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¿Será Amor? JinxAmo

Summary

>>>>>Amo es un joven solitario que no disfruta de las multitudes, pero en medio de ella encontrará a la persona que hará latir su corazón<<<<< *Jin x Amo *World Trigger *ChicoxChico *AU Dada la escasez de historias sobre esta pareja, he considerado oportuno contribuir con una...

Status
Complete
Chapters
1
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n/a
Age Rating
16+

Chapter 1

El viento soplaba con una suavidad que contrastaba con la tormenta interna de Tsukihiko Amo. Allí, bajo la protección de las ramas de un gran árbol, el mundo parecía estar en silencio, lejos de las risas burlonas y los empujones en los pasillos que tanto lo agotaban.

Sus dedos rozaban el césped de manera distraída mientras sus ojos negros vagaban por el horizonte. Sin embargo, ese día el aire se sentía diferente, había una chispa de electricidad en la atmósfera, un preludio de que el guión de su "insignificante" vida estaba a punto de cambiar.

Mientras Tsukihiko suspiraba, cerrando los ojos para intentar fundirse con la sombra del árbol, cuando ocurre algo inesperado, un sonido de pasos ligeros sobre las hojas secas llama su atención.

Al abrir los ojos, la luz del sol fue bloqueada por una figura que reconocía muy bien. No llevaba el uniforme de la escuela y su mirada no destilaba el veneno habitual de sus acosadores.


—¿Qué haces aquí? —pregunta Amo sin dejar de mover sus dedos sobre el césped.

—¿Estás bien? —Jin decide preguntar mientras se agacha en cuclillas para quedar a su altura, en sus manos sostiene su habitual bolsa de galletas de arroz.

—No —contesta cortante.

—Si tu lo dices —guarda silencio—, ¿Quieres? —le ofrece de sus galletas.


Jin ladea la cabeza, manteniendo esa sonrisa ligera que siempre lleva, aunque sus ojos muestran una chispa de genuina curiosidad. No esperaba que un simple gesto de amabilidad provocara una reacción de huida en Amo que hasta lo hizo levantarse.


—¡Eh, tranquilo! —dijo Jin, levantando las manos de forma relajada, aún sosteniendo la bolsa de galletas de arroz—. No hay trucos ocultos aquí, de verdad. Solo son galletas... y están bastante buenas, te lo prometo.


El chico da un paso atrás, apretando los puños. En su mente, el exceso de amabilidad de Jin parecía demasiado perfecto para ser real. Estaba acostumbrado a que, cuando alguien se acercaba tanto, solía haber una broma pesada al final.


—¿Por qué a mí? —preguntó el chico con un hilo de voz, sin dejar de mirar la bolsa extendida de Jin.


Jin se encogió de hombros con naturalidad, dio un mordisco ruidoso a una galleta y luego señaló el espacio vacío a su lado.


—Porque te veías como alguien que necesitaba un descanso... y porque es aburrido comer solo —Jin le guiñó un ojo—. Si fuera una trampa, me habría esforzado más que con unas simples galletas, ¿No crees? —guarda silencio un momento—, si te incomode me disculpo no fue esa mi intención, me iré enseguida.


Se pone de pie, se despide con un movimiento de mano y emprende camino.

Pasaron los días y el árbol se convirtió en el refugio seguro de Amo. Desde la sombra, observaba la rutina de Jin, siempre rodeado de gente, siempre riendo, y siempre con su inseparable bolsa de galletas de arroz. Amo pensó en algún momento que Jin era como el sol, todos querían estar cerca de su luz.

Sin embargo, Jin no era tan despistado como parecía. Aunque estaba rodeado de compañeros, su mirada solía escaparse de reojo hacía la sombra del árbol. Sabía que Amo estaba ahí.

Una tarde, mientras Amo mostraba una pequeña sonrisa al ver a Jin intentar hacer un truco y fallar cómicamente, escuchó una voz demasiado cerca.


—¿Sabes? Dicen que si te ríes solo tres veces bajo este árbol, tienes que compartir el secreto del chiste.


