Cazadores De Sombras: La Espada Olvidada by Athina.B.R at Inkitt
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Cazadores de Sombras: La Espada Olvidada

Summary

Alexander Lightwood y Jonathan Fairchild, después de perder a sus padres en un accidente que apenas recuerdan, se van a vivir con Luke Garroway. Una neblina extraña cubre las vidas que tenían antes , sueños confusos los atacan por la noche y olvidan la mañana siguiente. Durante 10 años viven con tranquilidad en Nueva York, aun con las desapariciones, los toques de queda y programas del gobierno para combatir una extraña plaga que llega en las noches. Los chicos, junto a su mejor amigo Simon Lewis, avanzan en una vida mundana... hasta que el mundo de las sombras les hace recordar lo que en realidad son: cazadores de sombras.

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
16+

Un buen inicio

Era frío, el viento del bosque le calaba los brazos y sus piernas. Él quería a su mamá.

¡Corre!

¡No!

Algo cálido apretaba su mano, apenas alcanzaba a ver lo que era por la bruma ¿Una mano más pequeña? Tal vez el de una niña.

¡Izzy!

¿Era su voz?

¡Deténganlos!

¡Luke, llévatelos!

¡MAMÁ!

Lo siento.

Alguien le susurró en el oído. No, él no quería irse, tenía miedo, tenía mucho miedo. Alguien lo agarró por el estómago, quería volver, quería hacerlo, pero ¿Por qué?

1997

Alec dio una gran inhalación cuando sus ojos se abrieron, los cerró rápidamente ante la dolorosa iluminación del sol que entraba por la ventana. Hizo un pequeño carraspeo, se sentó en la cama mientras frotaba sus parpados, al acostumbrarse a la luz, observó las paredes desnudas de su nuevo cuarto; ni siquiera tenían pintura, un solitario escritorio a la izquierda y el librero vacío. Suspiró, preguntando que habrá tenido en su antigua habitación.

—¡Niños, el desayuno!

La voz profunda de Luke atravesó la puerta.

Por lo que tenía entendido, Luke y su familia fueron amigos y por eso lo dejaron como tutor principal si algo les pasaba. No es que se quejara, Luke parecía un buen tipo, aunque se le hace extraño no tener recuerdos de un amigo de la familia tan cercano como para dejarlo a cargo de sus hijos, o de su familia en general. Sacudió la cabeza.

Se vistió con ropa ligeramente más grande y bastante simple, como si fuera lo primero que agarraron y pusieron en el armario. Salió del cuarto al mismo tiempo que, él. La imagen de un niño rubio y ojos negros le vino a la mente, un escalofrío lo recorrió. Sin embargo, lo único que vio fue a un niño encorvado de ojos verdes y una expresión incomoda; saludó a Jonathan con la cabeza, este se lo devolvió, o eso creía que fue el movimiento de la cabeza antes de que entrara al baño.

Alec dio un rápido escaneo al departamento. Era algo pequeño, con muros de ladrillo rojo siendo el mayor decorativo, aún había cajas de mudanza en el piso, el mueble más destacado, y único, era la mesa de comedor donde Luke ya ponía los tres paltos con huevos revueltos. El hombre era alto, de hombros anchos, piel oscura y una mandíbula bastante pronunciada, si no le hubiera sonreído de esa manera tan nerviosa, sería bastante intimidante.

—Buenos día, Alexander ¿Qué tal dormiste?

—Bien, eso creo— se acercó a la mesa y se sentó. En eso salió Jonathan del baño, también usaba ropa simple y no acorde a su tamaño.

—Buenos días Jonathan, ¿Qué tal dormiste?

Jonathan se fue a su asiento sin decir mucho, encogiéndose de hombros. Luke asintió vacilante y se sentó, quedando a la cabezada y ellos frente a frente de la pequeña mesa. Los primeros minutos solo se escuchaba el sonido de los platos y masticar de la comida.

—Bueno— Luke se limpió la boca y apartó el plato vacío—. Hoy es su primer día de escuela, una escuela normal. Sus padres antes les enseñaban en casa por lo que esto será algo nuevo para ustedes sin duda.

—Bueno, es difícil saberlo cuando no recuerdas haberlo hecho— Alec observó su reacción, y notó como el adulto se acomodó en la silla, nervioso.

