I
La vida era todo un dilema; para Kim Taehyung, cada día traía consigo una sorpresa distinta. Una mañana, sus padres le habían anunciado que se mudarían a Seúl y, aunque años atrás la noticia lo habría emocionado, ahora el cambio de residencia apenas lograba sorprenderlo: nunca pasaban más de dos años en un mismo lugar.
El trabajo de su padre los llevaba de un lado a otro, atravesando ciudades que para muchos solo existían en los mapas. En el fondo, a Taehyung le gustaba aquello; le fascinaba conocer el mundo y sus maravillas. A diferencia de su hermano Namjoon, él solía hacer lo que quería. Era el menor de los Kim -aunque en realidad no eran muchos, solo tres-. Hoseok, el mayor, era adoptado y no vivía con ellos. Tae siempre había pensado que Hobi jamás se había sentido completamente parte de la familia; aun así, el cariño entre ellos era innegable.
Quizá por esa vida itinerante, Taehyung nunca había tenido amigos. Con el tiempo, aprendió a estar solo... o al menos a convencerse de que sabía hacerlo.
Por eso, comenzar el semestre en una nueva escuela ya no le provocaba emoción. Lo que realmente le inquietaba era repetir la historia de siempre. En su anterior colegio, ser omega lo convertía en un blanco fácil: era demasiado lindo, con la piel casi de porcelana y el cabello dorado como el sol, rasgos que llamaban más la atención de la que deseaba. Nunca faltaba quien lo acosara y, al no tener amigos, nadie intervenía por él.
Cansado de sentirse vulnerable, les pidió a sus padres que lo inscribieran en algún deporte de defensa personal. No quería seguir siendo el omega indefenso del que todos creían poder aprovecharse.
Y ahora corría. Todas las mañanas se levantaba antes del amanecer para entrenar antes de ir a la escuela. Llevaba ya un mes en ese nuevo lugar y no estaba dispuesto a repetir el pasado.
Gracias al entrenamiento constante y a sus clases de boxeo, ya no proyectaba la imagen de un omega frágil. Su postura se había vuelto más firme, sus hombros más definidos y su mirada más segura. Cualquiera que lo viera correr por la calle habría pensado que era un alfa... o, sin exagerar tanto, un beta. Seguía siendo bellísimo, eso no había cambiado, pero su belleza ya no era del tipo angelical que invitaba a proteger; ahora era una que quemaba, que imponía, que advertía.
No tardó en convertirse en la nueva sensación de la AOB^ High.
Y, sinceramente, que Dios bendijera a Hoseok y sus supresores. Gracias a ellos podía mantener en bajo perfil el hecho de ser omega. Si algo consumía su dinero con regularidad, además del gimnasio, era aquella loción con aroma a bombones y canela que lo ayudaba a disfrazar cualquier rastro de su esencia natural.
Su verdadera esencia era de chocolate y menta, dulce y refrescante, muy distinta al aroma picoso que usaba para despistar.
Con el paso de los días, y después de coincidir en varias clases, Taehyung terminó acercándose a un chico llamado Jimin: un rubio agradable, omega también. Sin darse cuenta, aquel chico se convirtió en el primer amigo que había tenido en mucho tiempo, junto con Jin, que casi siempre iba con él; eran como un combo inseparable.
Taehyung se sentía cómodo con su compañía. Jimin era fácil de tratar, entretenido, y hacía que los días en la escuela pasaran más rápido. Era el único que sabía que, en realidad, Taehyung era omega, además de Jin, claro; pero Jin era diferente, casi como Taehyung... o algo así. Era ocurrente, divertido y muy chismoso; estar con él significaba meterse en problemas cada dos por tres.
No tardaron en volverse inseparables. Siempre se les veía juntos: en clase, caminando por los pasillos o sentados en la cafetería. Con el tiempo, muchos comenzaron a pensar que Jimin y Tae eran pareja, sobre todo porque casi nunca se separaban, ni siquiera para ir al baño.
A Taehyung no le molestaban los rumores. Estar con Jimin le resultaba sencillo. Con él podía relajarse, reír sin pensarlo demasiado y sentirse, por primera vez en mucho tiempo, un poco más normal.
Esa tarde, el equipo entrenaba como de costumbre. El entrenador gritaba indicaciones desde un extremo del campo mientras el balón iba y venía entre los jugadores.
En las gradas, Jimin y Jin esperaban a Taehyung. Se habían acostumbrado a hacerlo; a veces hablaban, otras simplemente observaban el entrenamiento como si fuera cualquier espectáculo de rutina.