Amo se sobresaltó. Jin no estaba con su grupo. Se había alejado de la multitud y caminaba hacia él con paso relajado, balanceando una bolsa de sus adoradas galletas.


—Te he visto aquí todos los días —dijo Jin, deteniéndose a una distancia respetuosa, esta vez sin invadir su espacio—. No me has dicho tu nombre, pero me debes una respuesta ¿Son mis chistes malos o mis caídas lo que te da risa?


El corazón de Amo comenzó a latir con fuerza. La cercanía de Jin era abrumadora, no era solo su presencia, sino esa energía brillante que parecía iluminar hasta la sombra del árbol.

Amo baja la mirada, jugueteando con el dobladillo de su chaqueta, sintiendo cómo el calor le subía por el cuello hasta las orejas.


—Me... me llamo Amo Tsukihiko —logró decir, casi en un susurro. Su voz sonó un poco quebrada por los nervios, lo que lo hizo sentirse aún más expuesto.

—Lindo nombre, entonces... ¿vas a responderme, Amo?


Amo trata de buscar una respuesta para la pregunta de Jin, pero su mente se quedó en blanco por un segundo. La imagen de Jin jugando con unas pelotas y tropezando con ellas seguía fresca en su memoria.


—No eran los chistes... —dice Amo, ganando un mínimo de valor pero sin levantar la vista del todo—. Es que... pareces disfrutar mucho de cosas muy simples. Es gracioso, pero de una manera... buena.


Jin soltó una carcajada limpia, nada de burlas, solo alegría pura. Se sentó en el césped, a un metro de distancia para no agobiarlo, y abrió su bolsa de galletas.


—Tienes razón. La vida es mejor cuando las galletas crujen, ¿no crees? —para probar su punto muerde una.


Jin extiende la bolsa hacía él, manteniendo el brazo firme y relajado.


—Venga, Amo. Sé que me has estado vigilando desde aquí. Esta es la "galleta de la tregua". Si la aceptas, prometo no hacer algo torpe en los próximos diez minutos.


Amo miró la mano de Jin y luego la bolsa. Sus dedos temblaron un poco cuando finalmente estiró el brazo para tomar una y dar un mordisco. Ambos se quedaron en silencio dejando el tiempo pasar.

Unas semanas después mientras termina de comer. Amo siente como se acercan a donde se encuentra.

El ambiente cambió de golpe. La calma que Amo había logrado construir en su rincón bajo el árbol se evapora y es reemplazada por esa fría sensación en el estómago que conocía tan bien.

Mira a los tres individuos que se posan frente a él, no eran como Jin. Sus sonrisas no llegaban a sus ojos, eran sonrisas de superioridad, de las que preceden a un comentario hiriente o a una "broma" pesada. Amo trato de cerrar su envase de comida con manos temblorosas, sintiendo que el aire se volvía pesado.


—Vaya, miren quién es —dijo el chico que iba al frente, con un tono de voz falsamente amistoso—. El "protegido" de Jin. Te hemos visto muy cómodo por aquí estas semanas, Amo.


La chica del grupo soltó una risita burlona mientras se cruzaba de brazos.


—¿De verdad crees que alguien como Jin se interesa en ti por amistad? Solo eres su nuevo proyecto de caridad. Él es así, le gusta sentir que ayuda a los "casos perdidos como tú".


Amo sintió que la sangre se le congelaba. Era exactamente lo que su mente le había susurrado desde el principio, pero escucharlo en voz alta dolía mucho más. Se puso de pie rápidamente, con la intención de irse sin decir nada, pero el segundo chico le bloqueó el paso con una zancadilla que casi lo hace caer.


—¿A dónde vas tan rápido? Aún no nos has contado qué le diste a Jin para que pierda su tiempo contigo en lugar de estar con nosotros.


Uno de los chicos le quito el envase de su comida y abriéndolo lo tira sobre su cabeza. La humillación fue pública y cruel. El silencio que siguió al estallido de las risas fue ensordecedor para Amo.

