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⠀⠀⠀⠀La luz ambarina de la tarde se filtraba a través de los ventanales de la cafetería, tiñendo el ambiente con un tono cálido, casi melancólico. El aroma a café recién molido, canela y mantequilla horneada flotaba en el aire, enmascarando cualquier otro olor. Sin embargo, para Namjoon el único aroma que realmente importaba era el de su pareja, Kim Seokjin. Verlo allí sentado era reconfortante; gesticulando con su elegancia innata que poseía incluso cuando se quejaba de las trivialidades del día a día como maestro particular.
⠀⠀⠀⠀La cafetería estaba llena de estudiantes y parejas —como ellos— compartiendo postres. El choque de las tazas de porcelana creaba un bullicio que a Jin le resultaba extrañamente relajante, motivo por el cual su dongsaeng* lo había llevado allí; lo conocía mejor que a sí mismo, quizá mejor que nadie. Namjoon sabía que, tras una semana agotadora lidiando con adolescentes ruidosos, su princesa necesitaba un espacio con ruido blanco para desconectarse.
⠀⠀⠀⠀— Y te lo juro, Joonie —decía el pálido, tras dar un delicado sorbo a su latte de caramelo, dejando un rastro efímero de espuma en su labio superior—. Intentar enseñarles la posición de guardia básica es como intentar pastorear gatos. Ni siquiera Yoongi es tan complicado... Estos niños son gatos armados con espadas, lo cual es aterrador —suspiró, provocando asombro en su novio—. Seungmin casi le saca un ojo a Heeseung con el florete antes de que terminara de explicar las reglas de seguridad.
⠀⠀⠀⠀Namjoon soltó una risa profunda que vibró en su pecho, logrando que los hombros de Seokjin se relajaran al instante. El moreno apoyó la barbilla en la palma de su mano, observando a su hyung con una devoción que rozaba lo adorable. Llevaban cuatro años juntos y, aunque su noviazgo no era “fresco”, él seguía sintiendo el mismo asombro de siempre cada vez que Jin abría la boca para hablar sobre temas diferentes.
⠀⠀⠀⠀— Tienen catorce años, amor, deberías... —respondió empático.
⠀⠀⠀⠀— ¡Yo veintidós!
⠀⠀⠀⠀— Son de épocas diferentes. Para ellos, la coordinación es lo último que les importa. Tenles un poco más de paciencia; tú mismo me dijiste que a los catorce tropezabas con tus propios pies.
⠀⠀⠀⠀— No metas a mi torpeza en esto —le regaña, fingiendo indignación, aunque el brillo travieso en sus ojos lo delata—. Para que sepas, la diferencia es que yo no tenía un arma blanca en las manos. No entiendes porque no convives cuatro horas diarias con ellos. ¡Es agotador!
⠀⠀⠀⠀«Eso explica porque ya no follamos...», pensó Namjoon, exhibiendo sus hoyuelos indulgentes. No, ¿qué acababa de decir?Sacudió la cabeza para despejar dicho pensamiento y volver a concentrarse en su princesa.
⠀⠀⠀⠀Como un acto reflejo, el pelinegro extendió la mano sobre la pequeña mesa para tomar el último trozo de tarta de arándanos, manchándose los dedos con el azúcar glass y la mermelada pegajosa.
⠀⠀⠀⠀— Agh.
⠀⠀⠀⠀Iba a alcanzar una servilleta para limpiarse, fastidiado por la sensación melosa en sus yemas, pero un cambio sutil lo detuvo. Fue algo infinitesimal: un repentino oscurecimiento en las pupilas de Seokjin que devoró el color chocolate de sus irises. Namjoon —quien tenía memorizada cada microexpresión suya— quedó inmóvil con la mano suspendida en el aire.
⠀⠀⠀⠀Jin había dejado de hablar. Su mirada descendió hasta clavarse en los falanges anchos y manchados del moreno. El movimiento fue tan rápido que le tomó unos segundos procesarlo. La fría mano de Seokjin se disparó a través de la mesa; sus dedos blancos se cerraron alrededor de su muñeca con una fuerza sorprendente, posesiva.
