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⠀⠀⠀⠀El día en que la muerte lo alcanzó, Namjoon no tuvo ningún presentimiento negativo ni una punzada en el pecho que le advirtiera la desgracia que lo esperaba. El clima era hermoso y el bullicio cotidiano aún se oía a su alrededor. Si alguna vez imaginó algo así, probablemente habría sido solo en pesadillas estúpidas de su adolescencia, cuando aún era un inmaduro chico asustadizo. Pero ahora, con la respiración entrecortada y el pulso zumbando en sus oídos, la realidad lo golpeaba hasta darle escalofríos.
⠀⠀⠀⠀Sigue ahí, odiándose con intensidad mientras la impotencia le quemaba la garganta, hipando de frustración por haber sido tan lento, tan humano e inútil para reaccionar. Porque en sí, su mayor remordimiento no era que su propia vida se escurriera entre los dedos, sino el miedo paralizante de no haber sido lo suficientemente rápido para proteger al chico que amaba en silencio desde hacía años.
⠀⠀⠀⠀Todo comenzó con una engañosa normalidad un lunes por la noche. La pantalla de su celular se iluminó con el nombre que siempre aceleraba su corazón: Seokjin, su mejor amigo de la facultad, la luz de sus días monótonos y su amor platónico desde el instante que sus miradas se cruzaron por error años atrás. La voz al otro lado de la línea sonaba cantarina, llena de una emoción que el moreno no pudo evitar absorber. Jin le proponía —casi suplicaba— que lo acompañase a Busan para recibir a hermano menor, Taehyung, que acababa de acababa de salir del servicio militar.
⠀⠀⠀⠀Jin quería que Namjoon estuviera ahí para el reencuentro.
⠀⠀⠀⠀«Por favor, Joonie. ¡Si quieres te pago...!»
⠀⠀⠀⠀Vaciló el rubio, porque para él era una invitación puramente amical. Un gesto de dos personas que comparten una confianza tan profunda que roza lo íntimo, pero para Namjoon significaba algo distinto: la oportunidad perfecta y efímera de disfrutar la presencia ajena a solas, sin las interrupciones de Hoseok o Ye-eun. Aunque solo fueran unas cuantas horas en un asiento estrecho, la idea de rozar sus rodillas con las de Seokjin o de escuchar su risa cerca era un paraíso que no estaba dispuesto a rechazar.
⠀⠀⠀⠀— Vale, acepto. —recuerda haber dicho Namjoon, con la voz un poco más grave por la sequedad en su boca.
⠀⠀⠀⠀La risa cristalina de Jin al otro lado fue su recompensa inmediata; le agradeció con efusividad por acompañarlo y por nunca dejarlo solo. El rubio le advirtió que le mandaría el boleto del tren en unos minutos, pero le pidió llegar temprano a la terminal para tomar un café y charlar antes del embarque. Namjoon emitió un sonido asertivo, de esos que escondían mil palabras de adoración, despidiéndose y deseando que pasara una buena noche.
⠀⠀⠀⠀Esa madrugada, apenas logró dormir.
⠀⠀⠀⠀A la mañana siguiente, con los primeros rayos del amanecer en la estación de Seúl, el moreno llegó una hora antes de lo acordado. Vestía de forma sencilla: una mochila de un solo tirante —la misma que solía arrastrar por los pasillos de la universidad—, una gorra oscura hundida sobre sus ojos y una mascarilla negra. Su pretexto era evitar que Seokjin notara su cansancio si se quedaba dormido en el trayecto, pero la verdad era que quería ocultar la sonrisa boba que siempre le escapaba al verlo.
⠀⠀⠀⠀Jin no se hizo esperar. Apareció en cuanto Namjoon se sentó en la sala de espera, viéndose radiante a pesar de lo temprano que era. Tenía el cabello rubio algo despeinado y cargaba una bolsa de plástico abarrotada de bocadillos, bebidas dulces y panecillos.
⠀⠀⠀⠀— No sé si desayunaste, pero compré esto para el camino... —balbuceó él, con las mejillas sonrojadas por el apuro.
