ONE SHOT
El Primer Encuentro en la Torre de Sombras
La luz tenue de las lámparas de diseño tailandés moderno iluminaba el amplio despacho en el último piso de la torre que servía como cuartel general de la familia Charoen. Bangkok brillaba a lo lejos a través de los ventanales del piso al techo, pero dentro del lugar reinaba un silencio frío y calculado. Charlie estaba sentado detrás de su escritorio de madera oscura, revisando informes con ojos afilados. Su presencia como Enigma llenaba la habitación: un aroma dominante, profundo y especiado con notas de sándalo y hierro, que hacía que cualquiera que entrara sintiera instintivamente la necesidad de bajar la mirada.
La puerta se abrió después de un suave golpe.
—Pase.— dijo Charlie sin levantar la vista todavía, su voz grave y autoritaria.
Babe entró cargando una carpeta bajo el brazo. Vestía una camisa blanca impecable y pantalones negros ajustados, pero su expresión era completamente distinta a la atmósfera del lugar: una sonrisa cálida y genuina iluminaba su rostro. En sus brazos llevaba a Malee, la pequeña de 4 años, envuelta en una mochila portabebés ligera contra su pecho. La niña dormía contra su pecho, chupándose el pulgar.
—Buenas noches, Khun Charlie. Soy Babe, el candidato para el puesto de asistente personal. Lamento traer a Malee, pero mi niñera de emergencia falló y no quería llegar tarde a la primera impresión.— explicó Babe con voz alegre pero respetuosa, inclinando ligeramente la cabeza en señal de deferencia.
Su aroma a alfa especial —fresco como lluvia tropical con un toque dulce de vainilla— se extendió por la habitación, contrastando fuertemente con el de Charlie.
Charlie levantó la mirada por fin. Sus ojos, fríos y penetrantes, analizaron al alfa de pies a cabeza. Notó la forma en que Babe sostenía a su hija con naturalidad, la confianza en su postura a pesar de ser claramente inferior en la jerarquía, y esa sonrisa que no parecía forzada. Interesante.
—Siéntese.— ordenó Charlie, señalando la silla frente a su escritorio.— Y explíqueme por qué un alfa con sus capacidades está desesperado por este trabajo.
Babe se acomodó con cuidado para no despertar a Malee, que ya empezaba a cabecear contra su pecho.
—Porque necesito estabilidad y buenos ingresos para ella.— respondió directamente, sin rodeos, aunque su tono seguía siendo cálido.— Su padre biológico nos abandonó en cuanto supo del embarazo. No tengo familia cercana que me ayude y quiero darle a Malee todo lo que se merece: techo seguro, comida, educación…y tiempo de calidad con su papá. He trabajado antes en seguridad y logística. Soy rápido resolviendo problemas, organizado y leal cuando confío en alguien.
Charlie se inclinó ligeramente hacia adelante. Su olfato de Enigma captó cada matiz del aroma de Babe: determinación, cansancio oculto, pero sobre todo un calor genuino que pocos se atrevían a mostrar frente a él.
—Lealtad.— repitió Charlie con una sonrisa fría que no llegaba a sus ojos.— Muchos dicen lo mismo antes de traicionarme. ¿Qué lo hace diferente, Babe?
Babe sostuvo la mirada sin desafiarlo, pero sin acobardarse. Malee se removió un poco y Babe le acarició suavemente la espalda con una mano grande y protectora.
—Soy padre, Khun. No tengo tiempo ni energía para juegos de poder innecesarios. Si acepto trabajar para usted, lo haré con todo. Resolveré lo que necesite resolver: llamadas, reuniones, documentos, lo que sea. Rápido y sin errores. A cambio, solo pido un salario justo y que me permita tener flexibilidad cuando Malee me necesite. Nada más.
Charlie permaneció en silencio unos segundos, observándolo. El Enigma sentía una extraña atracción hacia esa calidez que contrastaba tanto con su propio hielo.
Extendió la mano y tomó la carpeta que Babe le ofrecía. Mientras revisaba el currículum, habló de nuevo:
—Empezará mañana. Seis de la mañana en punto. Su escritorio estará afuera de esta oficina. Tendrá acceso a casi todo, pero cualquier error o filtración…— sus ojos se oscurecieron.— y ni su aroma cálido ni esa niña lo salvarán. ¿Entendido?
Babe asintió, su sonrisa se suavizó pero no desapareció.
—Entendido perfectamente, jefe. No le fallaré. Y gracias…de verdad. Esto significa mucho para nosotros.
Malee eligió ese momento para abrir los ojos y mirar directamente a Charlie. La pequeña extendió una manita regordeta hacia él, balbuceando un tímido “¡Pa!” (su forma de decir papá, pero apuntando al desconocido).
Babe rio bajito, un sonido suave y genuino que llenó la habitación.
—Parece que ya le agradas, Khun Charlie. Malee suele ser muy selectiva con las personas.
Por primera vez en mucho tiempo, Charlie sintió que una esquina de sus labios se curvaba casi imperceptiblemente. Se levantó, rodeó el escritorio y se detuvo frente a ellos.
Su altura y presencia imponían, pero se inclinó ligeramente para estar más cerca del nivel de la niña.
—Bienvenida al equipo, Malee.— murmuró con voz más baja, casi suave.— Y tú, Babe…no me decepciones.
Babe se puso de pie también, ajustando la mochila portabebés.
—No lo haré. Estaré aquí antes del amanecer, listo para lo que necesite. ¿Hay algo específico qué quiera que prepare para mañana?
Charlie regresó a su asiento, pero su mirada permaneció en el alfa y su hija un segundo más de lo necesario.
—Todo. Quiero un informe completo de los envíos del muelle de Pattaya para las siete. Y café negro, sin azúcar.
—Entendido.— Babe sonrió una vez más, esa sonrisa cálida que parecía desafiar el frío del despacho.— Que tenga buena noche, Khun Charlie.
Mientras Babe salía, Charlie se quedó mirando la puerta cerrada. Por primera vez en años, el silencio del despacho le pareció…menos vacío. El aroma residual de lluvia y vainilla aún flotaba en el aire.
—Interesante.— susurró para sí mismo, con una sonrisa calculadora formándose en sus labios.— Muy interesante.
El Primer Día en la Torre
La mañana siguiente amaneció con el cielo de Bangkok teñido de tonos naranjas y rosados. Babe llegó exactamente a las 5:50 a.m., quince minutos antes de lo acordado.
Vestía una camisa negra ajustada, pantalones formales y llevaba una mochila con su laptop y varios archivos. Antes de salir de casa había dejado a Malee con la niñera de confianza que había contratado con el anticipo que le dieron para el puesto. Aun así, su teléfono estaba en silencio pero con vibración activada, y revisaba la pantalla cada cierto tiempo.
Entró al piso ejecutivo y encontró su escritorio ya preparado justo frente a la oficina principal de Charlie. Una nota escrita a mano con letra precisa decía: “Café negro. Informe de Pattaya listo a las 7:00.”
Babe sonrió para sí mismo y se puso manos a la obra. A las 5:58 ya tenía el café humeante preparado exactamente como le habían pedido y el informe impreso y digital listo.
A las seis en punto, Charlie salió del ascensor privado. Su aroma a sándalo y hierro invadió inmediatamente el espacio, dominante y pesado. Llevaba un traje negro impecable que acentuaba su figura alta y atlética. Sus ojos de Enigma se fijaron directamente en Babe.
—Llegas temprano.— comentó Charlie con voz grave, deteniéndose frente al escritorio.— Eso me gusta.
—Buenos días, Khun Charlie.— saludó Babe con su habitual sonrisa cálida, levantándose respetuosamente.— Quise adelantarme para revisar todo. Aquí está su café, sin azúcar, y el informe completo de los envíos de Pattaya. Detecté una inconsistencia en el contenedor número 47: faltan dos cajas según el manifiesto. Ya contacté al supervisor del muelle y están verificándolo ahora mismo. Tendremos respuesta en menos de treinta minutos.
Charlie tomó el café, probó un sorbo y levantó una ceja, impresionado a pesar de su expresión fría.
—Bien. Muy bien.— Señaló la puerta de su oficina.— Adentro. Necesito que tomes nota de las reuniones de hoy.
Babe lo siguió, llevando su tablet. El despacho seguía oliendo a Charlie, pero ahora también había un leve rastro del aroma de Babe: lluvia fresca y vainilla suave. Charlie se sentó en su sillón y Babe permaneció de pie, listo para escribir.
—Primera reunión a las 8:30 con los jefes de los muelles del sur. Quiero que filtres cualquier información sobre el cargamento que llega de Singapur. Nadie debe saber el contenido real. Segunda reunión a las 10:00 con los contadores. Revisa los números antes de que yo entre. Y a las 11:30…— Charlie se detuvo al ver que Babe levantaba la mirada hacia su teléfono, que vibraba discretamente sobre la mesa.
—¿Todo bien?— preguntó Charlie, su tono ligeramente más afilado.
Babe respondió con rapidez pero sin perder la calidez:
—Perdón, Khun. Es la niñera. Malee se despertó un poco inquieta esta mañana, nada grave, solo está echándome de menos. Le envié un audio hace un rato y ahora me confirma que ya desayunó feliz.— Sonrió con ternura.— No se preocupe, no afectará mi trabajo. Estoy al cien por ciento aquí.
Charlie se recostó en su sillón, observándolo con esos ojos penetrantes que parecían leer hasta el último pensamiento.
—Eres un alfa especial…y sin embargo priorizas a tu cachorra por encima de todo. Eso es raro en este mundo. La mayoría vendería su lealtad por poder.
Babe guardó el teléfono y miró directamente a su jefe, sin miedo pero con respeto.
—Malee es mi todo, Khun Charlie. Trabajé muy duro para que ella tenga una vida mejor. Por eso acepté este puesto. Usted necesita eficiencia y yo necesito estabilidad para ella. Puedo ser ambas cosas. Si en algún momento tengo que elegir entre mi hija y el trabajo…renunciaré antes de fallarle a usted. Pero haré todo lo posible para que eso nunca pase.
El Enigma permaneció en silencio unos segundos, procesando el aroma cálido que emanaba de Babe en ese momento: protección, honestidad y una determinación suave pero inquebrantable.
—Lealtad hacia tu hija…y hacia mí.— murmuró Charlie finalmente.— Veremos cuánto dura eso.— Señaló la silla frente a él.— Siéntate. Revisaremos la agenda completa y quiero que me des tu opinión sobre el problema del contenedor 47. Tu perspectiva como alfa especial puede ser útil.
Babe se sentó, cruzando las piernas con naturalidad. Durante la siguiente hora trabajaron con fluidez. Babe era rápido, organizado y hacía preguntas inteligentes que incluso sorprendieron a Charlie. En un momento, mientras discutían sobre posibles traiciones dentro de la organización, el teléfono de Babe vibró de nuevo.
—Disculpe.— dijo Babe, revisando rápidamente.— Malee quiere hablar conmigo dos minutos. ¿Puedo…?
Charlie hizo un gesto con la mano, permitiéndoselo.
Babe contestó en modo altavoz para no perder tiempo:
—Hola, mi princesa. ¿Ya estás jugando con los bloques?
Se escuchó la vocecita alegre de Malee:
—¡Papá! ¡Mira! ¡Construí una torre grande!
Algo increíble en Malee era su capacidad de hablar bien a pesar de tener 4 años.
Babe rio bajito, el sonido cálido llenando la oficina.
—Qué hermosa, mi vida. Papá está trabajando pero te prometo que esta noche jugamos juntos, ¿sí? Te quiero mucho. Pórtate bien con la tía.
Cuando colgó, Babe levantó la mirada y encontró a Charlie observándolo fijamente.
—Perdón por la interrupción. No volverá a pasar en horario de trabajo.
Charlie se inclinó hacia adelante, apoyando los codos sobre el escritorio. Su aroma se intensificó ligeramente, posesivo.
—No me molesta…por ahora. Es interesante verte en este rol. Frío y eficiente un segundo, y padre amoroso al siguiente.— Sus labios se curvaron en una sonrisa mínima y calculadora.— Me pregunto cuánto tiempo tardarás en mostrarme todas tus facetas, Babe.
Babe sintió un leve escalofrío instintivo ante la intensidad del Enigma, pero respondió con su sonrisa habitual:
—Mientras resuelva sus problemas rápido y mantenga a mi hija segura, puede ver todas las facetas que quiera, Khun Charlie. ¿Continuamos con la agenda?
Charlie soltó una risa baja, casi imperceptible.
—Continuemos. Y Babe…— añadió antes de que el alfa se levantara.— Dile a tu hija que su padre trabaja para alguien que no tolera fallos. Así que más te vale ser el mejor.
Babe sonrió ampliamente.
—Se lo diré. Aunque creo que ya le agrada usted desde anoche.
Por primera vez en mucho tiempo, el despacho se sintió menos frío mientras el aroma de lluvia y vainilla se mezclaba con el de sándalo y hierro, creando algo nuevo en el aire.
La Rutina que Calienta el Hielo
Los días siguientes transcurrieron con una precisión casi militar. Babe llegaba todos los días a las 5:45 a.m., impecable y con una sonrisa que parecía iluminar el piso ejecutivo.
Su escritorio estaba siempre organizado, el café de Charlie listo exactamente a las seis, y los informes del día anterior revisados y corregidos antes de que el Enigma pusiera un pie en la oficina.
Día Cuatro – La Llamada Inesperada
Era jueves por la tarde. Charlie revisaba contratos sentado en su sillón mientras Babe estaba de pie a su lado, señalando una cláusula sospechosa en el documento.