⠀⠀⠀⠀— Jinnie... —musitó confundido, mirando a su alrededor por instinto. Estaban en una mesa apartada, medio oculta por una columna de ladrillo, pero la cafetería seguía repleta. A solo dos mesas de distancia, un grupo de estudiantes repasaba sus apuntes—. ¿Qué estás...?
⠀⠀⠀⠀Sin apartar la vista de sus ojos, su princesa tiró suavemente de la muñeca, guiando una de las falanges manchadas hacia su rostro. Al pelinegro se le cortó la respiración cuando los labios —pomposos y rositas— de su hyung se separaron, revelando el destello húmedo de su lengua y baba.
⠀⠀⠀⠀Con una gracia que Namjoon podía describir como asesina, Jin introdujo su índice en su estrecha cavidad bucal. El calor de la misma disparó una descarga que impactó directamente en su entrepierna, haciéndolo soltar un gemido ahogado que intentó reprimir ante semejante descaro. Pero Seokjin no se detuvo; con una sensualidad que contrastaba su ternura, cerró los ojos y chupó la yema, limpiando la mermelada y los rastros de azúcar con movimientos lentos.
⠀⠀⠀⠀La presión de sus labios, la humedad resbaladiza y la forma en que aquellas mejillas se hundían con la succión se convirtieron en una exhibición intensamente íntima en el lugar más inapropiado posible. No le sorprendía que fuera así; no era la primera vez que su princesa hacía algo así.
⠀⠀⠀⠀— Seokjin, basta —logró articular el moreno en un susurro ronco, apenas audible por encima de la música que sonaba en los altavoces del local. Su autocontrol luchaba contra el abrasador deseo de seguirle el juego.
⠀⠀⠀⠀Alguien podría verlos, cualquiera podría oírlos y las cámaras los estaban grabando.
⠀⠀⠀⠀Jin liberó el dedo con un suave sonido viscoso que hizo que las orejas de Namjoon ardieran. El castaño se lamió los labios, saboreando el dulzor mientras le dirigía una mirada que destilaba pura malicia y una pasión que apenas se molestaba en ocultar.
⠀⠀⠀⠀— Estuviste sucio, Nammie —susurró él, utilizando ese diminutivo capaz de destruir milenios de resistencia en el cerebro de Namjoon—. No me gusta verte sucio. Lo odio.
⠀⠀⠀⠀El pelinegro hizo un amago de levantarse, impulsado por una mezcla de nerviosismo paralizante y urgencia física abrumadora. Necesitaba sacarlos de allí; llevar a su princesa al auto, al departamento, a cualquier lugar donde pudiera tomarla sin la amenaza de mirones o cámaras de seguridad.
⠀⠀⠀⠀Pero Seokjin fue más rápido. Soltó su muñeca y se estiró lo suficiente hasta plantar su palma firmemente sobre el hombro de su novio, ejerciendo la presión exacta para obligarlo a quedarse en el asiento. Luego, simulando la naturalidad de quien solo cambia de silla, quedó de pie a su costado, aprovechando el ángulo ciego que les daba la columna de ladrillo.
⠀⠀⠀⠀Su torso se movía con aparente inocencia, pero por debajo de la mesa, el escenario era otro: la mano libre de Seokjin guió la palma de Namjoon directo hacia sus propios muslos. El cerebro del moreno hizo un segundo cortocircuito.
⠀⠀⠀⠀— Hyung, por favor, no... la semana pasada casi nos echan de otra cafetería por esto.
⠀⠀⠀⠀— Ellos no saben —bisbiseó acortando la distancia hasta que sus corvas rozaron las rodillas del pelinegro.
⠀⠀⠀⠀— Pero...
⠀⠀⠀⠀— Siente.
⠀⠀⠀⠀Lo descubrió de inmediato: bajo sus dedos y la tela plisada del skort de Seokjin no había nada. Ninguna barrera o braguita. Antes de que Namjoon pudiera asimilar la superficie que tocaba, Jin terminó su movimiento y se dejó caer directamente sobre su regazo. El impacto de su peso y la forma perfecta en que sus caderas se acomodaron contra la pelvis ajena, le arrancaron al moreno un jadeo que tuvo que disfrazar con un falso carraspeo.