Suga fue el primero en notarlos.
Le dio un ligero codazo a Jungkook mientras ambos esperaban el pase.
-Oye -murmuró-. Te vinieron a ver.
Jungkook levantó la mirada casi por reflejo y encontró a Jimin en las gradas. Lo reconocería en cualquier lugar.
Pero no fue Jimin quien sostuvo su atención.
Sin darse cuenta, siguió la dirección de su mirada.
Y ahí estaba el nuevo.
El rubio.
El que llevaba apenas unas semanas y ya empezaba a destacar demasiado.
Taehyung corría con seguridad, moviéndose con soltura entre los demás jugadores. No parecía nervioso. No parecía esforzarse de más. Simplemente... encajaba.
Jungkook apretó ligeramente la mandíbula.
Había notado cómo las chicas cuchicheaban cuando él pasaba.
También cómo algunos omegas lo miraban más de lo necesario.
No le gustaba.
No sabía exactamente por qué, pero no le gustaba.
-¿Desde cuándo Jimin mira tanto los entrenamientos? -murmuró, más para sí mismo que para Suga.
Suga soltó una risa corta.
-Desde que llegó el nuevo, supongo.
Jungkook no respondió.
Pero cuando el balón terminó en los pies de Taehyung y este levantó la cabeza para buscar pase, sus miradas se cruzaron por primera vez.
Solo un segundo.
Suficiente para que algo incómodo se instalara en el aire.
Taehyung fue el primero en apartar la vista.
Recibió el balón y avanzó un par de metros antes de que uno de los defensas intentara quitárselo. Lo esquivó con un giro rápido, casi elegante, y eso arrancó un par de silbidos desde las gradas.
Jin aplaudió exageradamente.
Jimin sonrió.
Jungkook lo notó.
No dijo nada, pero cuando el balón volvió a circular y terminó nuevamente en los pies del rubio, esta vez no esperó.
Se movió con rapidez, interceptándolo antes de que pudiera girar.
-Más rápido -dijo, casi como una indicación cualquiera.
No sonó agresivo.
Sonó... exigente.
Taehyung levantó una ceja.
-Estoy yendo rápido.
-No lo suficiente.
Fue un intercambio breve, apenas perceptible para los demás. El balón quedó entre ambos por un segundo, sus pies chocando en un intento por ganarlo.
No fue una falta.
Pero tampoco fue del todo limpio.
Taehyung perdió el equilibrio apenas un instante, suficiente para que Jungkook recuperara el balón y siguiera la jugada.
-Concéntrate -añadió por encima del hombro.
Taehyung se quedó quieto un segundo.
No parecía molesto.
Solo... retado.
Corrió detrás de él en la siguiente jugada, esta vez más atento, más firme. Cuando lograron detener el avance y el entrenador pitó para reorganizar posiciones, el aire entre ambos se sentía diferente.
No hostil.
Pero tampoco neutral.
Desde las gradas, Jimin frunció ligeramente el ceño.
-¿Siempre entrenan así de intenso? -preguntó.
Jin se encogió de hombros.
-Cuando Jungkook quiere demostrar algo... sí.
En el campo, Jungkook evitó mirar hacia las gradas esta vez.
El entrenamiento siguió con normalidad, aunque el ritmo parecía haber subido un poco.
Taehyung volvió a recibir el balón en medio campo. Esta vez avanzó con más decisión, cuidando mejor cada movimiento. Jungkook no tardó en cerrarle el paso otra vez.
-A ver si ahora sí -murmuró Jungkook, apenas audible.
Taehyung soltó una pequeña risa nasal.
-Relájate, capitán.
Intentó girar hacia la izquierda, pero Jungkook se movió más rápido de lo que esperaba. Sus hombros chocaron y, en el forcejeo por el balón, Taehyung perdió el equilibrio y cayó sobre el césped.
No fue una entrada violenta.
Pero tampoco fue suave.
Desde las gradas se escuchó el sonido inmediato de una banca moviéndose.
-¡Vamos, bebé! ¡Tú puedes! -gritó Jimin, medio de pie, llevándose las manos alrededor de la boca para que lo escuchara mejor.
Algunos jugadores soltaron risas bajas.
Jin aplaudió como si estuviera en un estadio profesional.
Taehyung, todavía en el suelo, levantó la cabeza con una sonrisa avergonzada.
-Siéntate, Jimin -murmuró, aunque sabía que no lo oiría desde ahí.