Sentía el resto de su comida resbalando por su cabello y su ropa, una sensación pegajosa que no era nada comparada con el ardor de la vergüenza en su pecho.

Los alumnos alrededor empezaron a murmurar, algunos con lástima y otros con esa curiosidad morbosa que surge ante un conflicto. Pero Amo, a pesar de que sus ojos ardían, apretó los dientes con una fuerza que hizo que le doliera la mandíbula. No les daría el placer de verlo quebrarse.

Jin, que estaba a unos metros, sintió un vuelco en el estómago. La ira, una emoción que rara vez lo dominaba, subió por su garganta como un fuego frío. Ver a Amo allí, tan pequeño y digno a pesar de estar cubierto de restos de comida, le dolió más de lo que esperaba.

Jin caminó hacia el centro del círculo. Ya no era el chico alegre, una sombra de molestia se ve en su rostro. Su presencia ahora imponía un respeto que hizo que las risas de los tres agresores se cortaran en seco.


—¿Creen que eso fue gracioso? —preguntó Jin. Su voz no era un grito, era algo mucho peor, un tono bajo, decepcionado y cortante.


Los tres chicos retrocedieron un paso. El líder intentó recuperar su postura.


—Vamos Jin, solo es una broma... No sé por qué pierdes el tiempo con este raro...


Jin ni siquiera lo miró. Se detuvo frente a Amo. Ignorando a todos los demás, sacó un pañuelo limpio de su bolsillo y, con una suavidad que contrastaba totalmente con la tensión del ambiente, comenzó a limpiar un poco del desastre en el hombro de Amo.


— Lo siento, Amo —le susurró Jin, lo suficientemente alto para que los otros escucharan—. Siento que tengas que aguantar a gente que no tiene nada mejor que hacer con su vida que molestar a los que son mejores que ellos.


Jin se aleja de Amo y recoge el envase de comida. El impacto de una bofetada resonó en el aire, dejando un silencio gélido tras de sí. La mejilla de Amo ardía, pero el dolor físico no era nada comparado con el veneno de las palabras de la chica. Ese grito "¡Nadie te quiere aquí!" era el eco de todos los miedos que Amo había guardado en su pecho durante años.

Las lágrimas, que tanto se había esforzado por contener, finalmente desbordaron. Sin decir una palabra, Amo se echó a correr. Sus pies golpeaban el suelo con desesperación, buscando cualquier lugar donde pudiera desaparecer, donde el mundo dejara de mirarlo.

Jin tardo minutos en reaccionar, cuando lo hizo se levantó dirigió una fría mirada a la chica. Una amenaza implícita de no volverse a acercar al chico o le iría muy mal.

Amo corrió más allá de los pasillos, evitando las miradas de otros estudiantes, hasta llegar a la parte trasera del gimnasio, un lugar solitario.

Se dejó caer contra la pared, sollozando con fuerza, tratando de limpiarse la cara con las mangas de su chaqueta, pero solo lograba ensuciarse más con los restos de comida.

De repente, escuchó unos pasos rápidos que se detenían.


—¡Amo! ¡Espera!


Era Jin. Había corrido tras él, dejando atrás a los agresores y a la multitud. Estaba agitado, con la respiración entrecortada y una expresión de angustia que nunca antes había mostrado. Al ver a Amo encogido en el suelo, Jin sintió una punzada de dolor en el pecho.

Jin no se acercó demasiado esta vez, se quedó a un par de metros, bajando su postura para estar a su nivel.


—Amo... mírame, por favor —dijo Jin con una voz suave—. Lo que ella dijo... es mentira. Es una mentira horrible de alguien que no sabe lo que dice.


Amo negó con la cabeza, ocultando su rostro entre sus rodillas.


—¡Es verdad! —gritó Amo entre sollozos—. Tú solo me hablas por lástima... ¡Todos me odian! ¡Tenía razón, soy un estúpido por pensar que alguien como tú querría ser mi amigo!


Jin se quedó helado por un segundo. Lentamente, se sentó en el suelo frío, justo frente a él.