⠀⠀⠀⠀Antes de que el moreno pudiera responder, Jin se inclinó y le dio un beso rápido, pero increíblemente cálido en la mejilla, justo por encima del borde de la mascarilla. Namjoon se quedó inmóvil, parpadeando mientras una sonrisa embobada y dolorosa se formaba debajo de la tela. Estaba tan podrido por dentro, tan consumido por un deseo que lo asfixiaba. Era frustrante no poder confesarle la verdad; no decirle que —cada vez que lo tocaba— sentía el impulso de tomarlo entre sus brazos, acorralarlo contra la pared más cercana y sofocarlo en un beso sin freno.
⠀⠀⠀⠀Quería marcarlo, abrazarlo con fuerza y hacerle saber cuánto lo quería.
⠀⠀⠀⠀— ¿Nammie? —la voz suave y curiosa del pálido lo sacó de ese pensamiento violento, de esa fantasía oscura que no tenía lugar en la luz de la terminal.
⠀⠀⠀⠀Namjoon sacudió la cabeza, se aclaró la garganta fingiendo que solo estaba adormilado. Pasaron el resto de la hora platicando sobre cosas mundanas y riéndose de chistes internos, comportándose como amigos que se conocen demasiado y que están al borde de cruzar la línea hacia algo mucho más especial... si tan solo uno de los dos se atreviera a darlo.
⠀⠀⠀⠀El ambiente era idílico hasta que el zumbido de las pantallas de noticias sobre sus cabezas los distrajo. Una reportera —con el rostro tenso y pálido— narraba un extraño incidente en una granja industrial: un virus altamente contagioso y agresivo que se había adherido a un cargamento de cerdos destinados al consumo. Las imágenes censuradas mostraban el caos en un matadero mientras la periodista relataba, con evidente pánico, cómo los animales continuaban moviéndose y atacando aun después de ser amputados y desangrados.
⠀⠀⠀⠀— Vaya, qué asco. Una infección de esas, ¡puaj! —exclamó Seokjin, arrugando la nariz con una mueca de desagrado, desviando la mirada hacia sus bocadillos con arrepentimiento.
⠀⠀⠀⠀Namjoon, sin embargo, no sonrió. Se mantuvo en absoluto silencio para no levantar sospechas sobre la opresión que sentía en lo profundo de su estómago. Su mente analítica captó los detalles cruciales de la noticia que la gente común ignoraba: muertos que se movían y un virus agresivo. No era una gripe aviar, sino algo sacado del infierno. Sin embargo, al ver que su rubio volvía a sonreír al hablar de la playa, prefirió tragar la paranoia.
⠀⠀⠀⠀«¡Será un viaje divertido, Nammie!»
⠀⠀⠀⠀Minutos después, subieron al tren y ocuparon sus asientos en el octavo vagón. Los motores zumbaron y el paisaje de hormigón comenzó a difuminarse por las ventanas, dando paso a los campos verdes. Jin, ajeno a la creciente ansiedad de su amigo, abrió un paquete de galletas y comenzó a comerlas, hablando con entusiasmo sobre lo hermoso que sería ver el mar y llenar sus pulmones con la brisa fresca del océano.
⠀⠀⠀⠀Quería compartir su tiempo en Busan con Namjoon.
⠀⠀⠀⠀Pero el moreno apenas pudo escucharlo; su pierna rebotaba de nerviosismo. La sola idea de que algo ocurriera afuera y amenazara la vida de Jin lo abrumaba por completo, obligándolo a mirar a los demás pasajeros con desconfianza, atento a cada tos o movimiento brusco.
⠀⠀⠀⠀«Namjoonie te encantará el estofado de mi madre, ¡está cocinando por nuestra visita!»
⠀⠀⠀⠀Apenas llegaban a la tercera estación cuando todo lo que conocían se fracturó para siempre. Comenzó como un murmullo, luego un ruido sordo y, finalmente, gritos crueles y desgarradores provenientes del vagón trasero. No eran gritos de sorpresa; eran los alaridos de personas que estaban siendo despojadas de sus vidas de la manera más brutal.