—Sí, miren niños, sé que esto de la perdida de la memoria es, complicado, y les prometo que trataré de responder lo más posible a sus preguntas, pero hay cosas, que aún son muy jóvenes para saber.

—¿Cómo qué? — preguntó Alec, desafiante, casi por instinto parecía que no le gustaba que le dijeran que era muy joven para algo.

—Muchas, Alec, y aunque me mires así, no te las voy a decir.

Resopló y se dejó caer en su silla con los brazos cruzados. Miró a Jonathan, tal vez esperando un apoyo o la misma curiosidad de saber que está pasando, pero nada, el niño seguía comiendo su huevo revuelto sin tener algún interés en la conversación.

—Entonces— Luke se levantó y agarró dos mochilas, una verde oliva y otra azul marino, las colocó en medio de la mesa, de ellas sacó dos papeles—. Aquí están sus horarios, salones, y el nombre de sus profesores. La escuela está al otro lado del callejón detrás de nuestra casa, los acompañaré.

—Podemos ir solos— cortó Alec, con impaciencia.

—Tal vez cuando sean más grandes, pero por ahora, yo, los acompañaré.

Refunfuñó y tomó la hoja y la mochila al mismo tiempo que Jonathan, que, para sorpresa de nadie, seguía sin decir ni una sola palabra. Alec comenzó a preguntarse si era mudo o algo así. Jonathan se levantó y luego fue al baño.

—¿Por qué es tan raro?

—Alexander, no digas eso.

—Pero lo es, ¿Es mudo o algo? ¿Por qué no ha dicho nada?

Luke miró la puerta, asegurándose rápidamente de que estuviera cerrada, y luego se acercó a Alec, arrodillándose frente al niño aún sentado y lo miró a los ojos, no con dureza, pero si con cierta severidad.

—Escucha, esto son una de las cosas que no quiero contarte, pero puede ser importante que lo sepas.

Alec casi por instinto se enderezó. Por fin algo de información, pensó.

—El padre de Jonathan, no era una buena persona— bajó un momento la mirada—. Y eso pudo afectarlo.

—¿Mala persona?

—Sí, puede que le haya hecho daño y aunque no lo recuerde, quedan secuelas. ¿Entiendes eso? —Alec dudó, pero asintió—. Y por eso, te pido que seas muy paciente. Para él será especialmente difícil relacionarse con la gente.

No pudo evitarse sentirse culpable, lo primero casi que pensó al ver a Jonathan fue que era raro, y de hecho lo dijo, no quería imaginar cómo se sentiría si lo escuchara, pero debe ser bastante malo. Miró a Luke y asintió, serio. El hombre sonrió y le sacudió el cabello mientras se levantaba.

—Gracias, amigo.

Alec asintió de nuevo, y justo en ese momento salió Jonathan. Lavaron los platos y salieron del departamento, al mismo tiempo que su casera, Carla. Una mujer muy sonriente y amable, su cabello ondulado se sacudía mientras movía sus caderas al son de alguna canción. Al verlos sonrió aún más, como si fuera posible, y sacudía la mano con entusiasmo, haciendo tintinear sus muchas pulseras plateadas y doradas.

—Buenos días, chicos ¿Yendo a la escuela?

—Sí, vamos a la que está aquí atrás.

—Oh bendito sean los astros, no hay como solo dar unos pasos para irse al trabajo, o la escuela— miró a Alec y Jonathan con sus enormes ojos naranjas, o cafés muy brillantes—. Miren estas cositas ¿Emocionados por su primer día?

Alec asintió y Jonathan parecía quererse esconder detrás de Luke y su pelo platinado.

Se despidieron de ella cortésmente y salieron del edificio, una construcción de ladrillo con sus escaleras emergencias características de la Ciudad de Nueva York. Alec observó su alrededor, era un vecindario bastante tranquilo y acogedor; Inwood, le había dicho Luke que se llamaba la zona, aún se tenía la costumbre de saludar y convivir con los vecinos, los niños podían ir tranquilamente por la calle y los parques estaban por doquier, incluso el tráfico era mínimo a diferencia del centro. Siguieron a la ola de niños y padres que caminaban por la acera hasta detenerse al costado de otro edificio de ladrillos, pero estos de color beige, con una enorme puerta azul que encima tenía el nombre de la escuela: SANT MARCOS.