—No es lástima, Amo —dijo Jin con total honestidad—. Te busco cada día porque eres la única persona en este lugar que no intenta impresionarme. Eres auténtico, y eso me gusta. Si fuera lástima, me habría ido hace dos semanas cuando me rechazaste. Me quedé porque quería conocerte. Y no me voy a ir ahora solo porque unos idiotas no saben ver lo que yo veo.


Amo levantó un poco la cabeza, sus ojos estaban rojos y nublados, pero vio a Jin ahí sentado, dispuesto a quedarse en el suelo sucio con él todo el tiempo que fuera necesario.

Ve como Jin se acerta y se acomoda a su lado, pasa un brazo por su hombro y deja un suave beso en su cabello. El gesto fue como un bálsamo cálido sobre una herida abierta.

Al sentir el beso y escuchar esas palabras tan cargadas de vulnerabilidad, el llanto de Amo se detuvo, transformándose en un hipo suave.

Amo levantó la vista, encontrándose con la sonrisa de Jin. No era la sonrisa radiante y despreocupada que le daba a todo el mundo, esta era una sonrisa más pequeña, más íntima llena de una ternura que Amo nunca había experimentado. Jin lo ayudó a ponerse en pie.


—Ven, vamos a limpiarte un poco. Conozco un lugar donde hay agua y nadie nos molestará. Y después... terminaremos nuestra merienda como se debe. ¿Te parece?


Amo asintió, sintiendo que, por primera vez, el nudo en su pecho se había desatado por completo. Ya no se sentía el "raro" de la escuela, se sentía alguien importante para la persona que había empezado a admirar sin siquiera saberlo.


—Lamento si te incomoda lo que haré —dijo Jin dejando confundido a Tsukihiko.

—¿De qué ha..? —no pudo terminar la frase ya que él ojiazul lo beso tiernamente en los labios.


Jin cerró los ojos con fuerza, dejando que ese beso fuera su verdadera confesión. Sabía que no había vuelta atrás, que cruzar esa línea lo cambiaba todo, pero la necesidad de sentir a Amo era más fuerte que su arrepentimiento.

Fue un roce ligero, casi temeroso, impregnado de una melancolía que Amo pudo saborear al instante.


—Lamento si te incomode con él beso, pero quería hacerlo porque me gustas, me gustas mucho Amo, no se como fue que me gustaste sin siquiera hablar contigo, tal vez fue el llamado amor a primera vista —dijo riendo por su ocurrencia, viendo al chico a sus ojos.


La confesión de Jin era muy vulnerable y dulce, especialmente ese toque de honestidad al admitir que ni siquiera entiende cómo pasó, pero que simplemente sucedió. "Reírse de su propia ocurrencia" ayuda a romper un poco la tensión del beso, haciéndolo sentir más real y humano.

Tsukihiko sintió que el rostro le ardía, pasando de un rosa pálido a un rojo intenso en segundos. Bajó la mirada, incapaz de sostenerle el brillo en los ojos a Jin, mientras jugueteaba con el borde de su manga.


—No me... no me incomodaste —susurró apenas audible—. Es solo que no esperaba que alguien como tú se fijara en mí de esa manera. Menos así, de repente.


El mundo de Amo empezó a dar vueltas. Lo que sucedio bajo el árbol, el beso, la confesión y esa palabra "Amor", golpearon sus sentidos con demasiada fuerza. El aire empezó a faltarle, y cada intento por inhalar se convertía en un silbido corto y errático que escapaba de sus pulmones.

Jin, que hace un segundo reía con ternura, palideció al notar cómo el brillo en los ojos de Tsukihiko se perdía tras una bruma de pánico.


—¿Amo? ¡Oye, mírame! —exclamó Jin, con la voz cargada de una preocupación genuina.


Al ver que el chico no lograba estabilizarse y que sus rodillas amenazaban con fallar, Jin no lo pensó dos veces. Deslizó un brazo por debajo de sus rodillas y otro por su espalda, levantándolo en un movimiento fluido. La fragilidad de Amo contra su pecho hizo que el corazón de Jin diera un vuelco.


