Chapter
El ascensor subía en silencio, pero el aire dentro estaba cargado de una electricidad que erizaba la piel a Jungkook.
A su izquierda, Jimin, su novio, le apretaba la mano.
A su derecha, Taehyung, su mejor amigo desde que tenían memoria, tenía los ojos fijos en los números que cambiaban sobre la puerta.
Ambos chicos llevaban abrigos largos que ocultaban lo que había debajo.
Jungkook solo sabía una cosa: el regalo de cumpleaños era ellos. Juntos.
La suite del hotel era enorme, con una cama gigante y sábanas blancas.
Las luces de la ciudad se miraban desde los grandes ventanales.
Jimin cerró la puerta con un clic definitivo.
—Feliz cumpleaños —dijo Jimin, y su voz era suave, pero sus ojos brillaban con un desafío.
Dejó caer el abrigo.
Debajo, solo llevaba un conjunto de lencería de encaje negro, tan fino que no cubría nada. Su piel parecía de porcelana bajo la luz tenue.
Taehyung no se quedó atrás.
Con un movimiento lento, soltó el cinturón de su abrigo y lo dejó deslizarse al suelo.
Llevaba un corsé rojo escarlata que le levantaba las tetas y una braguita a juego que desaparecía entre sus curvas.
Su sonrisa era diferente a la de Jimin. Menos dulce, más hambrienta.
—Sí, feliz cumpleaños —repitió Taehyung, y su mirada recorrió a Jungkook de arriba abajo, como si ya lo estuviera desvistiendo con la mente.
Jungkook se quedó parado, sintiendo cómo la sangre empezaba a correr más rápido, hacia su entrepierna.
Ellos se acercaron. No juntos, sino desde lados opuestos, acorralándolo.
Jimin le puso las manos en el pecho, empezando a desabrochar los botones de su camisa.
Taehyung, por detrás, le rodeó la cintura y empezó a bajar la cremallera de sus jeans.
—Relájate —susurró Jimin al oído, mientras sus labios rozaban su piel. —Solo tienes que disfrutar.
—Y dejarte querer —añadió la voz ronca de Taehyung a su espalda, sus manos ya metiéndose dentro de sus boxers por detrás, agarrando sus nalgas con fuerza.
Lo empujaron suavemente hacia la cama. Jungkook cayó sobre las sábanas frescas, y antes de que pudiera respirar, ellos estaban sobre él.
Una mirada rápida, intensa, pasó entre Jimin y Taehyung.
Y la competencia comenzó.
Jimin se lanzó primero. Bajó su cuerpo sobre el de él y lo besó con una pasión que lo dejó sin aliento. Su lengua se entrelazó con la suya, exigente.
Mientras tanto, sintió que Taehyung agarraba su pene, que ya estaba duro y palpitante. La mano de Taehyung era experta, y empezó a moverla con un ritmo que hacía que sus caderas se elevaran involuntariamente de la cama.
—Quiero ser la primera —dijo Jimin, rompiendo el beso. Sus ojos desafiaban a Taehyung, que seguía con la mano en su verga.
—Claro —respondió Taehyung con una sonrisa que no llegaba a sus ojos. —Pero yo ayudo.
Y entonces, Jungkook vio cómo el juego cambiaba. Jimin, manteniendo la mirada en Taehyung, bajó la cabeza.
Sus labios envolvieron la punta de su pene.
Un gemido profundo escapó de la garganta de Jungkook.
La boca de Jimin era caliente y húmeda, lo chupaba con fuerza.
Pero Taehyung no iba a quedarse fuera.
Se inclinó y, con un movimiento audaz, capturó los labios de Jimin en un beso profundo y sucio mientras Jimin chupaba a Jungkook.
Jungkook lo vio todo: cómo las lenguas de los dos chicos se peleaban, cómo los labios de Taehyung succionaban los de Jimin. Era la imagen más perversa y excitante que había visto. Su pene se puso aún más duro en la boca de Jimin, que gemía con el beso.
Taehyung rompió el beso. Un hilo de saliva los unía por un segundo.
—Mi turno —anunció, y empujó a Jimin a un lado con suavidad.
Jimin se dejó llevar, pero su mirada ardía. —Veamos qué sabes hacer —dijo, desafiante.
Taehyung no necesitaba más invitación. Tomó el pene de Jungkook con ambas manos, lo miró como si fuera un trofeo, y luego se lo llevó a la boca entero, hasta que su nariz tocó el vello púbico de su vientre.
Jungkook gritó.
La boca de Taehyung era diferente, más salvaje. Usaba los dientes con suavidad, la lengua plana y ancha, y un ritmo constante que lo llevaba al máximo demasiado rápido.
—Tae… Taehyung, voy a… —logró decir entre jadeos.
El castaño lo soltó justo a tiempo.
Con un movimiento rápido, se puso de rodillas sobre su cara, dándole la espalda. —Límpiame. —ordenó, y bajó su coño directamente sobre su boca.
Jungkook no tuvo que pensar. Su lengua
encontró el coño empapado de Taehyung, que sabía a sal y a perfume caro.
Mientras él lo lamía, Jimin montó su pene de un solo movimiento, hundiéndolo todo dentro de su vagina con un grito ahogado.
Estaba tan mojado que el deslizamiento fue perfecto.
—¿Así? —gemía Jimin, moviéndose arriba y abajo, mirando a Taehyung, que gemía con la lengua de Jungkook. —¿El te hace sentir así?