⠀⠀⠀⠀A los ojos de los demás, solo eran una pareja increíblemente afectuosa. Seokjin había rodeado el cuello de Namjoon con un brazo y apoyaba la mejilla cerca de su mandíbula, fingiendo mirar algo inexistente en la calle a través del ventanal polarizado. Sin embargo, en el espacio oculto que les proporcionaba la mesa de madera, aquello era el mismísimo infierno.
⠀⠀⠀⠀— No te atrevas a moverte —susurró Seokjin justo a la altura de su oreja, enviando un escalofrío directo por la espina dorsal del moreno—. Si te levantas ahora, todos van a ver el problema que tienes entre las piernas, Joonie.
⠀⠀⠀⠀Para enfatizar su punto, Jin meneó las caderas. Fue un ritmo sutil, apenas un roce de fricción, pero lo ejecutó con una lentitud tan castigadora que Namjoon frunció el entrecejo . Su rígida y pesada erección —aprisionada dolorosamente contra su pantalón— pulsó con violencia al sentir el peso de su princesa sobre ella.
⠀⠀⠀⠀— Cielo... —sisea él, aferrándose por instinto a su cintura. No para detenerlo, sino porque era incapaz de dejar de tocarlo.
⠀⠀⠀⠀— Demuéstrame qué tan silencioso puedes llegar a ser, Nam —lo desafió, exigiéndole de forma sumisa, como a ambos les encantaba—. Tócala. Tócala con fuerza. Me he portado muy bien toda la semana soportando el estrés, y todavía no me das mi premio por haber sido bueno.
⠀⠀⠀⠀— Muñeca...
⠀⠀⠀⠀— ¿Sí Nammie?
⠀⠀⠀⠀Un silencio sepulcral se gestó por unos segundos.
⠀⠀⠀⠀— Separa las piernas.
⠀⠀⠀⠀El temor inicial de Namjoon por ser descubiertos no desapareció, sino que había mutado a una excitación oscura e insoportable, alimentada por el morbo de cometer una locura sabiendo que algo podría salir muy mal. La idea de que todos esos extraños los rodeaban sin tener la menor idea de lo que ocurría bajo sus narices actuó como gasolina sobre el fuego de sus cuerpos.
⠀⠀⠀⠀Un mesero al otro lado de la columna dejó caer una bandeja llena de cubiertos. El estrépito metálico resonó en todo el café, atrayendo las miradas y los respingos de casi todos los clientes.
⠀⠀⠀⠀— Maldición, nena. —gruñó, buscándolo con un tacto rudo.
⠀⠀⠀⠀Sus palmas acariciaron la tersa piel nívea hasta encontrar el borde del diminuto skort, apartando la tela hacia un costado con un tirón decidido. Un escalofrío helado —seguido de una oleada de calor volcánico— barrió el cuerpo de Jin mientras Namjoon exploraba centímetros más arriba.
⠀⠀⠀⠀Habían caminado juntos por la calle, Seokjin se había empinado para besarlo varias veces, había dado clases durante horas a un grupo de adolescentes vestido de esa forma y ahora tomaba café frente a él... completamente expuesto bajo esa ridícula faldita.
⠀⠀⠀⠀— ¿No llevaste nada puesto? —carraspeó el menor, con una mezcla de sorpresa e incredulidad seca.
⠀⠀⠀⠀El castaño negó. Aquella revelación no asustó a sudongsaeng*; lo enfureció de la mejor manera posible. No iba a negar que a veces se sentía sorprendido por la audacia lasciva de su Jinnie.
⠀⠀⠀⠀Al sentir el contacto directo de los falanges ásperos de su novio contra sus labios desprotegidos y palpitantes, Seokjin soltó un suspiro trémulo que no pudo disfrazar. Su cuerpo reaccionó por instinto, arqueando la zona lumbar para empujarse contra la mano invasora. Para no perder el equilibrio y mantener la farsa de una postura relajada, apoyó los codos sobre la mesa, cruzando las manos cerca de su taza de café casi vacía.