—Resiste, por favor... —susurró Jin mientras echaba a correr por los pasillos, ignorando las miradas de los demás estudiantes.


Cada zancada de Jin por el pasillo resonaba como un martillazo en su propia conciencia. El cuerpo de Amo se sentía tan liviano y, al mismo tiempo, tan frágil entre sus brazos, que el miedo empezó a transformarse en algo más.

"¿En qué estaba pensando?", se maldijo internamente, apretando el agarre sin querer lastimarlo. La imagen de la sorpresa en los ojos de Tsukihiko, que en un principio le pareció tierna, ahora se repetía en su mente como una señal de advertencia que decidió ignorar.

Se sentía un invasor. Había tomado un momento que debía ser especial y lo había convertido en una pesadilla para la persona que más le importaba.

La culpa lo golpeaba con preguntas crueles ¿Y si tiene un trauma que no conozco? ¿Y si mi cercanía le provoca asco o terror? ¿Y si me odia?


—Soy un imbécil —gruñó entre dientes, sintiendo que el aire también le faltaba a él, pero por la angustia.


Miró el rostro pálido de Tsukihiko y una punzada de dolor le atravesó el pecho. Él quería ser el refugio del chico, no la causa de su colapso. Se juró a sí mismo que, si Amo se recuperaba y decidía no volver a hablarle nunca más, lo aceptaría. Porque en ese momento, ver su respiración agitada le dolía mucho más que la posibilidad de un rechazo. Su egoísmo de querer besarlo le parecía ahora imperdonable.

Al llegar a la enfermería, lo recostó con cuidado en la camilla. La doctora comenzó la revisión mientras intentaba calmarlo con voz suave.


—Fue un ataque de ansiedad —dictamino finalmente.


Una vez terminado el chequeo, la mujer le informó a Jin que el joven por fin se había dormido. Él se acercó lentamente, tomó su mano entre las suyas y depositó un beso tierno en su frente. Con una última sonrisa teñida de tristeza, Jin dio media vuelta y salió en silencio de la enfermería

Se alejó de la enfermería a pasos rápidos, casi huyendo. Al entrar al salón, tomó su mochila con un movimiento brusco y salió de allí sin mirar a nadie, el día había sido demasiado largo y su paciencia se había agotado.

El trayecto a casa fue una mezcla de tristeza y rabia contenida. Al cruzar la puerta de su habitación, la tensión estalló, arrojó la mochila contra la pared y comenzó a despojarse de la ropa con movimientos erráticos, lanzándola a una esquina como si quisiera deshacerse de todo lo que había vivido ese día.

Finalmente, desnudo y con la mandíbula apretada, se encerró en el baño, buscando en el agua el alivio que su mente no podía encontrar.

Sumergido en la tina, el calor del agua comenzó a aflojar los nudos de sus músculos, aunque su mente seguía enredada. ¿Qué se suponía que debía hacer ahora, después de esa confesión?

La pregunta le quemaba más que el agua misma. Era una frustración sorda, de esas que no te dejan gritar, pero te roban el aire. Soltó un suspiro largo, tratando de vaciar sus pulmones de toda la ansiedad del día. Apoyó la cabeza en el borde, cerró los ojos y dejó que el vapor empañara sus pensamientos.

Poco a poco, el ruido del mundo y el peso de sus problemas se fueron distanciando, hasta que el silencio de la casa y el arrullo del agua lo vencieron, dejándolo sumido en un sueño profundo y pesado.

El silencio de la enfermería fue lo primero que lo recibió. Amo abrió los ojos lentamente, parpadeando contra la luz tenue del lugar. Se sintió pesado, como si trajera mucha carga sobre sus hombros.

Con un esfuerzo lento, se incorporó sobre la cama, el roce de las sábanas blancas contra su piel le hicieron comprender donde estaba. Se sentó en el borde de la camilla, con la mirada perdida en algún punto del suelo, tratando de reconstruir los fragmentos de lo ocurrido.