Mientras se acercaban a las escaleras, Alec sintió un tirón en su suéter y miró una mano pálida sosteniéndolo con los dedos. Jonathan miraba con casi pánico a todos los niños, quedaron un poco atrás sin que Luke se diera cuenta. Alec recordó la conversación, y al ver a ese niño tan asustado, supo que no podía dejarlo así, después de todo, ahora eran como alguna clase de hermanos. Tal vez fue ese pensamiento y el cosquilleo cálido que recorrió su pecho, que le dio el impulso de tomar la mano de Jonathan, que lo miró sorprendido.

—Está bien, estoy aquí— las palabras salieron tan naturales que parecía que ya las había dicho antes.

Se miraron fijamente, esos ojos verdes brillaron ligeramente y parecían más húmedos, pero una pequeña sonrisa apreció en ese rostro.

—Sí— su voz era pequeña, tímida.

Alec se alegró, lo sentía como un logro. Corrieron hasta la entrada donde Luke los esperaba, les sacudió la cabeza y sonrió.

—Mucha suerte niños.

Entraron.

Jonathan le soltó la mano, pero lo agarraba de la parte trasera del suéter, usándolo como una especie de escudo, a Alec no le molestó serlo. El interior estaba pintado de verde menta y los casilleros eran rojo cereza, los niños eran un enorme mar de cuerpos, gritones e inquietos que los ignoraban cada que chocaban con ellos. Alec miró su hoja y buscaron sus casilleros, que por fortuna u obra de Luke, estaban juntos. Sacaron los candados.

—Debes memorizar tu código, y nos toca historia, solo saca el cuaderno verde.

Jonathan hacía lo que decía sin rechistar, lo alegraba e incomodaba a Alec a partes iguales. Al ir al salón ya no estaban tan pegados, aunque Jonathan aún lo usaba como escudo mientras caminaban. Encontraron el salón en el segundo piso, era café con un vidrio donde se leía en dorado: 2B; SRTA. WILLIAMS.

Tenía grandes ventanales que daban al patio e incluso alcanzaban a ver las ventanas de su edificio, las paredes eran color crema con dibujos de animales y plantas primaverales, había recortes de hojas otoñales y calabazas, Halloween solo había sido un día antes. Dejaron las mochilas en la parte trasera del salón junto a las demás y fueron a los únicos pupitres vacíos. Algunos niños los voltearon a ver con curiosidad, después de todo, las clases ya habían iniciado un mes y medio antes. A Alec le dolió la cabeza de solo pensar que tenía que convivir con todos ellos, aunque se contentó al pensar que al menos tenía a Jonathan, que por su cara al notar que una niña lo miraba fijamente no sería de rosas tampoco para él.

La campana sonó y los niños con gritos agudos fueron corriendo a sus lugares. Una mujer regordeta y con un vestido simple naranja, entró con libros en la mano y una sonrisa con el labial medio corrido de un lado. Dejó el material en la mesa y miró a la clase.

—Hola, mis niños.

—Hola Srta. Williams— corearon todos.

—Bueno, bueno, miren esa energía, supongo que los dulces de Holloween los dejaron bien inquietos ¿verdad?

—¡Sí! — gritaron algunos.

—Bien, bien, pero ahora— se acomodó en la nariz los lentes que tenía en su canosa cabellera y agarró una hoja de entre sus libros—. Según me informaron, tenemos a dos nuevas personitas—todas las cabezas se giraron para verlos sin pena alguna, niños, al fin y al cabo—. Aquí están, Alexander Lightwood y Jonathan, Fairchild. Oh, que apellidos ¿Son europeos?

La maestra no tardó en encontrarlos en el fondo.

—Sí, eso creo— contestó Alec, vacilante.

—Oh, muy bien, entonces. Por favor, levántense, díganos algo de ustedes y como quieren que los llamemos, a mí por ejemplos me gusta que mis amigos me digan Lily y me gustan los paseos por el parque.

Alec miró a Jonathan, y luego se levantó con lentitud. Trató de fijar la mirada en el pizarrón para no ponerse nervioso.

—Yo… me gusta que me digan Alec y me gusta, leer.

—Bien, bien ¿Y tú tesoro?

