Chapter
El video llevaba tres días circulando.
Tres días desde que Minho, el imbécil de su ex, había subido a sus historias un clip donde le gritaba a Jimin en medio de una fiesta. "Eres frío, eres aburrido, no sirves para esto", le había escupido delante de todos, con una copa en la mano y una risa burlona.
Los comentarios de los que estaban ahí habían sido peores que el video: "Pobre Minho, aguantar a un chico así", "Seguro que en la cama era un estúpido", "Que bueno que ya se libró".
Jimin había llorado una noche entera. Una sola.
A la mañana siguiente, se despertó vacío. Y luego, lleno de algo mucho más peligroso que la tristeza: rabia fría.
—No voy a dejar que ese idiota me humille y quede como el pobrecito —dijo, sentado en la cama de Taehyung, con los ojos hinchados pero la voz firme. —Voy a hacer que se arrepienta de cada palabra.
Taehyung, que estaba a su lado, le pasó un café y se recostó contra la cabecera. Llevaba puesto un conjunto de satén corto, el cabello ondulado revuelto, y una expresión que mezclaba preocupación y curiosidad.
—¿Qué tienes en mente?
—Voy a mostrarle lo que se perdió. Pero no solo.
—¿Con quién?
—Con Jeon Jungkook.
Taehyung casi se atraganta con el café.
Jeon Jungkook. El estudiante de último año de Ingeniería que también era el capitán del equipo de natación. El tipo por el que medio campus suspiraba. El que tenía una fila de chicos y chicas detrás de él y jamás le había hecho caso a ninguno. Misterioso, serio, con un cuerpo esculpido por horas de entrenamiento y una mirada que parecía atravesar la ropa.
—¿Y cómo piensas convencerlo? —preguntó Taehyung, alzando una ceja.
—No sé. Pero hay algo más.
—Dime.
—Quiero que también estés tú.
Taehyung parpadeó. Jimin lo miró fijamente.
—Si voy solo con Jungkook, Minho va a pensar que fue casualidad. Pero si nos ve a los dos con él... si nos ve a los dos pegados al hombre que él jamás podría ser... eso sí que le va a destruir el ego.
Taehyung se quedó en silencio. Luego, una sonrisa lenta se extendió por sus labios pintados de rosa.
—Me encanta.
El plan requería reclutar a Jungkook.
Lo encontraron en la cafetería del campus, solo, con un libro de termodinámica y un café negro. Vestía una sudadera gris que de alguna manera lo hacía ver más ancho de hombros. Tenía el cabello húmedo, recién salido del entrenamiento.
Jimin se sentó frente a él sin pedir permiso. Taehyung se deslizó a su lado.
—Jungkook —dijo Jimin, directo. —Necesitamos un favor.
Él levantó la vista del libro. Sus ojos oscuros fueron de Jimin a Taehyung, luego otra vez a Jimin. No dijo nada. Esperó.
—¿Viste el video que anda circulando?
—Sí —dijo, sin pestañear.
—Mi ex me humilló frente a medio campus. Dijo que soy frío. Que no sirvo en la cama.
Jungkook dejó el libro a un lado. Su expresión no cambió, pero algo se encendió en su mirada.
—¿Y yo qué tengo que ver con eso?
—Quiero que seas mi venganza. Bueno, nuestra venganza.
Taehyung se inclinó un poco hacia él, apoyando la barbilla en una mano.
—Esta noche hay una fiesta en la casa de la fraternidad. Minho va a estar ahí. Queremos que nos vea contigo. Besándonos. Tocándonos. Todo.
Jungkook guardó silencio unos segundos. Sus dedos tamborilearon sobre la mesa.
—O sea, que quieren usarme.
—Sí —admitió Jimin. —Pero te prometo que no te vas a arrepentir.
Jungkook los miró a los dos, despacio.
No era tonto.
Entendía perfectamente la situación.
Pero también era un hombre, y tenía frente a él a dos de los chicos más hermosos del campus pidiéndole que fingiera ser su amante por una noche.
—Acepto —dijo, cerrando el libro. —Pero con una condición.
—¿Cuál?
—No voy a fingir.
Jimin sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—Trato hecho.
La fiesta estaba en su punto máximo cuando ellos llegaron.
La casa de la fraternidad vibraba con música electrónica, olor a alcohol y sudor, cuerpos apretados en la pista improvisada del salón. Luces de neón pintaban las caras de azul y rosa.