⠀⠀⠀⠀Namjoon se levantó de un salto, con el instinto de supervivencia inyectando adrenalina directa a su corazón. Avanzó unos pasos por el pasillo para averiguar la causa de aquel alboroto repentino que le helaba la sangre. A través del cristal de la puerta conectada al siguiente vagón, quedó anonadado: la gente huía en estampida hacia su puerta mientras —detrás de ellos— personas cubiertas de sangre se movían con una agilidad y rabia antinaturales, lanzándose sobre los caídos, arrancándoles pedazos de carne con los dientes.
⠀⠀⠀⠀Retrocedió lleno de terror al comprender la gravedad de la situación. Giró sobre sus talones, recordando a la persona que lo esperaba en el otro asiento.
⠀⠀⠀⠀— Levántate, Jin. Ahora. ¡Tenemos que avanzar, ya! —ordenó, con voz carente de su dulzura habitual.
⠀⠀⠀⠀— ¿¡Qué cojones está pasando?! —chilló este confundido, tropezando mientras intentaba mirar hacia atrás, donde el ruido de cristales rompiéndose era ensordecedor.
⠀⠀⠀⠀Sin embargo, el cuerpo robusto de Namjoon se lo impidió, actuando como un escudo humano mientras continuaba empujándolo hacia adelante sin detenerse. Llegaron a la puerta delantera de su vagón, la abrieron a tirones e irrumpieron en el espacio contiguo. Justo cuando la puerta se cerraba detrás de ellos, la primera horda atravesó el acceso del octavo vagón, los gritos de los pasajeros con los que habían compartido espacio minutos antes comenzaron a extinguirse en un coro de gorgoteos violentos.
⠀⠀⠀⠀Ya en el nuevo vagón, rodeados de gente confundida que apenas empezaba a entender el pánico, se apoyaron contra una pared intentando recuperar el aliento. Jin temblaba de pies a cabeza, sus ojos muy abiertos reflejando el terror más primitivo.
⠀⠀⠀⠀— Mi hermano... —balbuceó de repente, el color abandonando su rostro. Miró a Namjoon con una desesperación que le rompió el corazón.
⠀⠀⠀⠀Sacó su celular con manos temblorosas y marcó de inmediato. La llamada fue directo al buzón. Insistió una, dos, tres veces, con las lágrimas acumulándose en sus grandes ojos oscuros, hasta que al sexto intento la línea respondió. Taehyung había contestado, pero la voz al otro lado no era la del chico alegre y despreocupado que solía molestarle de pequeño, sino un susurro rasgado, ahogado en llanto y pánico.
⠀⠀⠀⠀— ¿Tete? ¿Tae, estás bien? —preguntó Seokjin, angustiado—. Estamos yendo a casa, iré a verte...
⠀⠀⠀⠀Su hermano dejó escapar un sollozo con desesperación y le preguntó si de verdad estaba viajando. El rubio admitió que sí, le exigió que le dijera qué pasaba, consternado por la entonación con la que Taehyung se expresaba.
⠀⠀⠀⠀— Hyung... —lloró con la voz cortándose—. No vengas... n-no lo logré. No pude cuidarme... ni pude cuidar de mamá y papá. Entraron a la casa, hyung. Están... m-me duele mucho.
⠀⠀⠀⠀Jin ahogó un grito llevándose la mano a la boca. Namjoon, que observaba la interacción sintiendo que el alma se le caía, se acercó de inmediato y le apretó el hombro con fuerza dándole un soporte.
⠀⠀⠀⠀— Cuídate mucho, hyung... —fue lo último que dijo Taehyung antes de que un ruido gutural al otro lado de la línea cortara la llamada.
⠀⠀⠀⠀Jin se derrumbó contra el pecho del pelinegro, sollozando con una fuerza que le sacudía el cuerpo. Namjoon lo abrazó con fiereza, besando su coronilla para protegerlo, pero no había tiempo para el luto; la amenaza del vagón seguía cerca y debían continuar avanzando.
