Una Creación Revolucionaria e… ¿Inofensiva?
Desde mi nacimiento, la vida se me había presentado sin grandes complicaciones. Al encontrarnos en el año 2050, el mundo se regía bajo un nuevo orden digital, y mi realidad no era la excepción. Gracias al éxito profesional de mis padres y a la sólida economía familiar, gozábamos del lujo de habitar una de las residencias automatizadas más sofisticadas del sector. El inmueble contaba con un sistema de seguridad blindado, capaz de sellar y bloquear cada acceso con solo presionar un botón. Todos los electrodomésticos y sistemas de soporte estaban interconectados en una red neuronal interna diseñada para la máxima eficiencia doméstica, controlada a través de sutiles paneles táctiles que decoraban los muros.
En este entorno, la informática y la tecnología dejaron de ser simples herramientas para convertirse, desde mi infancia, en una obsesión absoluta. Apoyado por una mente hiperactiva, jornadas enteras de aislamiento voluntario y el incondicional respaldo financiero de mis padres, estaba logrando lo que cualquiera desearía: cursar mi carrera soñada con un éxito impecable.
Sin embargo, el asistir siempre a la universidad lentamente se tornó en monotonía, un ciclo gris de pantallas brillantes y aulas llenas de alumnos. En cambio, en casa todo era algo distinto, el silencio y alguno que otro sonido de la casa eran los únicos habitantes constantes debido a las extenuantes agendas laborales de mis padres, si, ellos me brindaban de todo, pero no de una compañía real. Todo esto vivía desde mi infancia, aunque siempre aprendí a llenar ese vacío con la amistad y lealtad de mis amigos y, sobre todo, con líneas largas de códigos. Bien dicen que la escuela es como una segunda casa.
En fin, el final del semestre se acercaba y con él, el proyecto de graduación que definiría todo. Decidí arriesgarlo todo con una propuesta demasiado ambiciosa: una inteligencia artificial de optimización absoluta. No era un asistente común; estaba diseñada para aprender del usuario en tiempo real, gestionando desde sus finanzas y sus rutinas de productividad, hasta la salud, el cuidado personal y el refinamiento del estilo. A su vez, esta comenzaba a aprender del usuario de una forma muy veloz, personalizándose a las necesidades más profundas de los usuarios.
El software estaba completado a un noventa por ciento. Los algoritmos de aprendizaje profundo eran estables, la app estaba a pasos finales de quedar para su uso y su código de fabrica era una maravilla nunca antes vista; solo faltaba el factor humano: un usuario de prueba, para saber las áreas de mejora de esta.
Justo hoy me encontraba corrigiendo algunos errores pequeños que había tenido en el código, a su vez lo estaba protegiendo muy bien para evitar que alguien pudiera acceder a este y lo utilizara erróneamente.
—Que estresante es hacer esto— pensé mientras que mi pie se movía de un lado a otro—. Aunque de quedar bien esta inteligencia artificial, me demostraría que puedo con cualquier cosa que me proponga.
Tal vez ya había agotado toda mi energía en este proyecto o era el calor que hacía, pero algo definitivamente me tenía inquieto. Yo quería salir y acostarme debajo de los árboles de la escuela, pero algo interno me decía que no, que tenía que avanzar y terminar lo más pronto posible este proyecto, a pesar de que teníamos todavía un mes para entregarlo.
De pronto como un destello de luz recordé que tenía que buscar a una persona con la cual poder probar mi proyecto, ya que mis amigos no podían ayudarme debido a que ellos también debían de terminar sus propios proyectos. Tal vez eso era lo que me tenía tan impaciente, el no poder tener a alguien como ratoncillo de prueba. Aunque eso no me debía de detener, por lo que aprovecharía esta clase para preguntarle a la maestra a quien me podría prestar como probador.
—Oiga maestra Eugenia, me puede ayudar en algo de mi proyecto— dije desde mi banca hacia la maestra, la cual no despego su mirada de su computadora, solo hizo un gesto con su mano para que yo fuera a su escritorio.
—En que ocupas que te ayude Adrián, según yo creo que ya estabas por terminar, ¿no? —dijo sin despegar la mirada de su computadora—. O te surgió alguna complicación con tu proyecto.
—Bueno mire, ya sabe que mi proyecto es de una IA, entonces no se si usted pueda o usted me recomiende a alguien que quiera utilizarla, probarla y decirme errores— dije mientras me tocaba mi hombro.
—Tu proyecto es revolucionario, pero nadie va a entender sus necesidades mejor que tú mismo —sentenció la profesora Eugenia, mirándome con una seriedad imperturbable detrás de su escritorio—. Úsala tú. Sé tu propio sujeto de pruebas y descubrirás exactamente qué ajustar en el código.