⠀⠀⠀⠀Namjoon descansó su frente en el hombro de su princesa, escondiendo el rostro del resto del local mientras aspiraba el aroma de su cuello, donde el perfume de lavanda se mezclaba con el almizcle del éxtasis.
⠀⠀⠀⠀— Eres un peligro, ¿lo sabías? —siseó, pegando el aliento a su piel. Con una destreza aterradora, sus dedos se deslizaron más profundo bajo el skort, reconociendo de inmediato el terreno húmedo y exageradamente calentito—. Salir a la calle así... pidiendo a gritos que cualquiera note lo mojada y necesitada que estás. Eres mi pequeña descarada, cielo. Mírate, estás goteando para mí sin que siquiera te haya tocado bien.
⠀⠀⠀⠀Las palabras sucias —pronunciadas en ese tono bajo— fueron el detonante para el mayor. Seokjin comenzó a mecerse de manera imperceptible sobre la rígida erección de Namjoon, que pulsaba viva a través de la capa del bóxer. Estaba entregado por completo al vértigo de la situación, al peligroso placer de ser estimulado a la vista de decenas de extraños que tomaban sus cafés a metros.
⠀⠀⠀⠀Cuando la yema del dedo medio del pelinegro encontró el centro viscoso y resbaladizo de Jin, el impacto fue demoledor. Este se estremeció por completo, disimulando la violenta sacudida al aferrarse al borde de la mesa con los nudillos blancos.
⠀⠀⠀⠀Era pésimo mintiendo.
⠀⠀⠀⠀— Joon... ah... —gimió de forma casi inaudible. Una lágrima de pura sobreestimulación picó en el rabillo de sus ojos, empañando su visión mientras giraba el rostro—. Por favor, hazlo... mierda, Joonie, hazlo. Lléname aquí mismo.
⠀⠀⠀⠀Fascinado por el comportamiento de su princesa, Namjoon sintió que el mundo exterior desaparecía. Ver a Seokjin, normalmente compuesto y en control, abandonando cualquier atisbo de vergüenza para suplicarle en un lugar público, terminó por romper su voluntad.
⠀⠀⠀⠀Si Jin quería un juego sucio, él lo jugaría hasta las últimas consecuencias.
⠀⠀⠀⠀Apretó con fiereza la tersa piel de sus glúteos con la mano izquierda, amasando la carne suave antes de clavar un poco las uñas.
⠀⠀⠀⠀— Cosita traviesa —le recriminó con morbo, pegando la boca a su oreja para que solo él pudiera escuchar—. Sales sin braga y te sientas encima de mí a rogarme que te trate como en nuestra cama. Quieres que use los dedos mientras esa chica de la otra mesa bebe su té, ¿verdad? Quieres que todos escuchen cómo suenas.
⠀⠀⠀⠀— Mhm...
⠀⠀⠀⠀Buscando un contacto más profundo, Seokjin desafió la reprimenda y movió las caderas hacia atrás con absoluto descaro, acomodándose para darle a la mano morena un acceso total y directo. La fricción contra los dedos fue perfecta, haciendo que la lubricación natural se acumularse rápidamente.
⠀⠀⠀⠀— De prisa, Joonie... por favor, de prisa.
⠀⠀⠀⠀Sin hacerlo rogar un segundo más, Namjoon cedió. Sus hábiles dígitos —índice y medio— se deslizaron con total desparpajo a lo largo de los pliegues ultrasensibles, mientras que con el pulgar presionó el tierno y palpitante núcleo de nervios en movimientos circulares. El estímulo le arrancó a Seokjin un gemido lo bastante alto como para hacerlo entrar en pánico; de inmediato, soltó el borde de la mesa cubriéndose la boca con ambas manos, fingiendo toser para ahogar su propia satisfacción.
⠀⠀⠀⠀La imagen de su hyung, sentado en su regazo, mordiéndose las manos para no gritar mientras él lo trabajaba sin piedad por debajo de la ropa, era la visión más erótica que Namjoon había presenciado jamás.
