Chapter 1
Jimin siempre pedía agua con limón después de los ensayos. No era por sed. Era por ella. Se llamaba Liry. La chica nueva de la cafetería de la empresa. Coreano básico, acento argentino que se le escapaba en cada frase, y una inocencia que lo desarmaba y lo encendía al mismo tiempo. La primera vez que la vio fue en la sala de ensayo del piso 7.
Estaba sudado, la camiseta pegada al cuerpo, el cabello pegado a la frente.
Ella entró empujando el carrito con botellas frías, vasos y algunos snacks.
—Agua con limón para… ¿Jimin-ssi? —preguntó, pronunciando su nombre con esa “j” suave argentina que sonaba casi como “Yimin”.
Él levantó la mirada y se quedó congelado dos segundos demás. Liry tenía el cabello recogido en una cola alta, mejillas sonrosadas por el esfuerzo de empujar el carrito, y una sonrisa tímida que parecía pedir disculpas por existir.
—Ne… soy yo —respondió él, acercándose más de lo necesario. Liry le extendió la botella, pero sus dedos se rozaron.
Ella se sonrojó.—Perdón… eh… mianhaeyo —dijo con su coreano torpe.
Jimin soltó una risita baja, casi ronca.—Estás mejorando. ¿Cómo se dice “gracias” en español?—
—Gracias —contestó ella con una sonrisa grande.—
Graaacias —repitió él, arrastrando la “r” como ella. Liry se rio y el sonido le llegó directo a la polla.
Desde ese día, Jimin empezó a pedir cosas innecesarias solo para verla.
Dos semanas después, ya era costumbre. Liry entraba a la sala de ensayo con el carrito y todos los chicos la saludaban con cariño. Pero Jimin siempre la esperaba cerca de la puerta.
—Hoy pediste café frío y… ¿tostadas con dulce de leche?—preguntó ella, frunciendo el ceño con ternura—. No sabía que a los idols les gustaba el dulce de leche.
—Es nuevo mi vicio —murmuró él, mirándola a los ojos—. Me lo recomendaste tú la semana pasada.
Liry se mordió el labio inferior sin darse cuenta. Jimin tuvo que tragar saliva ante el esto la boca de cereza de ella le daba ganas de…Cada vez se hacia mas difícil contenerse.
—¿Quieres que te lo deje aquí o…?—Ven conmigo —dijo él de repente, tomándola suavemente del codo y llevándola hacia el rincón más apartado de la sala, detrás de unos parlantes.
—Jimin-ssi… ¿pasa algo? —preguntó ella, nerviosa pero sin miedo.
—Solo quiero agradecerte bien —susurró él. Se inclinó y le dió un beso suave en la mejilla, muy cerca de la comisura de los labios. Ella se quedó tiesa, respirando agitada.
—E-eso no es… profesional —balbuceó.
—Pero se siente bien, ¿no? —Jimin sonrió con esa mezcla de ángel y demonio que lo caracterizaba
—. Dime que me detenga y lo haré— Ella no dijo nada.
Solo lo miró con esos ojos grandes e inocentes brillando. Jimin se acercó más, rozando sus labios contra los de ella en un beso lento, dulce, casi tierno. Liry soltó un suspiro contra su boca y él profundizó, metiendo la lengua con cuidado, saboreándola. Sabía a café y a algo dulce.
Cuando se separaron, ella estaba roja hasta las orejas.
—Mi coreano es malo… pero esto lo entiendo —susurró.
Jimin rio bajito y le acarició la mejilla con el pulgar.—Entonces quédate un rato más hoy.
Después del horario. Las visitas se volvieron más largas. Mensajes por KakaoTalk a escondidas.
“Traeme agua a la oficina del manager, por favor. Te extraño ya.”
Liry llegaba con la bandeja, cerraba la puerta con llave cuando él se lo pedía, y Jimin la sentaba en su regazo mientras revisaba papeles.
—Estás cansada —decía él, masajeándole los hombros.—Vos también, oppa —respondía ella en esa mezcla que lo volvía loco.
Oppa. Cuando lo decía con acento argentino, Jimin sentía que se le endurecía al instante. Una tarde, en la oficina vacía, la ternura se empezó a romper. Liry estaba sentada en sus piernas, de frente, mientras él le besaba el cuello despacio.
—Jimin… alguien puede venir —susurró ella.
—Nadie viene. Cerré con llave —murmuró contra su piel—. Y...quiero probar algo.
Sus manos bajaron por la espalda de ella hasta meterlas debajo de la falda del uniforme. Liry tembló.
—Nunca hice… mucho —confesó, avergonzada.
—Shh… no pasa nada. Yo te cuido —dijo él con voz ronca, pero tierna—. Solo relájate, mi Liry.
Le subió la falda despacio, acariciando sus muslos suaves. Cuando llegó a las bragas, ya las sintió húmedas. Jimin gruñó bajito.
—Estás mojada por mí…
Liry escondió la cara en su cuello, muerta de vergüenza y excitación, su respiración agitada enviaba impulsos eléctricos por el cuerpo de él.
Él apartó la tela a un lado y pasó dos dedos por sus pliegues, lento, explorando.
Ella soltó un gemidito ahogado.
—Tan sensible… tan inocente —susurró Jimin mientras le besaba la oreja—. Me vuelves loco, ¿sabes?.