Ahora toda la atención se fue a Jonathan, que con pasó aún más lento se levantó. Sus manos se retorcían y pareció tragar saliva. Un silencio incomodo rodeó el salón, algunos niños empezaron a susurrar o reírse. Alec los alcanzó a verlos mal, y estos se callaron.

—¿Estas bien mi niño?

—Nath— Jonathan interrumpió de repente—. Me gusta que me llamen, Nath, y me gusta, leer.

—Vaya, jamás había escuchado esa abreviatura para ese nombre en particular, pero bastante original, me gusta— la profesora rápidamente disipó el momento incomodo—. Bueno, es un gusto tenerlos aquí, Alec, Nath.

Nath se dejó caer en la silla, cansado, sus ojos parecieron irse a un lugar muy lejano. La profesora dio un repaso rápido y empezaron a anotar todo lo que escribía en el pizarrón. Alec alcanzó a ver el cuaderno de Nath, y notó una letra impecable y cursiva, era increíble, hacía ver su propia letra bastante fea. La siguiente clase fue Matemáticas, por suerte tendrían a su misma profesora hasta 5to grado, por lo que no tendrían que repetir todo el momento. Esa clase en especial la pareció disfrutar Nath, alzando en varias ocasiones la mano para responder las preguntas y resolver problemas que a varios, incluyendo Alec, les costaba trabajo.

—Vaya, vaya, al parecer tenemos a un pequeño genio entre nosotros.

Nath se sonrojó ante el elogio y regresó a su pupitre, aunque Alec notó a un grupo de niños en particular que lo miraban mal.

Llegó el receso y salieron al patio de juegos, mientras los chicos de 6to grado para arriba entraban, los más pequeños salían. El lugar estaba dividido en una zona de juegos más infantil y unas mesas de piedra con algunas jardineras con asientos esparcidas por el lugar. Alec y Nath se fueron a una de estas mesas y sacaron sus lonches; unos simples sándwiches de huevo, manzanas y botellas de agua.

—Y…—Alec le dio un mordisco a su sándwich—¿Qué tal te ha parecido? La escuela y eso.

Nath lo miró unos momentos, y Alec temía que solo se encogiera de hombros.

—Bien, creo. Me gusta matemáticas.

—Sí, eres bastante bueno en eso; un pequeño genio—Alec trató de imitar la voz aguda de la maestra, lo que hizo reír a Nath.

—Sí, es bastante fácil de hecho.

—A mí me gustó más historia— volvieron a sumirse en un pequeño silencio, aunque no incomodo— Y… ¿Recuerdas algo? Ya sabes, de tus padres.

Nath detuvo su siguiente mordisco, bajó el sándwich y miró pensativo la piedra.

—No, nada en realidad. Solo, pequeñas cosas que…

—…luego se van, tan rápido como aparecen— completó Alec, Nath asintió con desgano, volviendo a tomar su sándwich.

—Sí.

El momento se interrumpió cuando alguien dejó caer una lonchera de metal en miedo de la mesa, sobresaltándolos. Miraron a un trio de niños, que según recuerda Alec, estaban en su salón. La sonrisa desdeñosa en la cara grasosa y regordeta de uno de ellos no le gustó nada.

—Hola, genio— escupió lo último, mirando fijamente a Nath.

—¿Se te ofrece algo? — preguntó Alec, ahora teniendo la atención del gordo rubio y sus dos secuaces, un pelirrojo y un castaño tan o casi tan gordos como el rubio.

—No estoy hablando contigo, estoy hablando con el raro.

Algo se encendió dentro de Alec, al escuchar esa palabra, que apenas hace unas horas él mismo las dijo, pero ahora, no podía estar más molesto por ella.

—No le digas así ¿Qué quieres, cerdo? —la palabra salió llena de veneno, se levantó, no dispuesto a dejarse intimidar por el tipo.

Al parecer la dijo lo suficientemente fuerte para que varios de los niños giraran la cabeza al verlos, acercándose y formando un círculo, expectantes en lo que tal vez era una pelea.

—¿Cómo me dijiste?

—Lo que escuchaste. Déjanos en paz ¿Cuál es tu problema?

Alec le dio una rápida mirada a Nath, notando sus puños blancos de lo fuerte que los apretaba, como si se estuviera, conteniendo. El gordo rubio se aproximó rápido a Alec, quedando cara a cara, pero antes de decir o hacer algo, el rubio chilló. Al mirar, la muñeca estaba siendo fuertemente sujetada por Nath, que seguía quieto mirando la piedra y a pesar de los tirones del niño, no se movía.