⠀⠀⠀⠀Mientras sus dedos se movían a un ritmo constante y enloquecedor, el pelinegro lamió sutilmente la nuca de Jin, saboreando el sudor salado que comenzaba a perlársele en la piel.
⠀⠀⠀⠀— Mírate, preciosa —murmuró este, el ritmo de sus dedos producía un sonido húmedo que por milagro quedaba sepultado bajo el bullicio externo—. Estás empapando toda mi mano. Está tan blanda, tan abierta... Cualquiera que pasara por aquí notaría lo necesitada que estás.
⠀⠀⠀⠀A estas alturas, Seokjin se movía por puro instinto, con el cerebro flotando en una neblina de placer endorfínico y docilidad absoluta.
⠀⠀⠀⠀— No me importa... —jadeó contra sus propias manos, quebrado en su totalidad—. Sigue, Joonie... no te detengas.
⠀⠀⠀⠀El descaro de la provocación y el saberse completamente a merced del placer público hicieron que ambos cruzaran un umbral sin retorno. Con un espasmo involuntario de sus muslos, el castaño llegó al clímax, liberando copiosamente una oleada de squirt ardiente que empapó por completo la mano de su novio.
⠀⠀⠀⠀El líquido transparente y tibio se escurrió entre los dedos de Namjoon, cayendo directo sobre la entrepierna de su pantalón. La tela oscura absorbió el fluido de golpe y, al sentir la comprometedora humedad filtrarse hasta su propia piel, el moreno detuvo sus movimientos. Un gruñido bajo, animal y vibrante nació en el fondo de su pecho.
⠀⠀⠀⠀— Mierda, Jin —lo regañó , apretándole la cintura con deje autoritario—. Mira lo que has hecho. Eres una maleducada; manchaste todo mi pantalón. ¿Qué pasa si nos tenemos que levantar ahora mismo? Todo el mundo va a notar esta mancha enorme.
⠀⠀⠀⠀Sin embargo, a pesar de la reprimenda, al de piel nívea poco pareció importarle el riesgo. Sentir su humedad a través de la tela lo empujó por un abismo de necesidad primitiva. Ya estaban jugados; el punto de no retorno había quedado atrás hacía mucho.
⠀⠀⠀⠀Aprovechando que la cremallera de su pantalón estaba abajo, deslizó la mano libre al interior de su bóxer. Con un movimiento osado liberó su envergadura, dolorosamente rígida, caliente y palpitante, ansiosa por el contacto después de tantos minutos de tortura contenida.
⠀⠀⠀⠀Bajo la protección del skort y de la mesa, Namjoon guió su bálano segregante hacia arriba, posicionándolo justo en la entrada desprotegida de Jin. Pero no entró; se detuvo justo ahí mismo, apoyando la cabeza contra el esfínter de su ángel, manteniéndolo al borde exacto de la impotencia.
⠀⠀⠀⠀Ejerciendo una mínima presión, el moreno empujó sutilmente las caderas ascendente, lo justo para que su hendidura se restriegue entre los labios hinchados de Seokjin, haciéndole temblar con violencia.
⠀⠀⠀⠀— Dime, princesa —susurró Namjoon con voz ronca—. ¿Qué vas a hacer si dejo que entre en ti aquí mismo? ¿Cómo te vas a portar?
⠀⠀⠀⠀Jin hizo un puchero, ladeando la cabeza con los ojitos empañados por la necesidad.
⠀⠀⠀⠀— B-bien... Haré todo... todo lo que Joonie quiera —prometió sofocado—. Seré tan buena. Solo... por favor, entra.
⠀⠀⠀⠀— Buena chica —lo halagó, dejando un beso posesivo en su barbilla—. Pero más te vale mantenerte callada. Si haces un solo ruido que llame la atención de esa mesa de allá, juro que lo saco y te dejo con las ganas hasta mañana. ¿Entendido?
⠀⠀⠀⠀El de hebras castañas asintió excitado, incapaz de formular palabras coherentes. La idea de quedarse con las ganas era una tortura que no pensaba tolerar, menos al sentir el imponente tamaño de su pareja justo ahí, reclamándolo. Namjoon echó un último vistazo alrededor: los baristas atendían una larga fila y las estudiantes de la mesa cercana ordenaban sus documentos. Nadie prestaba atención a la pareja abrazada en el rincón.
