su cabello—. Eso fue... increíble.

—Increíble no es la palabra, fue más que eso —respondió ella, acurrucándose contra su pecho—. ¿Cuándo podemos hacerlo de nuevo?

Jacob rio, un sonido profundo y satisfactorio en su pecho.

—Tan pronto como tu padre salga de casa otra vez, pequeña zorra. Y la próxima vez, te voy a follar en todas las posiciones que he imaginado estos años.

Taylor sonrió, sintiendo cómo la excitación comenzaba a construirse de nuevo. Sabía que esto estaba mal, que era un tabú absoluto, pero esa misma maldad era lo que la hacía sentir viva de una manera que nunca antes había experimentado.

—¿De qué estás sonriendo, pequeña traviesa? —preguntó Jacob, sus dedos trazando círculos en su espalda desnuda.

—De lo mucho que te he querido —confesó Taylor, levantándose para apoyarse en un codo y mirarlo a los ojos—. He soñado con esto desde que tenía quince años, Jacob. Me masturbaba pensando en ti.

Jacob se irguió sobre un codo, su expresión mezclando sorpresa y excitación.

—¿En serio? ¿Desde los quince? —murmuró él, su mano bajando para acariciar su nalgas—. Joder, si hubiera sabido...

—¿Qué habrías hecho? —preguntó Taylor con voz seductora, su mano deslizándose hacia su miembro que ya comenzaba a despertar de nuevo—. ¿Me habrías follado entonces?

—Te habría follado en cada habitación de esta casa —respondió él con voz ronca, su erección creciendo bajo los dedos de ella—. Te habría tomado contra la pared de la ducha, sobre la mesa de la cocina, en el sofá del sótano donde tu padre nunca nos encontrara...

Taylor se humedeció al escuchar sus palabras. Se movió para montarlo, sintiendo cómo su verga se endurecía completamente al entrar en ella otra vez.

—¿Así? —preguntó ella, moviendo las caderas lentamente—. ¿Te habría montado así?

Jacob profirió una maldición, sus manos subiendo para apretar sus pechos.

—Exactamente así, pequeña zorra —dijo él, elevando las caderas para encontrarse con sus movimientos—. Pero te habría movido más rápido, te habría hecho gritar mi nombre hasta que te quedaras sin voz.

Taylor aumentó el ritmo, sus caderas rotando mientras la verga de Jacob la llenaba una y otra vez. Se inclinó hacia adelante, sus pechos rozando su pecho mientras sus labios encontraban los de él en un beso apasionado.

—¿Te gusta como te monto, Jacob? —murmuró ella contra sus labios—. ¿Te gusta que esta joven te esté follando así de bien?

—¡Joder, sí! —gimió él, sus manos bajando para apretar sus nalgas y guiar sus movimientos—. Sigue así, no pares.

La habitación se llenó de nuevo con los sonidos de su sexo, los gemidos de Taylor y los gruñidos de Jacob. Taylor sentía cómo el control la embriagaba, cómo el poder de tener a este hombre bajo ella, completamente a su merced, la excitaba más que nada.

—Voy a correrme de nuevo —anunció ella, aumentando aún más el ritmo.

—¡Hazlo! —gritó él—. Quiero verte venir, quiero ver toda mi leche deslizarse por tus muslos.

Jacob la hizo rodar, quedándose encima de ella otra vez. Levantó sus piernas sobre sus hombros, penetrándola con una ferocidad que hizo que Taylor gritara de placer y dolor.

—¡Así! ¡Así, Jacob! —gritó ella, sus uñas arañando su espalda—. ¡Follame más fuerte! ¡Hazme tuya!

Jacob obedeció, embistiéndola sin piedad, su verga hundiéndose en ella una y otra vez con una fuerza que la hizo temblar. Taylor sentía cómo el orgasmo se aproximaba, una ola de placer que amenazaba con ahogarla.

—¡Jacob, me voy a venir! —gritó ella, su cuerpo arqueándose mientras el orgasmo la golpeaba.

Jacob se retiró justo a tiempo, masturbándose furiosamente sobre ella. Taylor observó con ojos vidriosos cómo su verga se endurecía aún más antes de liberar un torrente de semen caliente sobre su estómago, pechos, y como había prometido, sobre sus muslos.

—¡Joder! —gritó él, su cuerpo temblando mientras el último chorrito de semen caía sobre ella—. ¡Mierda, Taylor!

Cayeron ambos agotados sobre la cama, sus cuerpos cubiertos de sudor y semen. Jacob se recostó a su lado, tirando de ella hacia él en un abrazo cansado.

—Eso fue... —comenzó él, pero se interrumpió con una risa—. No tengo palabras.

—Más que increíble —terminó Taylor, acurrucándose contra su pecho—. Increíblemente sucio y maravilloso.

Se quedaron así en silencio por varios minutos, sus respiraciones volviéndose más regulares mientras el sudor se secaba sobre sus pieles. Taylor escuchaba el latido del corazón de Jacob contra su oreja, sintiendo una extraña mezcla de satisfacción y melancolía.

—¿Repetiremos algún día Jacob? —preguntó ella en voz baja—. ¿Qué hacemos mañana?

Jacob suspiró, su mano acariciando su cabello.

—Mañana tu padre despertará, vendré a desayunar como siempre, y actuaremos como si nada hubiera pasado —dijo él con voz suave—. Pero cuando se vaya al trabajo…, volveré a follarte. Y al día siguiente también. Y al siguiente.

Taylor levantó la cabeza para mirarlo a los ojos.

—¿En serio? —preguntó ella, una sonrisa comenzando a formarse en sus labios—. ¿Esto no fue un único error? ¿Un pequeño tropiezo?

—No fue un error, Taylor —respondió él con seriedad—. Fue inevitable. Y no voy a renunciar a tener esto contigo ahora que lo he probado.

Se inclinaron para besarse, un beso suave y prometedor esta vez. Taylor sentía cómo la excitación comenzaba a construirse de nuevo, cómo su cuerpo respondía a la simple cercanía de este hombre.

—¿Y si mi padre se entera? —preguntó ella, aunque sabía que no le importaba realmente la respuesta.

—Entonces se enterará, asumiré mi responsabilidad —respondió Jacob con una sonrisa—. Pero por ahora, esto es nuestro secreto. Nuestro pequeño tabú.

Taylor rio, sintiendo cómo una nueva ola de deseo la recorría.

—Bueno, si es nuestro secreto... —dijo ella, su mano bajando hacia su miembro ya comenzaba a endurecerse por tercera vez—. ¿Qué te parece si lo celebramos una vez más antes de que termine la noche?

Jacob la miró con intensidad, su sonrisa transformándose en una mueca de deseo puro.

—Prepárate, pequeña —dijo él, rodando sobre ella una vez más—. Porque esta vez, voy a follarte hasta que no puedas caminar mañana.

Y mientras Jacob la penetraba una vez más, Taylor supo que esta era solo la primera de muchas noches de placer prohibido, de muchas noches en las que se entregaría al mejor amigo de su padre sin remordimientos ni arrepentimientos.

Jacob no mentía. La siguiente semana se convirtió en un torbellino de encuentros secretos, de miradas cómplices a través de la mesa del comedor, de toques furtivos en el pasillo cuando su padre no miraba. Cada vez que Jacob venía a la casa, el pulso de Taylor se aceleraba, su cuerpo respondiendo a la simple presencia de él con una anticipación que la dejaba sin aliento.

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