—Aquí, Khun. Esta parte sobre el porcentaje de distribución es ambigua. Si no la cerramos, los de Phuket podrían interpretarla a su favor y quedarse con un 8% extra.— explicó Babe con tono profesional pero cálido.
Charlie asintió, pero en ese momento el teléfono de Babe vibró insistentemente. El alfa miró la pantalla y su expresión cambió de inmediato.
—Disculpe, es la niñera. Malee tiene fiebre baja desde anoche y…
—Contesta.— ordenó Charlie, recostándose para observarlo.
Babe activó el altavoz mientras tomaba notas al mismo tiempo.
—¿Sí, tía? ¿Cómo está?
La voz de la niñera sonaba preocupada:
—Babe, la fiebre subió a 38.2. Está llorando y preguntando por ti. Le di el medicamento pero no quiere comer.
Babe cerró los ojos un segundo, su aroma a vainilla se volvió más dulce y protector.
—Ponla al teléfono, por favor.
Se escuchó la vocecita débil y llorosa de Malee:
—Papá…duele la cabeza…ven…
—Mi princesa, papá está trabajando pero te escucha. Sé fuerte, ¿sí? Respira como te enseñé…inhala…exhala…Eso es. La tía te va a poner un paño frío en la frente y papá va a llegar lo más pronto posible. Te quiero más que a nada en el mundo. ¿Me cantas la canción de los elefantes?
Malee sollozó pero empezó a tararear débilmente. Babe cantó bajito con ella, su voz suave y tranquilizadora:
—Elefantes van marchando…uno se cayó…y los demás dijeron: “¡Qué divertido!”
Charlie observaba en completo silencio. Su aroma dominante se había intensificado, pero no de ira, sino de algo más profundo: posesividad mezclada con curiosidad.
Cuando Babe colgó, se volvió hacia su jefe con expresión seria pero respetuosa.
—Khun Charlie, sé que aún no son las seis, pero ¿puedo salir una hora antes? Terminé todos los pendientes del día y dejé los archivos listos para mañana. Malee me necesita.
Charlie se levantó lentamente y se acercó hasta quedar a solo un paso de Babe. Su altura y presencia de Enigma hacían que el aire se sintiera más pesado.
—Eres el primer asistente que me pide salir temprano en cuatro días…y lo hace sin excusas baratas.— Sus ojos penetrantes se clavaron en los de Babe.— Ve. Pero quiero un informe completo de su estado cuando llegues a casa. Y mañana llegarás a la misma hora.
Babe soltó un suspiro de alivio y sonrió con gratitud genuina.
—Gracias, Khun. No sabe cuánto significa esto. Le enviaré el informe esta misma noche. No le fallaré.
Antes de irse, Babe hizo una pequeña reverencia instintiva, respondiendo al aura del Enigma.
Charlie se quedó mirando la puerta cerrada largo rato, inhalando el aroma residual de lluvia tropical que aún flotaba en su oficina.
Día Siete – La Primera Grieta
El viernes por la mañana, Babe entró con Malee en brazos. La niña ya estaba recuperada pero la niñera tenía una emergencia familiar y no había otra opción.
—Buenos días, Khun Charlie. Lamento traer a Malee de nuevo, solo será hasta las once. Ya terminé el informe de los muelles del este y organicé su agenda de la próxima semana.— dijo Babe mientras acomodaba a la pequeña en una manta que había colocado en una esquina de su escritorio exterior.
Charlie salió de su oficina y se detuvo al ver a Malee jugando con bloques en silencio. La niña levantó la vista y sonrió al reconocerlo.
— ¡Pa!— balbuceó extendiendo los bracitos.
Babe rio bajito.
—Sigue diciendo “pa” a todos los hombres altos. Perdón.
Charlie se acercó y se agachó frente a la niña, algo que nadie en la organización había visto jamás. Su voz, normalmente fría, bajó un tono:
—Malee, ¿estás mejor?
La pequeña asintió y le ofreció un bloque azul. Charlie lo tomó entre sus dedos largos y lo giró, observándolo como si fuera un objeto extraño.
Babe los observaba con una sonrisa suave.
—Es increíble cómo confía en usted tan rápido. Normalmente le toma semanas a la gente.
Charlie se incorporó y miró a Babe directamente.
—Tu aroma la calma. Y el mío…parece que no le asusta. Interesante.
Durante la mañana, Babe trabajó con Malee a su lado. En un momento, mientras Charlie dictaba instrucciones, la niña se levantó y caminó hasta el Enigma, tirando de su pantalón.
—Arriba.— pidió con su vocecita.
Babe se tensó.
—Malee, no…Khun Charlie está ocupado.
Pero Charlie, contra todo pronóstico, levantó a la niña con un solo brazo y la sentó en su regazo mientras seguía hablando de negocios.
—…y dile a los de Pattaya que si el próximo envío llega con retraso, responderán personalmente ante mí.— Miró a Babe.— ¿Ves? Hasta tu hija sabe que soy eficiente.
Babe sonrió con calidez, su aroma floreciendo en la habitación.
—Creo que está empezando a gustarle trabajar aquí, Khun. Y no solo por el sueldo.
Charlie miró a Malee, que jugaba con su corbata, y luego al alfa que tenía enfrente.
Por primera vez, su sonrisa fría se volvió ligeramente más real.
—Tal vez. O tal vez solo estoy evaluando cuánto espacio estás ocupando en mi torre, Babe.
Día Diez – La Confesión Silenciosa
Diez días después, la dinámica había cambiado sutilmente. Babe ya anticipaba las necesidades de Charlie antes de que las pidiera. El Enigma, por su parte, permitía pequeñas interrupciones cuando Malee llamaba y, en ocasiones, preguntaba por la niña.
Esa tarde, mientras revisaban documentos, Charlie habló sin levantar la vista:
—Eres demasiado bueno para ser solo un asistente. ¿Por qué no buscas algo más seguro? Criar a una cachorra solo en este mundo es peligroso.
Babe lo miró con honestidad.
—Porque necesito dinero rápido y estable. Y porque…extraño sentir que sirvo para algo más que solo ser padre. Usted es exigente, pero justo. Me hace sentir útil. Y Malee está más segura ahora que tengo este trabajo.
Charlie se quedó en silencio, inhalando profundamente el aroma cálido del alfa.
—Ten cuidado, Babe. Los Enigmas somos posesivos con lo que consideramos nuestro. Y tú…estás empezando a oler a algo que me pertenece.
Babe sintió un escalofrío instintivo pero no retrocedió. Sonrió con esa calidez que ya empezaba a derretir el hielo.
—Mientras cuide bien de Malee y haga mi trabajo, puede considerarme suyo en lo profesional, Khun Charlie. Eso es suficiente por ahora.
Charlie levantó la mirada, ojos oscuros brillando con interés calculador.
—Por ahora…— repitió en voz baja.
El aroma de sándalo, hierro y lluvia tropical se entretejía cada vez más fuerte en la torre.
Dos Semanas Después – El Aroma que Perturba
Habían pasado exactamente catorce días desde que Babe comenzó a trabajar para Charlie. La rutina en la torre era impecable, pero el aire entre ellos había cambiado. El aroma de Charlie se volvía más denso y deliberadamente envolvente cada vez que Babe entraba a la oficina, como si el Enigma lo proyectara a propósito.
La Cena de Negocios que No Era Solo Negocios
Era miércoles por la noche. El reloj marcaba las 8:15 p.m. Babe estaba terminando de organizar los últimos correos cuando Charlie salió de su oficina con el abrigo en la mano.
—Babe, cancelé la reunión con los de Chiang Mai. Tú y yo cenaremos en el restaurante privado del piso 45. Hay asuntos importantes que discutir.
Babe parpadeó, sorprendido, pero mantuvo su tono profesional.
—Claro, Khun Charlie. ¿Necesita qué lleve algún documento específico?
—No. Solo tú.— Los ojos oscuros del Enigma brillaron con algo que no era solo cálculo.— Y relájate. No muerdo…todavía.
Babe tragó saliva, sintiendo cómo su pulso se aceleraba. El aroma dominante de sándalo e hierro lo envolvió como una manta pesada mientras bajaban en el ascensor privado.
Charlie estaba más cerca de lo necesario.
En el elegante comedor privado con vista panorámica a Bangkok, Charlie pidió los platos favoritos de Babe sin preguntar (ya había investigado). Cuando sirvieron el vino, levantó su copa.
—Brindemos. En dos semanas has hecho más que mi anterior asistente en seis meses. Eres…indispensable.
Babe sonrió cortésmente, aunque sus mejillas se calentaron ligeramente.
—Solo hago mi trabajo, Khun. Me alegra que esté satisfecho.
Charlie se inclinó hacia adelante, su voz más baja y ronca:
—¿Satisfecho? Aún no. Pero estoy trabajando en ello.— Sus ojos recorrieron el rostro de Babe.— Dime, ¿qué te pone nervioso de mí? Puedo olerlo. Tu aroma cambia cada vez que me acerco demasiado. Se vuelve más dulce…más vulnerable.
Babe bajó la mirada un segundo, ajustando su corbata.
—Es…respeto, Khun Charlie. Usted es un Enigma. Su presencia es intensa. Cualquiera se pondría nervioso.
Charlie sonrió lentamente, disfrutando cada segundo.
—Mentira. Otros tiemblan de miedo. Tú tiemblas de algo distinto. Y me gusta. Mucho.— Extendió la mano y rozó deliberadamente los dedos de Babe al pasarle un plato.— Quiero que sepas que estoy interesado en ti, Babe. No solo como asistente. Quiero conocerte. Quiero que Malee tenga una figura fuerte y estable en su vida. Yo puedo darles eso.
Babe retiró la mano con suavidad, aunque su corazón latía fuerte.
—Khun Charlie…aprecio el interés, pero soy su empleado. Y soy padre soltero. Mi prioridad es Malee. No busco nada más en este momento.
Charlie no se ofendió. Al contrario, su sonrisa se volvió más posesiva.
—Entendido. Por ahora. Pero no soy un hombre que se rinda fácilmente. Te voy a enamorar, Babe. Paso a paso. Y voy a empezar por consentir a esa pequeña que ya se metió en mi cabeza.
El Regalo y la Niña que Sonríe
Al día siguiente, por la tarde, Babe llegó con Malee porque la niñera estaba enferma. La niña corrió hacia el despacho de Charlie en cuanto lo vio.
—¡Pa! ¡Pa grande!— exclamó alegre.
Charlie se levantó de inmediato, levantó a Malee en brazos y la sentó en su escritorio con cuidado. Sacó de un cajón una caja elegantemente envuelta.
—Para ti, pequeña. Ábrela.
Malee rasgó el papel con ayuda de Babe y descubrió un osito de peluche suave con un traje diminuto igual al de Charlie, además de un set de bloques de madera premium.
Babe abrió mucho los ojos.
—Khun…no tenía que hacer esto.
—Quería.— respondió Charlie, mirando a Malee con una expresión que nadie más había visto en él: suave, casi protectora.— Ella merece lo mejor. Y su padre también.— Miró a Babe directamente.— Cena conmigo y con Malee este fin de semana. No es una orden de trabajo. Es una invitación. Quiero que veas que puedo ser más que el jefe frío.
Babe se pasó una mano por el cabello, visiblemente nervioso. Su aroma a vainilla se volvió más pronunciado.
—Khun Charlie…usted es muy amable, pero no quiero confundir las cosas. Soy su asistente. Esto…me pone nervioso. No sé cómo responder.
Charlie se acercó un paso más, con Malee aún en brazos, y bajó la voz:
—Responde como quieras. Me encanta cuando te pones nervioso. Significa que sientes algo, aunque lo niegues.— Acarició el cabello de Malee con ternura.— Y esta cachorra ya me tiene conquistado. Quiero protegerla. Quiero protegerlos a ambos.
Malee apoyó la cabeza en el hombro de Charlie, chupándose el pulgar, completamente tranquila. Babe los miró y sintió un nudo en el estómago.
—Está bien…acepto la cena del fin de semana. Pero solo como…una salida amistosa. Nada más.
Charlie sonrió con satisfacción profunda, inhalando el aroma mezclado de ambos.
—Amistosa… por ahora. Veremos cuánto dura eso.
La Grieta en la Profesionalidad
Esa misma noche, antes de que Babe se fuera, Charlie lo detuvo en la puerta de la oficina.
—Espera.— Le colocó un abrigo ligero sobre los hombros.— Hace frío afuera. Y esto…— Sacó una cajita pequeña.— es para ti. Un reloj. Tiene mi número directo y un rastreador seguro. Para tu seguridad y la de Malee.
Babe tomó la caja con manos ligeramente temblorosas.
—Khun…esto es demasiado.
—No es demasiado. Es lo mínimo que quiero darte.— Charlie se inclinó cerca de su oído, sin tocarlo, solo dejando que su aroma dominante lo envolviera.— Sé que solo me ves como tu jefe. Pero voy a cambiar eso. Voy a demostrarte que puedo ser el Enigma que cuide de ti y de tu hija como se merecen. Y cada vez que te pongas nervioso cerca de mí…lo disfrutaré. Porque significa que estoy avanzando.
Babe retrocedió un paso, sonrojado pero manteniendo la compostura.
—Buenas noches, Khun Charlie. Gracias por el regalo…y por ser bueno con Malee.
Mientras Babe se alejaba con su hija dormida en brazos, Charlie se quedó en la puerta, sonriendo con esa frialdad calculadora que ahora tenía un calor nuevo.
—Vas a ser mío, Babe. Tú y la pequeña. Y voy a disfrutar cada segundo de conquistarte.