⠀⠀⠀⠀Era ahora o nunca.
⠀⠀⠀⠀Con un movimiento pélvico ascendente, certero, brutalmente limpio como profundo, terminó por premiarlo. Namjoon penetró la estrecha y caliente esfínter de Seokjin de un solo golpe gracias a la lubricación natural. Toda su longitud se hundió hasta que sus caderas chocaron con un impacto sordo, camuflado por la ropa, contra los glúteos contrarios.
⠀⠀⠀⠀Jin arqueó la espalda con los ojitos abiertos de par en par, dejando que las lágrimas de satisfacción —que se agolparon en sus pestañas— rodaran por sus mejillas mientras el aire abandonaba sus pulmones en un jadeo agudo.
⠀⠀⠀⠀Pero Namjoon estaba preparado. En el instante preciso en que empujó, su mano derecha atrapó la nuca de Seokjin y estrelló su boca contra la de él, sellando sus labios en un beso que se tragó el gemido al instante, ocultando por completo lo que ocurría bajo la mesa.
⠀⠀⠀⠀Las paredes de su hyung, escaldadas por la excitación prolongada, se contrajeron en espasmos involuntarios, abrazando y succionando la gruesa hombría de su novio con una fuerza aplastante. Namjoon rompió el beso y contuvo el aliento con la mandíbula entumecida ante el glorioso recibimiento.
⠀⠀⠀⠀— Joder... Jin —masculló contra sus labios—. Estás tan malditamente apretada.
⠀⠀⠀⠀— Uhmp.
⠀⠀⠀⠀Satisfecho por comprobar que, a pesar del tiempo y la frecuencia de su intimidad, su princesa se resistía a él con la misma fuerza de la primera vez. Con la mano que le sostenía el vientre a través de la ropa, le dio una palmada firme, una orden silenciosa para que se relajara... o rompiera.
⠀⠀⠀⠀— Te voy a abrir tanto, muñeca —le prometió con libídine—. Tanto que todo terminará escurriéndose cuando salgamos de aquí.
⠀⠀⠀⠀Lentamente, como si estuviera moviéndose a través de la oscuridad, Namjoon alejó sus caderas hasta dejar solo la punta en el interior de Seokjin. El castaño gimoteó ante la pérdida, intentando bajar el cuerpo para perseguir su calor, pero el moreno lo detuvo con firmeza y volvió a empujar hacia arriba, clavándose hasta el fondo una vez más.
⠀⠀⠀⠀Así comenzó un vaivén.
⠀⠀⠀⠀Al principio corto, calculado, manteniendo un ritmo que no hiciera temblar la mesa de madera; sin embargo, lo que le faltaba en amplitud, lo compensaba con un hundimiento aplastante. Cada estocada iba dirigida milimétricamente hacia el punto de nervios de su angelito, golpeándolo de una manera que amenazaba con hacerlo desmayar.
⠀⠀⠀⠀Los empujes ganaron fuerza y velocidad, volviéndose secos, terriblemente rítmicos. Los dígitos de Namjoon se hundieron en la cintura y muslos de Seokjin, usándolos como mordazas invisibles para controlar cada movimiento invasivo y evitar que el impacto delatara la locura que les costaría una multa enorme.
⠀⠀⠀⠀— Eso es —le siseó, con un soplido caliente y rudo que le erizó la piel—. Quédate quieta mientras te quiebras. Mira cómo lo tragas por completo.
⠀⠀⠀⠀Seokjin estaba perdiendo la batalla contra su propio cuerpo. Desesperado por aferrarse a algo que no fuera el plato con panecillos, apoyó las manos sudorosas sobre la mesa, enterrando sus dedos en el dispensador metálico y arrugando las servilletas en su agonía silenciosa.
⠀⠀⠀⠀Bajo la ropa, el sonido de su encuentro comenzó a delatarlos. Con la copiosa cantidad de gush que Jin seguía produciendo a raudales, cada embestida de Namjoon producía un sutil pero inconfundible sonido húmedo, un chapoteo obsceno de carne contra carne.
