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La última puerta

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Summary

Emma siempre ha vivido con una pregunta que nadie quiere responder: ¿qué ocurrió realmente aquella noche en la que su hermano Evan desapareció? Doce años después, Evan regresa sin haber envejecido un solo día. Pero no vuelve solo. Con él llegan recuerdos imposibles, desapariciones que nadie puede explicar y una misteriosa ciudad que parece existir en algún lugar entre el mar y la realidad. Cuando Emma comienza a recordar fragmentos de una infancia que creía haber olvidado, descubre que su familia lleva décadas vinculada a un secreto enterrado bajo Blackwater. Una antigua puerta conecta el pueblo con una ciudad que no debería existir y con algo mucho más oscuro que lleva demasiado tiempo esperando para cruzarla. Ahora Emma tendrá que descubrir qué ocurrió realmente con su familia, por qué fue elegida y qué precio tuvo que pagar Evan para regresar. Porque algunas puertas se pueden cerrar. Pero no todas las cosas que están al otro lado quieren quedarse allí.

Status
Complete
Chapters
10
Rating
5.0 (1 review)
Age Rating
16+

Capítulo 1: El que volvió

En Blackwater nadie salía de casa la noche del 17 de noviembre.

No era una ley.

No había carteles en las calles ni policías vigilando las puertas.

Simplemente era algo que todo el mundo sabía.

Cuando llegaba aquella fecha, las persianas permanecían bajadas, las luces exteriores se apagaban y nadie caminaba cerca del puerto después de las once.

Los niños aprendían la regla antes incluso de aprender por qué existía.

No mires al mar cuando suene la campana.

Y, sobre todo...

No respondas si alguien llama a tu puerta.

Nadie sabía exactamente cuándo había comenzado aquella tradición.

Algunos decían que era una superstición antigua.

Otros hablaban de una tormenta que había destruido el pueblo décadas atrás.

Los más viejos simplemente guardaban silencio.

Pero todos conocían una cosa.

Cada año, durante aquella noche, alguien desaparecía.

Siempre una persona.

Siempre sin dejar rastro.

Y nunca encontraban un cuerpo.

Emma Miller tenía veintinueve años cuando dejó de creer en las historias de Blackwater.

O eso se decía a sí misma.

Aquella noche estaba sentada frente a la ventana de su habitación, observando cómo la lluvia golpeaba el cristal.

El pueblo estaba prácticamente a oscuras.

Desde allí podía distinguir el faro.

Su luz atravesaba la niebla cada pocos segundos.

Una vuelta.

Otra.

Otra.

El teléfono vibró sobre la mesa.

Emma lo miró.

Era un mensaje de su madre.

No salgas.

Emma respondió:

No pensaba hacerlo.

Tres puntos aparecieron inmediatamente.

Desaparecieron.

Volvieron a aparecer.

Finalmente llegó otro mensaje.

Esta noche no.

Emma frunció el ceño.

Su madre nunca escribía así.

Siempre añadía alguna explicación.

Siempre decía dónde estaba.

Siempre preguntaba si Emma había cenado.

Esta vez no.

Solo:

Esta noche no.

Emma dejó el teléfono boca abajo.

Intentó concentrarse en el libro que tenía delante.

No pudo.

Algo golpeó la ventana.

Emma levantó la cabeza.

Silencio.

Esperó.

Otro golpe.

Más fuerte.

Se levantó lentamente.

Apartó la cortina.

No había nadie.

Solo lluvia.

Y oscuridad.

Entonces vio algo.

Una figura al otro lado de la calle.

Inmóvil.

Emma entrecerró los ojos.

Parecía un hombre.

Estaba completamente empapado.

No llevaba paraguas.

No se movía.

La luz del faro pasó sobre él.

Durante un instante, Emma pudo verle el rostro.

Y dejó de respirar.

El libro cayó al suelo.

—No...

La figura levantó la cabeza.

Emma retrocedió.

No podía ser.

Era imposible.

Pero reconocería aquel rostro en cualquier lugar.

Aunque hubieran pasado doce años.

Aunque la última fotografía que conservaba de él fuera de cuando tenía diecisiete.

Aunque llevaba doce años intentando aceptar que nunca volvería a verlo.

El hombre cruzó la calle.

Se detuvo frente a la casa.

Emma no se movió.

Él levantó una mano.

Y llamó a la puerta.

Tres golpes.

Toc.

Toc.

Toc.

Emma sintió que el corazón le golpeaba las costillas.

Su hermano llevaba doce años muerto.

O eso era lo que todos habían creído.

No abrió.

Se quedó inmóvil en mitad del pasillo.

Los tres golpes volvieron a sonar.

Toc.

Toc.

Toc.

Emma cogió el teléfono.

Marcó el número de su madre.

Contestó al segundo tono.

—¿Mamá?

Al otro lado solo se escuchaba respiración.

—Mamá, hay alguien en la puerta.

Silencio.

—Emma...

La voz de su madre temblaba.

—No abras.

—Es él.

La respiración se detuvo.

—¿Quién?

Emma cerró los ojos.

—Evan.

Al otro lado de la línea no hubo respuesta.

Solo un sollozo.

Después, su madre susurró:

—Eso no es posible.

