Apertura del pimpollo
Como los pétalos de una flor desplegándose con suma lentitud tras el letargo de su profunda noche; así llegó el amor para ambos.
Era un banal día cuando se conocieron en ese arcade transcurrido al pasar sus jornadas de clases.
Uno maldiciendo a la inútil máquina devoradora de monedas, con las luces parpadeantes tiñéndole el rostro de azul y rojo; el otro intrigado por aquel simpático rostro nuevo iluminado entre neones.
Un encuentro casual dando el comienzo de una charla.
De jugar la siguiente partida juntos.
El brillo de emoción en las pupilas y dos almas competitivas siendo el principio de una inquebrantable unión…