Jungkook no podía responder.
Tenía la boca llena y el cuerpo en llamas.
Taehyung, sintiendo la pregunta, se bajó de su cara.
Se colocó en cuatro al lado de Jimin, mirándolao fijamente.
—Déjame mostrarte cómo se hace —dijo Taehyung, y su voz era un ronroneo peligroso.
Con una mano, agarró la cadera de Jimin y lo detuvo. Con la otra, guió el pene de Jungkook, que Jimin aún tenía dentro, y lo sacó.
Luego, Taehyung se impuso sobre Jungkook y lo montó el, pero al revés.
Le dio la espalda, inclinándose hacia delante hasta que su propio coño quedó a centímetros de la boca de Jimin.
—Si quieres probarlo… hazlo ahora —retó Taehyung a Jimin.
Jimin no lo pensó dos veces.
Agarró las nalgas de Taehyung y hundió su cara entre sus piernas, lamiendo el mismo coño que Jungkook acababa de saborear.
Al mismo tiempo, Taehyung empezó a cabalgar sobre Jungkook con una fuerza bruta, sus nalgas chocando contra sus muslos con un sonido húmedo y fuerte.
Jungkook estaba atrapado en medio de un torbellino de sensaciones. El calor y la presión de Taehyung montándolo, los gemidos de Jimin mientras comía a Taehyung, las manos de ambos chicos por todo su cuerpo.
La competencia se había convertido en una sinfonía de placer donde él era el instrumento principal.
—Cambio —jadeó Jimin, apartándose.
Esta vez, fue Jimin quien se puso en cuatro. —Por detrás —ordenó.
—Y tú —le dijo a Taehyung, señalando su boca—, aquí.
Taehyung se colocó frente a Jimin y le agarró la cabeza, metiendo sus dedos en su boca mientras Jungkook, por fin tomando un poco de control, se arrodilló detrás de Jimin. Lo penetró por el coño con una embestida profunda que hizo que ambos gritaran. Jimin por el golpe de placer, Taehyung porque Jimin le mordió los dedos.
El ritmo se volvió frenético. Jungkook follaba a Jimin con fuerza, agarrando sus caderas, mientras Jimin gemía con los dedos de Taehyung en la boca y Taehyung, excitadísimo, se bajó la braguita y empezó a frotarse contra la pierna de Jungkook, buscando su propio placer.
Jungkook sintió el orgasmo acercarse como un tren. —Voy a… ¡Ya voy!
—¡Dentro! —gritó Jimin al mismo tiempo que Taehyung decía —¡En mi boca!
En el último segundo, Jungkook se sacó de Jimin. Se volteó hacia Taehyung, que abrió la boca. El primer chorro de semen caliente le golpeó la lengua. El segundo, la barbilla.
Jimin se acercó y besó a Taehyung profundamente, lamiendo y compartiendo el semen entre sus bocas en un beso largo y obsceno.
—Tu turno —dijo Jimin a Taehyung, con la boca brillante. —A ver si aguantas lo que yo aguanto.
Taehyung, con los ojos vidriosos de placer, solo asintió. Se tumbó boca abajo, levantando las caderas. —Por aquí —dijo, señalando su ano.
Jungkook, recuperado y más excitado que nunca, se colocó detrás.
Esta vez fue Jimin quien dirigió.
Escupió en su mano y lubricó el ano de Taehyung y la verga de Jungkook.
—Despacio —susurró Jimin al oído de Jungkook, pero su mirada estaba clavada en la cara de Taehyung, que apretaba los dientes. —Hazlo sentir cada centímetro.
Y Jungkook lo hizo. Penetró el apretado ano de Taehyung con lentitud. Taehyung gimió, un sonido entre el dolor y el éxtasis.
Jimin se colocó frente a Taehyung, ofreciéndole sus tetas para que las chupara, distrayéndolo.
—¿Duele? —preguntó Jimin, con una sonrisa de triunfo.
—No… no tanto como creías —jadeó Taehyung, y entonces empezó a empujar hacia atrás, tomando el control, cabalgando el pene de Jungkook en su culo con una habilidad que dejó a Jimin con la boca abierta.
La noche se pasó en turnos, en desafíos, en poses cada vez más enredadas.
Probaron todo.
Jimin montando la cara de Jungkook mientras Taehyung le daba por detrás.
Taehyung sentado en la verga de Jungkook mientras Jimin lo besaba y le metía los dedos.
Se turnaron para venir, una y otra vez.
La competencia se volvió en algo más: una complicidad sudorosa y jadeante, un entendimiento de que juntos podían llevarlo a él, y llevarse a sí mismos, a lugares a los que nunca habían llegado solos.
Cuando el primer rayo de luz del amanecer asomó por la ventana, los tres yacían en un desorden de cuerpos exhaustos y sábanas arrugadas.
Jungkook estaba en medio, un brazo bajo Jimin, la otra mano entrelazada con la de Taehyung.
El silencio era cómodo, pesado con el cansancio y la satisfacción.
Jimin abrió un ojo y miró a Taehyung, que ya lo miraba a el.
—Empate —susurró Jimin, con una sonrisa cansada pero genuina.
Taehyung sonrió también, un gesto suave que rara vez se le veía. —Por esta vez.
Jungkook no dijo nada. Solo apretó sus manos.
El mejor regalo de cumpleaños no había sido ganar. Había sido ser el campo de batalla donde, al final, los tres habían salido victoriosos.








