Coronas de sangre y seda

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Summary

Kiyora Asahi y Cassien Zevrin nacieron prometidos... y crecieron intentando matarse. Años después, son obligados a cumplir ese pacto que jamás aceptaron, para unir dos linajes capaces de destruir reinos. Ella es orgullosa, cruel y magnífica. Él, un príncipe hecho para la guerra. Se odian demasiado para fingir amor. Se desean demasiado para ignorarlo. Si nacieron para destruirse, ¿qué ocurrirá cuando decidan luchar juntos?

Genre
Fantasy
Author
Lady
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prologo


Antes del altar

Mucho antes de la boda, ya sabían herirse.

No con la intimidad precisa de quienes se conocen bien.

No con la paciencia de los viejos amantes.

No con la misericordia.

Se herían como se desafían dos incendios.

El matrimonio entre ellos había sido pactado antes de que nacieran.

Dos casas antiguas. Dos linajes demasiado poderosos. Una alianza escrita con firmas que ninguno había dado.

Durante años, sin embargo, nadie se atrevió a cumplirla.

Por una razón muy simple:

Cada vez que los dejaban cerca, intentaban matarse.

A los ocho

El joven noble aguardaba al borde del gran salón, acompañado por un guardia de su nación. Vestía de ceremonia, con una banda azul cruzándole el pecho y la arrogancia intacta.

Entonces la vio acercarse, pequeña, erguida. Envuelta en seda.

—Esa es su prometida, mi señor. —murmuró el guardia a su lado.

— Es bastante menos... imponente de lo que pensé— respondió al tenerla al frente. La niña sonrió y fue lo único amable que hizo.

El dolor en su mano derecha llegó rápido. Bajó la mirada y un tenedor de plata le atravesaba, uniéndole la mano a la banda que sostenía.

—¿Eso es lo suficientemente imponente?

A los once

Nueve

Nueve minutos de soledad bastaron para que media servidumbre corriera a los jardines, mientras que los herederos intentaban ahogarse mutuamente en un estanque sagrado.

El tenía ambas manos en los hombros de Kiyora, tratando de mantenerla debajo del agua, ella le tiraba del cabello con una mano y con la otra le presionaba la garganta.

Ninguno gritaba, nadie pedía ayuda. Solo apretaban los labios y expulsaban furia por los ojos. Dos salvajes intentando acabar con el otro.

—¡Muere, bruja!

—Te arrastraré conmigo.

A los catorce

Nadie encontraba a los herederos, por separado eso no era bueno. Sabiendo que estaban en el mismo castillo: desastre inminente.

Una sirvienta los encontró al fondo de un pasillo. Sangre, demasiada. Cassien le lanzaba puñetazos a Kiyora y ella se defendía con la mitad de su abanico.

—¿Y ahora quién ganó? — preguntó el heredero Zevrin alcanzando la otra mitad del abanico. Tenía una flecha en el brazo pero no la sentía.

Kiyora sonrió con los dientes llenos de sangre y le escupió los ojos.

Eso le dio ventaja. Ahora ella estaba arriba y el no se había logrado limpiar los ojos, eso no evitó que atacara y le clavó a Kiyora el abanico en el hombro.

Cinco guardias hicieron falta para separarlos. Las ropas rotas, heridas que dejarían marca y un charco de sangre en donde estaban peleando.

—¡Te odio!

—¡Bruja!

A los diecisiete

Los nobles agradecían que nada había salido mal en la pelea, espadas de madera y fuego parecía una mala idea pero todo iba bien. Hasta que alguien se distrajo.

Cassien estaba en medio, esperando a su contrincante. En cambio recibió a su prometida. Retándolo con espada en mano. El atacó primero, ella bloqueó.

Había tanta fuerza por parte de ambos que la madera se empezó a astillar, Kiyora retrocedió y calló. El público jadeó. Le lanzó tierra a la cara que le permitió barrerle los pies y hacerlo caer.

Por suerte Cassien fue más rápido y esquivó el golpe que iba a su cara. Lanzó una antorcha. La ropa de Kiyora se incendió, aún así no dejó de atacar. La capa de cassien siguió. Aún así seguían atacándose mientras que los guardias lanzaban agua a las cortinas y manteles intentando mitigar el fuego.

Y por primera vez empezó a ser opción anular el compromiso.