El eco del ataque de ansiedad aún vibraba en su pecho, pero había algo más... un rastro de calidez en su mano y una sensación extraña en la frente, como el fantasma de un beso.

Miró a su alrededor buscando a Jin, pero solo encontró la habitación vacía y la puerta cerrada. Estaba solo con sus pensamientos y el peso de las palabras que ya no se podían retirar.

En ese momento, el sonido de la puerta deslizándose lo hizo sobresaltarse. La doctora entró con una carpeta en la mano y una expresión tranquila.


—Veo que ya despertaste —dijo ella, acercándose para revisar sus signos vitales—. ¿Cómo te sientes joven Tsukihiko? El mareo debería haber desaparecido por completo.

—Estoy... bien —respondió él con voz ronca—. Doctora, ¿Jin? Él fue quien me trajo, ¿verdad?


La doctora suspiró levemente mientras anotaba algo en su reporte.


—Si, se fue hace poco. Se quedó contigo hasta que te termine de revisarte, parecía... muy afectado. Me pidió que te cuidara antes de marcharse.


La confirmación de que Jin estuvo allí, cuidándolo a pesar de lo que paso hizo que su corazon se sintiera cálido, debía hablar con él. Pero sabía que Jin no se habría ido así de rápido si las cosas estuvieran bien entre ellos.

Cuando la doctora le dijo que podía irse Amo empezó a caminar por los pasillos casi vacíos de la escuela, con la mochila al hombro y el corazón latiendo con una nueva energía. La idea de darle su respuesta a Jin le devolvía el aire, por un segundo, se permitió esa pequeña sonrisa, imaginando el alivio en el rostro del otro.

Pero entonces, un escalofríos le recorrió la espalda. Se detuvo en seco, justo antes de cruzar la salida. ¿Y si cree que lo rechacé?, pensó asustado. El hecho de que Jin se hubiera ido de la enfermería cobró un significado aterrador.

Sus manos empezaron a temblar mientras buscaba febrilmente en su teléfono el número que Jin solo para darse cuenta de la cruel realidad, no tenía su número, no estaban conectados en redes, ni siquiera sabía donde vivía.


—No, no, no... esto no puede estar pasando —murmuró para sí mismo, negando con tanta fuerza que el mundo le dio una vuelta violenta.


El mareo lo obligó a sostenerse de una columna. El miedo, mucho más real que el del ataque de ansiedad, lo invadió por completo. Jin estaba en algún lugar de la ciudad, probablemente hundiéndose en la tristeza, y Amo no tenía forma de llegar a él. Estaba atrapado en un silencio que él mismo no sabía cómo romper.

Empieza a caminar con dirección a su casa tratando de despejar su mente decide desviarse a un parque cercano.

Donde a lo lejos logra visualizar a Jin, Amo corre como si la vida se le fuera en ello, ignorando el rastro de mareo que aún persistía en su cabeza. No se detiene ni aunque su cuerpo se lo exija. Cuando llega Jin estaba allí, sentado con la mirada perdida, envuelto en un aura de melancolía que lo hacía parecer más lejano que nunca.


—¡Jin! —exclama Amo, con la voz entrecortada por el esfuerzo y los nervios.


El ojiazul dio un respingo, saliendo abruptamente de su ensimismamiento. Levantó la vista y sus ojos se abrieron de par en par al ver a Amo allí, despeinado y sin aliento. Por un segundo, la alegría cruzó el rostro de Jin, pero rápidamente fue reemplazada por una máscara de duda.


—Amo... ¿Qué haces aquí? —preguntó Jin en un susurro—. Deberías estar descansando...

—No me importa —lo interrumpió Amo, dando un paso más hacía él, tratando de estabilizar su respiración—. Me asusté... pensé que no te volvería a ver hoy.

—¿Por que?

—Debemos hablar —dice Amo.

—¿De que quieres hablar? — suelta el ojiazul sonriendo levemente.

—Sobre lo que dijiste en la escuela… —

—Olvidalo —Jin se pone de pie y se aleja.