⠀⠀⠀⠀— Ah, ah, ¡ah...! —gime de forma agónica, frustrado por el placer tan intenso que lo consumía—. Joonie, más rápido...
⠀⠀⠀⠀A ninguno de los dos le importaba ya la creciente mancha húmeda que arruinaba el frente del pantalón de Namjoon. La tela estaba empapada por el fluido que Jin seguía derramando y por el propio del moreno. La intensa fricción y la temperatura cálida del interior de Seokjin crearon una tormenta perfecta en la que las paredes —blandas e inflamadas— no lograban retener el exceso de líquidos.
⠀⠀⠀⠀Con cada estocada que asestaba, el excedente comenzó a filtrarse hacia el exterior, escurriéndose con pereza por la unión de sus cuerpos.
⠀⠀⠀⠀Sentir esa marea caliente, gotear y descender por la parte interna de sus carnes desnudas disparó los niveles de excitación de Seokjin hasta hacerle estremecer de pies a cabeza. Al borde del llanto, se sentía completamente desarmado por la lascivia de saberse expuesto, ensuciando la silla de la cafetería con los fluidos mezclados.
⠀⠀⠀⠀Ese pensamiento perverso fue el empujón final que su mente necesitaba, y los hipidos del mayor —suaves, agudos y ahogados— terminaron por enloquecer a sudongsaeng*.
⠀⠀⠀⠀Las paredes internas del pálido comenzaron a contraerse en un rítmico y desesperado temblor que delataba la inminencia del colapso. Namjoon se hundió de nuevo, brutalmente profundo, golpeando el límite de su anatomía; el impacto hizo que el fluido acumulado saltara ante la presión, salpicando el interior de su muslo.
⠀⠀⠀⠀— Maldición...
⠀⠀⠀⠀El interior de Seokjin colapsó por completo, experimentando espasmos que ordeñaban la longitud del pelinegro con una fuerza aterradora mientras la inminencia del orgasmo se volvía inevitable.
⠀⠀⠀⠀— Joon, Joon, para... para un segundo —rogó en un susurro entrecortado, aterrado de su propia falta de control—. Voy a terminar... me voy a venir aquí mismo, no puedo... Nam.
⠀⠀⠀⠀Pero el pelinegro, no tuvo ninguna intención de mostrar misericordia. Lo miró a los ojos, sus irises casi negros por la dilatación de las pupilas exponían una disposición espeluznante.
⠀⠀⠀⠀— Está bien, princesa —respondió con voz gutural—. Córrete para mí. Ahora.
⠀⠀⠀⠀Rompiendo toda prudencia e ignorando el peligro real de ser vistos, Namjoon agarró los muslos de Jin y arqueó su propia pelvis con tres estocadas consecutivas y ruidosas que obligaron al castaño a poner los ojos en blanco. Este abrió la boca en un grito mudo que fue sofocado al instante por la mano de su novio, que se aferró fuertemente a sus labios.
⠀⠀⠀⠀Seokjin se estremeció por completo mientras el clímax lo inundaba desde adentro. Las lágrimas le resbalaban libremente por sus mejillas, humedeciendo la mano que lo silenciaba, mientras una nueva oleada de gush corría por sus pieles, dejando sus piernas empapadas en la evidencia de su éxtasis.
⠀⠀⠀⠀Namjoon no se quedó atrás. Sintiendo su miembro latir salvajemente, oprimido rítmicamente por el esfínter convulso de su ángel que parecía querer arrancarle el alma, perdió el control. Apretó los dientes antes de hundirse una última vez hasta la empuñadura, inmovilizando a Jin contra su cuerpo.
⠀⠀⠀⠀Con un gemido gutural clavado contra la clavícula de su novio, Namjoon por fin se liberó.
⠀⠀⠀⠀Bombeó cantidad tras cantidad en lo más profundo de la cavidad contraria, llenando a su princesa con tiras hirvientes que desbordaron casi de inmediato al no encontrar espacio en el apretado conducto. El pálido —debilitado por el eco de su propio orgasmo— gesticuló agotado, disfrutando la cálida invasión.