La Rutina que se Vuelve Peligrosa
Habían pasado tres semanas desde el inicio de Babe. La tensión en el aire de la torre era palpable. Cada mañana, el aroma de Charlie se extendía más intencionalmente, envolviendo el escritorio de Babe como una promesa silenciosa.
El Desayuno Sorpresivo
Eran las 7:15 a.m. Babe acababa de dejar el café negro sobre el escritorio de Charlie cuando este apareció con una bolsa térmica elegante.
—Siéntate, Babe. Hoy no empezarás sin comer.— ordenó Charlie con su voz grave, pero con un matiz más suave.
Babe parpadeó, nervioso, y se sentó en el borde de la silla.
—Khun Charlie, no es necesario. Ya desayuné en casa con Malee…
—Mentira. Puedo oler que solo tomaste café rápido.— interrumpió Charlie, colocando frente a él un desayuno completo: congee tailandés con pollo desmenuzado, mango fresco y un jugo de naranja recién exprimido.— Come. Mientras tanto, revisaremos la agenda.
Babe tomó el tenedor, visiblemente inquieto.
Sus mejillas se tiñeron de un leve rosa mientras sentía el aroma dominante del Enigma envolviéndolo.
—Esto…me pone nervioso, Khun. Usted es mi jefe, no tiene que preocuparse por mi comida.
Charlie se apoyó contra el escritorio, cruzado de brazos, observándolo con intensidad.
—Me gusta ponerte nervioso. Mira cómo tu aroma se vuelve más dulce cuando lo hago.— Sonrió apenas.— Además, quiero que estés fuerte. Malee te necesita con energía. Y yo…te necesito a mi lado.
Babe dio un bocado y, sin poder evitarlo, sonrió tímidamente al probar el mango perfectamente maduro.
—Está delicioso…Gracias. Nadie había hecho algo así por mí desde hace mucho tiempo.
Los ojos de Charlie brillaron satisfechos.
—Ese es solo el comienzo. Quiero más sonrisas como esa.
La Tarde de Malee y el Enigma
Esa misma tarde, Malee volvió a la oficina porque la niñera tenía cita médica. La niña jugaba en la alfombra del despacho privado de Charlie mientras los dos adultos revisaban contratos.
De repente, Malee se levantó y caminó hasta Charlie, levantando los bracitos.
—Arriba, Pa grande…
Charlie no dudó. La levantó con facilidad y la sentó en su regazo, permitiendo que la pequeña jugara con su costosa pluma estilográfica.
Babe los observaba desde el otro lado del escritorio, mordiéndose el labio inferior.
—Khun…no tiene que consentirla tanto. Se va a acostumbrar.
Charlie acariciaba la espalda de Malee con movimientos suaves y protectores mientras firmaba un documento con la otra mano.
—Quiero que se acostumbre. Quiero que sepa que aquí está segura.— Miró a Babe directamente.— Y quiero que tú también te acostumbres a verme así. No solo como el jefe frío.
Malee apoyó su cabecita contra el pecho de Charlie y suspiró contenta. Babe sintió un calor extraño en el pecho y no pudo evitar sonreír con ternura, aunque rápidamente bajó la mirada, nervioso.
—Usted…es bueno con ella. Me pone nervioso verlos juntos. No sé cómo procesar esto.
Charlie rio bajo, un sonido raro y profundo que llenó la oficina.
—Bien. Quiero que estés nervioso. Significa que estoy entrando aquí.— se tocó el pecho con dos dedos.— Poco a poco, Babe. No tengo prisa…pero tampoco voy a detenerme.
El Regalo Personal y la Sonrisa Traicionera
Al final de la semana, Charlie llamó a Babe a su oficina después del horario. Sobre el escritorio había una caja grande.
—Ábrela.
Babe la abrió con manos ligeramente temblorosas. Dentro había una chaqueta ligera de alta calidad para él y un pequeño abrigo a juego para Malee, ambos con un discreto bordado de una flor de loto.
—Khun Charlie…esto es demasiado. No puedo aceptarlo.
—Puedes y lo harás.— respondió Charlie acercándose hasta quedar a solo medio metro de distancia. Su aroma era abrumadoramente intenso.— La chaqueta es resistente al agua y tiene protección. Bangkok puede ser impredecible. Y la de Malee…quiero que los dos lleven algo mío.
Babe pasó los dedos por la tela suave.
Levantó la vista y, por un segundo, sonrió de forma genuina, con calidez.
—Es muy bonita…Malee va a estar emocionada. Gracias, de verdad.
Charlie dio un paso más. Su voz bajó hasta convertirse casi en un murmullo:
—Mírate…sonriendo así por mí. Tu aroma está floreciendo, Babe. Sé que solo me ves como tu jefe, pero tu cuerpo reacciona diferente. Y yo disfruto cada segundo de eso.
Babe retrocedió un paso, sonrojado, pero sin borrar del todo la sonrisa.
—Me pone muy nervioso cuando habla así, Khun. Soy su asistente. Tengo que mantener las cosas profesionales…aunque sea difícil cuando usted hace estas cosas.
Charlie sonrió con esa expresión calculadora y posesiva que ya era familiar.
—Entonces sigue siendo profesional. Yo me encargaré de derribar poco a poco esas barreras. Cena conmigo y con Malee el domingo. Solo nosotros tres. Nada de trabajo.
Babe dudó, mordiéndose el interior de la mejilla, pero terminó asintiendo.
—Está bien…solo cena. Y gracias otra vez por los abrigos.
Mientras Babe salía, Charlie inhaló profundamente el aroma residual de vainilla y lluvia, cerrando los ojos con satisfacción.
—Estás cayendo, mi alfa. Solo es cuestión de tiempo.
El Roce que Deja Huella
Lunes por la mañana. Babe estaba explicando un informe complejo cuando Charlie se levantó y se colocó detrás de él para mirar la tablet juntos. El pecho del Enigma rozó ligeramente la espalda de Babe.
—Aquí…cambia este párrafo.— murmuró Charlie cerca de su oído, señalando la pantalla.
Babe se tensó por completo. Su corazón latió fuerte y su aroma explotó en dulzura nerviosa.
—K-Khun…está muy cerca.
—Lo sé.— susurró Charlie sin apartarse.— Y me encanta cómo reaccionas. ¿Ves? Hasta sonríes un poco aunque estés nervioso.
Babe giró ligeramente la cabeza y, efectivamente, una pequeña sonrisa traicionera apareció en sus labios.
—Usted es imposible…Pero sí, el cambio queda mejor así.
Charlie se quedó allí unos segundos más de lo necesario, disfrutando del calor del alfa y del aroma mezclado que ya empezaba a oler a “ellos”.
—Imposible por ti, Babe. Y no pararé hasta que esa sonrisa sea solo para mí.
El Abrazo que Rompe el Hielo
Habían pasado dos meses desde que Babe empezó a trabajar para Charlie. En ese tiempo, la relación entre ellos se había vuelto mucho más cercana. Charlie continuaba conquistándolo con gestos calculados pero cada vez más cálidos: desayunos sorpresa, regalos para Malee, protección silenciosa y aromas dominantes que envolvían a Babe constantemente. Babe seguía sin dar una respuesta clara a sus intenciones románticas, manteniendo la profesionalidad, aunque sus sonrisas nerviosas y miradas prolongadas delataban que las defensas empezaban a agrietarse.
Esa mañana, Charlie llevaba más de una hora sentado en su oficina, mirando fijamente el reloj. El café se había enfriado sobre el escritorio. Babe nunca llegaba tarde, nunca dejaba de contestar mensajes ni llamadas. El Enigma sentía una inquietud creciente; su olfato captaba solo el aroma residual del alfa en la habitación, pero nada nuevo.
De pronto, la puerta se abrió de golpe.
Babe irrumpió en la oficina con el rostro descompuesto. Tenía los ojos rojos e hinchados, las mejillas mojadas por lágrimas que seguían cayendo, y respiraba agitado. Su aroma, normalmente cálido y lluvioso, ahora era agrio por el miedo y la desesperación.
Charlie se levantó de inmediato, alarmado.
—¡Babe!
Sin decir una palabra, Babe corrió hacia él.
Por primera vez, fue él quien tomó la iniciativa. Se lanzó contra el pecho del Enigma y lo abrazó con fuerza, enterrando el rostro en su torso. Sus manos se aferraron a la espalda de Charlie como si fuera lo único que lo mantenía en pie. Era su primer abrazo.
Charlie se quedó congelado apenas un segundo antes de reaccionar. Sus brazos rodearon la cintura de Babe con firmeza, atrayéndolo más cerca. Una mano subió hasta su nuca, sosteniéndolo protectoramente, mientras su aroma dominante —sándalo, hierro y algo más primitivo— se intensificaba para calmar al alfa.
—¿Qué pasa, Babe? ¿Qué te tiene así?— preguntó Charlie con voz grave pero cargada de preocupación, inclinando la cabeza para hablar cerca de su oído.— Dime. Ahora.
Babe temblaba entre sus brazos. Apartó ligeramente la cabeza para mirarlo, con los ojos llenos de lágrimas y terror puro.
—Es Malee…— su voz se quebró.— Estaba con la niñera camino al parque…Escuché los gritos cuando venía hacia acá. Sakda…su padre biológico…la secuestró. Me llamó hace unos minutos. Está pidiendo recompensa, una suma enorme que no tengo. Dijo que si no pago en 48 horas…Charlie, tengo mucho miedo. Es mi niña… mi todo.
Al escuchar el nombre de Sakda y la palabra “secuestró”, algo salvaje y primitivo despertó dentro de Charlie. Sus ojos se oscurecieron, sus pupilas se dilataron y su aroma explotó en la habitación, denso, peligroso y posesivo.
El Enigma que había en él rugió internamente: nadie tocaba lo que era suyo.
Tomó el rostro de Babe con ambas manos, limpiando las lágrimas con los pulgares. Su toque era firme pero sorprendentemente gentil.
—Todo va a estar bien, ¿sí?— dijo con voz baja y decidida, mirándolo directamente a los ojos.— Voy a traerla de vuelta. Hoy mismo. Te lo prometo. Y de ese tipo…me encargo yo personalmente. Nadie lastima a tu hija y vive para contarlo. Malee es mía también ahora. ¿Entiendes? Mía para proteger.
Babe sollozó de alivio mezclado con miedo.
Las palabras de Charlie parecieron romper las últimas barreras. Sin pensarlo, se puso de puntillas y dejó un beso suave y desesperado en la comisura de los labios del Enigma. Fue breve, tembloroso, pero cargado de gratitud y necesidad. Luego escondió el rostro en el cuello de Charlie, aferrándose a él con más fuerza, inhalando su aroma como si fuera oxígeno.
—Gracias…— susurró contra su piel, la voz rota.— Tengo tanto miedo, Charlie. Si algo le pasa a Malee…no voy a soportarlo. Pero tú…tú dijiste que la traerías. Te creo. Por favor, tráemela.
Charlie lo abrazó más fuerte, una mano acariciando su espalda en círculos calmantes mientras la otra sostenía su nuca. Su corazón latía con fuerza, tanto por la rabia hacia Sakda como por el gesto de Babe.
—Shh…Respira, mi alfa.— murmuró cerca de su oído, su voz ronca por la emoción contenida.— No estás solo. Ya no. Yo me encargo de todo. Encontraré a Malee, la traeré sana y salva a tus brazos, y haré que Sakda se arrepienta de haber nacido.— Besó suavemente la sien de Babe.— Quédate aquí conmigo. Llora todo lo que necesites. Pero confía en mí. Nadie te va a quitar a tu hija. Nadie nos va a quitar lo que es nuestro.
Babe solo asintió contra su cuello, sin soltarlo, dejando que las lágrimas siguieran cayendo mientras se aferraba al Enigma como nunca antes lo había hecho. Por primera vez, no se apartó por profesionalismo. Solo se quedó allí, temblando, buscando refugio en el hombre que había jurado protegerlos.
El aroma de ambos se entretejía fuertemente en la oficina: lluvia, vainilla, sándalo e hierro, formando una promesa silenciosa de que nada volvería a ser igual después de ese día.
Refugio en la Mansión del Enigma
La mansión de Charlie se encontraba en las afueras de Bangkok, rodeada de altos muros, jardines privados y un sistema de seguridad que pocos podían atravesar. Era un lugar frío y lujoso, pero esa noche se sentía diferente.
Charlie había insistido en que Babe y la niñera se mudaran inmediatamente con él. No quería a Babe solo en su apartamento, vulnerable y angustiado.
El Enigma se sentía más tranquilo solo con saber que Babe estaba bajo su techo. Su aroma dominante impregnaba toda la casa, como una barrera protectora.
Babe entró cargando su maleta y la de Malee. Sin decir nada ni dudar, caminó directamente hacia la habitación principal de Charlie y colocó sus cosas al lado del gran armario.
Abrió la maleta y empezó a sacar sus camisas y pantalones con movimientos mecánicos, todavía con los ojos enrojecidos.
Charlie lo observaba desde la puerta, apoyado en el marco con los brazos cruzados. Su expresión era seria, pero sus ojos mostraban un calor que solo Babe provocaba.
—¿Estás seguro de querer dejar tus cosas aquí?— preguntó Charlie con voz baja y ronca.— Hay habitaciones de invitados preparadas.
Babe se detuvo un momento, sosteniendo una de sus camisetas. Levantó la mirada y negó suavemente con la cabeza.
—No quiero estar solo esta noche, Charlie. Me siento seguro contigo. Aquí…cerca de ti. No hay dudas. Solo…necesito sentir que no estoy solo en esto.
Charlie se acercó lentamente y colocó una mano en su cintura, atrayéndolo con cuidado.
—Bien. Entonces esta también es tu habitación ahora. Lo que necesites, es tuyo.