Jungkook se quedó quieto un segundo más de lo necesario.
"Bebé."
La palabra le cayó peor de lo que esperaba.
Extendió la mano para ayudarlo a levantarse, pero su expresión era más dura que antes.
-¿Te desconcentras fácil o solo cuando te están animando? -dijo, en un tono que parecía ligero, pero no lo era del todo.
Taehyung alzó la vista hacia él, todavía sostenido de su mano.
-Depende de quién esté mirando.
Se soltó con suavidad y retrocedió un paso, sacudiéndose un poco el césped de las manos. Jungkook quiso responder algo, pero el silbato del entrenador cortó el momento.
-¡Última jugada!
El resto del entrenamiento transcurrió sin más caídas, aunque la intensidad no bajó. Si acaso, aumentó. Cada pase entre Taehyung y Jungkook llevaba una carga invisible; no era evidente para todos, pero estaba ahí. En la forma en que se marcaban. En cómo ninguno aflojaba.
Cuando finalmente sonó el silbato final, varios jugadores dejaron caer el cuerpo sobre el césped, agotados.
Taehyung se inclinó hacia adelante, apoyando las manos en las rodillas mientras recuperaba el aliento. Luego, casi por reflejo, levantó la mirada hacia las gradas.
Jimin ya estaba de pie.
Jin también.
Taehyung no lo pensó demasiado. Apenas tomó su botella de agua, dio un par de pasos hacia atrás y luego comenzó a correr hacia ellos con esa sonrisa suya que aparecía sin aviso.
-¡Eso, bebé! -gritó Jimin apenas lo vio acercarse, bajando los escalones con demasiada emoción.
-Ni que hubiera metido gol -murmuró Jin, aunque ya iba detrás de él.
Jimin aceleró el paso para alcanzarlo primero, pero en un movimiento juguetón, Jin estiró el brazo y le dio un leve empujón en la cabeza.
-¡Ey! -protestó Jimin, tambaleándose apenas hacia un lado.
Por poco pierde el equilibrio.
Taehyung se detuvo en seco al verlo y soltó una carcajada abierta, limpia, de esas que no intentaba controlar.
-¡Casi te vas de cara! -dijo entre risas.
Jimin se llevó una mano al pecho, ofendido.
-Traidor. Me preocupo por ti y te burlas.
Jin llegó hasta Taehyung antes que él esta vez. Sin pensarlo demasiado, pasó un brazo alrededor de su cuello y lo atrajo hacia sí con confianza.
-Jugaste bien -dijo, antes de dejarle un beso sonoro en la mejilla.
Taehyung hizo una mueca exagerada.
-Hueles a cafetería.
-Y tú a césped -respondió Jin, riendo.
Jimin finalmente logró acercarse y se colgó del otro lado, abrazando a Taehyung por la cintura.
-Ignóralo, bebé. Yo sí te vi. Estuviste increíble.
Taehyung negó con la cabeza, todavía sonriendo.
-Solo fue entrenamiento.
-Para ti todo es "solo" algo -refunfuñó Jimin.
Desde el campo, Jungkook observaba la escena mientras se quitaba los guantes. No era nada fuera de lo común. Amigos siendo... amigos.
Risas.
Contacto.
Confianza.
Pero algo en la forma en que Jin lo tenía rodeado por el cuello.
En cómo Jimin lo abrazaba sin dudar.
En lo natural que se veía Taehyung entre ellos.
Le apretó algo por dentro.
Suga apareció a su lado.
-Vas a romper los guantes si sigues apretándolos así.
Jungkook soltó las manos, sin darse cuenta de que realmente lo estaba haciendo.
-No estoy haciendo nada.
Suga siguió su mirada hacia las gradas.
-Ajá.
Taehyung volvió a reír por algo que Jimin dijo, echando la cabeza ligeramente hacia atrás. El atardecer le daba justo en el cabello, haciéndolo ver todavía más claro.
Jungkook apartó la vista primero esta vez.
No sabía exactamente qué le molestaba.
Si el apodo.
Si el beso.
O el hecho de que Taehyung pareciera tan relajado ante la presencia de Jimin... como si en realidad ese par ya fuesen novios.
Y Jungkook no tuviera ni oportunidad.
-Nos vemos mañana -murmuró, colgándose la mochila al hombro.
Pero antes de irse, levantó la mirada una última vez.
Taehyung, como si lo sintiera, giró el rostro en ese mismo instante.
Y sus ojos volvieron a encontrarse.
Solo un segundo.
Otra vez.
Ninguno sonrió...