—¡¿Qué está pasando aquí?!— gritó una voz grave, un profesor de seguro.

Como si eso fuera una señal, Nath soltó al rubio que cayó al suelo, se arrastró hacía atrás y lo miraba molesto y asustado.

—¡Maldito raro! — se levantó como su enorme cuerpo pudo y se fue empujando a la confundida multitud, que también vieron extrañados a Nath.

Alec se acercó y apenas le tocó en el hombro, este se sobresaltó un poco, levantando la cabeza. Por unos segundos, juraría que sus ojos eran negros, pero en un parpadeo, eran verdes. Supuso que fue algún efecto de la luz, estaban en una sombra después de todo.

—¿Estás bien?

—Sí, solo— bajó la mirada y puso las manos en la cabeza— ¿Cuál era su problema?

—No lo sé, tal vez se cayó de bebé o algo— sonrió cuando Nath dejó salir una pequeña risa, volvió a sentarse— ¿Estas bien?

—Sí, solo, extraño.

—Él debió sentirse muy estúpido, no parecía que podía zafarse de tu agarre, ¿Cómo hiciste eso?

Nath se enderezó y frunció un poco el ceño, como si él también tratara de entender lo que acababa de hacer.

— No lo sé— dijo finalmente.

El resto del receso pasó sin mayor problema, aunque algunos seguían viendo raro a Nath. Regresaron a clase y agarraron rápido el ritmo. El tipo gordo, que ahora sabían se llamaba Jaxon Evans, miraba con furia a Nath, este lo ignoraba de forma olímpica. Cuando sonó la campana de salida, los niños salieron del salón a gran velocidad, cuando Jaxon pasó a lado de Nath lo empujó y casi lo hace caer si no fuera porque Alec alcanzó a agarrarlo del brazo, el tipo y sus dos amigos se rieron y desaparecieron en el mar de niños.

—Que idiota— dijo Nath enderezándose.

—Sí, se merece un golpe en la cara.

—Estoy de acuerdo, aunque, nos meteríamos en problemas ¿no? — lo miró, nervioso.

—Darle una lección valdría la pena— Alec le sonrió y se dirigieron a la salida.

Vieron a los niños abrazar y recibir con cariño a sus padres. Una sensación amarga invadió el estómago de Alec, y más al ver a una familia en particular. Era un hombre y una mujer, un niño de cabello negro corría hacía ellos, abrazando las piernas de su padre y luego la mujer se inclinó para que el niño saludara a una bebé entre sus brazos.

—Alec— miró a Nath— ¿Estas bien?

Ahí notó que algo corría por su mejilla, y al limpiarse supo que al menos unas cuantas lagrimas se le escaparon

—Yo, recordé algo.

—¿Sí?

—Sí, aunque, ya se me olvidó.

—¡Niños!

Giraron la cabeza a la derecha, Luke los saludó con una sonrisa. Se acercaron al hombre, Alec no pudo evitar molestarse un poco por lo mucho que tenía que levantar la cabeza para verlo a la cara.

—Hola niños.

—Hola Luke— dijeron a la vez.

—¿Qué tal la escuela?

—Bien, me gustó historia.

—Y a mí me gustó, matemáticas.

—Me alegra, oigan ¿Quieren un helado? — señaló con el pulgar una tienda cercana. Los niños se miraron, luego lo miraron y asintieron—Bien, vamos.

Pidieron varias muestras de helado al no saber bien que les gustaba en realidad; Alec se fue por el limón y Nath por el de fresa. Caminaron un rato hasta llegar el parque, donde disfrutaron su postre en un cómodo silencio sentados en una banca.

—Luke— llamó Nath— ¿Cómo eran nuestros padres?

Eso tomó en curva a Luke, ya que empezó a toser y ahogarse con su propia saliva. Después de recuperar la compostura miró a Nath.

—Bueno ¿Qué quieres saber?

—No sé, ¿Lo que sea?

—Está bien—aclaró la garganta—. Tú, tú madre, se llamaba Jocelyn, ella era, increíble, muy amable y cálida, eso sí, daba siempre unas buenas patadas— Luke sonreía con cada cosa que salía de su boca—. Tienes sus ojos ¿sabes? El mismo tono de color verde, aunque ella era pelirroja.

