CAPÍTULO 1
Capítulo 1:
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La sociedad se encuentra organizada bajo un sistema regulado por leyes estrictas creadas tras siglos de conflictos e irregulares que afectaban a un específico sector de la sociedad.
Dentro de este mundo existen tres géneros secundarios: alfas, betas y omegas.
Los omegas representan un muy pequeño porcentaje de la población, inferior al quince por ciento de la población mundial. Los omegas son considerados un recurso biológico y social valioso por su capacidad reproductiva y su estabilidad genética. Tras años de abusos de poder se estableció un sistema de protección donde se establece que los omegas son libres para escoger a su pareja, que nadie puede reclamarlos, marcarlos o vincularse con ellos sin el consentimiento. Por la sociedad son considerados el futuro y joyas raras que deben proteger por un bien común.
Los alfas representan un treinta por ciento de la población mundial. Suelen estar asociados con trabajos de importancia empresarial y política. Debido a su fuerte inestabilidad e instinto son controlados por medio de prohibiciones para buscar la seguridad de los omegas. Las leyes omega-alfa favorecen la protección de los omegas, en el único caso que un alfa podría tener mayor ventaja legal sería durante el embarazo de un omega.
Los betas son el resto de la población. Pueden desenvolverse con normalidad en la sociedad puesto que no representan ningún peligro para la población omega. Muchos desempeñan trabajos gestionando los sistemas de protección omega.
Dentro de este mundo un omega caminaba en dirección a una clínica privada, en busca de un embarazo con el que tanto soñaba. Su única ilusión era ser un padre omega soltero, gestionar su pequeña librería y criar a su futuro hijo sin mayor problema. Todo sin saber que la vida tenía otros planes para él.
…
Izuku Midoriya, un joven omega de treinta años que regentaba su propia librería, cerró la puerta de su local con una enorme sonrisa. El tintinear de la campanilla resonó en sus oídos, más ligero, como si la vida le estuviese preparando algo maravilloso, y no se equivocaba porque esa mañana había ido al obstetra y se había enterado de que esperaba quintillizos. El pecoso se había sometido, tres meses atrás, a una fecundación in-vitro con un donante beta para por fin cumplir su sueño de ser padre.
—Bien, vamos a la clínica— se dijo.
No tenía una cita formal, solo le habían pedido que acudiera a la clínica por alguna razón que desconocía. Su corazón latía con una gran ilusión, esperaba alguna prueba más o más instrucciones que los médicos debían darle ya que se trataba de un embarazo múltiple.
…
Una hora después, Izuku atravesó la puerta de cristal de la clínica de fertilidad. Iba tranquilo hasta que al entrar noto que algo no iba bien, el ambiente era tenso y los enfermeros que previamente le hablaban con tanta amabilidad le veían nerviosos.
Se acercó a la recepción, lentamente ya que en esta se encontraban dos médicos que hablaban de forma calmada a un hombre que parecía encontrarse fuera de control. Aquel no era cualquier persona, era un alfa.
El alfa parecía medir más de metro noventa, hombros anchos, postura rígida y un rostro completamente furioso. Su voz resonaba por la clínica, fuerte e imponente.
—¡Eso es inaceptable! — reclamó el alfa— Lo deje claro desde el comienzo.
Uno de los médicos, su propio médico, parecía querer clamarlo. Sudaba a chorros mientras movía las manos.
—Señor Bakugou, le aseguramos que estamos inve…
—No me interesa lo que me tengan que decir— lo interrumpió el alfa rubio— yo escogí perfectamente a la madre de mi hijo. Una beta. Una gestación subrogada, regulada y legal. Sabe a la perfección que los omegas están protegidos por la ley.
La ley era dura con respecto a los embarazos omega. No existían madres subrogadas para los alfas, estaba prohibido ya que los embarazos entre alfa y omega necesitaban una constante exposición al aroma de un alfa, lo que en términos legales era complicado ya que esa exposición solo ocurría en matrimonios no en procedimientos donde el único fin era tener un hijo sin una madre.
—Gracias al cielo— habló el médico al ver a Izuku cerca— Señor Midoriya.
Los médicos y un representante legal de la clínica guiaron a ambos a una sala privada. Caminaron en completo silencio, ignorándose el uno al otro.
Ya dentro de la sala el alfa permaneció de pie, apoyado contra la pared mirándolo. No se trataba de una mirada lasciva o agresiva, era algo más como si estuviese evaluando lo, intentando comprender cómo es que ese omega estaba frente a él.
—¿P-por qué está ese alfa aquí? — preguntó el pecoso con un hilo de voz.
El médico, que por todo este tiempo atendió al pecoso, se aclaró la garganta nervioso. Su rostro estaba pálido y parecía querer evitar la mirada con el enorme alfa.