Jimin llevaba un vestido blanco ceñido, cortísimo, con un escote en la espalda que llegaba casi hasta la cadera. El cabello recogido en una cola alta, los labios pintados de rojo. Caminó entre la gente como un modelo en pasarela, ignorando las miradas.
Taehyung iba a su lado, con un pantalón de cuero negro y un top plateado que era poco más que dos tiras brillantes cruzándole el pecho. Su pelo suelto caía en ondas, y sus ojos estaban delineados con un negro felino que lo hacía ver peligroso.
Murmullos. Muchos murmullos.
—Míralos...
—¿Quiénes son?
—El del video, el ex de Minho...
Jimin no les prestó atención. Buscó con la mirada, y ahí estaba él.
Minho, en una esquina del salón, con un vaso rojo en la mano y rodeado de sus amigos imbéciles. También lo vio. Su sonrisa de suficiencia se amplió cuando lo reconoció. Seguro pensaba que iba a verlo derrotado, a pedirle otra oportunidad.
Jimin le sostuvo la mirada y sonrió.
Luego, se giró hacia la entrada.
Jungkook apareció en ese momento.
Llevaba una camisa negra con los primeros botones abiertos, dejando ver la línea de su pecho. El cabello ligeramente peinado hacia atrás, la mandíbula firme. Caminó directo hacia ellos ignorando a todo el mundo, como si el resto de la fiesta no existiera.
Se detuvo frente a Jimin y, sin decir una palabra, lo tomó de la cintura y lo besó.
No fue un beso suave. Fue un beso de esos que hacen que la gente voltee. Lengua, mordida suave en el labio inferior, la mano de él bajando un poco más de la cintura, justo al borde de lo indecente.
Jimin le rodeó el cuello con los brazos y le devolvió el beso con igual intensidad.
Cuando se separaron, Jimin estaba sin aliento.
—Wow —susurró.
—Eso fue un adelanto —dijo él, con la voz ronca.
Taehyung se pegó a su otro lado. Le puso una mano en el pecho.
—No te olvides de mí.
Jungkook giró la cara y lo besó a el también. Igual de intenso. Igual de hambriento. La mano de él fue al cuello de Taehyung, apretando apenas, lo suficiente para que dejara escapar un gemido que se perdió contra sus labios.
La gente miraba. Algunos con la boca abierta. Otros grabando con el celular.
Jimin buscó a Minho con la mirada.
Estaba inmóvil, el vaso olvidado en la mano. Su expresión de suficiencia se había borrado por completo. En su lugar había algo entre incredulidad y furia. Sus amigos lo codeaban, incómodos.
Jimin le sostuvo la mirada a su ex, le dedicó una sonrisa dulce, y luego se perdió entre los brazos de Jungkook otra vez.
Bailaron así durante una hora.
Los tres juntos, apretados en la pista.
Jungkook en el centro, Jimin de espaldas contra su pecho, Taehyung de frente, rozándose. Las manos de él iban de uno a otro, a veces en la cadera de Jimin, a veces en el trasero de Taehyung, a veces enredadas en el cabello de ambos. La música vibraba en las paredes y el sudor perlaba sus pieles.
En un momento, Taehyung se giró y, sin importarle quién miraba, se apretó contra Jungkook y empezó a moverse al ritmo de la música. Él le agarró las caderas y lo pegó más. Jimin, detrás, besaba su cuello.
Era un espectáculo. Y todos lo estaban viendo.
—Minho no nos quita los ojos de encima —murmuró Taehyung al oído de Jimin.
—Lo sé —respondió, con una sonrisa. —Que sufra.
Pero lo que había empezado como una actuación estaba cambiando. Las miradas entre los tres ya no eran fingidas. Las caricias ya no eran solo para la galería. Había algo real crepitando entre ellos, una electricidad que no esperaban.
Jungkook lo sintió también. En un momento dado, los tomó a ambos de la mano y tiró de ellos hacia el pasillo.
—¿A dónde vamos? —preguntó Jimin, aunque ya lo sabía.
—Arriba. Necesito estar a solas con ustedes. Ahora.
Se metieron por unas escaleras, esquivando parejas borrachas.
Jungkook encontró una habitación vacía al fondo del pasillo, una especie de estudio con un sofá grande y una alfombra mullida.
Cerró la puerta tras ellos, pero no le puso seguro.
—¿Y si alguien entra? —preguntó Taehyung, aunque su tono sonaba más excitado que preocupado.
—Que entren —dijo Jungkook. —Que vean.
Se sentó en el sofá y los miró.
—Quítense la ropa.