Nath sonrió.

—¿Y mi padre?

La sonrisa de Luke desapreció lentamente.

—Tu padre era un hombre muy, determinado en cumplir sus objetivos, a veces llegaba a ser una, mala persona.

—¿Era malo con mi mamá?

—No lo sé, dejamos de tener contacto un poco después de que tu nacieras. Espero que no lo haya sido, tu madre era demasiado buena para estar con alguien como él— la sonrisa regreso, pero más pequeña y melancólica.

Nath bajó la mirada. Alec lo miró triste, Luke también debió ver el cambio de ánimo porque de inmediato sacudió a Nath.

—Hey, tranquilo— sonrió—. No tienes que parecerte a él, puedes ser tan increíble como tu mamá.

—¿Tú crees? — lo miró esperanzador.

—No lo dudo— hizo chocar sus helados con un ligero movimiento, Nath rio al notar que parte del helado de chocolate que quedó en su fresa— Lo siento.

—Está bien, gracias.

—No es nada— miró a Alec— ¿Tú, quieres saber algo de tus padres?

Quería gritar que sí, claro que sí quería saberlo, pero al escuchar sobre el padre de Nath, el miedo se enredó en su corazón y no quería, decepcionarse. Era cobarde, lo sabía, pero, quería pensar que al menos fueron unas buenas personas.

—No— respondió con desgano.

—¿Estás seguro? — Luke lo miró sorprendido.

—Sí, solo quiero saber ¿Eran buenas personas? — al ver a Luke dudar, agregó rápido— Sabes que, está bien, no, no tienes que decirme, estoy bien.

—¿Seguro? Por que Alec no es-

—No, no, está bien, enserio.

Trató de olvidar la conversación comiendo con más rapidez su helado, aunque ese le valió un fuerte dolor de cabeza, que provocó que Nath se riera a pesar de su mejor esfuerzo, aunque fuera a su costa, se alegró que eso aligerara el ambiente tenso.

Regresaron a casa y ayudaron a Luke a desempacar las cajas y construir algunos muebles más. Incluso colocaron una pequeña televisión, y les dijo que esa semana les llegaría el sillón.

—¿En qué trabajas Luke? — preguntó Alec mientras acomodaba unos platos y vasos.

—Yo, se podría ser dueño de un restaurante por las Chinatown, aunque he pensado en abrir una liberaría.

—¿No sería mejor otro restaurante? — preguntó Nath—. Parece que la gente ha dejado de leer.

—¿Y tú como sabes eso? — preguntó Luke, divertido.

—Le di una ojeada a nuestro libro de historia, al leer sobre el avance tecnológico tan acelerado que está teniendo los últimos años, y para el 2016 la gente leerá menos y el mercado del libro será obsoleto, o a esa conclusión llegué mientras leía.

Luke lo miró sorprendido, luego miró a Alec que solo se encogió de hombros.

—La Srta. William dice que es un posible genio.

—Oh, eso tiene sentido, bueno, gracias por la sugerencia Nath, lo tendré en cuenta.

Probaron el nuevo reproductor de cd’s en la cena, Luke les puso una película vieja a blanco y negro, que los aburrió un poco, pero fue una buena forma de entretenerse mientras cenaban. Luke les dijo que a lo largo de la semana podrían ir a la tienda de pintura y escoger como decorar sus habitaciones.

La semana pasó con normalidad. Aunque el tipo de Jaxon debió de decir algo raro, porque desde aquel incidente, nadie parecía quererse acercar a Nath. En su primera clase de educación física tenían que formar equipo, y siempre trataban de evitar escogerlo, y eso hizo que Alec rechazara a sus compañeros. Y no es como que tuviera grandes amigos para insistirle, por lo que, desde la segunda semana, ya solo eran Nath y él en el almuerzo, clases y proyectos. Podía ver que eso afectaba a Nath, que se volvió más callado, si es que eso era posible.

No sabía qué hacer para distraerlo, era muy nuevo en esto de ser, niño, en realidad. Solo se le ocurrió ir a una tienda de discos cuando escuchó a unos chicos mayores hablar de ella. Le dijo a Luke que el viernes después de la escuela irían a la tienda, por supuesto, no dejó que fueran solos.