En ese momento, la niñera —una mujer de unos 35 años llamada Ploy— entró con su propia maleta más pequeña. Babe se giró hacia ella de inmediato y la abrazó con fuerza.
—Ploy…gracias por venir. Sé que tú también estás asustada. Viste todo.
Ploy tenía los ojos hinchados, claramente afectada.
—Babe…esa niña es como mi sobrina. Cuando vi cómo Sakda se la llevó…creí que me moría. Pero estoy aquí. Haré lo que sea.
Babe le tomó las manos.
—Quiero que descanses. Has procesado todo en primera fila. Ve a tu habitación, dúchate, come algo y duerme. Cualquier cosa que pase, te avisaré inmediatamente. Malee te va a necesitar fuerte cuando vuelva.
Ploy negó al principio, terca.
—No, Babe. Debería quedarme despierta por si…
—Por favor.— insistió Babe con voz suave pero firme.— Eres mi amiga, no solo mi niñera. Necesito que estés bien. Charlie y yo nos encargamos del resto esta noche.
Ploy miró a Charlie, quien asintió con respeto.
—Tu habitación está lista en el ala este. Hay comida caliente y todo lo que necesites. Descansa. Babe tiene razón.
Finalmente, Ploy suspiró y aceptó.
—Está bien…Pero cualquier novedad, avísenme de inmediato. Aunque sea a las tres de la mañana. Prométanmelo.
—Te lo prometo.— dijo Babe, abrazándola una vez más.— Gracias, Ploy. De verdad.
Cuando la niñera se retiró, Babe se dejó caer sentado al borde de la cama de Charlie, pasándose las manos por el rostro. Charlie se arrodilló frente a él y tomó sus manos.
—Mis hombres están trabajando. Tenemos tres equipos rastreando la señal del teléfono de Sakda. Ya sabemos que está en las afueras, cerca de Ayutthaya. Prepararemos una emboscada limpia.
Babe lo miró con ojos llenos de miedo y esperanza.
—¿Y si le hace daño? Es un Enigma inestable, Charlie. Me abandonó cuando supo que estaba embarazado, pero ahora quiere dinero…¿Y si lastima a Malee solo para vengarse de mí?
Charlie tomó su rostro entre las manos, obligándolo a mirarlo. Su aroma se volvió más intenso, protector y posesivo.
—Escúchame bien, Babe. Malee va a volver a casa sana y salva. Yo mismo voy a ir si es necesario. Sakda cometió el peor error de su vida al tocar lo que es mío.— Acarició sus mejillas con los pulgares.— Tú y Malee son míos para proteger. No voy a fallarte.
Babe cerró los ojos y apoyó su frente contra la de Charlie, respirando su aroma.
—Estoy tan asustado…pero contigo aquí…me siento menos solo. Gracias por traernos a tu casa. Gracias por no dudar ni un segundo.
Charlie besó su frente con ternura y luego lo abrazó, envolviéndolo completamente.
—Quédate aquí todo el tiempo que necesites. Esta mansión es tuya ahora. Ploy se quedará permanentemente para cuidar a Malee. No quiero que vuelvas a preocuparte por la niñera ni por la seguridad. Solo concéntrate en esperar a nuestra niña.
Desde el despacho contiguo, se escuchó la voz de uno de los hombres de Charlie:
—Khun Charlie, tenemos la ubicación confirmada. Sakda está en un almacén abandonado. Movimiento de dos hombres más con él. La niña parece estar bien.
Charlie se tensó, pero mantuvo a Babe en sus brazos un segundo más.
—Voy a coordinar la operación. Quédate aquí o ve con Ploy si lo prefieres. Pero no salgas de la mansión.
Babe asintió, aferrándose un momento más a su camisa antes de soltarlo.
—Tráela de vuelta, Charlie. Por favor.
—Te lo prometí. Y yo cumplo mis promesas.— respondió el Enigma con voz fría y letal, aunque sus ojos al mirar a Babe seguían siendo cálidos.— Descansa un poco. Cuando despiertes, Malee estará aquí.
Charlie salió hacia su despacho, donde sus hombres lo esperaban con mapas y pantallas.
Antes de cerrar la puerta, miró una última vez hacia la habitación donde Babe se quedaba, sintiendo una determinación feroz.
Nadie le quitaba lo que le pertenecía. Ni a Babe, ni a Malee.
La Justicia del Enigma
La mansión quedó atrás bajo la noche de Bangkok. Charlie había coordinado todo en menos de una hora. Sus hombres, leales y altamente entrenados, se movilizaron con precisión militar. Tres vehículos negros sin placas se dirigieron al almacén abandonado en las afueras de Ayutthaya. Charlie iba en el primero, su aroma a sándalo e hierro tan denso y letal que incluso sus propios hombres mantenían la cabeza baja.
—Equipo Alfa, rodeen el perímetro norte. Equipo Beta, corten la salida sur. Nadie sale vivo excepto la niña.— ordenó Charlie con voz fría a través del comunicador.— Sakda es mío.
La operación fue limpia y rápida. Los hombres de Sakda cayeron en menos de cuatro minutos. Disparos silenciados y golpes precisos neutralizaron a los dos cómplices.
Charlie entró al almacén principal como una sombra letal.
En el centro, atada a una silla pero ilesa, estaba Malee. La pequeña levantó la cabeza al escuchar pasos y, al ver a Charlie, su carita se iluminó a pesar del miedo.
—¡Papá!— exclamó con su vocecita temblorosa, extendiendo los bracitos.— ¡Papá grande!
Charlie sintió que algo se rompía y se reconstruía dentro de su pecho. Se acercó rápidamente, cortó las cuerdas con un cuchillo y la levantó en brazos, apretándola contra su torso. Su aroma dominante se suavizó al instante para calmarla.
—Aquí estoy, preciosa. Ya estás a salvo.— murmuró contra su cabello, besando su frente.— Papá te tiene.
Malee escondió la carita en su cuello, aferrándose a su camisa.
—Papá…Sakda gritaba…quería dinero…
—Shh…ya no importa. Espera un momento por mí, preciosa.— dijo Charlie con voz suave, aunque sus ojos brillaban con furia contenida.— Debo tratar con algo. Te prometo que será rápido.
Le entregó a Malee con cuidado a uno de sus hombres de mayor confianza.
—Cuídala con tu vida. Llévala al vehículo y no la sueltes.
—Sí, Khun Charlie.
Charlie se giró hacia el fondo del almacén. Sakda, un Enigma de rango inferior, estaba arrodillado y herido en el suelo, rodeado por tres de sus hombres. Aun así, levantó la cabeza con arrogancia.
Charlie caminó hacia él con pasos lentos y calculados. La diferencia de poder era abismal. Charlie descendía de una de las primeras líneas de Enigmas; su fuerza, velocidad y aura eran de otro nivel. En un movimiento borroso, agarró a Sakda por la garganta y lo estampó con brutalidad contra la pared de concreto. El impacto resonó en todo el almacén.
—Realmente tuviste los cojones para tocar a mi hija.— gruñó Charlie, su voz distorsionada por la rabia primordial. Sus dedos apretaban la garganta de Sakda con facilidad, levantándolo varios centímetros del suelo.
Sakda se rio entrecortadamente, escupiendo sangre, todavía desafiante.
—¿Tu hija? Esa niña es mía y Babe tampoco es tuyo. Solo lo preñé y me fui. La sangre es sangre.
La sonrisa de Charlie fue fría, peligrosa y llena de desprecio. Apretó más fuerte, disfrutando del sonido ahogado que salía de la garganta del otro Enigma.
—Tú solo pusiste tu asquerosa semilla. En cambio, Babe hizo el trabajo de ser padre presente y responsable por ella. Él la crió solo, con amor y sacrificio. Y yo…yo le doy lo que nunca le diste: amor, seguridad y un futuro.— Sus ojos se oscurecieron aún más.— Y tranquilo…Babe pronto tendrá a mi cachorro. Un hijo o hija con nuestros genes será la cereza del pastel. Malee ya es mía. Babe ya es mío. Tú solo fuiste un error del pasado.
Sakda intentó forcejear, arañando el brazo de Charlie, pero era inútil. La diferencia de rango era demasiado grande.
—Eres… un maldito…— logró sisear.
Charlie sonrió por última vez, sin una gota de piedad.
—No. Soy el Enigma que protege lo que es suyo.
Con un movimiento seco y poderoso, Charlie retorció la cabeza de Sakda. Un crujido seco resonó en el almacén. El cuerpo del alfa cayó inerte al suelo, sin vida.
Charlie ni siquiera lo miró dos veces. Se limpió la mano en el pantalón y se giró hacia sus hombres.
—Limpien todo. No quiero rastro. El mensaje debe llegar claro a cualquiera que piense en tocar a mi familia.
Regresó al vehículo donde Malee lo esperaba. La niña extendió los brazos en cuanto lo vio.
—Papá…
Charlie la tomó en brazos y la abrazó con fuerza, besando repetidamente su cabecita.
—Vamos a casa, mi vida. Papá Babe nos está esperando. Ya nadie va a hacerte daño nunca más.
Mientras el convoy regresaba a la mansión, el aroma de Charlie se estabilizó en algo más protector y posesivo. Malee estaba a salvo. Y pronto, Babe también lo sabría.
El Regreso a Casa y la Camisa que Despierta el Instinto
Los vehículos negros entraron en silencio por el camino privado de la mansión. Charlie bajó primero, con Malee firmemente abrazada contra su pecho, envuelta en una manta suave. La niña estaba exhausta pero tranquila, aferrada a la camisa de su “Papá grande”.
Al entrar a la sala principal, varios de sus hombres lo siguieron para reportar. Sin embargo, la escena que los recibió los dejó momentáneamente descolocados.
Babe estaba de pie en el centro de la sala, visiblemente ansioso, con solo una de las camisas blancas de Charlie puesta. La prenda le llegaba a medio muslo, dejando al descubierto sus piernas largas y pálidas. El cuello abierto mostraba parte de su clavícula y el aroma de Charlie impregnaba toda la tela, mezclándose con el suyo propio de vainilla y lluvia.
Los hombres bajaron la cabeza de inmediato, sabiendo que no debían mirar.
Charlie sintió una oleada caliente de celos y posesividad recorrerle el cuerpo. Su aroma se volvió más denso e intenso, marcando territorio. Con una sola mirada fría y afilada hacia sus subordinados, les ordenó sin palabras que se retiraran. Los hombres desaparecieron rápidamente hacia el ala de servicio.
—Babe…— murmuró Charlie, su voz ronca.
Los ojos de Babe brillaron con lágrimas de alivio al ver a Malee. Corrió descalzo hacia ellos, casi tropezando.
—¡Malee! ¡Mi vida!— exclamó con voz quebrada. Tomó a la niña en brazos y la apretó contra su pecho con desesperación, besando su cabecita repetidamente.— Te amo, mi princesa. Papá te extraño tanto…tanto…Pensé que me moría sin ti. Ya estás en casa, mi amor. Nadie te va a separar de mí nunca más.
Malee soltó una risita cansada y feliz, enterrando su carita en el cuello de Babe.
—Papá…Papá grande me salvó. Tenía miedo, pero él llegó.
Babe sollozó suavemente mientras mecía a su hija, acariciándole la espalda.
—Lo sé, mi cielo. Papá grande nos protegió. Eres tan valiente…mi niña valiente.
Mientras Malee jugaba distraídamente con el cuello de la camisa de Babe, tirando de la tela, este levantó la mirada hacia Charlie. Sus ojos estaban llenos de agradecimiento profundo y un cariño nuevo, más cálido y vulnerable.
—Gracias…— susurró Babe, solo moviendo los labios, pero con toda la emoción del mundo en esa palabra.
Charlie asintió lentamente, su expresión seria pero con un brillo posesivo en los ojos.
—Te dije que la traería de vuelta. Es nuestra ahora.
Babe sonrió con ternura, aún con lágrimas en las mejillas, y se dio la vuelta con Malee en brazos para llevarla hacia el pasillo que conducía a la habitación de Ploy.
—Vamos a ver a la tía Ploy, ¿sí? Ella también te extraño mucho.
En el momento en que Babe le dio la espalda, Charlie no pudo evitar que su mirada se deslizara lentamente por su figura. La camisa blanca, demasiado grande para él, se ajustaba ligeramente a sus hombros y caía suelta, pero al caminar marcaba con claridad la curva de su trasero y dejaba expuestas sus piernas desnudas, blancas y bien formadas.
Cada paso hacía que la tela se moviera, revelando más piel de los muslos.
El Enigma sintió cómo su cuerpo reaccionaba con fuerza: un calor primitivo, posesivo y profundamente atrayente. Su aroma explotó en la sala, denso y dominante, cargado de deseo y la necesidad de marcar. Apretó la mandíbula, conteniéndose, pero sus ojos siguieron fijos en esa imagen que lo perturbaba de la mejor manera.
—Babe…— llamó con voz baja y ronca antes de que desapareciera por el pasillo.
Babe se detuvo y giró ligeramente la cabeza, todavía cargando a Malee.
—¿Sí?
Charlie dio dos pasos hacia él, sin dejar de mirarlo.
—Esa camisa te queda peligrosamente bien.— Su tono era grave, casi un gruñido suave.— Pero la próxima vez que camines así frente a otros…asegúrate de que solo yo esté presente. Eres mío para ver de esta forma.
Babe se sonrojó intensamente, bajando la mirada un segundo, pero una pequeña sonrisa nerviosa apareció en sus labios.
—Estaba…preocupado y solo quería tener tu aroma cerca. No pensé en los hombres. Lo siento.