⠀⠀⠀⠀Faltaba aproximadamente una hora para llegar a Busan. En su huida desesperada, ambos lograron empujar, esquivar y abrir paso hasta el segundo vagón. Exhaustos y cubiertos por el pánico colectivo. Sin embargo, al llegar a la de cristal que dividía el segundo vagón del primero —el de clase alta—, se encontraron con un obstáculo infranqueable.
⠀⠀⠀⠀Cuando intentaron deslizar la puerta, un hombre trajeado del otro lado se interpuso, echando el pestillo manual. Los miró con asco, negándoles el paso entre gestos histéricos, alegando a gritos que tenían manchas de sangre en la ropa —de alguien que había tropezado cerca de ellos— y, por eso, eran un peligroso. Los demás pasajeros del primer vagón apoyaron la decisión, dándoles la espalda y condenándolos a morir para protegerse a sí mismos.
⠀⠀⠀⠀Quedaron atrapados en la plataforma que conectaba los vagones, junto con los baños. Seokjin continuaba llorando, pero de alguna manera, el sentir la mano firme de Namjoon sosteniendo la suya lo mantenía anclado a la cordura, consolándolo de pensar que, si iba a morir, al menos no estaría solo.
⠀⠀⠀⠀Entonces, la pesadilla los alcanzó.
⠀⠀⠀⠀La puerta trasera de su vagón se abrió de golpe. Varias personas entraron corriendo, gritando, tropezando entre sí, perseguidas de cerca por infectados de ojos en blanco y las mandíbulas castañeando. El espacio se volvió una carnicería en segundos. Namjoon no lo pensó: soltó la mano de Jin y tomó su mochila para usarla como un escudo improvisado.
⠀⠀⠀⠀— ¡Seokjin, abre esa maldita puerta! ¡Fuerza la entrada al primero! —le gritó con una ferocidad que jamás le había mostrado.
⠀⠀⠀⠀Namjoon se lanzó hacia el pasillo interponiendo su cuerpo para frenar a las personas sanas e infectadas, ganando tiempo para él.
⠀⠀⠀⠀— ¡No! ¡Namjoon-ah, no te voy a dejar! —hipó Seokjin, golpeando el cristal del primer vagón, suplicando a los de adentro, pero todos apartaban la mirada.
⠀⠀⠀⠀— ¡Hazlo! —rugió.
⠀⠀⠀⠀Fue en ese instante de distracción, aquel microsegundo donde sus ojos buscaron la figura de Jin para asegurarse de que estuviera a salvo, cuando cometió el error que le costó todo. Un infectado se abalanzó sobre él y lo derribó, aplastándole el pecho por completo. Namjoon luchó, pateó y usó la mochila entre la mandíbula para bloquear la mordida, pero entre el forcejeo sintió un dolor agudo —ardiente e intenso— en el dorso de la mano izquierda.
⠀⠀⠀⠀Los dientes del sujeto le atravesaron la piel, rasgando carne y vena. La adrenalina eclipsó el dolor y, con un grito gutural, lo pateó hacia los asientos para quitárselo de encima. Se puso de pie ocultando instintivamente la mano ensangrentada contra su estómago y corrió hacia Jin, quien seguía intentando abrir la puerta de cristal.
⠀⠀⠀⠀Juntos, con una fuerza nacida de la desesperación, lograron enganchar sus dedos en la rendija y forzar el mecanismo hasta abrir un espacio suficiente para colarse al vestíbulo del primer vagón, antes de atrancarla con varios equipajes, dejando a los infectados golpeando inútilmente del otro lado.
⠀⠀⠀⠀Estaban a salvo de las mordidas, pero los pasajeros del primer vagón los miraron con rechazo, retrocediendo hacia sus asientos y murmurando amenazas para que no se acercaran. Namjoon se apoyó contra la pared del pasillo, su respiración sonando como un fuelle roto. Una extraña calma comenzaba a apoderarse de su mente. Recordó haber oído que el virus era rápido, pero nadie había aclarado cuánto tiempo tardaba una persona en transformarse.