Jimin y Taehyung intercambiaron una mirada. Esto ya no era fingir. Esto era otra cosa. La orden de Jungkook, su tono seguro, la forma en que los miraba como si ya fueran suyos, encendió algo en ambos.
Taehyung fue el primero. Se desabrochó el pantalón de cuero y lo fue bajando lentamente, contoneando las caderas. Debajo llevaba una tanga de hilo negro. El top plateado se lo quitó por la cabeza y sus tetas quedaron al descubierto, redondas y firmes.
Jimin lo imitó. Bajó el cierre del vestido blanco y lo dejó caer. Llevaba lencería roja, transparente. Las copas del brasier apenas cubrían sus pezones, que ya estaban duros. Las bragas eran una tela mínima que se perdía entre sus piernas.
Jungkook los observó, apoyado en el sofá, con las piernas abiertas y la camisa negra ya desabrochada. Sus abdominales brillaban a la luz tenue de la lámpara. Bajó la mano hasta el bulto visible en su pantalón y lo apretó despacio.
—Vengan aquí.
Ellos obedecieron.
Jimin se arrodilló frente a él y desabrochó su pantalón. Lo liberó y se quedó sin aire al verlo. Era grande, grueso, la punta ya húmeda. Lo tomó con una mano y luego con la boca, sin previo aviso. Jungkook gruñó y echó la cabeza hacia atrás.
Taehyung se colocó detrás de Jimin, pegando sus tetas desnudos contra su espalda, besándole los hombros mientras sus manos rodeaban su cuerpo y le pellizcaban los pezones por encima del brasier.
—Así me gusta —susurró Taehyung en su oído. —Muéstrale lo que sabe hacer tu boca.
Jimin gimió sobre el miembro de Jungkook, acelerando el ritmo. Lo chupaba con ganas, con rabia, con todo el coraje acumulado. Quería que se escuchara. Quería que si Minho estaba cerca lo oyera.
La puerta no estaba cerrada del todo. En el pasillo había gente.
Y entonces, pasó lo que esperaban.
Un ruido de pasos. Una voz conocida.
—¿Dónde está el? —dijo Minho, a unos metros, hablando con alguien. —¿Entró ahí?
Jimin sonrió sin dejar lo que hacía. Levantó la cabeza un momento y gritó, con la voz más aguda y quebrada que pudo fingir:
—¡Ah, Jungkook! ¡Más!
El efecto fue inmediato.
Los pasos se detuvieron.
Jungkook lo agarró del cabello y lo guio otra vez hacia su miembro. Pero esta vez fue él quien habló, en voz alta, para que se oyera:
—Así, nene. Eres el mejor. ¿Tu ex no sabía lo que tenía, verdad?
Jimin gimió una risa.
—No. Él no sabía nada.
Desde el pasillo, alguien soltó una risa ahogada. Probablemente un amigo de Minho. Probablemente más de uno. La humillación pública se estaba revirtiendo en tiempo real.
Taehyung se puso de pie y fue hacia la puerta. La entreabrió un poco más, lo suficiente para que desde fuera se viera un ángulo mínimo: el sofá, la espalda desnuda de Jimin, la cabeza moviéndose sobre la entrepierna de Jungkook. Si alguien miraba, iba a ver lo suficiente para imaginarse el resto.
—Creo que tenemos público —anunció Taehyung, con una sonrisa maliciosa.
—Mejor —dijo Jimin, separándose y subiéndose al sofá. —Quiero que me oigan bien.
Se colocó a horcajadas sobre Jungkook, de espaldas a la puerta entreabierta. Se deslizó sobre su miembro con un gemido largo, exagerado, casi teatral. Pero no era fingido del todo. El placer era real, las paredes de su interior se apretaban alrededor de él como si lo reclamaran.
—Más fuerte —ordenó el, mirando a Jungkook a los ojos.
Él lo agarró de las caderas y empezó a embestirlo desde abajo. El sonido de piel contra piel llenó la habitación. Los gemidos de Jimin se volvieron más agudos, más intensos.
Taehyung seguía junto a la puerta, pero ahora se tocaba. Sus dedos habían encontrado el camino entre sus piernas y se acariciaba lentamente mientras veía el espectáculo. Sus jadeos también se escapaban por la rendija.
—¿Quieres unirte? —le preguntó Jungkook sin dejar de moverse.
Taehyung negó con la cabeza, una sonrisa perversa en los labios.
—Quiero mirar un rato más. Y quiero que el idiota del pasillo también mire.
Afuera, alguien soltó un "no jodas" y hubo un murmullo. Minho no se iba. No podía. Estaba hipnotizado, furioso, humillado, pero no podía moverse.