—No lo sientas.— respondió Charlie, acercándose un poco más.— Me gusta que busques mi aroma. Me gusta demasiado. Ahora ve con Ploy. Luego hablaremos…sobre muchas cosas.
Babe asintió, visiblemente afectado por la intensidad de la mirada de Charlie, y continuó hacia la habitación de Ploy.
Charlie se quedó en la sala, inhalando profundamente el aroma mezclado que Babe había dejado atrás. Cerró los ojos un momento, dejando que la posesividad y el deseo recorrieran su cuerpo.
Malee estaba en casa.
Babe estaba usando su camisa.
Y muy pronto, él llevaría su marca de verdad.
Deseo en el Balcón
Babe dejó a Malee profundamente dormida en su nueva habitación después de cantarle su canción favorita de elefantes. Besó su frente con ternura, encendió la máquina de alerta y apagó las luces. Ploy ya descansaba en su cuarto.
Con el corazón latiéndole fuerte, Babe fue en busca de Charlie. No estaba en la cocina ni en el despacho. Finalmente, entró a la habitación principal, cerró la puerta tras de sí y giró la llave.
Charlie acababa de salir de la ducha. Solo llevaba un pantalón de dormir negro que colgaba bajo en sus caderas. Estaba de pie en el balcón, con los brazos cruzados, mirando la noche. Su espalda ancha y musculosa brillaba ligeramente por la humedad.
Sintió la presencia de Babe al instante y se dio la vuelta. Sus ojos se oscurecieron al verlo todavía con su camisa blanca, descalzo y con el cabello revuelto.
Babe no dudó. Caminó directamente hacia él y lo abrazó con fuerza, hundiendo el rostro en su pecho desnudo. Inhaló profundamente.
—Hueles tan rico…— susurró contra su piel.— Me encanta tu aroma, Charlie.
Charlie correspondió el abrazo inmediatamente, rodeando su cintura con sus brazos fuertes. Babe levantó la mirada, besó su barbilla con suavidad y luego subió hasta capturar sus labios en un beso profundo. Su mano se enredó en el cabello húmedo de Charlie, tirando ligeramente.
Charlie gruñó bajo y apretó su cintura. Babe jadeó contra su boca.
Cuando se separaron para respirar, Charlie lo miró con intensidad.
—¿Esa es tu manera de agradecerme, Babe? ¿Me agradeces con un beso por salvar a nuestra hija?
Babe sonrió con picardía, aún con los labios hinchados.
—¿Tu hija? Malee no es tu hija…
Charlie soltó un gruñido posesivo y lo tomó por la nuca, acercando su rostro hasta que sus narices se rozaron.
—Lo es. No la hice contigo, pero la amo y la protejo como si fuera mía. Es mi hija también.
Babe sonrió más ampliamente.
—Lo sé…solo quería joderte y funcionó.— Acarició su mejilla.— En cuanto al beso…no es por eso. Solo quería besarte. Tenía muchas ganas de hacerlo.
Charlie mordisqueó juguetón su mandíbula, bajando luego por su cuello. Sus manos descendieron por la espalda de Babe hasta llegar a su trasero. Lo apretó y amasó con firmeza, descubriendo al instante que no llevaba nada debajo.
—No llevas ropa interior…— gruñó Charlie, con celos y excitación en la voz.— Estuviste así, solo con mi camisa, frente a mis subordinados, Babe.
Babe se mordió el labio inferior, sonrojado.
—No pensé que estarían ellos…Solo quería estar así para ti.
Se calló de golpe al darse cuenta de lo que había admitido. Charlie sonrió con una mezcla de diversión y hambre oscura.
—Entonces estabas esperándome con mi camisa y sin ropa interior para que pueda follarte como se me plazca…
Babe se puso nervioso y quiso alejarse un poco, pero Charlie lo detuvo con fuerza.
—¿Piensas huir, mi amor?
—Me estás comiendo con la mirada, Charlie…— susurró Babe, respirando agitado.
Charlie lo alzó sin esfuerzo. Babe rodeó su cintura con las piernas instintivamente. El Enigma lo llevó contra la pared del balcón, al aire libre, con la ciudad brillando a lo lejos.
Solo ellos dos.
Charlie llevó una mano entre sus cuerpos y sus dedos rozaron la entrada de Babe, encontrándola ya húmeda y caliente por la excitación natural de su cuerpo.
—Tan mojado para mí…— murmuró con voz grave y obscena contra su oído. —Tu cuerpo ya me está pidiendo que te abra.
Metió dos dedos lentamente, sintiendo cómo las paredes internas de Babe lo apretaban con calor resbaladizo. Babe arqueó la espalda y soltó un gemido ahogado.
—Ahh…Charlie…
Charlie movió los dedos con ritmo experto, curvándolos para rozar ese punto sensible dentro de él. Entraba y salía con deliberada lentitud, abriéndolo poco a poco mientras su pulgar acariciaba el borde sensible.
—Joder, qué apretado estás…— gruñó posesivo, mordiendo el lóbulo de su oreja.— Imagina cómo te vas a sentir cuando sea mi polla la que te esté abriendo así de profundo. Vas a tomar cada centímetro, ¿verdad, Babe? Porque este culo ya es mío.
Babe jadeaba, aferrándose a sus hombros, moviendo las caderas contra sus dedos.
—Charlie…más…por favor…
Charlie añadió un tercer dedo, follándolo con ellos más rápido, haciendo que el sonido húmedo se escuchará claramente en la noche.
—Así, mi alfa…mójame los dedos. Quiero que estés tan abierto y listo que cuando te folle contra esta pared, solo puedas gritar mi nombre. Eres tan perfecto…tan mío. Nadie más va a verte así. Nadie más va a sentir cómo te aprietas alrededor de mí.
Babe gimió más fuerte, temblando, con la camisa subida hasta la cintura y las piernas abiertas alrededor de la cintura del Enigma.
—Charlie…me vuelves loco…
El Enigma sonrió contra su cuello, mordiendo suavemente mientras sus dedos seguían entrando y saliendo sin piedad, curvándose justo donde sabía que lo deshacía.
—Bien. Porque pienso pasar toda la noche recordándote a quién perteneces ahora.
Rendición en la Noche
Charlie siguió moviendo sus dedos con ritmo profundo y constante, entrando y saliendo del cuerpo caliente y húmedo de Babe. El sonido húmedo y obsceno de sus dedos follando esa entrada resbaladiza llenaba el balcón junto con los jadeos entrecortados de Babe.
—Así…apriétame los dedos.— gruñó Charlie contra su cuello, mordiendo suavemente la piel mientras curvaba los dedos justo contra esa zona sensible que hacía que Babe se estremeciera entero.— Estás tan mojado y caliente por dentro…Tu cuerpo me está tragando, Babe. ¿Sientes cómo te abro? Imagina cuando sea mi polla gruesa la que te esté partiendo en dos.
Babe soltó un gemido largo y tembloroso, echando la cabeza hacia atrás contra la pared. Sus piernas apretaban con más fuerza la cintura de Charlie, y sus manos se clavaban en los hombros desnudos del Enigma.
—Charlie…ahh…más lento…o me voy a correr solo con tus dedos…— jadeó, sonrojado y con los labios entreabiertos.
Charlie sonrió con arrogancia posesiva y aceleró el movimiento, metiendo los tres dedos más profundo, girándolos y abriéndolos en tijera para estirarlo.
—No quiero ir más lento. Quiero que te deshagas para mí. Quiero sentir cómo tiemblas y te corres alrededor de mis dedos antes de follarte de verdad.— Bajó la voz hasta convertirla en un ronroneo oscuro.— Mira cómo estás…solo con mi camisa puesta, las piernas abiertas en el balcón, dejando que te folle con los dedos al aire libre. Eres tan hermoso así, tan mío.
Babe gimió más fuerte, mordiéndose el labio para intentar contenerse, pero su cuerpo traicionero se movía solo, bajando las caderas para encontrarse con cada embestida de los dedos de Charlie.
—Charlie…joder…me encanta…me encanta cómo me tocas…
Charlie sacó los dedos casi por completo, solo para volver a meterlos de golpe, más profundo. Su pulgar presionaba y masajeaba el borde sensible con movimientos circulares mientras sus otros dedos follaban sin piedad ese interior apretado y empapado.
—Estás chorreando…— murmuró con voz ronca, excitado.— Siento cómo palpitas alrededor de mí. Este culo tan apretado y caliente está hecho para mí. Solo para mi polla. Voy a follarte tan profundo que vas a sentirme durante días, Babe. Cada vez que camines, vas a recordar quién te abrió y te marcó.
Babe arqueó la espalda, soltando un gemido agudo cuando Charlie rozó ese punto exacto una y otra vez sin descanso.
—¡Ahh! ¡Ahí…Charlie, ahí! Por favor…estoy cerca…
Charlie lo sujetó con más fuerza contra la pared, su cuerpo grande y dominante cubriendo casi por completo al alfa. Aceleró el ritmo de sus dedos, follándolo con fuerza y precisión, sin dejar de hablarle al oído con esa voz grave y obscena.
—Córrete para mí, mi amor. Quiero sentir cómo te corres en mis dedos. Quiero que mojes mi mano mientras piensas en mi polla que te voy a meter después. Eres tan bueno…tan perfecto para mí. Vamos, Babe…déjame sentirlo.
Babe tembló violentamente, apretando los dedos de Charlie con fuerza mientras llegaba al orgasmo con un gemido largo y quebrado.
Su cuerpo se contrajo, y un chorro caliente mojó los dedos y la mano de Charlie.
—Charlie…¡Charlie! —gimió, aferrándose a él con desesperación mientras las olas de placer lo recorrían.
Charlie no sacó los dedos inmediatamente.
Los mantuvo dentro, moviéndolos suavemente para prolongar el placer, mientras besaba su cuello y su mandíbula.
—Así…muy bien, mi alfa.— susurró con orgullo posesivo.— Te corriste tan bonito para mí. Pero esto solo es el principio.
Sacó los dedos lentamente, admirando cómo Babe seguía contrayéndose por el orgasmo.
Lo miró a los ojos, con la respiración agitada y la mirada oscura de deseo.
—Ahora…vas a tomar mi polla como el buen chico que eres, ¿verdad? Quiero follarte contra esta pared hasta que grites mi nombre y me pidas que te llene.
Babe, todavía temblando y con las mejillas encendidas, asintió sin aliento, mirándolo con deseo y rendición total.
—Sí…Charlie…quiero todo de ti.
Charlie gruñó satisfecho y lo besó con hambre, preparándose para la siguiente parte de la noche.
Marcado en el Balcón
Charlie bajó ligeramente el pantalón de dormir, liberando su miembro grueso, largo y completamente erecto. Babe abrió mucho los ojos, respirando agitado al ver el tamaño. Una mezcla de miedo y profundo deseo cruzó su rostro; su cuerpo, aún sensible por el orgasmo anterior, se humedeció aún más por instinto.
Charlie se dio cuenta y sonrió con arrogancia posesiva, frotando la cabeza gruesa de su polla contra la entrada mojada de Babe.
—¿Qué sentimiento predomina más, mi amor?— preguntó con voz ronca y juguetona, rozando la punta contra él.— ¿El miedo de no poder caminar después de la follada qué te voy a dar…o las ganas de sentirme bien profundo dentro de ti?
Babe se mordió el labio, temblando. Sin responder con palabras, tomó la mano de Charlie y chupó su pulgar con hambre, mordiéndolo suavemente mientras lo miraba a los ojos.
—Quiero sentirte…— susurró con voz entrecortada.— Todo de ti.
Charlie gruñó de satisfacción. Empujó el pulgar más profundo en la boca de Babe mientras se inclinaba y capturaba sus labios en un beso feroz. Lo besó, chupó y mordió su boca con posesividad, bajando luego por su cuello, lamiendo y succionando la piel sensible, marcando con besos húmedos y mordidas que dejaban huellas rojas.
Babe jadeaba, rasguñando los brazos fuertes de Charlie, luego su espalda y pectorales, dejando marcas rojas con las uñas mientras respondía con la misma intensidad. Besaba, chupaba y mordía el cuello del Enigma, lamiendo su mandíbula y regresando a su boca, enredando la lengua con la suya.
—Eres mío.— gruñó Charlie contra sus labios. Con un movimiento brusco, rompió la camisa de Babe de un tirón, haciendo que los botones saltaran. Sus manos grandes subieron y sus dedos pellizcaron y masajearon los pezones sensibles de Babe, tirando de ellos y frotándolos con los pulgares.
—Ahh…¡Charlie!— sollozó Babe de placer, su voz volviéndose más aguda con cada toque.
Su cuerpo se arqueaba contra la pared, buscando más contacto.
Charlie disfrutaba del desastre que estaba convirtiendo a Babe: mejillas enrojecidas, labios hinchados, ojos vidriosos y gemidos cada vez más desesperados.
—Tan hermoso…tan sensible para mí.— murmuró con voz grave, mordiendo uno de sus pezones y chupándolo con fuerza mientras alineaba su polla en la entrada.
Empujó lentamente al principio, centímetro a centímetro, abriendo a Babe con su grosor.
Babe soltó un gemido largo y tembloroso, clavando las uñas en la espalda de Charlie.
—Tan apretado…tan caliente…— gruñó Charlie, entrando más profundo con embestidas lentas pero poderosas.— Eso es, mi amor…tómalo todo. Siente cómo te lleno.
Cuando estuvo completamente dentro,
Charlie empezó a moverse: primero lento y profundo, saliendo casi por completo para volver a enterrarse hasta el fondo, golpeando ese punto sensible con precisión. Luego aumentó la intensidad, follándolo con embestidas más violentas y fuertes que hacían que el cuerpo de Babe se sacudiera contra la pared.