⠀⠀⠀⠀Jin lo miró, y su instinto protector —ese que siempre afloraba en situaciones críticas— se encendió. Pudo notar que Namjoon estaba demasiado tenso, con la mirada perdida en el suelo y con gotas de sudor frío en la frente, a pesar de que el aire acondicionado funcionaba al máximo.
⠀⠀⠀⠀— Lávate la cara, Nam... estás muy pálido —propuso con voz suave, tomando la mano sana del moreno para guiarlo débilmente—. Ven, acompáñame al baño.
⠀⠀⠀⠀Namjoon se dejó llevar. Ignoraron las miradas de odio de los pasajeros del primer vagón y se encerraron en el estrecho cubículo del baño. El seguro hizo un clic firme, una sentencia a su encierro voluntario. Dentro, iluminado bajo la luz fluorescente, Namjoon se apoyó contra la puerta —cabizbajo— respirando el aire viciado.
⠀⠀⠀⠀— Joon-ah, mírame. Ya estamos a salvo, falta poco... —intentó consolarlo el rubio, pero la frase murió en sus labios cuando el moreno levantó el rostro.
⠀⠀⠀⠀Había una tristeza tan insondable en aquellos ojos que le cortó la respiración. Lentamente, sin decir una palabra, Namjoon levantó el brazo izquierdo y descubrió la mano de su estómago exponiendo la herida: una mordida profunda, rodeada de carne necrosada de donde brotaban venas de un tono violáceo que comenzaban a extenderse por su muñeca. Seokjin dejó escapar un grito ahogado, llevándose ambas manos a la cabeza y retrocediendo hasta chocar contra el lavabo.
⠀⠀⠀⠀— ¡No! ¡No, no, no! —la desesperación lo dominó por completo. Se acercó de nuevo, tomando el brazo de su amigo con manos temblorosas—. Aún... aún se puede solucionar. Tal vez si atamos algo, si detenemos el flujo de la s...
⠀⠀⠀⠀— Jin, mírame —lo interrumpió el pelinegro—. De momento me siento bien. Mi mente aún es mía. Pero... cuando empiece a empeorar o sienta que lo pierdo... voy a volver a salir, ¿de acuerdo? Volveré al vagón donde estuvimos para no ser un peligro.
⠀⠀⠀⠀— ¡Estás loco! ¡No voy a dejarte ir!
⠀⠀⠀⠀— No quiero arrastrarte a esto también —fueron las palabras del moreno, cargadas de una serenidad firme—. Acabas de perder a tu familia. No puedo permitir que mueras por mi culpa.
⠀⠀⠀⠀Levantó la mano sana y acarició los nudillos de Seokjin, un un gesto cálido que contrastaba con el destino que florecía en sus entrañas. Lo miró directamente y, en medio de aquel infierno, una ligera sonrisa se dibujó en sus labios. Jin lo notó a través de sus lágrimas. Esa calma absoluta lo desesperaba.
⠀⠀⠀⠀— ¿Por qué...? ¿Por qué estás tan tranquilo, idiota? —le recriminó, golpeando débilmente su pecho, devastado por el llanto—. ¡Sabes que vas a morir y sonríes...! ¿¡Q-qué mierda te pasa, por qué sonríes así...?!
⠀⠀⠀⠀Namjoon atrapó la mano que lo golpeaba y entrelazó sus dedos con los suyos, conteniendo el gesto con delicadeza—. Jin... ¿puedo pedirte algo? —preguntó bajando la intensidad.
⠀⠀⠀⠀El pálido, incapaz de negarle nada a un hombre moribundo, asintió frenéticamente mientras intentaba tragar sus sollozos. Sin soltarlo, Namjoon dio un paso al frente y lo acorraló suavemente contra la pared del baño.
⠀⠀⠀⠀— ¿Podemos hacerlo un rato?
⠀⠀⠀⠀La pregunta lo tomó por sorpresa. Jin parpadeó anonadado, balbuceando confundido—. ¿Q-Qué? Namjoon, el virus te está afectando la cabeza, estás...