—Vera, ha habido un error en el proceso de fecundación.
—¿Un error? — habló el alfa mientras se cruzaba de brazos— eso es más que un puñetero error.
Izuku miró por un momento al alfa, sin comprender aún porque debía estar en la sala. No parecía un representante legal de protección omega ni hablaba como un abogado de la clínica, era bastante hostil.
El pecoso permaneció sentado con los dedos entrelazados sobre su regazo, como si intentara mantener la calma. La sala blanca que antes le parecía relajante, ahora le asustaba demasiado como si estar encerrado en aquel lugar fuese una mala señal.
Todo seguía en silencio mientras el alfa permanecía viéndolo. Su sola presencia hacía que el aire se volviera denso. El pecoso agradecía que por ley los alfas no pudiesen dejar salir su aroma frente a ellos.
—Vera— empezó a hablar el médico de nuevo— según la ley el único donante posible para usted como omega es un beta.
—Lo sé— asintió el pecoso— es conocido que los alfas tienen prohibido ser donantes. Yo aclare que quería todo desde la legalidad, nada de problemas legales ni vínculos con un alfa.
Eso era lo que el pecoso había firmado y lo que la ley les permitía. Los betas eran los únicos autorizados en esos casos donde el omega quería tener descendencia sin formar un vínculo con un alfa. Así el omega tenía todo el derecho de tener a su hijo sin tener problemas con un alfa que reclamase la paternidad.
—Así debía de haber sido, pero…— el médico trago saliva— hubo un problema, una confusión en el laboratorio. Vera, ese mismo día, el señor Bakugou también vino a la clínica en busca de un proceso distinto. Venía en una gestación subrogada, por supuesto como la ley lo dicta con una madre beta.
El pecoso parpadeo un par de veces, incapaz de comprender que tenía que ver aquel alfa con él.
—¿Qué tiene que ver eso conmigo? — preguntó plenamente confundido.
El médico cerró los ojos un segundo, como si deseara no tener que estar en aquel lugar, Miró después al otro médico, quien temblaba y al representante legal.
—El material genético del señor Bakugou fue utilizado por error en su procedimiento. Lo que quiero decir es que… sus óvulos fueron fecundados con el material genético del alfa aquí presente.
Ante aquella confesión, Izuku tardó un poco en entender bien aquellas palabras. En cuanto su cerebro consiguió procesar por completo lo que acababa de escuchar, negó con la cabeza como si al hacer aquello se solucionará.
—Imposible, yo firme… soy un omega.
Katsuki, quien hasta el momento había permanecido quieto, dio unos pasos al frente. Ante aquello el pecoso, por instinto, se encogió en su asiento.
—Legalmente en este punto la situación es delicada. El error es de la clínica…
—¿Delicado? — preguntó Katsuki con una risa cortada, sin rastro de humor— Ustedes han roto al menos cinco protocolos. Han usado mi material genético sin respetar mi contrato y han involucrado a un omega.
—Señor, solo los hemos llamado para solucionarlo. Para evitar una demanda— habló por fin el representante legal.
—¿Demandar? — repitió Katsuki apretando los puños— Los voy a destruir.
El silencio volvió a adueñarse de la sala, pero esta vez era más denso. No solo era la tensión sino el aroma que el alfa estaba comenzando a soltar de forma involuntaria.
Izuku respiró hondo, sentía como su pecho se apretaba, sus manos temblaban y su voz no salía. Ni siquiera sabía si el alfa sabía cuántos hijos estaba esperando.
El médico notó la preocupación en el rostro del omega, salía que debía dar a conocer toda la información antes de intentar entregar los acuerdos y deslindarse del problema.
—Hay algo más— habló nervioso.
—¿Qué más? — preguntó Katsuki al médico— ¿me va a decir que hay más omegas?
—No, por supuesto, todo el material genético fue utilizado con el omega— continuó tragando saliva mientras Izuku lo veía nervioso— al intentar ser un embarazo con un beta tuvimos que implantar varios… No son ni uno ni dos.
—¿Qué? Sea claro, por favor.
—Es un embarazo múltiple— habló el pecoso por fin, su voz sonó completamente rota— quintillizos.
Las palabras cayeron como un golpe directo en el pecho. El representante legal incluso dejó caer los papeles que llevaba en las manos y el médico de Katsuki quedó completamente pálido, paralizado. Incluso Katsuki, acostumbrado a no mostrar ninguna reacción terminó apoyándose en la mesa.
—¿Cinco? — repitió incrédulo.
Katsuki, un alfa que solo soñaba ser padre sin la necesidad de una pareja ahora se veía envuelto en un lío legal, moral y sobre todo con un omega embarazado de cinco hijos suyos.
Continuará...
Siento la redacción y las faltas ortográficas.