—Charlie…¡ahh! Más profundo…por favor…— suplicaba Babe entre gemidos agudos, rodeando su cuello con los brazos.
Charlie lo sujetaba con fuerza por las caderas, penetrándolo con ritmo posesivo y salvaje, piel contra piel. Mordió el cuello de Babe con intensidad, hundiendo los dientes en la unión entre hombro y cuello, marcándolo como su pareja. Babe gritó de placer y dolor mezclado, contrayéndose alrededor de la polla gruesa que lo follaba sin descanso.
—Eres mío…— gruñó Charlie mientras mantenía los dientes clavados, inyectando su esencia de Enigma en la marca.— Mi pareja. Mi alfa. Mío.
Después de unos segundos, sacó los dientes y lamió la marca con ternura, curándola con su saliva mientras seguía follándolo con embestidas profundas y potentes.
Babe temblaba entero, sollozando de placer, besando el cuello de Charlie y arañando su espalda.
—Charlie…te siento tan adentro…me estás volviendo loco…
Charlie aceleró, follándolo con fuerza contra la pared, una mano bajando para masturbar a Babe al mismo ritmo.
—Quiero que te corras otra vez mientras estoy dentro de ti.— ordenó con voz ronca.— Quiero sentir cómo me aprietas cuando te llenes. Y luego te voy a llenar yo…hasta que reboses.
Babe gritó su nombre cuando llegó al orgasmo por segunda vez, contrayéndose violentamente alrededor de la polla de Charlie. Este gruñó y lo penetró unas cuantas veces más, profundo y brutal, antes de correrse con fuerza dentro de él, llenándolo con chorros calientes mientras lamía la marca fresca en su cuello.
Ambos jadeaban, sudorosos y unidos. Charlie no salió de inmediato, manteniéndolo clavado contra la pared mientras besaba su boca con más suavidad.
—Ahora sí…eres completamente mío, Babe.— susurró contra sus labios, posesivo y satisfecho.— Y no te voy a soltar nunca.
Marcados y Llenos
Charlie permaneció enterrado profundamente dentro de Babe, sin salir, sintiendo cómo las paredes internas del alfa seguían contrayéndose alrededor de su polla mientras ambos bajaban de la intensidad del orgasmo.
El balcón estaba en silencio, solo se escuchaban sus respiraciones agitadas y el sonido lejano de la ciudad.
Besó la marca fresca en el cuello de Babe con devoción, lamiéndola lentamente para ayudar a que cicatrizara más rápido. Su esencia de Enigma ya corría por las venas de su pareja, uniéndolos de forma permanente.
—Tan perfecto…— murmuró Charlie contra su piel, con voz ronca y satisfecha.— Mira cómo me aprietas todavía, incluso después de correrte dos veces. Tu cuerpo no quiere soltarme.
Babe temblaba entre sus brazos, con las piernas aún rodeando su cintura y la espalda apoyada contra la pared. Tenía los ojos vidriosos y los labios hinchados. Acarició la nuca de Charlie y lo besó despacio, con ternura.
—Charlie…te siento tan adentro…tan lleno…— susurró, mordiendo suavemente su labio inferior.— No quiero que salgas todavía.
Charlie sonrió con oscura satisfacción y empezó a moverse de nuevo, esta vez con embestidas lentas, profundas y perezosas.
Salía casi por completo y volvía a hundirse hasta el fondo, haciendo que Babe sintiera cada centímetro.
—No pienso salir pronto, mi amor.— gruñó posesivamente, sujetándolo por las nalgas para abrirlo más.— Quiero que sientas mi semen bien profundo. Quiero que camines mañana y sientas cómo gotea de ti, recordando quién te folló contra esta pared.
Babe soltó un gemido agudo cuando Charlie golpeó ese punto sensible con precisión. Sus uñas volvieron a clavarse en la espalda del Enigma, arañando mientras besaba y chupaba su cuello con hambre.
—Más…por favor…— suplicó Babe, moviendo las caderas para encontrarse con cada embestida.— Fóllame más lento…pero más profundo. Quiero sentirte todo el tiempo.
Charlie obedeció. Sus movimientos se volvieron más controlados pero intensos: salidas lentas y entradas fuertes y profundas que hacían que sus caderas chocaran con fuerza. Una mano subió hasta el pecho de Babe, pellizcando y frotando sus pezones sensibles mientras lamía la marca de la mordida.
—Eres mío ahora.— susurró contra su oído, mordiendo el lóbulo.— Mi pareja. Mi omega en cuerpo y alma aunque seas alfa. Nadie más va a tocarte. Nadie más va a llenarte como yo lo hago.
Babe sollozó de placer, escondiendo el rostro en el cuello de Charlie mientras este lo follaba contra la pared con ese ritmo lento y violento al mismo tiempo. Cada embestida era deliberada, profunda, haciendo que la polla gruesa rozara constantemente su próstata.
—Charlie…ahh…sí…justo ahí…me estás arruinando…— gimió Babe con voz quebrada, lamiendo y mordiendo el pecho del Enigma.
Charlie aceleró ligeramente, follándolo con más fuerza, sujetándolo con posesividad mientras lo besaba con lengua profunda.
—Quiero correrme otra vez dentro de ti.— gruñó.— Quiero llenarte hasta que tu vientre se sienta pesado. Vas a llevar mi olor y mi semen por días.
Con unas cuantas embestidas más, fuertes y profundas, Charlie se corrió por segunda vez, gruñendo el nombre de Babe mientras lo llenaba con más calor. Babe llegó al orgasmo casi al mismo tiempo, mojando sus propios abdomenes con chorros débiles, temblando violentamente.
Charlie lo sostuvo con fuerza mientras ambos recuperaban el aliento. Luego, con cuidado, salió de él lentamente. Un hilo de semen escapó de la entrada hinchada de Babe y corrió por su muslo. Charlie lo miró con hambre posesiva y lo recogió con dos dedos, llevándolos a la boca de Babe.
—Límpialos.— ordenó suavemente.
Babe obedeció, chupando sus dedos con ojos entrecerrados.
Charlie lo levantó en brazos y lo llevó dentro de la habitación, tumbándolo con cuidado en la gran cama. Se colocó encima de él, besando la marca en su cuello con ternura.
—¿Cómo te sientes, mi amor?— preguntó, acariciando su mejilla.
—Lleno…marcado…tuyo.— respondió Babe con una sonrisa pequeña y exhausta, acariciando la espalda de Charlie.— No quiero que esta noche termine.
Charlie besó sus labios con suavidad y bajó una mano entre sus piernas, rozando la entrada sensible y empapada.
—No terminará pronto.— prometió con voz oscura.— Todavía tengo que asegurarme de que entiendas completamente a quién perteneces ahora.
Se inclinó y capturó sus labios de nuevo, preparándose para continuar toda la noche.
Mañana de Cariños y Promesas
La luz del sol entraba suavemente por las ventanas de la mansión. Babe había despertado adolorido, con el cuerpo marcado y sensible después de la intensa noche con Charlie. Aun así, una sonrisa satisfecha no abandonaba su rostro. Se ducharon juntos, entre besos lentos y caricias posesivas, y ahora estaban en el comedor familiar.
Malee estaba sentada en su silla alta, comiendo fruta con las manos mientras Ploy le limpiaba la boquita. Charlie presidía la cabecera de la mesa, impecable incluso en ropa casual. Babe se movía con cuidado, disimulando el dolor cada vez que caminaba o se sentaba. Charlie era el único que lo notaba: cada gesto de incomodidad le provocaba una pequeña sonrisa oscura y satisfecha.
—¿Estás bien, Babe?— preguntó Charlie con tono inocente, aunque sus ojos brillaban con diversión.
—Perfectamente.— respondió Babe, sonrojándose ligeramente mientras tomaba un sorbo de café.
Malee estiró los bracitos hacia él.
—¡Papá! ¡Abrazo!
Babe la levantó con cuidado y la sentó en su regazo, besando su cabecita. Charlie los observaba con una expresión suave y posesiva.
Era fin de semana, así que no había trabajo urgente. Después del desayuno, Ploy se llevó a Malee al jardín trasero.
—Vamos, pequeña. Dejemos que papá y papá grande hablen un rato.— dijo Ploy con una sonrisa cómplice.
Cuando se quedaron solos, Babe se levantó y se agarró del brazo de Charlie como un niño, pegándose a su costado mientras caminaban hacia el despacho privado.
Una vez dentro, Charlie se sentó en su sillón de cuero y empezó a revisar unos documentos. Babe paseó por la habitación, mirando los libros en las estanterías. Al cabo de unos minutos, sus ojos regresaron a la figura de Charlie: imponente, concentrado, con las mangas de la camisa arremangadas.
Sin pensarlo demasiado, Babe se acercó y se sentó directamente en su regazo, acomodándose de lado contra su pecho.
Charlie levantó una ceja, sorprendido, pero sus manos fueron automáticamente a la cintura del alfa.
—Realmente no esperaba que hicieras este tipo de cosas.— comentó Charlie con voz baja y ronca.
Babe lo miró inseguro.
—¿Te incomoda? Si es así, puedo alejarme y respetar tu espacio…
Charlie lo atrajo más fuerte contra su cuerpo y tomó su rostro con una mano, obligándolo a mirarlo.
—Nunca. Solo que es raro. Después de todo, siempre mediste tus límites. Además, te conozco y con lo que te hice durante toda la noche, sería estúpido ponernos como adolescentes.
Babe asintió, relajándose contra él. Una sonrisa traviesa apareció en sus labios.
—Cachorro…
Charlie arqueó una ceja, divertido.
—¿Cachorro?
Babe se mordió el labio inferior, sonrojándose.
—Eres igual a uno…aunque eso no quita lo bestia que eres en la cama y eso me gusta.
Charlie soltó una risa baja y posesiva. Su mano grande bajó hasta el trasero de Babe y lo apretó con fuerza, masajeándolo lentamente por encima de la ropa. Babe jadeó suavemente y se removió en su regazo.
—Mmm…me encanta cuando me llamas así.— murmuró Charlie, apretando y amasando una nalga con posesividad.— Pero cuidado, el cachorro puede morder si lo provocas demasiado.
Babe escondió el rostro en el cuello de Charlie, respirando su aroma.
—Quiero que me enseñes a pelear.— dijo de repente, con voz más seria.— No solo para defenderme a mí mismo. Quiero defender a Malee…y también a ti. Enséñame combate cuerpo a cuerpo y a usar armas. Siempre me llamaron la atención, aunque no lo parezca.
Charlie detuvo el masaje un momento y lo miró fijamente, sus ojos oscuros brillando con orgullo y deseo.
—¿Quieres aprender a pelear por nosotros?— preguntó, apretando de nuevo su trasero con más fuerza, haciendo que Babe soltará un gemido.— Me gusta esa idea. Mucho. Mi pareja no va a ser solo un alfa cálido y risueño…también va a ser capaz de destrozar a quien se acerque a nuestra familia.
Babe asintió, moviéndose ligeramente contra la mano de Charlie.
—Quiero ser fuerte para los tres. Para ti…para Malee…y para el futuro que estamos empezando.
Charlie tomó su barbilla y lo besó profundamente, mordiendo su labio inferior antes de separarse.
—Empezaremos mañana mismo. Entrenamiento duro, mi amor. Pero hoy…—.su mano se coló por debajo de la cintura del pantalón de Babe, tocando piel desnuda y apretando con más intención.— hoy todavía eres mío para consentirte y recordarte quién manda en esta casa.
Babe jadeó contra su boca, aferrándose a sus hombros.
—Charlie…estamos en tu despacho…
—Exacto.— gruñó el Enigma contra su cuello, mordiendo suavemente la marca fresca.— Y tú estás sentado en mi regazo, moviendo ese culo adolorido contra mí. ¿Crees qué voy a dejarte ir tan fácil?
Babe sonrió, sonrojado, y besó su mandíbula.
—Entonces no me dejes ir…Cachorro.
Tardes Dulces en Familia
Horas más tarde, el sol de la tarde bañaba el amplio jardín trasero de la mansión. Ploy se había retirado a descansar y leer un libro en su habitación, aprovechando su tiempo libre.
Charlie, Babe y Malee tenían el jardín solo para ellos.
Malee corría descalza sobre el césped con una risita alegre, persiguiendo una pelota de colores que Charlie le había lanzado suavemente. Babe estaba sentado en una manta extendida bajo la sombra de un gran árbol, observando la escena con una sonrisa cálida y relajada. Charlie estaba a su lado, con un brazo alrededor de sus hombros, atrayéndolo contra su pecho.
—¡Papá grande! ¡Más fuerte!— pidió Malee, levantando los bracitos.
Charlie rio bajito y lanzó la pelota con más altura, pero siempre calculando para que cayera cerca de ella.
—Así, pequeña. ¡Atrápala!
Malee corrió tambaleante, tropezó y cayó sentada sobre la hierba, pero en lugar de llorar soltó una carcajada. Babe se tensó un poco por instinto, pero Charlie lo calmó apretando suavemente su hombro.
—Está bien. Déjala caer y levantarse. Es fuerte, como su papá.— murmuró Charlie cerca de su oído.
Babe giró la cabeza y lo miró con cariño.
—Gracias por hoy…por estar aquí con nosotros. No sabes cuánto significa verte jugar con ella.
Charlie besó su sien con ternura y luego lo miró a los ojos.
—Ahora son mi familia. No hay otro lugar donde quiera estar. Malee ya es mi hija, y tú…eres mi pareja. Quiero que esto sea normal para ella: risas, juegos, seguridad.
Malee regresó corriendo con la pelota en las manos y se lanzó sobre los dos, cayendo en medio de ellos.
