Capítulo 1

Taehyung
Observé a través de la mira de mi rifle francotirador, con toda mi atención fija en la habitación oscura del edificio de enfrente.
Estaba acostado boca abajo sobre el techo del Hotel Vibe, con la música a todo volumen en mis oídos, tan fuerte que no podía escuchar el ajetreo de la vida de la ciudad que ocurría abajo mientras esperaba, agonizando, por captar una sola mirada más de mi amor.
Mi todo. Mi Jungkook.
Habían pasado tres horas, diecisiete minutos y cuarenta y tres segundos desde la última vez que lo había visto, y había sufrido por cada milisegundo de esa espera. Lo había observado antes esa misma noche, modelando en una especie de desfile de modas simulado para su cuñado, Hoseok.
Me había sentado al fondo, envuelto en la oscuridad para que no pudiera verme, y lo había animado en silencio mientras tomaba un montón de fotos para agregar a mi scrapbook.
¡Lo había hecho tan bien! Caminando por la pasarela como si le perteneciera, Jungkook incluso lanzó un beso hacia el público, y yo sabía - simplemente sabía-, que ese beso era para mí.
Era mío. Él era mío.
Cuando terminó el desfile, me quedé entre las sombras, observándolo desde lejos mientras ayudaba a su hermano a proponerle matrimonio a su novio. Mientras asistía a la after-party del desfile de modas, se movía por la sala con una facilidad que parecía venirle de forma natural.
Con su cabello largo, oscuro y delicioso, esos ojos azules con pequeñas motas casi imperceptibles de marrón y ese encanto carismático, la gente se acercaba a él, hipnotizada por su presencia y por su habilidad para hacer que cualquiera se relajara con solo unas pocas palabras.
Aunque podía ver que disfrutaba -la atención y hacer reír a la gente-, también había algo más, algo profundo que intentaba desesperadamente ocultar. Casi una… tristeza en su alma.
Nadie más podía verla. Pero yo sí.
Veía cómo se desmoronaba poco a poco cada vez que su familia no creía en él. Veía cuánto le dolía que no tuvieran fe en él. Que no lo vieran a él y todo su potencial.
Yo lo veía.
Lo veía de una forma que nadie más podría haberlo hecho. Eso era lo que nos hacía tan perfectos el uno para el otro.
Jungkook se había ido de la after-party con dos de sus amigos del grupo: unos gemelos idénticos cuyos nombres ni me molesté en aprender porque no me interesaban lo suficiente.
Cada gemelo llevaba un chico del brazo y, aunque yo esperaba que Jungkook hiciera lo mismo, él abandonó la fiesta como el quinto en discordia.
Eso hizo que mi corazón diera un vuelco de felicidad. ¿Sería por mí? Me gustaba pensar que sí. Debía haber empezado a sentir nuestro vínculo. Nuestra conexión.
¿Qué otra razón podría haber para que dejara una fiesta solo cuando tantas mujeres y hombres se le estaban lanzando encima?
Éramos dos piezas del mismo rompecabezas. Dos caras de la misma moneda, y sabía, sin lugar a dudas, que él también lo sentía.
Solo eso hacía que estuviera aún más seguro de que el plan que tenía para hacerlo mío era el correcto.
Solo lo había vislumbrado una vez desde entonces, cuando llegó a su habitación de hotel. Entró y fue directo hacia la puerta corrediza de vidrio, cerrando las cortinas.
Eso me molestó.
Quería mirar, aunque solo fuera verlo sentado en el sofá, viendo televisión o deslizando el dedo por el celular.Habría pasado todos mis días y noches solo observándolo si hubiera podido.
La música se cortó de golpe cuando mi teléfono sonó. Lo saqué del bolsillo y solté un gruñido al ver el nombre que bailaba en la pantalla.
Le di una última mirada a la habitación oscura de enfrente. Todavía sin movimiento. Con un suspiro, me quité uno de los audífonos inalámbricos y me di la vuelta boca arriba, mirando el cielo nocturno mientras contestaba.
—¿Sí?