⠀⠀⠀⠀El moreno tiró de su mano suavemente hasta que sus pechos se rozaron, sintiendo el corazón de Seokjin martillar contra el suyo.
⠀⠀⠀⠀— Jin hyung... me gustas. Sé que estoy muriendo, que me quedan minutos, y nunca tuve la oportunidad de probar tus labios —confesó, sintiendo cómo se liberaba de un gran peso—. Me enamoré de ti desde que te vi en la universidad. Sé que es raro decirlo ahora que el mundo se está yendo al carajo, pero... ¿podemos hacerlo? ¿In-intentarlo? —repite con una risa breve—. No quiero morir sin saber qué se siente tocarte como he soñado.
⠀⠀⠀⠀Hubo un silencio incómodo, interrumpido por el traqueteo de las vías y los gruñidos lejanos al otro lado de la puerta. Seokjin lo miraba fijo, procesando la confesión. Lentamente, se secó las lágrimas de las mejillas esparciendo un poco de suciedad y una sonrisa temblorosa asomó en sus labios.
⠀⠀⠀⠀— Eres un idiota, Namjoon —susurró con dulzura—. Yo también... yo también te amo desde hace años —sollozó—. Y tuve que esperar al puto apocalipsis para poder decírtelo sin pena.
⠀⠀⠀⠀Los ojos del pelinegro se abrieron de par en par, sorprendido por la relevación y consciente con la realidad de su condena. Sin embargo, no hubo tiempo para culparse. Sabiendo que no les quedaba tiempo, Namjoon lo tomó de la cintura, levantándolo con facilidad y lo sentó en el borde del lavabo.
⠀⠀⠀⠀— Perdóname —susurró contra sus labios—. Perdóname por haber sido cobarde todo este tiempo.
⠀⠀⠀⠀— Calla y bésame. —suplicó Seokjin, aguantando las lágrimas.
⠀⠀⠀⠀Y lo hicieron. Sus labios chocaron en un beso desesperado y caótico, lleno de lágrimas saladas y un hambre que fue contenida por demasiado tiempo. Namjoon metió sus manos bajo la camiseta de Jin, recorriendo su piel cálida para memorizarla, consciente de los pocos minutos de cordura que le quedaban antes de que el virus lo transformara plenamente.
⠀⠀⠀⠀Seokjin gimió contra la boca del moreno al sentir que le bajaba los pantalones y la ropa interior. La brisa artificial del aire acondicionado contrastó con el calor que yacía en su sexo, húmedo por la mezcla de terror, excitación y la confesión. Namjoon no dudó. Con un movimiento firme, introdujo dos dedos entre los pliegues rosados de la entrada, buscando prepararlo en el poco tiempo que tenían.
⠀⠀⠀⠀— ¡N-Nam…! —jadea alto, haciendo que su bulla rebote en las paredes del pequeño baño.
⠀⠀⠀⠀Era una satisfacción que quebraba sus almas, un placer físico e intenso que servía como un cruel recordatorio de que solo habían alcanzado a ese nivel de intimidad por culpa del fin del mundo.
⠀⠀⠀⠀— Dios, Jin… eres tan bueno… —gimió el pelinegro, cerrando los ojos mientras incrementaba la velocidad, frotando y estirando. Sacándole gemidos que Seokjin intentaba ahogar mordiéndole el hombro—. Tan estrecho.
⠀⠀⠀⠀Su sangre, corroída por el veneno de la mordida continuó avanzando de manera antinatural con cada movimiento; no obstante, la mente de Namjoon permanecía anclada a las contracciones de Jin alrededor de sus dedos. Con la respiración entrecortada y la mirada nublada por el placer, el rubio tomó el rostro ajeno entre sus manos y buscó sus ojos con una sonrisa temblorosa.
⠀⠀⠀⠀— ¿Nam? Sigues… sigues siendo tú, ¿verdad? —inquiso.