—¡Papá! ¡Papá grande! ¡Abrazo grande!
Babe la levantó y la colocó entre los dos.
Malee inmediatamente se acurrucó contra el pecho de Charlie, agarrando la camisa de Babe con una mano.
—Papá grande huele rico…— dijo la niña, frotando su carita contra él.
Charlie sonrió, una sonrisa genuina y suave que pocos veían, y acarició el cabello negro de Malee.
—Tú también hueles rico, princesa. A sol y dulces. ¿Quieres qué te lance la pelota más alto otra vez?
—¡Sí! ¡Muy alto!— respondió Malee emocionada.
Babe los observaba con los ojos brillantes.
—Sabes…cuando llegué a trabajar contigo, nunca imaginé que terminaríamos así. Tú, el Enigma más frío y poderoso de Bangkok, jugando en el jardín con mi hija.
Charlie apretó más su brazo alrededor de Babe y besó su marca en el cuello con delicadeza.
—Nuestra hija.— corrigió con voz baja pero firme.— Y no eres solo mi asistente. Eres mi pareja. El que me hace querer llegar temprano a casa. El que hace que esta mansión ya no se sienta tan vacía.
Malee levantó la cabeza y tocó la mejilla de Charlie con su manita regordeta.
—¿Papá grande se queda siempre con nosotros?
Charlie tomó su pequeña mano y besó sus deditos.
—Siempre, mi vida. No voy a ir a ningún lado. Voy a cuidar de ti y de papá Babe todos los días. ¿Quieres qué sea así?
Malee asintió con energía y se inclinó para darle un beso baboso en la mejilla a Charlie.
—¡Sí! ¡Familia grande!
Babe soltó una risa suave, emocionado, y se acercó para besar la otra mejilla de Charlie.
—Familia grande.— repitió Babe con ternura.— Me gusta cómo suena eso.
Charlie los abrazó a ambos, envolviéndolos con sus brazos fuertes y su aroma protector.
Por unos minutos se quedaron así, en silencio, disfrutando del calor del sol y de la cercanía. Malee empezó a bostezar y se acurrucó más entre ellos.
—Parece que alguien ya está cansada.— susurró Babe, acariciando la espalda de su hija.
—Déjala dormir aquí un rato.— respondió Charlie en voz baja, ajustando la manta alrededor de los tres.— No hay prisa. Hoy todo el tiempo es para nosotros.
Babe apoyó la cabeza en el hombro de Charlie y cerró los ojos un momento, sonriendo.
—Te amo, Charlie. Gracias por elegirnos.
Charlie besó su cabello y luego la frente de Malee.
—Y yo los amo a ustedes. Esto es solo el comienzo, Babe. Vamos a construir muchos días como este.
El jardín se llenó de una paz tranquila mientras la pequeña familia descansaba junta bajo la sombra del árbol, con el sonido suave de las hojas y las risas lejanas de Malee aún resonando en el aire.
La Primera Lección de Combate
A la mañana siguiente, temprano, el gimnasio privado en el sótano de la mansión estaba iluminado con luces blancas y frías. El suelo estaba cubierto de tatami negro, y había varios aparatos de entrenamiento y armas enfundadas en las paredes. Charlie vestía pantalones deportivos negros y una camiseta ajustada sin mangas que marcaba su musculatura imponente. Babe llevaba ropa similar, más holgada, pero su expresión mostraba determinación.
Charlie caminaba alrededor de él como un depredador evaluando a su presa.
—Regla número uno.— dijo con voz grave y autoritaria.— En un combate real, el miedo es útil solo si lo controlas. Tu aroma ya está cambiando. Puedo oler tu nerviosismo y tu excitación por aprender. Eso es bueno. Usa esa energía.
Babe asintió, flexionando las manos.
—Entendido. No quiero ser solo el que espera a que tú nos protejas. Quiero estar a tu lado, Charlie. Enséñame.
Charlie se detuvo frente a él, serio.
—Primero, postura. Piernas separadas al ancho de tus hombros. Rodillas ligeramente flexionadas. Centro de gravedad bajo.— Se colocó detrás de Babe y corrigió su postura con las manos: una en la cadera y otra en el hombro.— Así. No te encorves. Un Enigma o un alfa enemigo va a buscar tumbarte rápido. Tú debes ser difícil de mover.
Babe corrigió su posición, sintiendo el calor del cuerpo de Charlie pegado a su espalda.
—Así…¿mejor?
—Mucho mejor.— murmuró Charlie cerca de su oído, su aliento cálido.— Ahora, golpe básico. Puño cerrado, pulgar afuera. Gira la cadera al golpear. Todo tu cuerpo debe acompañar el movimiento.
Charlie se colocó frente a él y levantó las palmas abiertas como objetivo.
—Golpéame. Con fuerza. No tengas miedo de lastimarme.
Babe respiró hondo y lanzó un puñetazo. El golpe aterrizó sólido, pero Charlie apenas se movió.
—Bien, pero débil. Otra vez. Usa la cadera. ¡Ahora!
Babe golpeó de nuevo, esta vez con más rotación. El sonido del impacto resonó en el gimnasio.
—Mejor.— aprobó Charlie.— Pero todavía eres lento. Los enemigos no van a esperarte. Vamos a practicar defensa.
Charlie atacó de repente con un golpe lento pero preciso hacia el rostro de Babe. Este logró bloquearlo con el antebrazo, aunque retrocedió dos pasos.
—¡Otra vez!— ordenó Charlie, lanzando una serie de golpes controlados.
Babe bloqueaba y esquivaba, sudando ya. En uno de los ataques, Charlie lo agarró del brazo, lo giró y lo inmovilizó contra su pecho en una llave rápida.
—Estás muerto.— susurró Charlie contra su oído, sujetándolo firmemente.— Si un enemigo te agarra así, ¿qué haces?
Babe gruñó, forcejeando. El aroma de ambos se mezclaba: el dominante y metálico de Charlie con el cálido y lluvioso de Babe.
—Intentó…golpear hacia atrás.— respondió Babe entre dientes.
—Correcto. Usa el codo. Golpea mis costillas. Fuerte.
Babe lanzó el codo hacia atrás. Charlie aflojó un poco la llave.
—Bien. Ahora, desde el suelo.
Charlie lo soltó y lo empujó suavemente, haciendo que Babe cayera de espaldas sobre el tatami. El Enigma se colocó encima de él, inmovilizándolo con su peso.
—Si estás en el suelo, no entres en pánico. Usa las piernas. Rodéame con ellas y voltea la posición.
Babe obedeció, rodeando la cintura de Charlie con las piernas e intentando girar. Sus cuerpos se rozaron por el esfuerzo. Charlie resistió un momento, disfrutando de la fuerza que Babe empezaba a mostrar, antes de dejarse voltear.
Ahora Babe estaba encima, respirando agitado, con las manos sobre el pecho de Charlie.
—Así…— jadeó Babe.— ¿Lo estoy haciendo bien?
Charlie lo miró desde abajo con orgullo y algo más oscuro.
—Estás mejor de lo que esperaba para tu primera clase. Tienes buen equilibrio y aprendes rápido.— Tomó las muñecas de Babe y lo mantuvo en esa posición.— Pero en una pelea real, no dudes. Si tienes la oportunidad, golpeas aquí.— señaló su propia garganta.— o aquí.— señaló los ojos.— Sin piedad.
Babe asintió, todavía sentado a horcajadas sobre él.
—Quiero ser capaz de proteger a Malee…y a ti. Aunque seas un Enigma poderoso, no quiero ser tu debilidad.
Charlie se incorporó hasta quedar sentado, con Babe aún en su regazo. Tomó su rostro con una mano.
—Tú nunca serás mi debilidad. Serás mi mayor fuerza.— Su pulgar acarició el labio inferior de Babe.— Mañana practicaremos con armas. Hoy seguiremos con cuerpo a cuerpo hasta que sudes todo el miedo.
Babe sonrió con determinación y se levantó, ofreciéndole la mano a Charlie.
—Entonces no perdamos tiempo, Cachorro. Enséñame a ser letal.
Charlie tomó su mano y se puso de pie con una sonrisa peligrosa.
—Con gusto, mi pareja. Prepárate…porque no voy a ser suave contigo.
Los dos volvieron a la posición de combate, el aire cargado con sus aromas entrelazados y la promesa de que Babe se convertiría en alguien capaz de pelear al lado del Enigma más poderoso de Tailandia.
Deseo Después del Entrenamiento
Después de varias horas intensas de entrenamiento, ambos estaban exhaustos. Babe había mejorado notablemente, pero su cuerpo pedía descanso. Charlie se excusó un momento para atender un asunto urgente en el despacho. Antes de irse, Babe le dio una última mirada: el cuerpo sudoroso de Charlie brillaba bajo las luces, su piel blanca y marcada con las huellas rojas y moradas que él mismo le había dejado en la espalda, los brazos y los pectorales. Babe se mordió el labio inferior, sintiendo un calor familiar subir por su cuerpo.
Babe se duchó rápidamente y luego pasó un rato jugando con Malee en el jardín. La pequeña se cansó pronto y se durmió en sus brazos. La llevó con cuidado a su habitación, la acostó, le dio un beso en la frente y se quedó unos minutos observándola dormir antes de salir.
Al entrar a la habitación principal que compartía con Charlie, cerró la puerta tras de sí y se detuvo en seco. Charlie acababa de salir de la ducha. Solo llevaba una toalla blanca envuelta baja en sus caderas, dejando a la vista su torso definido.
Babe se sonrojó intensamente.
—Lo siento…No sabía que estabas así. Si quieres, puedo darte privacidad.
Charlie negó con la cabeza, mirándolo con esa intensidad posesiva que ya era característica.
—Eres mi pareja, Babe. Aquí no hay nada que no hayas visto…ni tocado.
Babe tragó saliva y se acercó lentamente.
Sus ojos recorrieron el cuerpo del Enigma sin disimulo. Lo abrazó con fuerza, enterrando el rostro en su cuello e inhalando profundamente.
—Hueles delicioso…— susurró contra su piel.— Incluso recién duchado, tu aroma me vuelve loco.
Charlie tomó a Babe por la nuca con una mano firme y lo besó con hambre, dominando el beso desde el primer segundo. Babe correspondió con igual intensidad, sus manos bajando por el abdomen marcado hasta llegar a la toalla. Sin darle tiempo a reaccionar,
Babe se arrodilló frente a él y tiró de la toalla, dejándola caer al suelo.
La polla de Charlie, gruesa y pesada, quedó libre frente a su rostro, ya medio dura. Babe la tomó con una mano, sintiendo su calor y peso, y levantó la mirada hacia él.
—Quiero saborearte…— murmuró Babe, la voz cargada de deseo.
—Entonces hazlo.— ordenó Charlie con voz ronca y dominante, enredando los dedos en el cabello de Babe.— Muéstrame cuánto deseas complacerme.
Babe no esperó más. Sacó la lengua y lamió lentamente desde la base hasta la cabeza, rodeando el glande con movimientos húmedos y circulares. Charlie soltó un gruñido bajo, apretando ligeramente su cabello.
—Así…despacio al principio. Quiero sentir esa lengua caliente recorriéndome entero.
Babe obedeció, lamiendo con dedicación cada centímetro, bajando hasta los testículos y chupándolos suavemente antes de regresar a la punta. Abrió la boca y lo tomó poco a poco, hundiendo más de la mitad mientras su lengua presionaba la parte inferior.
—Joder, Babe…— gruñó Charlie, mirándolo desde arriba con ojos oscuros.— Qué boca tan perfecta tienes. Mírate…arrodillado para mí, tragándote mi polla como si fuera lo que más deseas.
Babe gimió alrededor de él, el sonido vibrando contra la carne sensible. Empezó a mover la cabeza con más ritmo, chupando con fuerza mientras su mano acariciaba la base que no alcanzaba a meterse en la boca.
Sus mejillas se hundían con cada succión.
Charlie respiraba más pesado, dominando el movimiento con la mano en su cabello, pero sin ser brusco.
—Más profundo, mi amor. Quiero sentir cómo me tragas hasta el fondo. Eres tan bueno…tan mío.
Babe hizo un esfuerzo y lo tomó más profundo, sintiendo la cabeza golpear el fondo de su garganta. Sus ojos se humedecieron, pero no se detuvo. Subía y bajaba con ritmo constante, chupando con hambre, la saliva brillando en la polla de Charlie.
—Así…justo así.— alabó Charlie con voz grave, acariciando su mejilla con el pulgar mientras lo follaba lentamente en su boca.— Me encanta verte así, tan entregado. Sigue chupando, Babe. Quiero correrme en esa boca caliente que me pertenece.
Babe aceleró, gimiendo y succionando con más fuerza, una mano acariciando los muslos firmes de Charlie y la otra masturbando la base al mismo ritmo. Sus ojos no se apartaban de los de su pareja.
Charlie echó la cabeza ligeramente hacia atrás, gruñendo de placer.
—Estoy cerca…No pares. Quiero que te tragues todo lo que te dé.
Con unas cuantas succiones más profundas, Charlie se tensó y se corrió con un gruñido ronco, llenando la boca de Babe con chorros calientes. Babe tragó todo lo que pudo, sin apartarse, lamiendo después con suavidad para limpiarlo por completo.
Charlie lo levantó del suelo con facilidad y lo besó profundamente, probando su propio sabor en la lengua de Babe.
—Eres increíble…— murmuró contra sus labios, aún posesivo.— Mi pareja perfecta.
Babe sonrió, respirando agitado y con los labios hinchados.
—Me encanta complacerte, Charlie.
Hambre Insaciable
Babe se separó lentamente, con los labios aún hinchados y brillantes. Dio un paso atrás y sonrió con timidez.
