Prólogo
Taehyung había sido criado con mucho amor por sus hermanos mayores, Kim Seonho y Kim Jihu. Estos gemelos habían soportado la terrible muerte de sus padres, asesinados cruelmente por sus más implacables enemigos, y ahora debían encargarse de su hermano menor, que apenas era un bebé. El omega había llegado al mundo y ya había perdido a los padres que siempre habían deseado tener un hijo como él, pero que nunca llegaron a conocer.
El castaño nació como un milagro; poseía habilidades que nadie más tenía. Era un omega puro, pero también era más ágil, más fuerte y más feroz que los demás. Para la familia y el Clan Kim, tener a Taehyung era como si la Diosa Luna les hubiera enviado a su hijo para protegerles. Verdaderamente, él era adorado por su gente.
Creció envuelto en algodones, protegido tras las gruesas paredes de la mansión principal, pero con el peso insustituible de una deuda grabada en sus huesos. Cada vez que observaba a Seonho o a Jihu madurar a marchas forzadas para sostener la manada sobre sus hombros, Taehyung recordaba el sacrificio de sus hermanos. Ellos habían renunciado a su juventud, a sus propios deseos y al luto de sus padres para convertirse en su refugio, criándolo con una ternura y dulzura envidiables en medio de una guerra desgarradora. Por eso, cuando los dones inusuales de su naturaleza omega florecieron, él no dudó en entregárselos por completo a su familia.
A lo largo de los años, Taehyung se convirtió en la sombra silenciosa del Clan Kim. Eliminó sin titubear a cada enemigo, cada amenaza y cada traidor que osara poner en riesgo la estabilidad de sus hermanos. Era el arma más hermosa y letal que la manada poseía, pero para Seonho y Jihu, siempre seguía siendo su pequeño y preciado hermano menor.
O al menos, eso era lo que las palabras de Jihu transmitían esa noche, mientras el aroma a pino helado del Alfa llenaba la tenue iluminación del despacho principal.
—Nadie más que tú puede poner fin a esta abominación, Taehyung —murmuró Jihu, acomodándose en el imponente sillón que estaba detrás del escritorio de caoba. Su voz era grave, teñida de una pesadez cansada, como la de un líder que cargaba con el luto de siglos sobre los hombros.
A su lado, Seonho permanecía de pie, observando al menor con una mirada cargada de un afecto casi paternal. Se acercó despacio y posó una mano cálida sobre el hombro de Taehyung, apretándolo con suavidad.
—La Diosa Luna te otorgó dones que ningún otro omega en nuestra historia ha tenido, hermano —añadió Seonho, bajando la voz a un susurro conspirativo—. No es una coincidencia. Ella te preparó para esto. Para liberar al Clan Kim de la tiranía de los Jeon.
El mero nombre de la manada rival hizo que las entrañas de Taehyung se retorcieran de puro odio. La sangre de sus padres pesaba sobre la conciencia de los Jeon. Décadas y siglos de masacres, de dolor y pérdidas estigmatizadas se reducían a ese apellido.
—Ese monstruo, Jeon Jungkook, está destruyendo nuestras fronteras —continuó Jihu, entrelazando las manos sobre la mesa—. Ninguno de nuestros guerreros ha podido acercársele. Es un Alfa paranoico, un tirano que solo entiende el lenguaje de la violencia. Pero tiene una debilidad que podemos aprovechar... y está en tu pasado.
Taehyung alzó la mirada, clavando sus ojos oscuros en los de su hermano mayor.
—Recuerda lo que nos contabas cuando eras apenas un niño, Taehyung —prosiguió Jihu con una sonrisa melancólica—. Aquellos breves encuentros que tuviste en la frontera con ese cachorro de los Jeon antes de que la guerra se volviera despiadada. Nos dijiste que jugaban y que él parecía encariñado contigo. Si te aproximas a él, si usas la belleza con la que naciste y juegas la carta de la nostalgia y la inocencia de esa época, podemos asumir que no sospechará de inmediato. Rodéalo con tu aroma, engatúsalo, sedúcelo... haz que baje la guardia creyendo que tiene ante sí a un dulce omega indefenso que busca refugio tras recordar su infancia. Y cuando lo tengas en tus brazos, atraviesa su corazón.
—¿Seducirlo? —la voz de Taehyung brotó en un hilo suave, dulce pero cargado de un matiz helado.
—Sabemos lo que te estamos pidiendo, pequeño —intervino Seonho, acariciando el cabello castaño claro de Taehyung con extrema ternura—. Nos rompe el alma poner una carga tan vil sobre tus hombros. Te hemos protegido toda la vida para que no tengas que exponerte a la suciedad de ese hombre, pero la manada se desangra. Si Jeon Jungkook cae, la guerra de siglos termina. Salvarás a nuestra gente. Nos vengarás a todos.
Taehyung apretó los puños ocultos entre las mangas de su ropa. El aroma a cerezas negras y licor de chocolate que emanaba de sus poros se espesó bruscamente, volviéndose denso, letal y adictivo. No había duda en su corazón. Sus hermanos se lo habían dado todo; le habían enseñado a caminar, lo habían alimentado, amado y protegido cuando se quedó huérfano. Acabar con el hombre que les arrebató la felicidad era el precio más bajo que podía pagar para saldar su deuda.
—No tienen que pedir perdón —respondió Taehyung, y por primera vez en la noche, una hermosa sonrisa, pero peligrosamente afilada, se dibujó en sus finos labios—. Déjenlo en mis manos. Haré que Jeon Jungkook suplique por aire antes de clavarle la daga en el pecho.
Jihu y Seonho intercambiaron una mirada imperceptible, una chispa de satisfacción oculta tras una fachada de alivio y gratitud.
—Sabíamos que podíamos confiar en ti, nuestro milagro —concluyó Jihu, poniéndose de pie para abrazar a su hermano menor.
Atrapado en el abrazo de su familia, Taehyung cerró los ojos, jurando en silencio que esa sería la última misión de su vida. No sabía que estaba a punto de caminar directamente hacia una trampa tejida por su propia sangre, ni que al cruzar la frontera del clan Jeon, su destino no terminaría en una muerte... sino en una marca inolvidable.









Que buena escritora eres!!
De nada!! 🤍
Me gustaría que escribieras una de Yoonmin
Gracias por escribir! 🫶