⠀⠀⠀⠀Él asintió, aunque el sudor le cubría la frente mientras un dolor punzante nacía en la base de su nuca—. Soy yo, hyung... Seguiré siéndolo hasta dejarte lleno.
⠀⠀⠀⠀Dice abiertamente.
⠀⠀⠀⠀— Entonces entra de una vez —pidió Seokjin en un susurro rasgado, ofreciéndose por completo—. Entra y lléname, por favor. Quiero, quiero sentir que me quedo con algo tuyo antes de que te vayas.
⠀⠀⠀⠀Aquella súplica sobre el lavabo fue tan devastadora que le hizo un nudo en la garganta. Namjoon sonrió con amargura y ternura, dejando un beso profundamente húmedo en el cuello de Jin mientras respiraba su aroma.
⠀⠀⠀⠀— Si te embarazo… ¿nuestro hijo nacería sano? —susurró contra su piel, la idea de dejar una parte de sí mismo le dio un consuelo.
⠀⠀⠀⠀Seokjin volvió a suspirar, hundiendo sus dedos en el cabello sudoroso del moreno—. S-sí… nacerá bien, será un niño sano, lo prometo —gime contra sus labios—. Hazlo rápido… estás tan duro que puedo sentirte debajo.
⠀⠀⠀⠀Namjoon obedeció. Ajustaron mejor la posición en el espacio reducido, volvió a cargarlo para apoyar su espalda contra el espejo sobre el lavabo. Arrojó el pantalón ajeno hacia el suelo, dejando una de sus piernas sobre la cerámica y la otra abrazada a su cadera. Él bajó su cremallera liberando su erección y —con un empuje seco y directo— ingresó en su estrechez.
⠀⠀⠀⠀— ¡A-ah…! Carajo —gritó mudamente Seokjin, echando la cabeza hacia atrás y sujetándose del lavabo para sostener la fuerza de las embestidas.
⠀⠀⠀⠀El moreno comenzó a moverse, sin dejarle procesar la inicial intromisión, marcando un ritmo intenso contra el sexo ajeno sabiendo que cada vez tenían menos tiempo. A Seokjin la sensación resultaba irreal, estaba recibiendo la simiente del chico que amaba dentro de un tren en movimiento, sintiendo su calor mientras, a pocos metros —del otro lado del pasillo— había gente muerta devorándose, ciudades enteras ardiendo y una multitud en el vagón continuo condenó a Namjoon para salvarse a sí misma.
⠀⠀⠀⠀Por otro lado, el pelinegro estaba en un trance. Enfocado por completo. Embestía a Jin de forma profunda y directa, sujetándolo firmemente por las caderas desnudas para evitar que resbalara, buscando el fondo con cada empuje al saber que nunca volvería a tenerlo. Los ruidos externos —los golpes en las puertas y los gritos a la lejanía— se volvieron sordos, opacados por los gemidos húmedos de Seokjin y el choque constante de sus cuerpos.
⠀⠀⠀⠀— Maldición, no pares… no pares, Namjoon. —rogó, sujetándolo de los antebrazos.
⠀⠀⠀⠀— ¿Demasiado rápido?
⠀⠀⠀⠀— N-no… —suspiró el rubio, llevado por la necesidad de sentirlo muchísimo más dentro.
⠀⠀⠀⠀Jin trató de acomodar sus piernas sobre el pecho del moreno, buscando un ángulo que lo abriera por completo. El moreno entendió su intención de inmediato, facilitándole el movimiento: tomó una de sus piernas y la levantó hasta apoyar el tobillo de la misma sobre su hombro.
⠀⠀⠀⠀Al hacerlo, Seokjin bajó la mirada, evidenciándolo. Justamente era la mano infectada de Namjoon la que lo estaba sujetando. La piel de esa zona no se veía morena, sino pálida y translúcida mientras venas sobresalientes sobresalían, trepando como raíces hacia su antebrazo. El contraste de la extremidad moribunda contra su propia piel sonrosada se le grabó de inmediato.