Jungkook cambió de posición. Se puso de pie, cargando a Jimin, y lo recostó contra la pared más cercana a la puerta. El respaldo del sofá quedó a la vista, y también el ángulo donde Taehyung se tocaba sobre la alfombra.
Ahora sí, desde fuera, se podía ver más.
Jungkook embistió a Jimin contra la pared con fuerza. Sus tetas rebotaban con cada movimiento. Los gemidos de Jimin eran auténticos, ya no fingía. Le clavó las uñas en la espalda y echó la cabeza hacia atrás.
—Dilo —le ordenó Jungkook, con voz grave. —Dilo para que te oiga.
Jimin lo miró, sudoroso, los labios hinchados de tanto besar y morder.
Y entonces gritó, con todas sus fuerzas:
—¡Me vengo con él, no contigo, Minho! ¡Con él! ¡Sí, sí, no pares!
El clímax le llegó como una ola, sacudiéndolo entero. Sus piernas temblaron alrededor de la cintura de Jungkook y su cuerpo se arqueó. Los espasmos lo recorrían mientras Jungkook lo sostenía, todavía dentro.
Afuera, un portazo. Pisadas fuertes alejándose. Alguien riendo.
Minho se había ido.
Pero Jungkook no había terminado. Ni Taehyung.
—Ahora tú —dijo él, girándose hacia el chico de la alfombra, que seguía tocándose con los dedos mojados y los ojos vidriosos.
Taehyung no necesitó que se lo pidiera dos veces.
Se puso de pie y caminó hacia Jungkook, que seguía dentro de Jimin, que jadeaba contra la pared con los ojos entrecerrados.
Taehyung lo besó, metiendo la lengua en su boca, probando el sabor de Jimin en sus labios.
—Quiero que me cojas por detrás —susurró. —Mientras Jimin nos mira.
Jungkook salió de Jimin, que se dejó caer en la alfombra, agotado pero sonriente, apoyado en un codo para no perderse detalle.
Taehyung se puso en cuatro sobre el sofá. La espalda arqueada, el trasero levantado, el hilo negro hecho a un lado. Mojado. Listo.
Jungkook se colocó detrás de el. Se tomó un momento para admirar la imagen, y Jimin, desde la alfombra, también.
—Qué hermoso te ves —dijo Jimin, con voz ronca. —Déjate llevar.
Jungkook entró de un solo movimiento. Taehyung soltó un grito ahogado, los dedos aferrándose a los cojines del sofá. Jungkook lo tomó con fuerza, con un ritmo rápido que hacía que sus tetas se balancearan con cada embestida.
—Qué rico... qué rico... —repetía Taehyung, los ojos en blanco.
Jimin se arrastró por la alfombra hasta quedar frente a el. Le sostuvo la cara con las manos y lo besó mientras Jungkook seguía moviéndose detrás. El beso entre los dos era dulce y obsceno a la vez, lleno de lenguas y suspiros compartidos.
Los gemidos de Taehyung se fueron haciendo más agudos. Jungkook alargó una mano y le apretó una teta, pellizcándole el pezón, y el gritó.
—Voy a... voy a...
—Vente —le ordenó él al oído. —Vente conmigo.
Taehyung obedeció con un grito ronco. Su cuerpo se estremeció entero, apretándose alrededor de Jungkook, que aguantó un par de embestidas más antes de salir y liberarse sobre la espalda baja de Taehyung, con un gemido profundo y entrecortado.
Los tres cayeron sobre el sofá, uno encima del otro, jadeando.
La habitación olía a sexo y a perfume. La música de la fiesta seguía sonando abajo, pero en esa habitación solo existían ellos tres.
Jimin fue el primero en hablar:
—Creo que funcionó.
—Creo que sí —dijo Taehyung, riendo bajito.
—¿Y ahora qué? —preguntó Jungkook, pasando un brazo por encima de ambos.
—Ahora... —Jimin se giró para mirarlo, una chispa traviesa en los ojos—... la venganza ya está hecha. Pero esto no tiene por qué terminar aquí.
Taehyung sonrió y apoyó la cabeza en el pecho de Jungkook.
—Opino lo mismo.
Jungkook los miró a los dos, exhausto pero satisfecho, y soltó una risa baja.
—Pues a mí me parece perfecto.
Afuera, en el pasillo, alguien había subido un nuevo video a las redes. Pero esta vez, el humillado era otro.
Y Jimin, por fin, había cerrado esa herida con un broche de oro. O mejor dicho, de placer.