—¡Tu también me gustas Jin, mucho! — dice Amo mostrando una sonrisa.


El tiempo pareció detenerse en el parque. Las palabras de Amo quedaron flotando en el aire, vibrando entre los dos con una claridad que ninguno de los dos esperaba. Jin se quedó petrificado, con los ojos muy abiertos y la boca ligeramente entreabierta, el mundo a su alrededor el viento, los juegos, el ruido de los autos a lo lejos, simplemente desapareció.


—¿Qué...? —alcanzó a decir Jin, con la voz quebrada. Sus manos empezaron a temblar—. ¿Lo dices en serio, Amo? No estás... no estás diciendo esto solo porque me viste triste, ¿verdad?


Amo dio un paso más, acortando la distancia que los separaba. Su corazón todavía iba a mil por hora, pero ya no era por la carrera, sino por la adrenalina de haberlo confesado todo.


—Lo digo en serio —reafirma Amo, sosteniéndole la mirada con una determinación que no había tenido en toda la vida—. Me gustas tanto que casi me vuelvo loco buscando cómo encontrarte cuando desperté y vi que no estabas. Pensé que te había perdido por mi culpa.


El impacto de las palabras de Amo fue como un interruptor que encendió todo en el interior de Jin. Sin poder contenerse un segundo más, Jin se acerco fundiendolo en un gran abrazo, lo apreto contra su cuerpo sin dejar un espacio entre ellos. Se olvidó de todo lo que no fuera el chico que tenía enfrente

Amo escondió el rostro en el cuello de Jin, respirando su aroma, sintiendo cómo la ansiedad que lo había perseguido todo el día finalmente se disolvía.


— Pensé... realmente pensé que te había perdido —susurró Jin contra su oído, con la voz temblorosa.


Se separaron apenas unos centímetros, lo justo para que sus miradas se cruzaran. Jin buscó en los ojos de Amo cualquier rastro de duda, pero solo encontró ese brillo honesto que lo caracterizaba. Con una mano aún temblando, Jin acunó la mejilla de Amo, acariciando su piel con el pulgar.

Sin dar espacio a más miedos, Jin acortó la distancia final. El primer beso fue torpe al principio, cargado con la urgencia de todo lo que se habían guardado. Sabía a la agitación de la carrera y al alivio más puro. Fue un choque de emociones que pronto se transformó en algo suave y profundo, un sello que borraba todo lo sucedido en el dia, así como también la amargura de la enfermería y el frío de la tina. En ese parque, bajo la luz del atardecer, el mundo volvió a tener sentido para ambos.

Después de aquel beso que pareció detener el tiempo, el aire en el parque se sentía distinto, ya no era pesado ni cargado de dudas.

Jin extendió su mano, buscando la de Amo. Sus dedos se entrelazaron con timidez al principio, pero pronto se apretaron con fuerza, como si ninguno de los dos quisiera dejar espacio para que el otro se escapara de nuevo.

Caminaron despacio por las calles teñidas de naranja por el atardecer. El silencio que compartían no era incómodo, era un silencio cómodo, lleno de pequeñas sonrisas robadas y miradas de reojo. Amo sentía el calor de la mano de Jin y no podía evitar pensar en lo cerca que estuvo de perder ese momento por sus propios miedos.


—¿Sabes? —rompió el silencio Jin, balanceando sus manos unidas ligeramente—. Cuando salí de la enfermería, sentí que me faltaba el aire. Pero ahora... ahora siento que por fin puedo respirar bien.


Amo apretó un poco más su mano y se recargó levemente en el hombro de Jin mientras caminaban.


—Pues no pienses en volver a soltarme —respondió Amo con una seguridad que lo sorprendió hasta a él mismo—. Porque me costó mucho alcanzarte.


Siguieron avanzando hacía la casa de Amo, bajo las primeras estrellas que empezaban a asomarse, sabiendo que, aunque el día había sido un caos de ansiedad y malentendidos, el final no podría haber sido más perfecto.



>>>>>FIN<<<<<

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