—¿Dónde estás, Taehyung? ¿Otra vez acosando al maldito Volkov?
—¿Para qué haces la pregunta si vas a contestarla tú mismo, Lev?
—Porque todavía tengo la esperanza de que, por algún milagro, hayas entrado en razón y dejado esta ridícula obsesión que tienes con Jungkook -jodido-Volkov.
Arrugué la nariz.
—Pues eso es una mierda de tu parte y honestamente deberías saberlo mejor. Tú eres el único culpable de tu decepción. No puedes simplemente “dejar” el amor verdadero.
—Amor verdadero —bufó Lev, con el desprecio filtrándose claramente a través del teléfono—. Ni siquiera sabe quién eres.
—Tal vez no sepa quién soy, pero sí me conoce. Nuestra conexión…
—No puedo escuchar esto otra vez —me interrumpió—. Tienes que superarlo. Ya. ¿O ya olvidaste cuál es nuestra misión?
Me mordí el interior del labio. A pesar de lo que mi hermano pensaba, no había olvidado la misión. Solo que la mía era un poco diferente a la suya. Y Lev no podía saberlo. Todavía no. No hasta que fuera demasiado tarde para que pudiera hacer algo al respecto.
Volví a ponerme boca abajo y miré por la mira, sin esperar realmente ver nada. Habían pasado horas sin el menor movimiento en la habitación de Jungkook, pero se me cortó la respiración cuando lo vi.
Parado en su balcón, sin camisa, con los antebrazos apoyados en la barandilla mientras miraba hacia el cielo, era la definición perfecta de deliciosamente follable.
Cada vez que lo veía, ya fuera de cerca mientras dormía o de lejos desde las sombras, mi corazón latía con fuerza en el pecho y todo mi interior se convertía en una papilla completa.
—Tengo que colgar.
—Taehyung, ni se te ocurra… Colgué.
Con una energía renovada y emocionada recorriendo mis venas, ajusté mi posición, apoyando los codos en el suelo mientras sujetaba el rifle con firmeza.
El cabello de Jungkook estaba suelto, apenas rozando la punta de sus hombros, y un brillo de sudor cubría su piel. Un porro colgaba flojo entre sus dedos, su rostro relajado. Tranquilo. Sereno. Las líneas marcadas de su cara, esos labios carnosos y esos ojos hermosos eran lo que atraía a todo el mundo. Incluyéndome a mí.
Todo mi ser cobraba vida, cada parte de mí explotaba como fuegos artificiales mientras más lo miraba. Lo estudiaba. Lo admiraba.
Los recuerdos de todas las veces que había hecho exactamente lo mismo -observarlo desde lejos-, se mezclaban, y honestamente ya no podía contar cuántas veces lo había hecho. Sabía que debían ser cientos, rozando los miles, y aun así sentía que no era suficiente. Que nunca sería suficiente. Podría haberlo observado hacer las cosas más mundanas desde el momento en que despertaba hasta que me dormía y nunca me cansaría, como si fuera el espectáculo más fascinante de la historia.
De repente, Jungkook se tensó. Se enderezó, entrecerró los ojos con sospecha cruzándole el rostro. Su mirada recorrió los edificios frente a él. Lenta. Evaluadora. Metódica. Y luego se detuvo. Justo en mí. Se me cortó la respiración.
No había manera de que pudiera verme. Estaba completamente oscuro. Yo estaba en el techo de un edificio más alto que el suyo. No había ni la más mínima posibilidad de que pudiera verme, y aun así no había duda: me estaba mirando directamente hacia mí. Hacia arriba. Directo a mis malditos ojos.
Lo sabía.
Sabía que no era todo producto de mi cabeza. Lev estaba equivocado. Jungkook también sentía esa conexión. ¿Cómo más se explicaba que estuviera mirando directo a mi maldita alma cuando todas las pruebas indicaban que era imposible?
Porque estábamos conectados de una forma que nadie más podía entender.
Éramos almas gemelas. Estaríamos juntos. O… moriríamos juntos.









esta obsesionado! ya llegue 🤭