⠀⠀⠀⠀— Nam… —gimió el rubio, perdido parcialmente entre el placer y la dolorosa realidad. Levantó su mano y, sin rastro de miedo ni rechazo, acarició el contorno de la piel infectada, trazando las venas muertas—. Nammie…
⠀⠀⠀⠀El moreno gruñó ante el contacto, con un sonido más animal que humano—. No lo mires, hyung, no pasa nada… solo déjame acabar —pidió con voz rasposa—, me está doliendo la cabeza.
⠀⠀⠀⠀Ninguno dijo otra palabra; simplemente se dejaron llevar por el ritmo. La desesperación se volvió un frenesí sofocante en el pequeño baño. Sin embargo, la voz de Jin se quebró en un escándalo al sentir un tirón en el vientre bajo cuando sintió los febriles labios de Namjoon presionaron su cuello, succionándolo con fuerza —casi arrancando un pedazo— y dejándole una marca violácea.
⠀⠀⠀⠀— ¡Namjoon…!
⠀⠀⠀⠀Con un último gruñido gutural que le desgarró la garganta, el moreno finalmente llegó al orgasmo. Se liberó dentro de Seokjin, dejando que su semen lo llenara por completo hasta que se terminó desbordando. El pálido soltó un sollozo por la intensidad del momento y lo abrazó, acunando su cabeza contra su pecho sin dejar de mimarlo.
⠀⠀⠀⠀— Te amo, te amo tanto… —le musita al oído.
⠀⠀⠀⠀Namjoon se dejó sostener por unos segundos, respirando el aroma del perfume y el sudor. Luego, besó aquellos pomposos labios antes de retirarse, separando sus cuerpos con un sonido húmedo. La realidad volvió a golpearlos. Con algo de vergüenza, aún impactados por lo sucedido, se acomodaron la ropa en silencio mientras el ruido del tren les recordaba el peligro que los rodeaba y dónde se encontraban.
⠀⠀⠀⠀Seokjin tosió tímidamente, subiendo su pantalón sin limpiarse, mientras Namjoon abría el grifo dejando caer agua sobre la carne infectada. Entonces, el rubio se giró hacia él.
⠀⠀⠀⠀— Faltan unos quince minutos para llegar a Busan… el tren no se ha detenido, Joon-ah. Quizás el ejército esté en la estación —dijo, con un hilo de esperanza—. Puedes quedarte en el rincón, te ataré las manos, puedo…
⠀⠀⠀⠀Namjoon sonrió, pero cuando levantó la vista, Jin sintió que perdía nuevamente otra parte de su alma. En los ojos oscuros del moreno comenzaban a extenderse pequeñas líneas rojas y azules hacia el iris, y su mirada perdía brillo, aunque sus hoyuelos se mantenían estables.
⠀⠀⠀⠀— Volveré afuera —dice carente de inflexión, arrastrando las palabras—. Necesito ir al vagón donde descansamos. Creo que dejé mis llaves…
⠀⠀⠀⠀— Nam.
⠀⠀⠀⠀El moreno se acercó, acariciándole la mejilla por última vez con el dorso de su mano sana para limpiarle una lágrima. Depositó un beso sobre su frente, tranquilo en todo momento.
⠀⠀⠀⠀— No me vendrá mal una siesta —comenta con suavidad—. No me apetece saber cómo es esto… Ten cuidado, ¿vale? Mi mochila está en el pasillo, es buena como defensa, pero tratar de cubrir mejor tus manos. ¿Me prometes que llegarás a salvo a Busan?
⠀⠀⠀⠀— Nam, yo…
⠀⠀⠀⠀— Promételo, por favor. —pidió agotado, acariciando con sus pulgares el vientre bajo de Seokjin.
⠀⠀⠀⠀Sin decir otra palabra, ni permitiendo que la consciencia de Jin tuviese la oportunidad de reaccionar, Namjoon se dio la vuelta y le quitó el seguro a la puerta. Al rubio le tomó unos segundos procesar que no había nadie más a su lado, solo el ruido del cerrojo encajarse desde afuera y su llanto finalmente escapando.
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