Empezó a frotar su clítoris en círculos suaves. Liry se apretaba contra él, respirando rápido.
—Jimin… ah… se siente rico…
—Bien. Quiero que te sientas muy bien —dijo él, metiendo un dedo despacio dentro de ella.
Ella arqueó la espalda y gimió más fuerte. Jimin la besó para callarla, tragándose sus sonidos mientras movía el dedo adentro y afuera, agregando otro poco después.
—Tan apretada… vas a sentirme tan rico después — gruñó contra su boca.
La masturbó hasta que Liry se corrió por primera vez en sus dedos, temblando y mordiéndose el labio para no gritar. Jimin la abrazó fuerte, besándole la frente, las mejillas, la nariz. Tierno incluso cuando estaba duro como piedra debajo de ella.
—Buena chica… mi chica —susurró.
La primera vez que follaron de verdad fue en el camerino después de una grabación nocturna. Todos se habían ido. Solo quedaban ellos dos. Liry le había llevado cena y agua. Jimin la esperaba sin camisa, solo con los pantalones de chándal bajos.
—Ven aquí —ordenó suave.
Ella se acercó. Jimin la levantó en brazos y la sentó en el borde del tocador, frente al espejo grande.
—Quiero que mires —dijo, parándose entre sus piernas abiertas—. Quiero que veas lo que me provocas.
Le sacó la ropa despacio, besando cada pedazo de piel que descubría. Cuando estuvo desnuda, Jimin se arrodilló y le separó los muslos.
—Jimin… no tenés que…
—Quiero —interrumpió él, y hundió la cara entre sus piernas.
Ella soltó un gemido fuerte cuando sintió su lengua caliente lamiendo su coño. Jimin la devoraba con hambre, chupando el clítoris, metiendo la lengua dentro, gimiendo contra ella como si fuera lo más delicioso que había probado. El pecho de ella se agitaba sin control ante esta nueva sensación, era la primera vez que sentía la boca de un hombre allí...y el lo hacía excelente.
—Sabes tan rico… mi Liry —murmuraba entre lamidas.
Ella se corrió dos veces en su boca, tirándole del cabello, temblando. Cuando Jimin se levantó, tenía los labios brillantes y la polla dura marcándose en el pantalón. Se bajó los pantalones y la bóxer. Liry abrió los ojos grandes al verlo.
—Es… grande —susurró.
Jimin sonrió con orgullo pervertido.
—Te va a gustar. Te lo prometo.
Se colocó en su entrada y empujó despacio. Ella soltó un quejido mezcla de dolor y placer. Él se quedó quieto, besándola, acariciándole el pelo.
—Respira, amor… relajate. Estas tan apretada… tan perfecta.
Poco a poco fue entrando completo. Cuando estuvo todo dentro, los dos gimieron.
—Joder… Liry… —gruñó él.
Empezó a moverse. Primero lento, profundo, mirándola a los ojos. Ella le rodeó la cintura con las piernas por instinto y le clavaba las uñas en la espalda.
—Más… por favor… —suplicó ella.
Jimin aceleró, follándola más fuerte, el sonido de piel contra piel llenando el camerino. La agarraba de las caderas, mirándola en el espejo mientras la penetraba.
—Mirá cómo te follo… mirá lo hermosa que te ves con mi polla dentro...
Liry se corrió mirando su propio reflejo, gimiendo el nombre de él. Jimin la siguió poco después, corriéndose profundo dentro de ella con un gemido ronco y largo, abrazándola fuerte contra su pecho. Se quedaron así, sudados, besándose suave, tiernos otra vez.
—Te quiero —susurró Jimin contra su pelo.
—Yo también… mucho —respondió ella en español, haciéndolo sonreír y sonrojarse.
A partir de ahí, se volvieron adictos.
En la sala de ensayo, después de que todos se fueran, Jimin la follaba contra la pared, tapándole la boca para que no gritara mientras le susurraba al oído lo apretada que estaba. En su oficina, la sentaba en el escritorio y le comía el culo por primera vez, preparándola para después follarla por atrás mientras ella gemía y pedía más en esa mezcla de idiomas que lo volvía loco.
—Más duro, oppa… por favor… fóllame más fuerte —decía ella.
Y Jimin obedecía, dándole todo, corriéndose dentro de ella, en su boca, en sus tetas, marcándola. Pero siempre, después de cada polvo salvaje, volvía la ternura. Ella despertaba eso en él, no podía evitarlo, La abrazaba, le besaba la frente, le traía agua, le preguntaba si estaba bien, si quería que le comprara algo rico, si necesitaba dormir un rato en sus brazos.
Liry se enamoró perdidamente. Jimin también.
Una noche, después de una sesión especialmente intensa donde la había hecho correrse cuatro veces seguidas, Jimin la tenía acurrucada contra su pecho en el sofá de su dormitorio privado en la empresa.
—Quiero que seas solo mía —susurró.
—Soy tuya desde la primera botella de agua con limón—respondió ella, sonriendo contra su piel.
Jimin rio bajito y la apretó más fuerte.
—Mi inocente argentina… que me vuelve completamente loco.
Y mientras le acariciaba el pelo, ya estaba pensando en la próxima vez que la iba a poner de rodillas y hacer que le chupe la polla mientras lo mira con esos ojos grandes y llenos de deseo.
Porque su amor era tierno… pero su deseo era insaciable.