⠀⠀⠀⠀Durante lo que pareció una eternidad, el ruido de las tazas y las conversaciones volvieron a filtrarse en sus conciencias, regresándolos a la realidad. Los espasmos menguaron y las respiraciones jadeantes comenzaron a acompasarse.
⠀⠀⠀⠀— Namu. —llamó con dulzura pastosa, restregando la punta de su naricita contra el cuello bronceado de su novio, respirando su aroma con devoción.
⠀⠀⠀⠀— ¿Muñeca? —preguntó él, dejándose rodear por esos delgados brazos carentes de fuerza—. ¿Qué pasa, bonita?
⠀⠀⠀⠀Seokjin suelta una risita, tan adorable como caliente, conmovido por lo mucho que Namjoon lo había consentido.
⠀⠀⠀⠀— Te amo —susurró sincero, contrastando con la obscenidad de lo que acababan de hacer. Con el poco aliento que le quedaba, dejó un beso tierno justo sobre la arteria palpitante en el cuello del moreno.
⠀⠀⠀⠀Namjoon, recuperando el aliento, sintió que el pecho se le expandía de adoración. Soltó una risa baja, satisfecha y completamente embobada, mientras sus brazos rodearon la espalda de su hyung, para sostenerlo firme contra él. Contra su hombría. En el interior de este, su miembro comenzó perder tamaño lentamente, dejando una sensación de vacío que Jin seguramente reclamaría más tarde en casa.
⠀⠀⠀⠀El moreno acarició las hebras oscuras de su princesa, peinándolas hacia atrás antes de dejar un beso largo en su sien humedecida.
⠀⠀⠀⠀— Yo también te amo, mi cosita hermosa —murmuró, con su tono volviendo a ser protector y devoto—. Eres increíble... y malcriado.
⠀⠀⠀⠀— Tú me hiciste caso... —refunfuña Seokjin.
⠀⠀⠀⠀— ¿Por qué no lo haría?
⠀⠀⠀⠀No hubo respuesta.
⠀⠀⠀⠀Se quedaron así unos minutos, ocultos a plena vista, con el calor compartiéndose entre ellos aún latiendo bajo sus ropas. Pronto, la realidad se impuso y Jin soltó un quejido de protesta ante el roce incómodo del gush que comenzaba a asentarse en sus muslos.
⠀⠀⠀⠀— Nam...
⠀⠀⠀⠀— Shh, quédate quieto un momento —le pidió con dulzura. Estiró la mano hacia el dispensador de servilletas que Seokjin había maltratado durante veinte minutos y sacó un fajo generoso—. Necesito limpiarnos un poco por debajo de la ropa antes de siquiera pensar en movernos.
⠀⠀⠀⠀— ¿Y dónde tirarías las servilletas?
⠀⠀⠀⠀— En mi bolsillo —el castaño lo miró anonadado—, qué más da.
⠀⠀⠀⠀Deslizó el montón de servilletas bajo la mesa, tratando de secar el centro de ambos, donde yacía estancado el caos como pequeña laguna.
⠀⠀⠀⠀— No creí que fuera demasiado.
⠀⠀⠀⠀Jin esbozó una sonrisa y cerró los ojos, facilitándole la limpieza. Confiaba ciegamente en que su novio, arreglaría el enredo en el que se habían metido por culpa de su deliciosa falta de autocontrol.
⠀⠀⠀⠀— Evitemos este lugar por cinco semanas.

⠀⠀⠀⠀Okei, ¿qué tal este oneshot? A mí me gustó muchísimo escribir... Hehe, traía ganas de publicar algo de índole exhibicionista. ( ꃋᴖꃋ )
⠀⠀⠀⠀No se olviden de dejar su reacción y comentarios, me hacen el día. ¡Gracias por leer!
⠀⠀⠀𝗶.⠀Dongsaeng (동생): Se traduce como “hermano menor”. Es un término neutro en cuanto al género que utilizan tanto hombres como mujeres para referirse a un hermano menor, una hermana menor o cualquier persona menor que ellos en una relación informal o cercana.
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