Emma miró hacia la puerta.

—Lo estoy viendo.

—No abras.

—Mamá...

—¡No abras la puerta!

Emma nunca había escuchado a su madre gritar así.

Se quedó quieta.

Entonces escuchó algo.

No desde el teléfono.

Desde el otro lado de la puerta.

—Emma.

La voz.

La reconoció inmediatamente.

Era la voz de su hermano.

La misma voz que recordaba de cuando eran niños.

La misma voz que había escuchado por última vez doce años atrás.

—Emma, soy yo.

Las lágrimas comenzaron a llenar sus ojos.

—¿Qué quieres?

Silencio.

Después:

—Tengo frío.

Emma dio un paso hacia la puerta.

Su madre gritó desde el teléfono:

—¡No!

Pero Emma ya había puesto la mano sobre el pomo.

Cuando abrió...

El mundo pareció detenerse.

Evan estaba allí.

Descalzo.

Empapado.

Con una vieja sudadera gris que Emma reconoció inmediatamente.

La llevaba puesta la noche en que desapareció.

Su pelo estaba exactamente igual.

La pequeña cicatriz sobre la ceja izquierda seguía allí.

Incluso llevaba el mismo reloj barato que sus padres le habían regalado cuando cumplió dieciséis años.

Emma no pudo hablar.

Evan la miró.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Hola, Emma.

Ella se llevó una mano a la boca.

—No...

Evan sonrió.

Una sonrisa pequeña.

Cansada.

La misma sonrisa que tenía cuando quería convencerla de que no había roto algo.

—Has cambiado mucho.

Emma retrocedió.

—Tú no.

Evan bajó la mirada hacia sus manos.

Parecía confundido.

—¿Qué?

—No has cambiado.

Él frunció el ceño.

Emma lo observó de arriba abajo.

Diecisiete años.

Exactamente diecisiete.

Ni una arruga.

Ni una cana.

Ni un solo signo de haber envejecido.

Como si el tiempo hubiera pasado para todos menos para él.

—¿Dónde has estado?

Evan la miró.

Y durante unos segundos pareció no comprender la pregunta.

—¿Dónde...?

Miró hacia la calle.

La lluvia seguía cayendo.

—No lo sé.

Emma sintió un escalofrío.

—¿Cuánto tiempo?

Evan volvió a mirarla.

—¿Desde cuándo?

Emma tragó saliva.

—Desde que desapareciste.

Evan sonrió confundido.

—¿Desaparecí?

Emma sintió que algo dentro de ella se rompía.

—Evan...

Él dio un paso hacia ella.

—¿Qué día es hoy?

Emma no respondió.

Evan volvió a preguntar.

—¿Qué día es?

—17 de noviembre.

Él asintió.

—Vale.

Se quedó pensando.

Después miró su reloj.

—Entonces llego tarde.

Emma sintió un frío repentino.

—¿A dónde?

Evan levantó la mirada.

Sus ojos cambiaron.

Por primera vez desde que había aparecido...

Parecía asustado.

—A casa.

Emma negó lentamente.

—Esta es tu casa.

Evan la miró.

Después miró el interior.

Las fotografías familiares.

El sofá.

Las escaleras.

Todo.

Su expresión se transformó.

—No.

Susurró.

—No puede ser.

—Evan...

Él retrocedió.

—No.

—¿Qué pasa?

Evan comenzó a respirar rápidamente.

Miró hacia la calle.

Después al cielo.

Finalmente volvió a mirar a Emma.

—¿Qué año es?

Emma se quedó paralizada.

—2026.

El rostro de Evan perdió todo el color.

Miró su reloj.

Las agujas marcaban las 23:17.

Entonces sonó la campana del faro.

Una vez.

El sonido atravesó todo Blackwater.

Evan levantó la cabeza.

Y susurró:

—No.

Otra campanada.

Dong.

Evan agarró a Emma del brazo con fuerza.

—Escúchame.

—¿Qué?

—Cuando vuelva a sonar...

No mires al mar.

Emma no entendía nada.

—¿Por qué?

Evan miró hacia la ventana.

A través de ella podía verse una pequeña parte del océano.

Y algo...

Algo se movía entre la niebla.

—Porque ellos sabrán que he vuelto.

La tercera campanada comenzó a sonar.

Evan cerró los ojos.

—Y esta vez...

La voz le tembló.

—No han venido a buscarme a mí.

La campana terminó de sonar.

Y desde algún lugar frente a la costa...

Una segunda campana respondió.

Emma miró hacia el mar.

Aunque Evan intentó detenerla.

Y entre la niebla...

Vio una silueta.

Después otra.

Y otra.

Personas.

De pie sobre la superficie del agua.

Esperando.

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Good Writing

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Great Character

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Strong Dialog

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Strong Dialog

author

Uf, vaya inicio! Me llamó la atención la sinopsis, pero es que el primer capítulo te atrapa de lleno. Qué forma tan fluida de transmitir la intriga y el suspense. Sientes el pánico de la madre, lo extraña que es la situación y todo el dolor y la necesidad de la protagonista por recuperar a su hermano. ¡Enganchadísima desde ya, deseando leer el siguiente! 🫶🏻

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