A las tres ya estaban en ella.

Grandes estanterías con varios discos divididos en géneros y bandas. Había espacios donde podías colocar los discos y escuchar la música. Luke se fue a ver la sección de Jazz, mientras Nath y Alec recorrían las estanterías con curiosidad.

Alec entonces vio la portada de un disco bastante, curiosa. Era de un tipo con bastante maquillaje y ¿con un hueso? TWISTED SISTER, leyó al costado.

—¿Quieres escucharlo?

Se sobresaltó, miró a un hombre alto y algo desalineado con chaqueta de cuero y una sonrisa amable rodeada de pircings. Alec miró el disco y luego al dependiente, asintió con timidez. El señor lo guio a la zona de reproductores y se lo colocó, le dio los audífonos.

—Disfruta.

Alec le dio al botón de inicio.

We’re not gonna take it

No, we ain’t gonna take it

We’re not gonna take it anymore…

No supo en qué momento, pero en algún punto su cabeza se movía al ritmo de la batería y la guitarra, y tal vez estaba tarareando o gritando, considerando la forma en que la gente alrededor lo miraba. Quien sabe, pero estaba inmerso en la música. Dejó que la siguiente canción se reprodujera, y ahora I WANNA ROCK retumbaba en sus oídos. Luke tuvo que arrebatarle los auriculares para que le hiciera caso.

Le suplicó comprarle el disco.

—Por favor, por favor, cómpramelo.

—No lo sé, son 15 dólares, Alec.

—Por favor— hizo la “o” lo más alagó y aguda posible.

Luke lo miró con una mueca indecisa, entonces alguien le jaló el pantalón, miraron a Nath que se removía ansioso en su lugar y parecía tener un disco detrás de su espalda.

—Nath ¿Encontraste algo que te gustara?

—Sí.

—¿Qué es? — preguntó Alec, curioso.

Nath pasó el disco frente a él y se los mostró, con esa pequeña sonrisa y ojos brillantes de felicidad. I WILL SURVIVE; GLORIA GAYNOR. Se leía en dorado. Los niños miraros con ojos grandes y esperanzados al pobre hombre que trataba de conmoverse por ese par de ojos enormes y tan llenos de-

Los niños sonreían mientras Luke dejaba los discos sobre el mostrador, el dependiente apretaba los labios, tratando de no reírse.

Las desapariciones en Brooklyn siguen aumentando…

Alec miró la radio.

Como es sabido, una ola de desapariciones ha atacado a la gran manzana, miles de familia se han mudado para protegerse, la policía sigue sin dar un informe oficial…

—Alec— llamó Nath—. Hay que irnos.

—Ah, sí, sí, voy.

Alec se dejó jalar por Nath.

Y de nuevo, algunos oyentes afirman a ver visto criaturas extrañas rondar en los callejones, y declaran que estas cosas parecen perros gigantes …

Fue lo último que escuchó provenir de la radio.

Ya para el final de esa semana su habitación ya parecía una habitación.

Las paredes estaban pintadas de azul marino, con algunos posters de bandas de Rock que fue descubriendo con cada visita a la tienda de discos. Luke le hizo caso a Nath y consiguió rentar el lugar donde pretendía poner su librería y mejor comenzó los preparativos para una cafetería, al fin y al cabo, sobrevivir de libros teniendo dos niños sería complicado. Alec acomodó su libro de historia en su aún semi vacío librero, esperaba que pronto este se llenara.

Salió y vio a Nath sentado en el sillón frente al televisor, leyendo un libro sobre ¿Tecnología? Miró alrededor.

—Luke no está, dijo que tenía que hacer unas cosas, pero volvía pronto, la señora Carla nos vendrá a ver cada hora o algo así— informó sin apartar los ojos del libro.

—Oh— se sentó a su lado.

A pesar de que Alec se dijo que sería más, abierto con Nath, seguía sintiendo una especie de muro.

—¿Crees que soy, raro? — preguntó Nath, rompiendo el silencio.

Alec se acomodó para abrazar sus rodillas, Nath dejó el libro y lo imitó, sus cabezas apoyadas en las rodillas mientras miraban sus caras.

—Eres, especial.

—Una forma linda de decirlo.

—Bueno, bueno, sí, eres algo, peculiar, pero no tiene que ser malo.

