Capítulo 1: El peor Año Nuevo de mi vida
A mis treinta y dos años, cuando miro hacia atrás, todavía puedo sentir el frío de esa noche. Hay fechas que se te quedan clavadas en el alma no por lo que celebras, sino por cómo te rompen. Para mí, ese momento llegó a los veintiuno, en un Año Nuevo que se suponía era de comienzos, pero terminó siendo el fin del mundo que yo conocía.
En ese entonces, mi vida ya era una batalla diaria en Paso de Ovejas. Para mantener a mi pequeña hija Camila, tomé la decisión de trabajar como escort en Xalapa. Era un mundo duro, lleno de sombras, pero lo hacía por ella, tragándome el orgullo y el cansancio con tal de que no le faltara nada. Creía que en casa tenía un refugio, un hombre que me respaldaba y una madre en quien confiar. Qué pendeja fui.
Todo estalló en mil pedazos durante un viaje de regreso en el autobús ADO. El teléfono vibró. Eran fotos de un número anónimo. Al abrir el mensaje, el aire se me salió de los pulmones y el mundo se empezó a mover en cámara lenta. En la pantalla de mi celular estaban las pruebas de la peor de las bajezas: mi pareja y mi propia madre metidos en mi cama, traicionándome de la forma más puerca mientras yo me partía el alma trabajando lejos. El dolor se me transformó en un veneno espeso en la garganta durante todo el camino.
Cuando puse un pie en la casa, la mirada de mi hija Camila me lo confirmó todo. Los niños no mienten, y su inocencia terminó de destapar el desmadre. El dolor se me quitó en un segundo y se convirtió en una furia ciega, de esa que te quema el pecho. No iba a llorarles, no se lo merecían. Desatando toda la rabia que traía guardada, cobré venganza contra ese infeliz, destruyendo lo que pude para dejarle claro que conmigo no se juega.
Esa misma noche agarré a mi hija, le di la espalda a esa casa maldita y me largué para siempre sin mirar atrás. En medio de la oscuridad de la carretera, con el alma rota pero los ojos bien abiertos, me juré a mí misma que saldría adelante. Ese Año Nuevo no fue el final; fue el maldito día en que Valeria decidió que iba a resurgir de sus propias cenizas.no