—Entonces dejo que te vistas…
Charlie lo agarró por la cintura con fuerza y lo atrajo de golpe contra su cuerpo desnudo.
Pegó sus labios a los de Babe y susurró contra ellos, con voz ronca y cargada de deseo:
—¿Vestirme? Lo que acabas de hacerme solo me dan ganas de volver a follarte, mi amor.
Babe jadeó suavemente al escuchar esas dos últimas palabras.
—Mi amor…— dijo en un susurro tembloroso.
Charlie se quedó quieto por unos segundos, mirándolo fijamente a los ojos.
—¿Qué acabas de decir?
Babe lo miró con ternura y deseo, acariciando su mejilla.
—Mi amor…Tú eres mi amor, Charlie.
El gruñido que salió del pecho de Charlie fue profundo y posesivo. En un movimiento rápido y dominante, le quitó toda la ropa a Babe hasta dejarlo completamente desnudo y lo lanzó sobre la gran cama boca arriba. Babe rebotó contra el colchón y jadeó al ver a Charlie cerniéndose sobre él como un depredador.
Charlie se subió encima de él, separándole las piernas con las rodillas y colocándose entre ellas. Lo besó con fuerza, devorando su boca mientras agarraba su propio miembro grueso y duro, frotando la cabeza contra la entrada aún sensible de Babe.
—Dilo otra vez.— exigió contra sus labios.
—Mi amor…— gimió Babe.
En ese mismo instante, Charlie empujó hacia adelante y se enterró de un solo golpe profundo hasta el fondo. Babe rompió el beso con un gemido agudo y largo, arqueando la espalda.
—Ahh…¡Charlie!
Charlie sonrió con oscura satisfacción al ver su reacción y empezó a moverse con embestidas brutales y profundas. Cada golpe era fuerte, haciendo que el cuerpo de Babe se sacudiera violentamente sobre la cama.
—Así…tómalo todo.— gruñó posesivo, besando, chupando y mordiendo el cuello de Babe, dejando nuevas marcas sobre la mordida de pareja.— Eres mío. Mío para follarte cuando quiera, tan duro como quiera.
Babe respondía con la misma intensidad: besaba su boca, chupaba su lengua, mordía su mandíbula y lamía su cuello mientras gemía con cada embestida brutal.
—Más…mi amor…más fuerte…— suplicaba entre jadeos.
Charlie sujetó a Babe por el cuello con una mano firme, sin apretar lo suficiente para lastimarlo, solo dominándolo, obligándolo a mantener la mirada mientras lo follaba sin piedad. Sus caderas chocaban con fuerza contra él, penetrándolo profundo y violento.
—Mírame.— ordenó con voz ronca.— Quiero ver tu cara mientras te destrozo por dentro.
Babe gimió alto, los ojos vidriosos de placer.
Su cuerpo se movía sin control con cada embestida salvaje, la polla gruesa de Charlie entrando y saliendo sin descanso, golpeando ese punto sensible una y otra vez.
—Charlie…¡ahh! ¡Ahí! ¡Más profundo!
Charlie bajó la cabeza y capturó uno de sus pezones, chupándolo con fuerza, lamiéndolo y mordiéndolo mientras seguía follándolo brutalmente. Cambió al otro pezón, dejando ambos rojos e hinchados.
—Tan apretado…tan caliente por dentro.— gruñó contra su pecho.— Tu cuerpo me aprieta como si no quisiera dejarme salir nunca. Eres perfecto, Babe. Mi pareja perfecta.
Aceleró el ritmo, penetrándolo con embestidas cortas, profundas y violentas. La mano en su cuello lo mantenía en su lugar, dominado y expuesto. Babe arañaba la espalda de Charlie, dejando nuevas marcas mientras sollozaba de placer.
—Te siento tan adentro…me estás llenando…¡Charlie!
Charlie lo besó con violencia, mordiendo su labio inferior mientras seguía follándolo sin descanso.
—Vas a correrte así, con mi polla bien adentro y mi mano en tu cuello. Quiero sentir cómo te corres mientras te domino completamente.
Babe gritó contra su boca cuando el orgasmo lo golpeó con fuerza, contrayéndose violentamente alrededor de Charlie. Este gruñó y lo penetró unas cuantas veces más, brutal y profundo, antes de correrse con un gemido ronco, llenándolo hasta el fondo.
Charlie no salió de inmediato. Se quedó enterrado dentro de él, soltando su cuello solo para abrazarlo con posesividad y besar la marca en su cuello con ternura.
—Dilo otra vez.— susurró contra su piel.
Babe, aún temblando y lleno de él, sonrió exhausto.
—Mi amor…
Charlie cerró los ojos y apretó más el abrazo.
—Otra vez. No me canso de escucharlo.
Interrupción y Deseo en el Balcón
Babe abrió la boca para repetir las palabras, con una sonrisa suave y enamorada en los labios.
—Mi am—
El llanto repentino de Malee a través del intercomunicador de la habitación los interrumpió. Charlie sonrió con ternura y dejó un beso profundo en los labios de Babe.
—Iré yo. Tú quédate aquí y descansa un poco.
Babe asintió, aún respirando agitado. Charlie se puso un pantalón de dormir negro y salió de la habitación.
En la habitación de Malee, la niña estaba sentada en su cama con lágrimas en las mejillas. Charlie se acercó, la tomó en brazos con cuidado y la acunó contra su pecho desnudo.
—Shh…ya está, princesa. Papá grande está aquí.— murmuró con voz suave, acariciando su espalda.— ¿Tuviste una pesadilla?
Malee se acurrucó contra él, escondiendo la carita en su cuello, exactamente igual a como Babe lo hacía cuando dormían juntos. Charlie sintió una calidez inmensa en el pecho. Malee era como una mini versión de Babe: misma sonrisa, mismos ojos expresivos, misma calidez. Y eso le encantaba.
La meció suavemente hasta que la niña se calmó y empezó a respirar más tranquila.
Charlie le dio un beso en la cabecita y la acostó de nuevo, arropándola con cuidado.
—Duerme, mi vida. Estamos todos aquí.
Cuando regresó a la habitación principal, cerró la puerta con seguro y frunció el ceño al no ver a Babe en la cama. Entonces lo vio en el balcón: recargado en el barandal, con solo una de sus camisas blancas puesta, la tela marcando perfectamente su figura, dejando sus piernas desnudas expuestas.
Charlie se acercó en silencio y lo abrazó por detrás, pegando su pecho a la espalda de Babe.
—¿Malee está bien?— preguntó Babe, girando ligeramente la cabeza.
—Sí. Solo una pesadilla. Ya se durmió otra vez.— respondió Charlie, besando su nuca.
Sin decir más, Charlie lo tomó de la cintura, lo levantó con facilidad y lo sentó en la mesa de madera del balcón, entre las sillas. Babe abrió las piernas por instinto, rodeando las caderas de Charlie. Esa sumisión natural hizo que los ojos del Enigma brillaran de deseo.
—Buen chico…— murmuró Charlie.
Acercó a Babe más al borde de la mesa y acarició sus muslos con ambas manos, subiendo hasta su trasero. Lo apretó con fuerza y abrió sus nalgas, haciendo que parte del semen de antes escapara. Con dos dedos recogió el líquido y lo empujó de nuevo dentro de Babe, que jadeó fuerte ante la acción.
—Charlie…
Charlie bajó un poco su pantalón, sacó su miembro ya completamente duro y lo colocó en la entrada húmeda y sensible. Empujó de una sola vez, lento pero profundo, enterrándose hasta el fondo.
Babe echó la cabeza hacia atrás con un gemido largo y placentero, aferrándose con fuerza a los bordes de la mesa. La posición le daba a Charlie una vista perfecta: su pareja abierta para él, el cuello marcado y la cara de placer absoluto.
—Tan hermoso…— gruñó Charlie posesivo.
Empezó a follarlo con embestidas lentas, profundas y brutales. Salía casi por completo y volvía a entrar con fuerza, haciendo que la mesa se moviera ligeramente. Se inclinó sobre Babe, besándolo con hambre, chupando su lengua y mordiendo sus labios.
Bajó por su cuello, succionando y mordiendo la marca de pareja mientras desabotonaba la camisa con una mano.
Una vez abierta, Charlie atacó sus pezones: los lamió, chupó con fuerza y mordió suavemente, tirando de ellos mientras seguía penetrándolo sin piedad.
—Ahh…Charlie…más profundo…— gemía Babe, una mano en el cabello del Enigma y la otra sujetando la mesa.
Charlie sujetó sus caderas con fuerza, follándolo con un ritmo brutal pero controlado, cada embestida golpeando justo en ese punto sensible.
—Siente cómo te llenó, mi amor.— gruñó contra su pecho, lamiendo un pezón hinchado.— Este cuerpo es mío. Cada gemido, cada temblor…todo mío.
Babe arqueaba la espalda, recibiendo cada embestida con placer. Sus gemidos se volvían más agudos conforme Charlie aumentaba la fuerza, follándolo más duro contra la mesa.
—Mi amor…me estás destrozando…pero no pares…— suplicó Babe, besando y mordiendo el cuello de Charlie.
Charlie sonrió contra su piel y aceleró, penetrándolo con estocadas profundas y violentas, sujetándolo con posesividad mientras devoraba su boca y sus pezones.
—Nunca voy a parar.— prometió con voz ronca.— Voy a follarte todas las noches hasta que solo puedas pensar en mí.
El balcón se llenó de los sonidos húmedos de sus cuerpos chocando y los gemidos entrecortados de Babe bajo la luna de Bangkok.
Posesión en el Balcón
Charlie siguió penetrándolo con embestidas lentas pero brutales, saliendo casi por completo para volver a hundirse hasta el fondo con fuerza. Cada golpe hacía que la mesa se moviera y que el cuerpo de Babe se sacudiera. La camisa blanca estaba completamente abierta, deslizándose por sus hombros, dejando su torso expuesto.
—Dios…Charlie…— gimió Babe, con la cabeza echada hacia atrás, ofreciéndole el cuello sin pensar.
Charlie aprovechó y atacó esa zona con la boca: besos húmedos, succiones fuertes y mordidas posesivas alrededor de la marca de pareja. Una de sus manos sujetaba firmemente la cadera de Babe, manteniéndolo en el borde de la mesa, mientras la otra subía por su pecho y pellizcaba sus pezones hinchados.
—Tan apretado…tan mojado por dentro.— gruñó contra su cuello, lamiendo la piel marcada.— Siente cómo te abro con cada embestida. Este culo es mío, Babe. Hecho para recibirme así de profundo.
Babe soltó un gemido agudo cuando Charlie cambió el ángulo y golpeó justo en su punto más sensible. Sus manos se aferraron con más fuerza al borde de la mesa, los nudillos blancos.
—Ahh…¡ahí! Mi amor…por favor…más fuerte…
Charlie sonrió con satisfacción oscura y obedeció. Sus caderas chocaban con violencia contra él, follándolo más duro, más profundo, con un ritmo brutal que hacía que Babe apenas pudiera respirar entre gemido y gemido. Se inclinó sobre él, capturando su boca en un beso salvaje, mordiendo su labio inferior mientras seguía penetrándolo sin piedad.
—Eres tan hermoso cuando te deshaces para mí.— susurró contra sus labios.— Mírate…abierto en esta mesa, recibiendo cada centímetro como la belleza tentadora que eres.
Babe rodeó la cintura de Charlie con las piernas, atrayéndolo más cerca, y arañó su espalda, dejando nuevas marcas rojas.
—Te quiero adentro…más…lléname, Charlie…— suplicó con voz rota de placer.
Charlie gruñó posesivamente y aceleró. Sus embestidas se volvieron más cortas, más violentas y profundas. Una mano bajó hasta el miembro de Babe y lo masturbó al mismo ritmo que lo follaba.
—Quiero que te corras así.— ordenó con voz ronca, mordiendo uno de sus pezones y tirando de él.— Quiero sentir cómo te aprietas alrededor de mi polla mientras te lleno.
Babe no aguantó más. Con un gemido largo y agudo, se corrió con fuerza sobre su propio abdomen, contrayéndose violentamente alrededor de Charlie. Este soltó un gruñido gutural y lo penetró unas cuantas veces más, brutalmente profundo, antes de correrse dentro de él con chorros calientes y abundantes.
Ambos quedaron jadeando, pegados el uno al otro. Charlie no salió de inmediato. Se quedó enterrado hasta el fondo, moviéndose lentamente para prolongar el placer, mientras besaba con ternura la marca en el cuello de Babe y acariciaba su espalda.
—Tan perfecto…— murmuró contra su piel sudorosa.— Me encanta cómo me aprietas cuando te corres.
Babe, aún temblando, abrazó su cuello y escondió el rostro en su hombro.
—Mi amor…me vas a matar de placer un día de estos.— susurró con una sonrisa exhausta.
Charlie rio bajo, besó sus labios con suavidad y lo levantó en brazos sin salir de él todavía.
Lo llevó de vuelta a la cama, lo acostó con cuidado y se colocó encima, cubriéndolo con su cuerpo.
—Descansa un momento.— dijo suavemente, acariciando su mejilla.— Pero no creas que la noche ha terminado. Apenas estoy empezando a recordarte a quién perteneces.
Babe lo miró con ojos brillantes y cansados, acariciando su espalda marcada.
—Soy tuyo, Charlie…completamente tuyo.
Charlie sonrió con posesividad y lo besó de nuevo, lento y profundo, mientras sus cuerpos seguían conectados en la penumbra de la habitación.
¡FIN!
Dedicado a @PanditaPooh41 la idea que me pediste, disculpa la demora y espero que te guste….