—Todos en la escuela me odian.

—No te odian.

—Me evitan.

—A mí también.

—Porque estás conmigo.

Alec frunció el ceño, tratando de pensar en un argumento.

—No tienes que preocuparte, no es que me importe, la gente es tonta, especialmente ese Jaxon— escupió el nombre con odio.

—Es que, a veces siento que no me importa, pero otras que sí y eso, me duele— sus ojos se humedecieron— Y a veces, hay algo.

—¿Qué cosa?

—No lo sé, solo, algo en mi interior— se enderezó un poco, tocándose el pecho—. Algo muy malo, que me hace pensar en que, debería matarlos.

Alec tragó pesado, se movió incomodo. Aun así, no se apartó, recordó como de un momento a otro los ojos de Nath, antes verdes y brillantes, se volvieron negros y vacíos, un escalofrió lo recorrió. Respiró hondo.

—Eso no es bueno.

—Lo sé— su voz se mezcló con un pequeño sollozo.

—Si quieres, yo puedo ayudarte.

—¿Cómo? — lo miró, sus mejillas estaban húmedas por lagrimas que caían.

—No lo sé, pero, puedo simplemente estar aquí, o podrías buscarme cuando tengas esos, pensamientos.

—¿Por qué?

Alec lo pensó. No había ninguna razón para hacerlo, no es que fueran hermanos o algo parecido para que le preocupara de esa manera, sin embargo, ya lo eran ¿no? Desde aquél primer día de clases cuando lo tomó de la mano y le prometió que estaba ahí, sabía que de alguna forma se juró ayudarlo, como un hermano mayor. La tristeza ante esa idea se entremezcló con una dulce alegría.

Miró a Nath, levantó el puño dejándolo en el aire, en medio de los dos.

—Porque eres mi hermano.

—Pero nosotros no-

—No compartimos sangre, lo sé, pero no creo que debamos hacerlo, estamos juntos en esto ahora, y solo nos tenemos a nosotros ¿no?

Nath lo miró y luego al puño. Alec empezó a sentir el pecho frío. Entonces, vio el lento y tímido puño chocar con el suyo. Sonrieron, y Nath pareció hacer una mueca de dolor más que de felicidad.

—¿Qué te pasa?

—Nada, me duelen las mejillas.

—¿Qué, acaso nunca sonreías?

—Empiezo a sospechar que no.

Se rieron.

¡PUM!!PUM!

Ambos gritaron y cayeron del sofá en un golpe seco. Quedando en el suelo en un enredo de extremidades.

—¡Oh cielos, niños, ¿Están bien?!—escucharon a la señora Carla decir a través de la puerta con tono preocupado.

Se incorporaron con torpeza, y luego se miraron. Alec fue el primer en sentir el cosquilleo en el estómago, y luego fue inevitable, la risa lo atacó con ferocidad. Se sostenía el vientre, inclinándose ante el dolor del abdomen. Creyó ser el único, pero cuando escuchó un bufido, seguido de una carcajada, miró a Nath sostenerse igual que él mientras una gran sonrisa se formaba en su cara.

—¡Tomaré eso como que están bien! — gritó de nuevo la señora Carla.

Comentario que provocó otra ola de carcajadas incontrolables. No entendían que fue lo que les provocó tanta risa, pero es un recuerdo que atesorarán para siempre.

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MoonlightN🌕: I absolutely love Sully. He's such a mature, patient, and understanding character—a complete green forest. 💚I love Sorsha too. She's strong, resilient, and easy to admire. They're a perfect match, and watching their relationship grow with patience, trust, and love was beautiful.The way their bond d...

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An Irish Match

Lady of the Glen: Une histoire très mignonne et romantique comme on les aime ! Merci beaucoup pour ce bon moment en Irlande ! ❤️

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Buried Alive

Rahnia: This book is very good and calm , an enjoyable one it's so lovely how it's going through and more like a real story

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The Grumpy Next Door

ccssppmm: A truly enchanting story. You start reading and you can't stop, I found myself reading with a smile on my face.I loved it.

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Bloodlines

Janeen: I have read many wolfy books and I have to say its the best one I have read so far. I enjoyed how the chapters kept moving the story along that made you want to read more. I loved the characters different quirks and how bad blood between some of them became what we all hope our own familes were.Now ...

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