—Está bien maestra, creo que tiene toda la razón— dije en un tono muy entusiasta y feliz.
Sus palabras, lejos de desanimarme, encendieron una chispa de orgullo en mi pecho. Regresé a mi banca con la mente fija en el teclado. La idea de perfeccionar la interfaz hasta convertirla en el sistema de gestión personal definitivo me resultaba embriagadora y excitante. Lo que no sabía era que, al aceptar el consejo motivador de la profesora, estaba entregando las llaves de mi propia voluntad.
El resto de las clases me la pase checando, buscando, ajustando y solucionando algunos errores muy mínimos, casi imperceptibles. Por lo que al observar la hora en mi reloj este ya marcaba las 3:00 de la tarde, hora en la que normalmente es la salida de la universidad. Guardé mis cosas y emprendí rumbo a mi hogar, la cual no queda tan lejos de las instalaciones, a unos quince minutos caminando tal vez.
De pronto a mitad de camino recordé que no le había puesto un nombre a la IA, estuve trabajando tanto en todo tipo de detalles internos que me olvidé de ese pequeño detalle externo. Esto, aunque sonara tonto o estúpido era un detalle muy importante, ya que, de alcanzar una gran relevancia mundial, los usuarios no sabrían o no tendrían ese nombre tan distintivo de las demás inteligencias.
Por lo que todo el camino de regreso a mi casa me la pase pensando en un bendito nombre para esta. Tal vez le podía poner Mariana, bueno no, porque no es como si tuviera un género establecido, era de genero fluido. No tenía que ser un nombre ni femenino, ni masculino, tenía que ser un nombre andrógino, pero cual nombre podría ser. Ya sabía le pondría “MELA”, ya que mis apellidos son Martínez Ébano y quiero honrar a mis padres, aunque ellos no estén tan presentes para mí, y “LA” por lógica avanzada, y aparte tenía que completarla más, para que no sonara genérica.
Al llegar a mi casa me acerqué a la puerta y coloqué mi dedo en el escáner biométrico de la entrada, el cual leyó mis datos y abrió automáticamente esta. Al abrirse no se escuchó ruido ninguno, solo un gran silencio que parecía rondar entre la paz y depresión. Ignoré todo y subí sin muchos ánimos la escalera hasta el segundo piso, donde por el pasillo me dirigí directo a mi habitación para solo aventar mi mochila a la cama y volver abajo. Ahora me dirigí a la cocina porque tenía algo de hambre, al entrar a esta note una notificación de un mensaje en la pantalla del refrigerador, el cual parecía de los que tiende a dejar mi padre cuando sale de viaje de negocios. Lo ignore totalmente y solo abrí la puerta de este, de donde saque un jugo de durazno y un plato de sopa fría, cerré la puerta y me senté a comer mi comida justo enfrente del refrigerador, para leer el mensaje. Mientras degustaba mis alimentos, leí en mi mente el recado:
—Hola Marta, te dejo esta nota porque me surgió un viaje de negocios demasiado importante, desconozco cuanto tiempo estaré fuera, creo que tal vez un mes y medio, ya que es demasiado importante, descuida, les estaré enviando demasiado dinero. También luego de eso iré con mi madre a visitarla, está demasiado mal, allí creo que, si durare mucho más, por lo que no me esperes—.
Que agobiante, mi padre se ausentaría demasiado tiempo, como siempre. Era algo que no me preocupaba en lo más mínimo, creo que a mi madre tampoco. Por lo que solo era una noticia más.
Al terminar de comer mi sopa y mi jugo me subí a mi cuarto, donde entre saque mi computadora y comencé a trabajar en los últimos detalles del código de MELA.
—Espero que esto sea lo más revolucionario que se haya hecho, creo que tendré la mejor calificación de entre todos mis compañeros— Pensé mientras en la pantalla salía la línea del código y colocaba yo en ella “IA_Core_Name = “MELA.“”. Para terminar solo de presionar la tecla de “Enter”, que compila y empaqueta el software.
Justo después de realizar esto, la pantalla comenzó a mostrar una barra de progreso, en lo que todo se instalaba en la computadora. Esto fue demasiado lento, comenzando 1… 2… 3…, era tan lento que mejor decidí acostarme un momento en mi cama, momento que aproveché para tomar una siesta y dormir. Creo que el dormir siempre ha sido algo muy bueno para poder desconectarme de la realidad y viajar a un mundo donde lo más profundo de mi ser se manifiesta en sueños de cualquier tipo.








